martes, 27 de septiembre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD DEL MIEDO

La búsqueda de la espiritualidad hoy en pleno siglo XXI, se ha convertido en toda una odisea, debido a que existen una enorme multitud de ofertas que lo que pretenden es llegar a adherir nuevas personas adeptas –nótese la despersonalización del término– a sus propuestas religiosas cargadas de ritualismos, que acuden a despertar sentimientos como el miedo, el cual como bien es sabido, es una emoción instintiva, que inmoviliza a cualquier persona, definiéndose como una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario, además de un claro recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea…

En nuestra sociedad Latinoamericana y salvadoreña ausente de modelos de búsqueda de Lo Realmente Divino, es de suma importancia detenernos por un momento y meditar en lo que verdaderamente estamos haciendo como hijas e hijos de Dios en un mundo que permanece colapsado en cuanto a la búsqueda de valores y guianza de la práctica del bien –es decir de La Buena Noticia– ya que hasta el momento nuestras espiritualidades han tenido mucha más afinidad con modelos dualistas afines a la cultura griega y no en si a las practicas y enseñanzas de Jesús y los profetas…

En Las Escrituras, uno de los tantos términos que se utilizan para las palabras miedo o temor aparece en el Primer Testamento como חַת (taj); para el caso del Segundo Testamento uno de los términos más comunes es φόβος (phobos); la utilización de estas definiciones nos hacen repensar que las practicas que intimidan a las personas haciendo énfasis en la imagen de un dios ajeno, distante, que su relación con las personas la basa en las relaciones abusivas del poder, que intimidan, gritan, coartan y hasta destruyen. Por otro lado y en cuanto a las relaciones humanas, esta práctica se transmite a través de las diferentes estructuras en las que están tejidas nuestras organizaciones en todo nivel, siendo un modelo de pensar y actuar más afín a la forma de gobierno grecorromana.

Los gobernantes durante mucho tiempo, han utilizado el miedo para llevar a las personas por los caminos y propósitos que ellos han requerido, uno de sus principales aliados ha sido la religión, tal ha sido el caso que los discursos pronunciados por algunos mandatarios abusan del lenguaje cargado de términos religiosos, con ciertos aires pietistas y que hacen levantar sospecha –y por supuesto miedo– para con algunas personas o sistemas que no comulgan con su visión de sometimiento y vasallaje.

En los tiempos de Jesús, esta forma de pensar era bastante común, tanto así que cuando aquellos discípulos –Santiago y Juan– se le acercaron para pedirle estar a su derecha e izquierda, sus intereses eran más en cuanto a la visión de los políticos de su tiempo, tener poder y subyugar a través del miedo y el terror por medio de sus prácticas despóticas, lo cual era algo muy alejado de lo que es El Reinado de Dios en sí, en donde la idea es que sin temor, sin ambición, todas aquellas personas que nos consideramos hermanas y hermanos, podamos servirnos de manera desinteresada sin afán de sacar ventaja, en el camino del Amor y la Armonía, encarnando los valores tangibles que El nos enseñó, sin ambiciones que nos pongan por sobre las vidas de otras personas (Marcos 10,35-45; 1ª Juan 4,17-18).

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto ALternativas a la Violencia El Salvador, Centro América

martes, 20 de septiembre de 2011

Fidel Castro, el modelo cubano y los problemas hermenéuticos del periodista Jeffrey Goldberg

Por Juan Stam

El sensacional artículo del periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, "Fidel Castro: 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'" (Atlantic Monthly, setiembre 2010), explotó agresivamente la respuesta de Castro a una pregunta del periodista. "Le pregunté", escribe Goldberg en su artículo, "si él consideraba que el modelo cubano era algo digno de exportar". Le sorprendió la respuesta tan franca de Fidel: "El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Como era de esperar, la noticia corrió por todo el mundo. ¡Fidel Castro ha rechazado al comunismo!

