martes, 29 de noviembre de 2011

Jesús y las riquezas[1]

Por Juan Stam

A diferencia del Antiguo Testamento, que a menudo interpreta la riqueza como bendición de Dios (Gén 12:2; 13:2), no aparece entre las bienaventuranzas de Jesús ninguna que dijera, "benditos ustedes los ricos". Eso se debe en gran parte al sistema económico tan distinto en los dos casos. Por mucho de la historia de Israel la riqueza consistía en ganado, oro y plata, y ropa fina. Las compras y ventas eran por trueque o por determinado peso de oro o plata, pues no existían las monedas. Por eso, la brecha entre ricos y pobres era mucho menos y era más lógico ver las riquezas como bendición de Dios. En cambio, el imperio romano del siglo I se basaba en la esclavitud masiva y el comercio nacional e internacional, con una brecha inmensa entre ricos y pobres. Entonces ser "rico" era muy otra cosa.

Jesús nunca declara benditos a los ricos sino advierte una y otra vez contra los peligros y tentaciones de la riqueza. En vez de decir "Bienaventurados los ricos" Jesús dijo lo contrario: "Bienaventurados ustedes los pobres" y "Ay de ustedes los ricos" (Lc 6:20,24). Mateo lo amplía con "pobres en espíritu" (frase de sentido muy discutido) y Lucas lo amplía con el contraste entre pobres (bienaventurados) y ricos (ay de ellos).[2] Es imposible entender ese lenguaje de Lucas en sentido abstracto o espiritual; en Mateo, "pobres" y "pequeñuelos" (Mat 11:25) describen también un grupo socio-económico de la sociedad.[3] Claro, tampoco debe interpretarse como una beatificación de la pobreza ni mucho menos como una justificación de la desigualdad económica, ayer y hoy. Es más bien un llamado a identificarnos con los pobres porque el reino de Dios está al lado de ellos.[4]

En el mensaje de Jesús sobre las riquezas predomina un fuerte énfasis en los peligros de poseerlas. Cristo condena tanto el afán por las riquezas como la confianza en ellas. En la parábola del sembrador, sobre la semilla que cayó entre espinos, dice que "las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan" (Mt 13:22; Mr 4:19; Luc 8:14 agrega "los placeres de esta vida"). Según otra traducción, "los negocios de esta vida les preocupan demasiado y el amor por las riquezas los engaña, y quisieran poseer todas las cosas" (Mr 4:19 DHH). Las riquezas seducen con su promesa de felicidad y bienestar, pero todo es engaño y al final no satisfacen. De hecho, estos son temas muy presentes en las escrituras hebreas (Dt 8:11-17; Ecl 5:10; Sal 49:6; 52.7). Las riquezas amenazan con dar una falsa seguridad que les hace a los ricos creer que ellas bastan y que no necesitan a Dios ni el mensaje del evangelio.

El sermón de la montaña: Un largo pasaje del Sermón de la Montaña se dedica también al tema de las riquezas (Mt 6:19-34). El argumento se estructura alrededor de cinco imperativos:

(1) no acumular tesoros en la tierra sino en el cielo v.19;

(2) no afanarnos por comida, bebida y ropa (las aves) v.25;

¿Por qué se afanan ustedes? v.28

(3) no afanarnos por comida, bebida y ropa (las flores) v.31;

(4) no afanarnos por el mañana v.34 sino

(5) buscar primero el reino de Dios v.33.

Todo el pasaje está cruzado por fuertes contrastes: tesoros en tierra/tesoros en cielo; perecederos/imperecederos; ojo bueno/ojo malo; Dios/Mamón; el afán/el cuidado del Padre; el Reino/añadidura; el mañana/el hoy.

El pasaje comienza mandando a los fieles "no atesorar tesoros" (thesaurizete thêsaurous, acusativo cognado) en la tierra, que son "depósitos" muy inseguros y perecederos (Mt 6:19: polilla, óxido, ladrones; cf. Lc 12:33). Pero en los mismos términos Jesús manda "atesorar tesoros" en el cielo (nada de polilla, óxido, ladrones). Lucas nos explica como hacer esta transferencia de valores: vender nuestras posesiones y dar a los pobres (12:33-34; cf 12:21).[5] Era común en el pensamiento judío pensar que tales obras transfieren el tesoro al cielo; según Peah 1.1 del Mishná, "el capital se deposita así en el mundo venidero" (Ellison, New Testament Commentary 1969, p.148).