Realmente eran dos preguntas las que hizo el periodista a Fidel: (1) ¿Cuánta validez tiene el modelo cubano? y (2) ¿debe exportarse ese modelo? La segunda llevaba implícita una vieja acusación, de que Cuba exporta la revolución y el comunismo. Para Fidel le hubiera sido fácil contestar sólo esa segunda pregunta, y responder que el modelo no debía exportarse, pero aprovechó con mucha sinceridad y auto-crítica, para comentar sobre la ineficacia del mismo modelo de su propio gobierno.

El diez de setiembre, en la Universidad de la Habana, Fidel respondió al artículo, afirmando que Goldberg había tomado esa respuesta fuera de contexto y que realmente es el capitalismo que está en crisis y no funciona, mucho menos para exportarse con intervencionismo a otros países. A ese discurso de Fidel, Goldberg respondió con un artículo insultantes con el título, "Fidel intenta salir del apuro". Con una respuesta muy dogmática y pedante, dirigida personalmente a Fidel, el periodista responde, "Lamento tener que decirlo, pero creo que la expresión 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros' significa 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'." O sea, las palabras significan lo que significan y el texto dice lo que dice, ¡y punto! Así de claro y sencillo.

Como periodista profesional, el Sr. Goldberg debe de haber estudiado la lingüística, la hermenéutica y otras ciencias de la comunicación. Un axioma de la lingüística afirma que las palabras mismas no "dicen" nada ni significan nada hasta que una persona no las lea y las interprete. Ahí está la gran falacia de la respuesta tan simplista del Sr. Goldberg. Sería como decir "'Yo soy el que soy' significa 'yo soy el que soy'", o que "'Dios es amor' significa 'Dios es amor'". Esas frases "significan" cosas muy distintas, hasta contradictorias, para diferentes personas. De las palabras de cualquier afirmación, hay tantas maneras de malentenderlas como de entenderlas. Con su respuesta a Fidel, aparentemente tan contundente, Goldberg dejó expuesta su propia ingenuidad o, si sabía mejor, su mala fe y oportunismo.

Fidel insistió en que sus palabras debían interpretarse en el contexto de la pregunta a que respondían. La pregunta esencial era exportar o no exportar el modelo cubano, y su reconocimiento de la ineficacia del actual modelo entró como razón de no pretender exportarlo. No era una declaración oficial en algún discurso formal o una publicación del gobierno. Era una respuesta muy espontánea a una pregunta en una conversación entre dos personas. Obviamente tuvo una gran dosis de ironía y hipérbole, como es típico en conversaciones animadas. El periodista no tuvo la menor sensibilidad a todo ese complejo contexto de las palabras de Castro.

Otro error en la fórmula simplista de Goldberg es la ambigüedad del término clave, "modelo cubano", que no se entiende sin una aclaración hermenéutica. Las palabras mismas no nos "dicen" que puede significar eso. Es evidente que el periodista no se esfuerza por interpretar esa frase como lo entendía Fidel mismo en su respuesta. Goldberg y muchos periodistas parecen haberlo entendido como el socialismo, que ahora, según el mismo Fidel Castro, no sirve. Fidel parece estarlo entendiendo como una de las tantas variantes del socialismo, junto con el modelo soviético, el modelo sandinista de los 80s, y ahora el modelo chino, que parece interesar mucho a Raul Castro y el actual gobierno de Cuba. La misma Cuba ha aplicado diferentes "modelos" en su historia revolucionaria. Así entendidas, las palabras de Fidel no ponen en duda ni el socialismo ni la revolución, pero implícitamente, a otro nivel hermenéutico, sí al capitalismo y al socialismo.

El actual modelo cubano, dice Fidel, en vez de exportarse debe reformarse. Esa noticia debe alegrar a los críticos de Cuba y despertar esperanzas de cambios positivos, de los que hay muchas señales. Y por supuesto, Cuba seguirá "exportando" médicos, maestros, y agrónomos y entrenando futuros doctores en su Escuela Internacional de Medicina en la Habana. Eso también es una buena noticia que debe alegrar todos.