Es probable que lo dicho sobre el "ojo bueno" (Mat 6:22 ofthalmos haplous) y el "ojo maligno" (ofthalmos ponêros) tiene que ver con el mismo tema de las riquezas. El campo semántico del adjetivo haplous incluye el concepto de sencillo (no dividido; 2Cor 11:3; Ef 6:5; Col 3:22 y Septuaginta), sincero, íntegro pero también puede significar generoso. El sustantivo correspondiente significa "generosidad" en textos como Rom 12:8; 2Cor 8:2; 9:11,12, y el adverbio significa "generosamente" en Stg 1:5. Con esa polisemia, Mat 6:22-23 se relaciona como "generosidad" con los versículos anteriores, y como "integridad" (sin mezcla) con lo que sigue. Hemos de dar generosamente a los necesitados, para "atesorar tesoros" en el cielo, y hemos de adorar a Dios con un corazón puro e íntegro.

Siguiendo con el tema de las riquezas, Jesús nos presenta una disyuntiva radical: o servimos a Dios o servimos a Mamón (riquezas; 6:24). Esto puede entenderse como una relectura de la exigencia profética de Elías: o Baal o Yahvéh pero jamás ambos. Es muy significativo que siglos después, bajo una economía muy diferente pero no menos injusta, Jesús escogiera precisamente "Mamón" como el Baal de su tiempo. El verbo douleuein (servir) y el contexto implican que el apego a las riquezas es una esclavitud (Lc 16:13) y una idolatría (Ef 5:5; Col 3:5). El término mamôna, que Mateo y Lucas reproducen del arameo original del discurso de Jesús, parece sugerir la idea de "aquello en que uno confía, a lo que uno se entrega" (Hauck, Beyreuther, de Dietrich).

Con 6:25 comienza el segundo tema del bloque textual, una extensa exhortación contra el afán por los bienes temporales (Mat 6:25-34). La primera mitad advierte contra la avaricia (6:19-24). y esta segunda mitad contra el afán (6:25-34). Algunos han sugerida que la avaricia y la acumulación son tentaciones especialmente para los ricos, y el afán y la ansiedad para los pobres, aunque todo el pasaje se aplica tanto a ricos como a pobres, cada cual a su manera. El mismo lenguaje en la parábola del sembrador coordina este afán con "el engaño de las riquezas" y "los placeres de esta vida" (Mt 13:22; Mr 4:19; Luc 8:14). De hecho, el afán de acumular más y más, como la esencia de la avaricia, es el probable objeto de estos versículos.

El pasaje da cinco razones para no afanarnos por las riquezas: (1) la vida es más que acumular riquezas (6:25); (2) Dios es fiel y proveerá, como provee por las aves y las flores (6:26-30); (3) la ansiedad por lo temporal revela una falta de fe (6:30,32); (4) de todos modos, nada logramos con afanarnos (6:27); (5) si buscamos primero el reino de Dios, lo demás será añadido (6:33). Ese reino es la inversión total del orden de riqueza y pobreza (Lc 1:52-53; 16:25). Conclusión: no tiene sentido ser afanosos si hemos puesto nuestras vidas en las manos del Señor.

La palabra griega para "afanarse" (merimnaô) es la misma que describe a Marta, hermana de María (Lc 10:40-41, "abrumada porque tenía mucho que hacer...inquieta y preocupada por muchas cosas"). De ninguna manera nos prohíbe prevenir responsablemente las necesidades presentes y futuras. Nos exhorta a tener una fe responsable y centrada, sin poner el corazón en las riquezas (si somos ricos) ni desesperarnos con pánico (si somos pobres). Un bello ejemplo de este último caso es Tomás Chisholm, autor de "O tu fidelidad" (anexo).