Otro factor hermenéutico a tomar en cuenta es el sector (o los sectores) del público nacional e internacional en quienes pensaba Fidel al hacer su comentario. Es probable que en parte tuviera en mente el mismo pueblo cubano y sobre todo los líderes de línea dura, opuestos a las reformas. El significado del mensaje sería totalmente diferente para líderes de países capitalistas y anticomunistas. En la dinámica de la comunicación, el receptor/a pone una gran cuota del significado al descodificar el mensaje.

Como cristiano, creo que el socialismo democrático (realmente socialista, realmente democrático) es el sistema socio-económico hoy que mejor corresponde a la visión bíblica de la sociedad y la economía. ¿Dónde existe una democracia real? En EUA definitivamente que no, ni en Costa Rica y los demás países capitalistas del hemisferio, que no son democracias sino plutocracias seudo-democráticas electoreras. Son gobiernos de los ricos, por los ricos y para los ricos. En cuanto a la justicia económica, y a pesar de todos los pesares, Cuba está entre los mejores, si no el mejor país de todo el continente americano.

Pues ¡Adelante Cuba! Que hagan los ajustes necesarios al modelo, que lo afinen todo lo necesario, pero que jamás vuelva a caer en el capitalismo. Y que todos nuestros países avancen hacia una democracia más justa e igualitaria.

jueves, 15 de septiembre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD IDILICA

Cuando hablamos de idilio, nos referimos al vocablo que proviene del latín idyllĭum, que tiene a la vez su origen en el vocablo griego εἰδύλλιον (eidyllion) que significa literalmente poema breve, en ese sentido el término idilio permite nombrar al coloquio amoroso y a las relaciones entre personas enamoradas, por lo consiguiente es considerado como un subgénero literario de la poesía lírica griega, cuyo enfoque definitivamente es el tema amoroso… tomado de manera enfermiza o radical, puede afirmarse que esta cosmovisión subjetiva puede llegar al extremo de idolatrar a la persona amada o incluso llegar al punto de no querer o admitir separarse por ningún momento o motivo, un tanto complicado cuando se deben resaltar las cualidades individuales y cada persona busca ser independiente y explorar la posibilidad de encontrar espacios para el desarrollo personal de manera integral, o más complicado aun es el hecho de no ver otra realidad mas allá que la que se tiene junto al ser amado, cayendo peligrosamente en una especie de idolatría.

Desde hace algunas décadas, las tendencias religiosas posmodernas y de características light, nos han brindado una gran cantidad de producciones de índole artístico, tanto así que para el caso de la música – que es la más popular – en los diferentes espacios eclesiales, se atiende más bien al ritmo y armonía de las notas y acordes, menoscabando de manera arbitraria el contenido de dichas melodías, hecho muy similar a lo que sucede cuando se entra en una contienda electoral entre los diferentes partidos en pugna que buscan seducirnos con su material propagandístico profesionalmente elaborado, para que les demos nuestro voto… buscando – en el caso que hoy nos ocupa – brindar la mejor oferta con relación a la gran demanda religiosa que las personas de nuestro pueblo buscan incansablemente, como un escape ante la triste realidad de nuestro país, estos hechos nos deberían hacer reflexionar: ¿será que este tipo de mal llamada espiritualidad ha caído en reducir a Jesús o al Dios de Jesús en un ídolo?, ¿es una visión sana el reducir la vida cristiana ha simple actos litúrgicos exportados?, ¿en qué medida la prioridad en nuestras celebraciones culticas se le rinde verdadera adoración al Dios de la justicia, la paz y la vida?, ¿cuáles son las otras opciones que tenemos para no caer esta visión hedonista?