El encuentros de Jesús con el joven rico: Esta historia se relata en cada uno de los evangelios sinópticos (Mat 19:16-27; Mr 10:17-31; Lc 18:18-30). Un hombre rico, una autoridad en su comunidad (Lc 18:18, arjôn), vino corriendo a Jesús y se postró ante él (10:17). Le preguntó con urgencia qué tiene que hacer para heredar la vida eterna, y Cristo le citó la segunda tabla de la ley, pero omitiendo la codicia del último mandamiento y agregando el gran mandamiento del amor (Mat 22:37-39). El rico contestó que ha cumplido todo eso, pero Jesús sabe que este rico ama más a sí mismo y a sus riquezas que a Dios y al prójimo. Por eso le mandó vender todo y dar a los pobres, pero ese precio del discipulado era demasiado alto y el joven se fue triste y derrotado.

Entonces Jesús explicó el caso y dijo, "¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reinado de Dios!", quizá para señalar lo difícil de que Dios comience a reinar en la vida de un rico. A eso añade una hipérbole tan simpática literariamente como triste moralmente, "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". ¡Qué cómico pensar en alguien tratando de pasar un camello, con todo y joroba, por el ojo de una aguja! (Ese dicho, probablemente un proverbio conocido, no tenía nada que ver con una supuesta puerta pequeña llamada "ojo de la aguja", de cuya existencia no hay evidencias históricas). La declaración de Jesús no podría ser más radical y drástica.

Los ricos en las parábolas de Jesús: Aunque muchas parábolas de Jesús tratan de temas económicos, hay tres en San Lucas que hablan específicamente de personas ricas: el terrateniente insensato (12:13-21), el mayordomo astuto (16:1-12) y el rico y Lázaro (16:19-31). Paradójicamente, el único que sale bien (en parte) es el vivo del mayordomo injusto.

En una advertencia contra la avaricia (Lc 12:15), con ecos del Sermón de la Montaña, Jesús cuenta la parábola de un finquero muy próspero quien había planeado muy bien su jubilación (para decirlo en términos modernos). Como el abundante producto de sus tierras no cabía en sus graneros y silos, decidió construir graneros aun más grandes para almacenar las cosechas, y entonces de eso descansar de sus labores y gozar de la vida comiendo y bebiendo. Pero se olvidó de algo muy importante: la muerte. Dios le dijo, según la parábola, "¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?" (Lc 12:21). Jesús define en seguida la moraleja de esta historia: "Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios" (12:22).

La parábola del administrador astuto (Lc 16:1-12) tiene una aplicación distinta pero relacionada. El mayordomo (que de por sí no era pobre y tenía acceso a muchos recursos) administraba las finanzas de un hombre rico. Fue acusado, con o sin razón, de malversación de recursos y el patrón le exigió cuentas con amenaza de despido. Entonces este empleado, frente al inminente desempleo (16:3), concibió una estrategia para salvar su futuro. Comenzó a llamar, uno por uno, a los que debían al patrón y a reducir la deuda de cada uno. (Nada indica que se trataba sólo de supuestas comisiones que le correspondían a él). Sorprendentemente, al saberlo el patrón, elogió la astucia de su mayordomo y no lo despidió. Y aun más sorprendente, Cristo lo pone de ejemplo y exhorta a los discípulos, "les digo que se valgan de las riquezas mundanas para ganar amigos" que "los reciban a ustedes en las moradas eternas" (16:9).

El relato sigue con la versión lucana de la opción radical entre Dios y Mamón. Los fariseos, que eran avaros enamorados del dinero, se burlaron de estas enseñanzas (peores que el joven rico, que se fue triste).

Finalmente tenemos la parábola del rico (llamado Dives en la Vulgata latina) y el mendigo Lázaro.[6] Esta historia tiene dos partes y dos aplicaciones morales: primero, la inversión total de la condición de ambos después de morir (16:16-23), y segundo, la suficiencia del testimonio de las escrituras, sin que alguien tenga que volver de los muertos a advertir a los impíos (16:24-31).[7] En la tierra el rico se vestía del mayor lujo y cada día daba espléndidos banquetes, mientras Lázaro, echada a la puerta, cubierto de llagas que lamían los perros, esperaba comer las migajas que caían de la mesa. Pero después de sus respectivas muertes el rico era el ex-mendigo Lázaro, y el antes rico Dives era un pobre miserable. El mensaje de justicia social es impactante.

Este rico no era un gentil ni un samaritano ni un ateo. Se creía hijo de Abraham y con toda probabilidad iba regularmente al templo y a la sinagoga. Y no hizo nada contra el pobre Lázaro, ni lo quitó de la puerta de su mansión. Su pecado era pecado de omisión, de lo que no hizo, pero Jesús declaró que "los que no hacen la voluntad de mi Padre" no entrarán en el reino de Dios (Mat 7:21-23). Vivir cómodamente, o aun peor lujosamente, en presencia de la desesperada necesidad del prójimo, es negar totalmente el Reino de Dios y perder la entrada al mismo. La parábola del rico y Lázaro nos enseña que nuestro trato con los pobres afecta decisivamente nuestro destino eterno (cf. Mat 25:31-45).

Conclusión: La actitud de Jesús hacia las riquezas era muy definida, de advertencia contra la seducción que ejercen y las tentaciones que trae el deseo de ellas. A diferencia del Antiguo Testamento (bajo un sistema agrario y comunitario) y a diferencia de muchos predicadores de hoy (bajo el neoliberalismo), Jesús nunca describe la riqueza como bendición de Dios. Jesús mismo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecer a otros. Cuando vivía en la tierra, ejemplificó un estilo de vida sencillo en servicio de los demás.[8]

Bien ha escrito Suzanne de Dietrich, "Nadie jamás ha desenmascarado como Jesús el poder del dinero y su fascinación sobre la gente" (Matthew¸ Richmond: John Knox 1961) p.44. El mensaje de Jesús sobre los peligros de la riqueza y el afán avaro es más necesario hoy que nunca.

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[1] Este artículo es una continuación del artículo sobre la avaricia, juanstam.com, 4 de agosto de 2011.

[2] Es importante recordar que tanto Lucas como Mateo estaban traduciendo del original arameo del discurso de Jesús.

[3] Paulo Lockmann, RIBLA 27:1997, pp. 46-50, que cita de la obra clásica de Strack-Billerbeck evidencias rabínicas de que "pobres en espíritu" podría ser un término especial para los pobladores sencillos del campo.

[4] Los esfuerzos de algunos autores de reinterpretar "pobre" y "rico" en términos espirituales, como "humilde" y "soberbio", etc., no convencen y deben rechazarse como una evasión del mensaje radical de Jesús, Santiago, Juan y otros autores del N.T.

[5] Aunque la exigencia al joven rico fue un caso particular, esta instrucción de Lucas 12:33 se aplica de alguna forma a todo seguidor de Jesús.

[6] La trama básica de esta historia, con aplicaciones similares, era conocida siglos antes, especialmente en Egipto. Jesús reinterpreta esta clásica parábola.

[7] Este segundo argumento explica la mención de Lázaro,'a quien Jesús resucitó pero los impíos no creyeron.

[8] Conviene refutar aquí el mito, totalmente sin evidencias históricas. de que la túnica de Jesús, que era sin costura, era un lujo. Nada indica que costaba más una túnica hecha de una sola pieza de tela. Juan lo menciona sólo como razón de no rifarla sin cortar, con posibles referencias al Antiguo Testamento (Jn 19:3-24).

martes, 22 de noviembre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD COSMÉTICA

En periodos previos a las elecciones de un país se ha vuelto usual que los partidos en contienda realicen algunas actividades que les puedan generar algún tipo de buena imagen ante las y los electores, cosa que puede caer en una visión simplista al momento de emitir el sufragio, con la aventurada pretensión de darse por entendido que las y los políticos de turno – de todo nivel y de cualquier tendencia ideológica – si están realizando cambios concretos… lo cierto es que esto puede ser una falacia y hasta el punto de caer en la demagogia que ellas y ellos de manera abusiva hacen para con las personas de un país, región o municipio.

Por lo anterior debemos referirnos a todo este sistema enfocado en el afán proselitista, es decir, de afiliar directa o indirectamente a más votantes, generándoles una falsa confianza de que si se les representará en cualquiera de los espacios que las y los políticos estén aspirando. Esto debemos examinarlo con mucho detenimiento, ya que el simple hecho de promover o hacer algunas actividades de ese tipo, pone en evidencia el grave analfabetismo político que tenemos algunos y la manera de enfocar o reducir todo a simples actividades de aparente limpieza ya sea social – donde peligran vidas humanas – o de restauración y edificación de infraestructura, que generan una imagen bonita de la situación… lo cierto es que la basura se esconde debajo de la alfombra.