La manera dualista de ver al mundo – unido a todo lo anterior – ha propiciado que en nuestras celebraciones culticas se le dé extrema prioridad a cosas superfluas, por ejemplo se le dice alabanza y adoración a toda una serie de rituales exportados que se han vuelto de consumo popular, el abuso indiscriminado de la tecnología que desplaza el contacto real con las necesidades humanas, desplazando así a lo realmente trascendente e importante, el sistema de valores del Reino, en este punto cabe mencionar que se le da mucha más importancia al aspecto litúrgico, que a los comportamientos enfocados al fruto del Espíritu, El Sermón del Monte – o dicho de otra forma – el compromiso ético que cada hija e hijo de Dios debemos asumir en la búsqueda de poder discipular en una espiritualidad sana que nos haga más cercanos al Dios, Padre y Madre del Jesús que esta con nosotras y nosotros, que promueve la vida, la paz y la reconciliación y que además continua presente en la historia de quienes más lo necesitan, es decir, asumir el desafío de poder transformar con un fuerte compromiso ético cristiano la realidad de las personas que viven en sectores vulnerables (Gálatas 5,22-23; Mateo 5-7).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creacion

martes, 6 de septiembre de 2011

Algunos evangelios que no son (Gálatas 1:6-9)

Por Juan Stam


Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes

a quien los llamó por la gracia de Cristo,

para pasarse a otro evangelio.

No es que haya otro evangelio,

sino que ciertos individuos estén sembrando confusion entre ustedes

y quieren tergiversar el evangelio de Cristo.

Pero aun si alguno de nosotros

o un ángel del cielo

predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado,

¡que caiga bajo maldición! ...

ahora lo repito ...

¡que caiga bajo maldición!



Para Pablo las buenas nuevas eran el tesoro más grande de nuestra vida en Cristo, y por lo tanto era un "pecado teológico imperdonable" tergiversar o negar el evangelio, como hacían algunos maestros que habían engañado a los gálatas. El mismo apóstol que pudo decir, con profunda convicción cristiana, "No me avergüenzo del evangelio", pudo, con la misma convicción, declarar malditos los predicadores de cualquier "otro evangelio".

Los gálatas habían aprendido de Pablo el evangelio de la gracia, pero, engañados por algunos cristianos judaizantes, habían recaído en las exigencias de la ley (comidas, circuncisión, nuevas lunas etc). Con eso, les dice Pablo, han roto con Cristo y han caído de la gracia (5:4); ya "Cristo no les servíra de nada" (5:2). Pablo denuncia ese "evangelio legalista" como un falso evangelio, un "otro evangelio" que "tergiversa el evangelio de Cristo" (1:6-7).

Hace cincuenta años un sector amplísimo de los "evangélicos", especialmente de los Estados Unidos y de América Latina, era de hecho más legalista que evangélico. Para estar bien con Dios, la fórmula era "No fumar, no tomar, no bailar y no ir al cine" (y para algunos, no jugar futbol ni tocar instrumentos mundanos como la guitarra y la marimba). Ellos seguían, sin darse cuenta, el "no-evangelio" que denunció Pablo tan vehemente en esta epístola.

Hoy día, a Dios gracias, ese legalismo ha sido mayormente superado y la tentación ahora puede ser más bien el libertinaje. Sin embargo, han surgido algunos "otros evangelios" que estamos seguros que San Pablo hubiera denunciado en términos igualmente tajantes. Veamos algunos de ellos:

(1) El evangelio dinero-céntrico[1] Se predica "otro evangelio" no sólo por negar una verdad o enseñar un error, sino también por desenfocar el mensaje. Muchas herejías parten de algún aspecto de la verdad, pero lo toman aisladamente y lo exageran y distorsionan. A menudo toman algo periférico y secundario, y lo colocan como central y hasta excluyente. El resultado es un "evangelio ex-céntrico", desbalanceado, que termina siendo "otro evangelio". Una verdad fuera de proporción y fuera de su enfoque bíblico, fácilmente se convierte en una herejía.

Así es el caso de la teología de la prosperidad. Parte de enseñanzas bíblicas muy secundarias, las hacen centrales y definitivas, y contradicen (a lo mejor sin darse cuenta) enseñanzas mucho más claras y centrales de las escrituras. Es cierto que el Antiguo Testamento habla de "la bendición de Dios que enriquece", y cita la prosperidad de Abraham y otros. Pero todo el énfasis bíblico cae más bien en la justicia y la igualdad, como se puede ver en la legislación social y económica de Israel`. especialmente el año sabático (Lev 25:1-7; Deut 15, cancelación de deudas y leyes de ayuda a los pobres) y el año de jubileo (Lev 25, con reforma agraria y mucha legislación social).