En nuestro afán de la búsqueda insaciable de entrar en contacto con lo divino, todo lo anterior también se ha convertido en una realidad, debido a la gran influencia que ha ejercido el ambiente político-partidario sobre los diferentes espacios eclesiales representados en nuestra sociedad, plegándose de alguna manera al sistema sin criticarlo desde los valores del Reino, dándose más bien prebendas indulgentes a las y los políticos que brinden sus mejores ofertas a las iglesias, al mismo tiempo que tengan las garantías de continuar reproduciendo los sistemas corruptos de explotación y muerte para quienes consumen dicha manera de ver la fe como un negocio rentable.

Nuestro constante volver a Las Escrituras, nos remiten nuevamente a La Buena Noticia, en donde El Jesús que se hace presente en la historia – pasada y presente – les hace duros señalamientos a todos aquellos religiosos que se han acomodado al sistema perverso que nos envuelve y ahoga, comparándoles con la podredumbre que se albergan dentro de las tumbas, pero con sus apariencias impecables parecieran que no es así, que justifican los fines que llevan a medios proselitistas y agendas escondidas, que buscan por cualquier medio que se levanten los templos como monumentos al poder del lujo que los envuelve, siendo políticamente indefensos para lograr los cambios sociales estructurales que necesitamos como país, llegando en algunos casos a ¡sobar las manos de las y los victimarios!, en donde ¡las víctimas son culpables!... ¿será posible revertir este modelo aceptado en nuestra manera de vivir? (Lucas 11,37-48).

Antonio Salomón Medina Fuentes, Iglesia Amigos de El Salvador, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia

miércoles, 16 de noviembre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD LIGHT


Desde hace ya varias décadas se viene hablando, persuadiendo y en algunos casos imponiendo toda una visión de vida basada en la ligereza que traen ciertos productos que tienen que ver con el consumo de alimentos bajos en calorías, esto también se viene relacionando a relaciones interpersonales tratadas con ligereza, sin profundidad, la vida en si misma se vuelve de esa manera, la actitud con que se enfrentan las cosas, las diversiones, apelando e incitando más que todo a una subcultura que no promueve en ningún momento el sistema de valores necesarios para vivir como se debe… por ello todo se teje o juzga desde el significado de la palabra ligth: ligero…

Se le hace creer a la mujer y al hombre, que no hay más allá de sí misma/mismo, un culto desenfrenado al yo, al exitismo, lo exclusivo, el consumo desenfrenado y compulsivo, en donde todo se permite, no hay ningún absoluto, todo es relativo o tiende a relativizarse, de manera brutal y hedonista, todo puede ser descartable –o reutilizable– inclusive las personas que nos rodean, sin tomar en cuenta a las y los otros seres humanos, sin posibilidades de hacer de ellas y ellos sus prójimos.

Este absurdo peregrinaje vuelve a cualquier ser humano que lo adopte solitario, en el cual el fin justifica los medios, ninguna cosa es más importante que aplastar a quienes estorban, la tecnología no se utiliza para servir, más bien para aplastar, esclavizar o esclavizarse, desacreditar y destruir a quien sea, en ningún momento se asume la responsabilidad, más bien las víctimas deben pagar, ¡por ser débiles ante las exigencias del sistema!, en sí, la gran ironía de todo ello es que las personas agredidas ¡se lo merecen!, deben ser sacrificadas para dar continuidad al ídolo que se levanta por sobre las vidas humanas, cayendo en la peor de las idolatrías: el antropocentrismo, que es realmente una visión de vida basada en la hipocresía …
Nuevamente nos damos cuenta con mucha tristeza, que esta cosmovisión a penetrado muy bien en nuestros ambientes familiares, comunitarios, eclesiales, económicos, políticos, sin importar cuales sean estos, ya que los costos ham sido poner en tela de juicio los valores y principios del Reinado de Dios por situaciones de índole individualista, sin sentido de comunidad y más aún sin demostraciones de amor cristiano… escandalosamente ¡todo es permitido!, el dogma es ser ligero, así como aquellos líderes religiosos y civiles en el tiempo del Maestro, quienes se plegaron al sistema para continuar gozando de las bondades que les proporcionaba el mismo, todo podía ser puesto en tela de juicio sin ningún compromiso con el pueblo y su realidad, ya que la estructura religiosa justificaba la estructura de gobierno, que continuaba avalando las atrocidades y opresión de las personas que se consideraban en santidad y puras, que fueron a quienes Jesús trató más duramente, siendo comparables a las semillas que cayeron entre espinos (Mateo 16,1-4; Marcos 4,18-19).