Los predicadores de la prosperidad han inventado una supuesta "ley de la siembra", malinterpretando 2 Cor 9:10. Convierten una simple analogía agrícola en una especie de ley natural automática, comparable a la ley de la gravedad o las leyes de la astrofísica. Pero olvidan que el gran tema central de ese pasaje (2 Cor 8-9), lejos de ser fórmulas mágicas para acumular riquezas, es la invitación a los corintios a demostrar su gratitud a Dios, precisamente ayudando a los pobres de Jeruslén (cf. 1 Cor 9:8-9, el versículo inmediatamente anterior a la analogía agrícola). El modelo es aquel que "siendo rico se hizo pobre por nosotros" (8:9), no el "testimonio" de algún pobre que se hizo rico o, aun más común, de un rico que se hizo más rico, sin mencionar aquellos que "sembraron" pero nunca salieron de su pobreza. Además, 8:14 insiste dos veces en que Dios quiere la mayor igualdad posible, no el enriquecimiento desproporcionado de algunos pocos.

Fuera del mundo evangélico, la teología de la prosperidad ha sido un escándalo y un tropiezo, una vergüenza para la fe. Alberto Cañas. renombrado autor costarricense, lo caracterizó como la doctrina que "el rico lo es porque Dios lo premia, y el pobre porque Dios lo castiga. Ergo, los ricos son los elegidos de Dios" (La República, 4 de julio de 2007). Esa es la impresión que produce esa teología entre los de afuera.

El evangelio, en cambio, nos llama a entregarnos para que todos tengan lo suficiente, que la brecha entre ricos y pobres sea mínima, y que no haya injusticia.

(2) El evangelio demonio-céntrico, conocido como "guerra espiritual": Este movimiento ve demonios por todos lados y tiende a enfocarse mucho más en ellos que en Cristo. Interpretan toda la vida como una lucha contra Satanás y sus huestes. Es cierto que los evangelios presentan numerosos casos de individuos poseídos por demonios, a los que exorcizó Jesús. Es una realidad que no debe negarse, pero no es central en los evangelios ni debe ser central en nuestra experiencia de fe. Karl Barth dijo una vez que los poderes demoníacos son una realidad, pero no debemos mirarlos más que por el rabo del ojo. Concentrarnos en ellos es darles gusto y darles un poder que de otra manera no tendrían. Por cada mirada hacia ellos, debemos echar diez miradas hacia Cristo.

En las epístolas de San Pablo, lo demoníaco se manifiesta en "principados y poderes, tronos y coronas", o sea, en fuerzas y estructuras de maldad, no en individuos con espuma en la boca. El Apocalipsis es el libro del Nueva Testamento que más énfasis pone en el diablo y sus aliados, pero lo ve definitivamente en el imperio romano (Apoc 13:2; 17:9-11). Los militantes de la guerra espiritual ven demonios muchas veces donde no están, pero quedan totalmente ciegos a la presencia diabólica donde realmente está.

Hay una clara veta de belicismo en esta teología; practicarlo es un poco como jugar a guerra con Nintendo o gozarse sádicamente en películas de tortura. Una vez una hermana evangélica me confesó ingenuamente, "A mi me encanta la guerra espiritual, es muy emocionante". Por eso, los mismos que practican "liberación" por medio de exorcisimos, no tienen el menor problema en apoyar incondicionalmente el militarismo criminal del Pentágono o los ejércitos y dictadores asesinos de sus propios países.

El diablo es real, y sus huestes son reales, pero en conjunto todos son un enemigo ya vencido por Cristo. No tenemos por que fijarnos obsesivamente en ellos. Apocalipsis aun se burla un poco del ellos. Al pobre dragón de Apocalipsis 12, absolutamente nada le va bien; es un fracaso total, es de veras un pobre diablo. Más adelante vemos al dragón y sus aliados no sólo vomitar, sino vomitar ranas; las criaturas más feas que han salido de la mano del Creador salen ahora de las bocas de ellos. Porque el Apocalipsis sabe que el diablo está derrotado ya, puede reconocer toda su realidad sin temerlo por un segundo ni cederle una pulgada. Porque ha concentrado toda su mirada en el Cordero, puede mirar al dragón "por el rabo del ojo" mientras celebra el triunfo del Crucificado.

(3) El evangelio milagro-céntrico: No cabe duda de que los milagros son importantes en las escrituras e importantes para nuestra fe, pero nuevamente, una teología cuyo énfasis principal cae en los milagros, como tema casi exclusivo, no es el evangelio que proclama el Nuevo Testamento. Los milagros son señales, y con cada milagro debemos preguntarnos, "¿Qué nos está diciendo Dios con esta señal?" Como bien ha dicho Plutarco Bonilla, "Los milagros también son parábolas". El milagro no es un fin en sí sino ocurre en función de la historia de la salvación, dónde Dios quiere y cuándo Dios quiere. Durante períodos enteros de la historia bíblica, y en la vida de grandes heroes de la fe, no ocurrieron milagros. Abraham, por ejemplo, o Samuel, David o los profetas bíblicas, no se caracterizaron por poderes milagrosos. Los milagros son muy legítimos en su lugar, pero su lugar no es en el centro de nuestra fe y vida cristiana.

Originalmente los dones se entendían como la acción de Dios al dar; un don de sanidad, por ejemplo, era básicamente el acto de Dios al darle salud al enfermo, no una fuerza especial que poseyera alguna persona para lograr milagros. Por eso, cuando Dios sanó al cojo por medio de Pedro y Juan, éstos dijeron, "¿Por qué poneís los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios deAbraham ... ha glorificado a su Hijo Jesús" (Hech 3:12-13). Poner los ojos en un "sanador" humano suele ser señal de un evangelio milagro-céntrico.

Gracias a Dios por todos sus dones maravillosos y por su gran poder. Pero cuando esos milagros ocupan el centro de nuestra fe y nuestras vidas, en vez de Dios y su Hijo Jesucristo, fácilmente termina siendo "otro evangelio" al que correspondería la vehemente denuncia del Apóstol Pabo.

(4) El evangelio rapto-céntrico: Esta es la variante escatológico-profética del evangelio milagro-céntrico. En este caso, la fe se centra en que Cristo vendrá a "levantar a su iglesia" y llevarla al cielo antes de que comience la gran tribulación. El hecho es que esta ferviente expectativa del rapto de la iglesia domina la fe de millones de evangélicos, y a veces es toda su esperanza. Hace unos años escuché el testimonio de una persona recién convertida, quien dijo: "Ahora siento un alivio muy grande, pues no sufrirá los terrores de la gran tribulación ni iré al infierno después". Un popular predicador televisivo, más charlatán que expositor bíblico, solía preguntar al público, "¿Cuántos esperan la venida de Cristo?". A los que levantaban la mano respondía frívolamente, "¡Equivocados! No esperamos a Cristo sino al rapto de la iglesia".

Cabe un debate serio en cuanto a la enseñaza novotestamentaria sobre la venida de Cristo y el mal llamado "rapto". A favor del rapto pre-tribulacionist hay argumentos válidos, mayormente inferenciales o cuestionables exegéticamente; creo que de hecho, son mucho más fuertes los argumentos exegéticos en contra de tal interpretación. Pero en cualquier caso, el rapto es de los temas menos importantes en el Nuevo Testamento y jamás debe ocupar el centro de nuestra fe y esperanza.

La palabra "rapto" nunca aparece en la Biblia sino que se deriva de la Vulgata (traducción al latin). En 1 Tesalonicenses 4:17 "seremos arrebatados" es un verbo pero "al encuentro con el Señor", en el griego original, es un sustantivo. Ese "encuentro" era un momento importante en las venidas de grandes personajes como el emperador, generales victoriosos y otros, y aquí, la de nuestro Señor Jesucristo. En la interpretación bíblica y la teología, es peligroso cambiar verbos de acción ("arrebatar") en sustantivos abstractos ("el rapto"). En el texto de San Pablo, el verbo "seremos arrebatados" no es más que transporte para llevarnos a lo que realmente importa, que es precisamente la gloriosa esperanza de "nuestro encuentro con él".

El "evangelio rapto-céntrico" no sólo confunde verbos con sustantivos abstractos, sino también confunde lo que es mero "transporte" con lo que es realmente importante, el encontrarnos con aquel que hemos amado sin haberlo visto (1 Pedro 1:8). Cualquier evangelio rapto-céntrico en vez de Cristo-céntrico es un evangelio falso que recibe la condena del apóstol Pablo.

(5) El evangelio ego-céntrico: Un denominador común de estos "evangelios que no son" es su egocentrismo. Proclaman un evangelio de ofertas, lo que Dietrich Bonhoffer calificó de "gracia barata". Te ofrece, sin las exigencias del costoso discipulado, la prosperidad, el poder y la victoria, la sanidad y la profecía y el escape de la gran tribulación y del infierno. Vienen al caso las palabras de José Martí en cuanto a los curas y predicadores de su época:

¿Qué juicio debes de formar de un hombre que dice que te va a hacer un gran bien, que lo tiene en su mano, que sin él te condenas, que de él depende tu salvación, y por unas monedas de plata te niega ese inmenso beneficio? ¿No es ese hombre un malvado, un egoista, un avaricioso? ¿Qué ideas te haces de Dios, si fuera Dios de veras quien enviase semejantes mensajeros?

Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan les manda al cielo, ese Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero. ¡No, amigo mío, hay otro Dios!

¡Cuánta falta nos hace a todos los cristianos hoy meditar seriamente en el soneto anónimo y muy evangélico del siglo XVI:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Si no debe ser el cielo que nos motiva a amar a Dios, mucho menos debe ser "la prosperidad o la salud milagrosa que me tienes prometida" (aun cuando esas cosas sean legítimas). Si el temor al infierno no debe motivar nuestra fe, mucho menos debe ser el temor a los demonios o a "la gran tribulación tan temida, para dejar por eso de ofenderte". Cualquier "evangelio" que se centra sólo en ofertas, de ganga y baratillo, definitvamente no es el evangelio del Nuevo Testamento.

(6) El evangelio cristo-céntrico es el único evangelio verdadero, que juzga y denuncia, igual que Pablo, a todos los "pseudo-evangelios" ex-céntricos y egocéntricos de nuestro tiempo. Su único centro inconmovible es Jesucristo, el Verbo hecho carne, en cuya muerte y resurrección está nuestra única salvación. Llama la atención la ausencia del mensaje de la cruz en los "evangelios" tan populares en estos días. "Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado", porque para nosotros el mensaje de la cruz es "poder de Dios, y sabiduría de Dios" (1 Cor 1:24; 2:2; cf. Fil 3:7-10).

El verdadero evangelio es un mensaje de salvación por la gracia de Dios, pero no por la gracia barata; de justificación por la fe, pero por "la fe que obra mediante el amor eficaz" (Gál 5:6 paráfrasis personal). Jesucristo nos llama a tomar la cruz y seguirlo a él (Mat 16:24), no sólo a ser creyentes o miembros de alguna iglesia. Nos manda al mundo, no a comerciar con una serie de productos religiosos, ni tan sólo producir simpatizantes "que creen todo lo que os he enseñado", sino a hacer discípulos, dijo Jesús, "que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mat 28:20). Cristo nos llama a todos a la aventura del discipulado radical.

Hay "evangelios" hoy que dan vergüenza al evangelio. Pero del verdadero evangelio podemos decir con San Pablo, "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todos ... " (Rom 1:16).