Antonio Salomón Medina Fuentes, Iglesia Amigos de El Salvador, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia

martes, 1 de noviembre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD DISTRIBUTIVA O RETRIBUTIVA

Cuando nos referimos a algunos términos enfocados a la justicia administrada en los sistemas legales de nuestros países, vienen a la luz una serie de apelativos que tienen que ver con la penalización del delito y las consecuencias morales que este lleva en perjuicio de las víctimas y las sanciones que deben aplicárseles a las y los victimarios, es decir que la lógica de esta tendencia del derecho se resume de manera simplista: cada quien recibe lo que merece… a esta manera de aplicar justicia se le suele nombrar también en algunos casos como justicia distributiva o retributiva.

Dando seguimiento a esto, vemos el origen real de esta visión, nos referimos al Código de Hammurabi, creado aproximadamente en el año 1760 a. C., el cual es uno de los conjuntos de leyes más antiguos que se han encontrado y uno de los ejemplares legislativos que mejor se ha conservado de los documento creados en la Antigua Mesopotamia y en breves términos se basa en la aplicación de la ley del Talión a casos concretos, cuya máxima más famosa es aquella que reza: ojo por ojo, diente por diente...
En algún momento de la historia de la humanidad, esta legislación se impuso a los pueblos como normas de vida y convivencia, en donde la voluntad de las y los opresores –ya que Hammurabi fue un rey– se ponía por sobre las y los oprimidos, atendiendo incluso a validar mas las decisiones que más tienen que ver con las personas que ostentan el poder, no tomando en ningún momento en cuenta a las personas sencillas, humildes y desposeídas, sin poder que se les arrebata la esperanza de optar por vivir en un futuro mejor.

En nuestros ambientes eclesiales, es usual citar o aludir a este tipo de modelos encaminados a escarmentar, coaccionar e incluso provocar una muerte social de las personas que no están bajo los parámetros seudo-espirituales que se les imponen a las personas, aludiendo a que no se tiene o ha alcanzado la madurez religiosa necesaria, donde se mal entiende el termino disciplina, enfocándolo a un hecho de carácter sancionador y punitivo, que hace brindar más carga religiosa, moral y emocional mas allá de lo que cada persona puede llevar o soportar, precisamente lo que El Gran Maestro les recriminó duramente a los escribas y fariseos (Mateo 23,1-4,13-17).
Estas concepciones nos hacen preguntarnos: ¿son las vidas humanas simples instrumentos manipulables al antojo de quienes se consideran nuestros representantes en todo nivel?, ¿no será que esta manera de ver el mundo lo que hace es legitimar la venganza?, ¿será esta la única manera de sancionar las faltas o delitos que se cometen por muy brutales que estos sean?, ¿qué vacíos legales se cometen en contra de la vida al promover y aplicar este tipo de leyes o practicas de poder?
Nuevamente La Buena Noticia del Reinado de Dios nos da una salida ante tales prácticas depravadas dentro de nuestras iglesias y renunciar a ellas, ya que Jesús en El Sermón del Monte, en una de sus enseñanzas de carácter ético, puesta como una de sus grandes instrucciones fue la práctica no-violenta de salirle adelante a quienes nos hacen mal con la práctica del bien, con una práctica real de misericordia, sin ejercer poder, pudiendo tenerlo, hasta llegar al punto de que incluso las y los mismos opresores lleguen a reconocer su error, un desafío que hasta el momento pocas personas han logrado asumir y que a algunos hasta les costó la vida como Jesús, hablamos de: Mahatma Ghandi, Martin Luther King Jr., Oscar Arnulfo Romero Galdámez, Madre Teresa de Calcuta y Nelson Mandela (Mateo 5,38-42).

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia