Por Juan Stam
Hoy más que nunca la iglesia tiene que redescubrir su historia. Una iglesia sin historia es una iglesia sin identidad, sin claridad ni criterios, y se cae fácilmente en el caos. Esa es la condición de gran parte del protestantismo latinoamericano hoy. Por eso felicito a la iglesia metodista el Redentor por su costumbre anual de recordar, con gratitud a Dios, a nuestros abuelos espirituales, los Reformadores.
Es importante recordar que la Reforma del siglo XVI fue multifacética. Además de la Reforma luterana y la Reforma calvinista, fue muy importante la Reforma Radical anabautista, y hubo hasta una reforma católica, representada especialmente por el Concilio de Trenta y la orden jesuita. La ubicación social de cada uno de estos movimientos fue distinto: Lutero se identificó con los príncipes alemanes y el incipiente nacionalismo; Calvino estaba más cerca de las ciudades suizas y una proto-burguesía, mientras los anabautistas se identificaban más con las clases pobres y el naciente proletariado. Pero todos miraban hacia el futuro, que vendría a llamarse "modernidad", mientras que el Vaticano miraba más al pasado y se aliaba con el Sacro Imperio Romano y muchos aspectos del mundo medieval. Es significativa la repetición de la palabra "naciente". Los Reformdores era los parteros del mundo moderno que nacía. Dos siglos después el movimiento wesleyano aportó nuevas dimensiones muy importantes al protestantismo.
Vamos a conversar esta noche en torno a las consignas con que se suele resumir ls teología de los Reformadores, pero es importante recordar que su pensamiento era mucho más amplio y profundo que esas consignas. En Lutero, por ejemplo, encontramos un cierto anticipo del existencialismo, en el papel de la experiencia personal en su teología y en su rechazo de toda sistematización; él era "un teólogo irregular". En Calvino es profunda la admiración por la gloria y santidad de Dios, tanto que se le ha llamado "un hombre ebrio de Dios". En los anabautistas se juntaban (y se juntan) la pasión por la justicia con el pacifismo. Pero en esta charla, nos vamos a concentrar en las consignas que mejor resumen los denominadores comunes de la Reforma.
I. Sola scriptura
Son famosas las palabras de Lutero en Worms (1521): "Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por las escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayuda, Amén".
En esta histórica declaración de Lutero, queda claro que la "sola scriptura" no significa que conocemos sólo la Biblia o que todo lo demás no importa. ¿Quién podría entender el éxodo sin saber algo de Egipto, o el exilio de los judíos sin saber algo de Asiria y Babilonia? Un famoso fundamentalista, R.A. Torrey, dijo sabiamente, "Quien conoce sólo la Biblia, no conoce la Biblia". Por eso, Lutero apela a las escrituras pero también a "razones claras" y a la conciencia. Después una correlación similar iba a ampliarse en "el cuadrilátero wesleyano" (escritura, tradición, razón, experiencia).
La Reforma colocó la Palabra de Dios, en sus varias modalidades, como la máxima autoridad normativa, encima de papas y concilios. Eso implicó a su vez la interpretación seria y crítica de las escrituras, desde los textos originales, transformando conceptos como jaris (gracia), pistis (fe) y metanoia (arrepentimiento). Impulsó también la predicación expositiva, aclarando y aplicando los textos sagrados, acompañada por la predicación del año lectivo, firmemente anclada en la historia de la salvación.
Hoy día amplios sectores de las iglesias evangélicas latinoamericanas han perdido el sentido histórico y predican un mensaje divorciado del pasado, aun del mismo contexto bíblico. ¡Qué increíble que ni las iglesias pentecostales celebran el día de Pentecostés![2] Son escasas tanto la predicación expositiva como la del ciclo litúrgico. Muchos sermones no son más que opinionismo, especulación, "performance" y puro "show", manipulación del texto y del público.[3] Hay también predicadores fieles, a Dios gracias, pero son la excepción.
II. Sola gratia
Karl Barth ha repetido muchas veces que las dos palabras más importantes para la teología son "gracia" (jaris) y "gratitud (eujaristia). El Catecismo de Heidelberg comienza formulando las tres cosas más importantes que el niño debe saber: "Cuán grande es mi pecado, cuán grande es la gracia de Dios, y cuán grande debe ser mi gratitud a Dios". La Reforma transformó la idea tradicional de la gracia de Dios como una fuerza moral impartida en el bautismo (gratia infusa), en un concepto personal, del amor con que Dios nos acepta sin ningún mérito de parte nuestra, y le dieron un lugar central en su teología y la gracia y la fe personal. Pero esa misma gracia era exigente de frutos de justicia (Efes 2:8-10). No era la gracia barata del "evangelio de ofertas" que se predica hoy.[4]
En muchos círculos evangélicos hoy existe de facto una doctrina de salvación por las obras. Entre los viejos fundamentalistas uno era "salvo" cuando dejaba de fumar, tomar e ir al cine. En la actualidad, algunas iglesias se especializan en maldiciones y anuncian que si uno no diezma, sus finanzas, y hasta su vida, serán malditas pero si ofrendan bien todo será bendición. Bien se ha observado que los diezmos y los "pactos" son las indulgencias del siglo XXI.
III. Sola fide
Casi todos saben que los Reformadores enseñaron la justificación por la gracia mediante la fe, pero pocos se dan cuenta de que transformaron el concepto de fe, devolviéndole su sentido bíblico. Recuerdo que cuando estuve aprendiendo el español compré el "Manual de Religión" que los colegios costarricenses empleaban como texto. Ese Manual definía la fe como "tener por cierto lo que dice la santa madre iglesia". Para los Reformadores, la fe es entrega a Cristo y confianza en él (fides est fiducia, otra consigna histórica). Para ellos, la fe sin obras es muerta. Según Calvino, "todo conocimiento verdadero de Dios nace de obediencia". Ahí está la diferencia importante entre la fe y el fideísmo.
Hoy en día muchas iglesias "evangélicas" confunden la fe con la ortodoxia y predican de hecho una salvación por ortodoxia. Para ellos, la fe consiste en decir Amén a lo que dice el pastor, en vez de ser discípulo radical de Jesucristo en todas las esferas de la vida (eclesial, social, económica, política etc). Por eso, en esas congregación discrepar de la opinión del pastor es el pecado de murmuración, lo que trae maldición.
La iglesia hoy debe preguntarse si está formando verdaderos discípulos o si está llenando los templos de gente que dice "Señor, señor" pero que no hace la voluntad del Padre (Mat 7:21-23)
IV. La libertad cristiana
Son muy conocidas las tres consignas que ya hemos analizado, pero las cuatro que quedan son olvidadas las más de las veces. Para comenzar, se olvida que, frente a mucha tradición medieval, los Reformadores eran pioneros de una nueva libertad.[5] Hace unos años el recordado filósofo costarricense, Roberto Murillo, publicó un artículo muy interesante sobre el aporte de Lutero a las libertades modernas. Para José Martí, héroe cubano, "todo amante de la libertad debe colgar un retrato de Martín Lutero en la pared de su cuarto".[6]
En el siglo XVI Europa vivía una crisis de autoridad después del fin de la edad media, cuando mandaban a fin de cuentas el Papa y el Sacro emperador romano. En esa coyuntura el programa teológico de la Reforma era una agenda profundamente liberadora.[7] La justificación por la gracia mediante la fe significaba una liberación del legalismo. La sola scriptura liberó a la iglesia del autoritarismo dogmático, el sacerdocio univeral del clericalismo, el semper reformanda nos libera del tradicionalismo estático y el soli deo gloria del culto a la personalidad.
Hoy día algunas iglesias se están volviendo más autoritarias que nunca. Aunque el viejo legalismo ha perdido fuerza, el principal legalismo ahora es el diezmo. He sabido de iglesias que amenazan con maldición a los que no diezman. En esa salvación por obras, la salvación se gana o se pierde en la hora de la ofrenda. He sabido de otras iglesias donde el pastor quiere controlar toda la vida de los fieles; ¡no se permite ni enamorarse sin el visto bueno del pastor!
Con el movimiento de "apóstoles" y "profetas" el autoritarismo llega a niveles sin precedente. Aunque San Pablo nos manda examinar y juzgar las profecías (1 Tes 5:19-21; 1 Cor 14:29-32), estos profetas pontifican con una cara seria que dice, "que nadie se atreva a cuestionar mi palabra profética". Por su parte, más de un "apóstol" se permite emitir alguna "declaración apostólica" con la falsa autoridad que presumen tener.
Aquí va también un problema de sola scriptura, de fidelidad bíblica. A menudo han dicho que una "palabra profética" tiene más autoridad que una enseñanza bíblica. Apelan también a la falsa distinción entre logos (palabra bíblica, general) y rhema (palabra profética específica, según ellos), con desprecio de la palabra inspirada como mero logos. De esta manera establecen autoridades paralelas a las escrituras, de forma parecida a los mormones. los Testigos de Jehová y otras sectas.
V Sacerdocio universal del los y las creyentes (1 P 2:9; Ap 1:6; 5:10)
Frente al rígido clericalismo de la iglesia católica de la época, la Reforma impulsó un proceso de democratización dentro de la iglesia y de la sociedad. Para Lutero, toda la vida es ministerio y todos los creyentes son sacerdotes de Dios. "Una lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios... Todos los cristianos son sacerdotes, y todas las mujeres sacerdotisas, jóvenes o viejos, señores o siervos, mujeres o doncellas, letrados o laicos, sin diferencia alguna" (W.A. 6,370; R. García-Villoslada, Martín Lutero, Tomo. I, p.467).
En su época, tanto la Reforma luterana como la Reforma calvinista se quedaron cortos en superar el clericalismo; los anabautistas avanzaron más, como también el movimiento wesleyano después. El siglo pasado, hubo un fuerte movimiento de teología del laicado que puede verse como la maduración de estos avances de la Reforma.
Sin embargo, hoy parece crecer un nuevo clericalismo, de los "super-clérigos", especialmente los "apóstoles". En una mesa redonda sobre los "apóstoles" en Quito, Ecuador, un participante declaró, "Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora que existen las mega-iglesias, ese título no basta para sus fundadores y deben llamarse con un título mayor". La verdad es que ha surgido una nueva jerarquía eclesiástica, con los "apóstoles" y los "profetas" en la cumbre de poder y autoridad. En algunas iglesias el pastor es de hecho el C.E.O (ejecutivo mayor de una corporación), inaccesible a los feligreses con necesidades pastorales. Esas iglesias están organizadas según el modelo ejecutivo de las grandes empresas.
VI. Ecclesia reformata semper reformanda
Esta consigna expresa una realidad: los Reformadores no pretendían tener toda la verdad ni ser dueños de un sistema final de conceptos absolutos. Lutero era un "teólogo irregular" que nunca intentó formular un sistema. Calvino, por supuesto, articuló un sistema doctrinal, pero vivía revisándolo hasta nueve ediciones, alternando entre el latín y el francés. Algunos de los aportes más valiosos aparecen sólo en la novena edición. Si Calvino no hubiera muerto, sin duda hubiera producido una décima edición. Tillich define "el principio protestante", muy acertadamente, con la frase, "sólo Dios es absoluto". Karl Barth advierte contra la tentación de tener al "sistema" como la verdad absoluta, lo cual identifica como idolatría.
Lamentablemente, en el siglo XVII, amenazados por el racionalismo escéptico de la época, la teología luterana y la calvinista cayeron en una rígida ortodoxia escolástica. Aunque hicioeron algunos aportes, no lograron "defender" su fe sino que la redujo a un dogmatismo estéril. Curiosamente, luteranos y calvinistas se acusaban mutuamente de ser herejes, cripto-católicos y otros insultos.
El movimiento wesleyano puede verse en parte como una reacción contra esa "ortodoxia muerta" e hizo mucho para rescatar la salud del protestantismo. Pero a inicios del siglo XX la ortodoxia dogmática se resucitó en los Estados Unidos en la forma del fundamentalismo norteamericano.
Hoy día, cuando la tolerancia se ve como el sumo bien, son menos los reductos de ortodoxia cerrada, aunque los hay. Al contrario, en nuestro tiempo casi nada es seguro y todo es posible. La nueva consigna parece ser, "ecclesia reformata semper deformanda". La intención de la "semper reformata" era la de corregir errores y ser cada vez más fiel al Señor y su Palabra. Desde el siglo pasado la iglesia vive de fiebre en fiebre, cambiando de modas como los estilos de zapatos ("health and wealth", "name it, claim it", evangelio de prosperidad, tumbadera de gente, "apóstoles" y profetas, maldiciones generacionales etc etc ad infinitum). Muchas veces la innovación hoy no es para corregir errores sino de introducir nuevos errores. Muchas veces el fin no es mayor fidelidad sino mayor éxito, mayor fama o mayor dinero.
VII Soli deo gloria
"A Dios, y sólo a Dios, sea toda la gloria" fue una consigna fundamental de la Reforma. La iglesia de la época daba mucha gloria a otros en lugar de sólo a Dios. La Reforma fue una redescubrimiento de Dios, en perspectivas antes desconocidas. Los Reformadores tomaban muy en serio a Dios como el centro de toda su vida. Antes de su gran descubrimiento de la gracia, Lutero temía a Dios con horror y pánico, pero después se deleitaba en el amor del Dios de la gracia. Calvino era un hombre sobrecogido por la maravilla de la gloria de su Señor. La Reforma fue un gran encuentro con Dios. Puso Dios en el centro de su vida y su pensar, y le daba toda la gloria a él. Johann Sebastián Bach escribía las siglas "S.D.G." al inicio de todas sus partituras.
Hoy nuestra iglesia también tiene que redescubrir esta consigna de la sola gloria de Dios. Nuestra sociedad está permeada por el culto a la personalidad; hablamos de los "ídolos" de Hollywood y las "estrellas del deporte", etc. Las iglesias tienen también sus "estrellas" y a veces "dioses" a quienes adoran: mega-pastores, profetas y sanadores, algunos evangelistas promovidos con publicidad al estilo de Hollywood. En la iglesia del Señor no caben el personalismo y el culto a la personalidad.
Cuando Dios curó al cojo por medio de Pedro y Juan, y la gente los quería reconocer como milagreros, Pedro les contestó, "¿Por qué nos miran a nostros, como si nosotros, por nuestro propio poder o virtud, hubiéramos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha glorificado a su siervo Jesús" en sanar a aquel enfermo. Originalmente un "don de sanidad" no significaba algún poder que poseyera alguna persona, sino el acto de Dios de dar salud a un enfermo. A veces se habla de los "sanadores" como si fuesen dueños del poder milagroso; "en estas manos hay poder de sanar", dijo uno de ellos, mostrando sus manos ante las cámaras. Al contrario, "¿Por qué nos miran a nosotros, como si nosotros hubiéramos hecho algo", dijeron Pedro y Juan, para dar la gloria al Señor.
Esta consigna significa también que podemos, y debemos, glorificar a Dios en todo lo que hagamos. "Una lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios", dijo Lutero. En todo, nos exhorta San Pablo, "ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios" (1 Cor 10:31).
Conclusión: Nuestro momento histórico se parece dramáticamente al de los Reformadores en el siglo XVI: revolución en las comunicaciones (la imprenta de Gutenberg; hoy teléfono, radio, TV, computadora y hast iPod); revolución del espacio vital de la humanidad (navegación mejorada; Cristobal Colón 1492; hoy autos, aviones, viajes al espacio); revolucion armamentista (el fusil portátil, arcabus y mosqueta; hoy, armas nucleares) y sobre todo, una crisis de autoridad que produce gran confusión.
En esta coyuntura, ¿qué nos traerá el futuro? A como van las cosas, podría salir un protestantismo cultural y poderoso, algo parecido a lo que ha sido el catolicismo en el pasado. Pero gracias a Dios, sigue existiendo un remanente fiel y grandes signos de esperanza. ¿Levantará Dios a otro Lutero? Quizá que no, pero quiera el Señor concedernos un avivamiento de espiritualidad genuina y un movimiento de profunda renovación que sacudirá a la iglesia de pies a cabeza y preparará a la iglesia para responder a los grandes desafíos del nuevo mundo que está naciendo.
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[1] Charla en la iglesia metodista el Redentor, San José, Costa Rica, 31 de octubre de 2011. El tema asignado fue "Qué necesita reformar la iglesia hoy?". En la presentacion oral enfaticé tanbién lo positivo de lo que Dios está haciendo en la iglesia hoy.
[2] Ver "El Pentecostés tiene fecha" en juanstam.com, 6 de mayo 2008.
[3] Ver "Mecanismos de manipulación en las iglesias". juanstam.com, `12 de agosto 2010
[4] Aquí conviene recordar ese gran poema atribuido a Santa Teresa: "No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometodo... No me tienes que dar porque te quiera..."
[5] En 1520 Lutero publicó un importante tratado "Sobre la libertad del cristiano".
[6] Hay que reconocer a la vez que hubo serias contradicciones en la conducta de Lutero, debido mayormente a su doctina de los dos reinos y sus vínculos con los príncipes alemanes. Su trato a los campesinos y los judíos era reprochable.
[7] Ver " Sobre la teología de los reformadores: unas reflexiones" (31 de octubre de 2011).
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martes, 13 de diciembre de 2011
martes, 29 de noviembre de 2011
Jesús y las riquezas[1]
Por Juan Stam
A diferencia del Antiguo Testamento, que a menudo interpreta la riqueza como bendición de Dios (Gén 12:2; 13:2), no aparece entre las bienaventuranzas de Jesús ninguna que dijera, "benditos ustedes los ricos". Eso se debe en gran parte al sistema económico tan distinto en los dos casos. Por mucho de la historia de Israel la riqueza consistía en ganado, oro y plata, y ropa fina. Las compras y ventas eran por trueque o por determinado peso de oro o plata, pues no existían las monedas. Por eso, la brecha entre ricos y pobres era mucho menos y era más lógico ver las riquezas como bendición de Dios. En cambio, el imperio romano del siglo I se basaba en la esclavitud masiva y el comercio nacional e internacional, con una brecha inmensa entre ricos y pobres. Entonces ser "rico" era muy otra cosa.
Jesús nunca declara benditos a los ricos sino advierte una y otra vez contra los peligros y tentaciones de la riqueza. En vez de decir "Bienaventurados los ricos" Jesús dijo lo contrario: "Bienaventurados ustedes los pobres" y "Ay de ustedes los ricos" (Lc 6:20,24). Mateo lo amplía con "pobres en espíritu" (frase de sentido muy discutido) y Lucas lo amplía con el contraste entre pobres (bienaventurados) y ricos (ay de ellos).[2] Es imposible entender ese lenguaje de Lucas en sentido abstracto o espiritual; en Mateo, "pobres" y "pequeñuelos" (Mat 11:25) describen también un grupo socio-económico de la sociedad.[3] Claro, tampoco debe interpretarse como una beatificación de la pobreza ni mucho menos como una justificación de la desigualdad económica, ayer y hoy. Es más bien un llamado a identificarnos con los pobres porque el reino de Dios está al lado de ellos.[4]
En el mensaje de Jesús sobre las riquezas predomina un fuerte énfasis en los peligros de poseerlas. Cristo condena tanto el afán por las riquezas como la confianza en ellas. En la parábola del sembrador, sobre la semilla que cayó entre espinos, dice que "las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan" (Mt 13:22; Mr 4:19; Luc 8:14 agrega "los placeres de esta vida"). Según otra traducción, "los negocios de esta vida les preocupan demasiado y el amor por las riquezas los engaña, y quisieran poseer todas las cosas" (Mr 4:19 DHH). Las riquezas seducen con su promesa de felicidad y bienestar, pero todo es engaño y al final no satisfacen. De hecho, estos son temas muy presentes en las escrituras hebreas (Dt 8:11-17; Ecl 5:10; Sal 49:6; 52.7). Las riquezas amenazan con dar una falsa seguridad que les hace a los ricos creer que ellas bastan y que no necesitan a Dios ni el mensaje del evangelio.
El sermón de la montaña: Un largo pasaje del Sermón de la Montaña se dedica también al tema de las riquezas (Mt 6:19-34). El argumento se estructura alrededor de cinco imperativos:
(1) no acumular tesoros en la tierra sino en el cielo v.19;
(2) no afanarnos por comida, bebida y ropa (las aves) v.25;
¿Por qué se afanan ustedes? v.28
(3) no afanarnos por comida, bebida y ropa (las flores) v.31;
(4) no afanarnos por el mañana v.34 sino
(5) buscar primero el reino de Dios v.33.
Todo el pasaje está cruzado por fuertes contrastes: tesoros en tierra/tesoros en cielo; perecederos/imperecederos; ojo bueno/ojo malo; Dios/Mamón; el afán/el cuidado del Padre; el Reino/añadidura; el mañana/el hoy.
El pasaje comienza mandando a los fieles "no atesorar tesoros" (thesaurizete thêsaurous, acusativo cognado) en la tierra, que son "depósitos" muy inseguros y perecederos (Mt 6:19: polilla, óxido, ladrones; cf. Lc 12:33). Pero en los mismos términos Jesús manda "atesorar tesoros" en el cielo (nada de polilla, óxido, ladrones). Lucas nos explica como hacer esta transferencia de valores: vender nuestras posesiones y dar a los pobres (12:33-34; cf 12:21).[5] Era común en el pensamiento judío pensar que tales obras transfieren el tesoro al cielo; según Peah 1.1 del Mishná, "el capital se deposita así en el mundo venidero" (Ellison, New Testament Commentary 1969, p.148).
Es probable que lo dicho sobre el "ojo bueno" (Mat 6:22 ofthalmos haplous) y el "ojo maligno" (ofthalmos ponêros) tiene que ver con el mismo tema de las riquezas. El campo semántico del adjetivo haplous incluye el concepto de sencillo (no dividido; 2Cor 11:3; Ef 6:5; Col 3:22 y Septuaginta), sincero, íntegro pero también puede significar generoso. El sustantivo correspondiente significa "generosidad" en textos como Rom 12:8; 2Cor 8:2; 9:11,12, y el adverbio significa "generosamente" en Stg 1:5. Con esa polisemia, Mat 6:22-23 se relaciona como "generosidad" con los versículos anteriores, y como "integridad" (sin mezcla) con lo que sigue. Hemos de dar generosamente a los necesitados, para "atesorar tesoros" en el cielo, y hemos de adorar a Dios con un corazón puro e íntegro.
Siguiendo con el tema de las riquezas, Jesús nos presenta una disyuntiva radical: o servimos a Dios o servimos a Mamón (riquezas; 6:24). Esto puede entenderse como una relectura de la exigencia profética de Elías: o Baal o Yahvéh pero jamás ambos. Es muy significativo que siglos después, bajo una economía muy diferente pero no menos injusta, Jesús escogiera precisamente "Mamón" como el Baal de su tiempo. El verbo douleuein (servir) y el contexto implican que el apego a las riquezas es una esclavitud (Lc 16:13) y una idolatría (Ef 5:5; Col 3:5). El término mamôna, que Mateo y Lucas reproducen del arameo original del discurso de Jesús, parece sugerir la idea de "aquello en que uno confía, a lo que uno se entrega" (Hauck, Beyreuther, de Dietrich).
Con 6:25 comienza el segundo tema del bloque textual, una extensa exhortación contra el afán por los bienes temporales (Mat 6:25-34). La primera mitad advierte contra la avaricia (6:19-24). y esta segunda mitad contra el afán (6:25-34). Algunos han sugerida que la avaricia y la acumulación son tentaciones especialmente para los ricos, y el afán y la ansiedad para los pobres, aunque todo el pasaje se aplica tanto a ricos como a pobres, cada cual a su manera. El mismo lenguaje en la parábola del sembrador coordina este afán con "el engaño de las riquezas" y "los placeres de esta vida" (Mt 13:22; Mr 4:19; Luc 8:14). De hecho, el afán de acumular más y más, como la esencia de la avaricia, es el probable objeto de estos versículos.
El pasaje da cinco razones para no afanarnos por las riquezas: (1) la vida es más que acumular riquezas (6:25); (2) Dios es fiel y proveerá, como provee por las aves y las flores (6:26-30); (3) la ansiedad por lo temporal revela una falta de fe (6:30,32); (4) de todos modos, nada logramos con afanarnos (6:27); (5) si buscamos primero el reino de Dios, lo demás será añadido (6:33). Ese reino es la inversión total del orden de riqueza y pobreza (Lc 1:52-53; 16:25). Conclusión: no tiene sentido ser afanosos si hemos puesto nuestras vidas en las manos del Señor.
La palabra griega para "afanarse" (merimnaô) es la misma que describe a Marta, hermana de María (Lc 10:40-41, "abrumada porque tenía mucho que hacer...inquieta y preocupada por muchas cosas"). De ninguna manera nos prohíbe prevenir responsablemente las necesidades presentes y futuras. Nos exhorta a tener una fe responsable y centrada, sin poner el corazón en las riquezas (si somos ricos) ni desesperarnos con pánico (si somos pobres). Un bello ejemplo de este último caso es Tomás Chisholm, autor de "O tu fidelidad" (anexo).
El encuentros de Jesús con el joven rico: Esta historia se relata en cada uno de los evangelios sinópticos (Mat 19:16-27; Mr 10:17-31; Lc 18:18-30). Un hombre rico, una autoridad en su comunidad (Lc 18:18, arjôn), vino corriendo a Jesús y se postró ante él (10:17). Le preguntó con urgencia qué tiene que hacer para heredar la vida eterna, y Cristo le citó la segunda tabla de la ley, pero omitiendo la codicia del último mandamiento y agregando el gran mandamiento del amor (Mat 22:37-39). El rico contestó que ha cumplido todo eso, pero Jesús sabe que este rico ama más a sí mismo y a sus riquezas que a Dios y al prójimo. Por eso le mandó vender todo y dar a los pobres, pero ese precio del discipulado era demasiado alto y el joven se fue triste y derrotado.
Entonces Jesús explicó el caso y dijo, "¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reinado de Dios!", quizá para señalar lo difícil de que Dios comience a reinar en la vida de un rico. A eso añade una hipérbole tan simpática literariamente como triste moralmente, "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". ¡Qué cómico pensar en alguien tratando de pasar un camello, con todo y joroba, por el ojo de una aguja! (Ese dicho, probablemente un proverbio conocido, no tenía nada que ver con una supuesta puerta pequeña llamada "ojo de la aguja", de cuya existencia no hay evidencias históricas). La declaración de Jesús no podría ser más radical y drástica.
Los ricos en las parábolas de Jesús: Aunque muchas parábolas de Jesús tratan de temas económicos, hay tres en San Lucas que hablan específicamente de personas ricas: el terrateniente insensato (12:13-21), el mayordomo astuto (16:1-12) y el rico y Lázaro (16:19-31). Paradójicamente, el único que sale bien (en parte) es el vivo del mayordomo injusto.
En una advertencia contra la avaricia (Lc 12:15), con ecos del Sermón de la Montaña, Jesús cuenta la parábola de un finquero muy próspero quien había planeado muy bien su jubilación (para decirlo en términos modernos). Como el abundante producto de sus tierras no cabía en sus graneros y silos, decidió construir graneros aun más grandes para almacenar las cosechas, y entonces de eso descansar de sus labores y gozar de la vida comiendo y bebiendo. Pero se olvidó de algo muy importante: la muerte. Dios le dijo, según la parábola, "¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?" (Lc 12:21). Jesús define en seguida la moraleja de esta historia: "Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios" (12:22).
La parábola del administrador astuto (Lc 16:1-12) tiene una aplicación distinta pero relacionada. El mayordomo (que de por sí no era pobre y tenía acceso a muchos recursos) administraba las finanzas de un hombre rico. Fue acusado, con o sin razón, de malversación de recursos y el patrón le exigió cuentas con amenaza de despido. Entonces este empleado, frente al inminente desempleo (16:3), concibió una estrategia para salvar su futuro. Comenzó a llamar, uno por uno, a los que debían al patrón y a reducir la deuda de cada uno. (Nada indica que se trataba sólo de supuestas comisiones que le correspondían a él). Sorprendentemente, al saberlo el patrón, elogió la astucia de su mayordomo y no lo despidió. Y aun más sorprendente, Cristo lo pone de ejemplo y exhorta a los discípulos, "les digo que se valgan de las riquezas mundanas para ganar amigos" que "los reciban a ustedes en las moradas eternas" (16:9).
El relato sigue con la versión lucana de la opción radical entre Dios y Mamón. Los fariseos, que eran avaros enamorados del dinero, se burlaron de estas enseñanzas (peores que el joven rico, que se fue triste).
Finalmente tenemos la parábola del rico (llamado Dives en la Vulgata latina) y el mendigo Lázaro.[6] Esta historia tiene dos partes y dos aplicaciones morales: primero, la inversión total de la condición de ambos después de morir (16:16-23), y segundo, la suficiencia del testimonio de las escrituras, sin que alguien tenga que volver de los muertos a advertir a los impíos (16:24-31).[7] En la tierra el rico se vestía del mayor lujo y cada día daba espléndidos banquetes, mientras Lázaro, echada a la puerta, cubierto de llagas que lamían los perros, esperaba comer las migajas que caían de la mesa. Pero después de sus respectivas muertes el rico era el ex-mendigo Lázaro, y el antes rico Dives era un pobre miserable. El mensaje de justicia social es impactante.
Este rico no era un gentil ni un samaritano ni un ateo. Se creía hijo de Abraham y con toda probabilidad iba regularmente al templo y a la sinagoga. Y no hizo nada contra el pobre Lázaro, ni lo quitó de la puerta de su mansión. Su pecado era pecado de omisión, de lo que no hizo, pero Jesús declaró que "los que no hacen la voluntad de mi Padre" no entrarán en el reino de Dios (Mat 7:21-23). Vivir cómodamente, o aun peor lujosamente, en presencia de la desesperada necesidad del prójimo, es negar totalmente el Reino de Dios y perder la entrada al mismo. La parábola del rico y Lázaro nos enseña que nuestro trato con los pobres afecta decisivamente nuestro destino eterno (cf. Mat 25:31-45).
Conclusión: La actitud de Jesús hacia las riquezas era muy definida, de advertencia contra la seducción que ejercen y las tentaciones que trae el deseo de ellas. A diferencia del Antiguo Testamento (bajo un sistema agrario y comunitario) y a diferencia de muchos predicadores de hoy (bajo el neoliberalismo), Jesús nunca describe la riqueza como bendición de Dios. Jesús mismo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecer a otros. Cuando vivía en la tierra, ejemplificó un estilo de vida sencillo en servicio de los demás.[8]
Bien ha escrito Suzanne de Dietrich, "Nadie jamás ha desenmascarado como Jesús el poder del dinero y su fascinación sobre la gente" (Matthew¸ Richmond: John Knox 1961) p.44. El mensaje de Jesús sobre los peligros de la riqueza y el afán avaro es más necesario hoy que nunca.
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[1] Este artículo es una continuación del artículo sobre la avaricia, juanstam.com, 4 de agosto de 2011.
[2] Es importante recordar que tanto Lucas como Mateo estaban traduciendo del original arameo del discurso de Jesús.
[3] Paulo Lockmann, RIBLA 27:1997, pp. 46-50, que cita de la obra clásica de Strack-Billerbeck evidencias rabínicas de que "pobres en espíritu" podría ser un término especial para los pobladores sencillos del campo.
[4] Los esfuerzos de algunos autores de reinterpretar "pobre" y "rico" en términos espirituales, como "humilde" y "soberbio", etc., no convencen y deben rechazarse como una evasión del mensaje radical de Jesús, Santiago, Juan y otros autores del N.T.
[5] Aunque la exigencia al joven rico fue un caso particular, esta instrucción de Lucas 12:33 se aplica de alguna forma a todo seguidor de Jesús.
[6] La trama básica de esta historia, con aplicaciones similares, era conocida siglos antes, especialmente en Egipto. Jesús reinterpreta esta clásica parábola.
[7] Este segundo argumento explica la mención de Lázaro,'a quien Jesús resucitó pero los impíos no creyeron.
[8] Conviene refutar aquí el mito, totalmente sin evidencias históricas. de que la túnica de Jesús, que era sin costura, era un lujo. Nada indica que costaba más una túnica hecha de una sola pieza de tela. Juan lo menciona sólo como razón de no rifarla sin cortar, con posibles referencias al Antiguo Testamento (Jn 19:3-24).
A diferencia del Antiguo Testamento, que a menudo interpreta la riqueza como bendición de Dios (Gén 12:2; 13:2), no aparece entre las bienaventuranzas de Jesús ninguna que dijera, "benditos ustedes los ricos". Eso se debe en gran parte al sistema económico tan distinto en los dos casos. Por mucho de la historia de Israel la riqueza consistía en ganado, oro y plata, y ropa fina. Las compras y ventas eran por trueque o por determinado peso de oro o plata, pues no existían las monedas. Por eso, la brecha entre ricos y pobres era mucho menos y era más lógico ver las riquezas como bendición de Dios. En cambio, el imperio romano del siglo I se basaba en la esclavitud masiva y el comercio nacional e internacional, con una brecha inmensa entre ricos y pobres. Entonces ser "rico" era muy otra cosa.
Jesús nunca declara benditos a los ricos sino advierte una y otra vez contra los peligros y tentaciones de la riqueza. En vez de decir "Bienaventurados los ricos" Jesús dijo lo contrario: "Bienaventurados ustedes los pobres" y "Ay de ustedes los ricos" (Lc 6:20,24). Mateo lo amplía con "pobres en espíritu" (frase de sentido muy discutido) y Lucas lo amplía con el contraste entre pobres (bienaventurados) y ricos (ay de ellos).[2] Es imposible entender ese lenguaje de Lucas en sentido abstracto o espiritual; en Mateo, "pobres" y "pequeñuelos" (Mat 11:25) describen también un grupo socio-económico de la sociedad.[3] Claro, tampoco debe interpretarse como una beatificación de la pobreza ni mucho menos como una justificación de la desigualdad económica, ayer y hoy. Es más bien un llamado a identificarnos con los pobres porque el reino de Dios está al lado de ellos.[4]
En el mensaje de Jesús sobre las riquezas predomina un fuerte énfasis en los peligros de poseerlas. Cristo condena tanto el afán por las riquezas como la confianza en ellas. En la parábola del sembrador, sobre la semilla que cayó entre espinos, dice que "las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan" (Mt 13:22; Mr 4:19; Luc 8:14 agrega "los placeres de esta vida"). Según otra traducción, "los negocios de esta vida les preocupan demasiado y el amor por las riquezas los engaña, y quisieran poseer todas las cosas" (Mr 4:19 DHH). Las riquezas seducen con su promesa de felicidad y bienestar, pero todo es engaño y al final no satisfacen. De hecho, estos son temas muy presentes en las escrituras hebreas (Dt 8:11-17; Ecl 5:10; Sal 49:6; 52.7). Las riquezas amenazan con dar una falsa seguridad que les hace a los ricos creer que ellas bastan y que no necesitan a Dios ni el mensaje del evangelio.
El sermón de la montaña: Un largo pasaje del Sermón de la Montaña se dedica también al tema de las riquezas (Mt 6:19-34). El argumento se estructura alrededor de cinco imperativos:
(1) no acumular tesoros en la tierra sino en el cielo v.19;
(2) no afanarnos por comida, bebida y ropa (las aves) v.25;
¿Por qué se afanan ustedes? v.28
(3) no afanarnos por comida, bebida y ropa (las flores) v.31;
(4) no afanarnos por el mañana v.34 sino
(5) buscar primero el reino de Dios v.33.
Todo el pasaje está cruzado por fuertes contrastes: tesoros en tierra/tesoros en cielo; perecederos/imperecederos; ojo bueno/ojo malo; Dios/Mamón; el afán/el cuidado del Padre; el Reino/añadidura; el mañana/el hoy.
El pasaje comienza mandando a los fieles "no atesorar tesoros" (thesaurizete thêsaurous, acusativo cognado) en la tierra, que son "depósitos" muy inseguros y perecederos (Mt 6:19: polilla, óxido, ladrones; cf. Lc 12:33). Pero en los mismos términos Jesús manda "atesorar tesoros" en el cielo (nada de polilla, óxido, ladrones). Lucas nos explica como hacer esta transferencia de valores: vender nuestras posesiones y dar a los pobres (12:33-34; cf 12:21).[5] Era común en el pensamiento judío pensar que tales obras transfieren el tesoro al cielo; según Peah 1.1 del Mishná, "el capital se deposita así en el mundo venidero" (Ellison, New Testament Commentary 1969, p.148).
Es probable que lo dicho sobre el "ojo bueno" (Mat 6:22 ofthalmos haplous) y el "ojo maligno" (ofthalmos ponêros) tiene que ver con el mismo tema de las riquezas. El campo semántico del adjetivo haplous incluye el concepto de sencillo (no dividido; 2Cor 11:3; Ef 6:5; Col 3:22 y Septuaginta), sincero, íntegro pero también puede significar generoso. El sustantivo correspondiente significa "generosidad" en textos como Rom 12:8; 2Cor 8:2; 9:11,12, y el adverbio significa "generosamente" en Stg 1:5. Con esa polisemia, Mat 6:22-23 se relaciona como "generosidad" con los versículos anteriores, y como "integridad" (sin mezcla) con lo que sigue. Hemos de dar generosamente a los necesitados, para "atesorar tesoros" en el cielo, y hemos de adorar a Dios con un corazón puro e íntegro.
Siguiendo con el tema de las riquezas, Jesús nos presenta una disyuntiva radical: o servimos a Dios o servimos a Mamón (riquezas; 6:24). Esto puede entenderse como una relectura de la exigencia profética de Elías: o Baal o Yahvéh pero jamás ambos. Es muy significativo que siglos después, bajo una economía muy diferente pero no menos injusta, Jesús escogiera precisamente "Mamón" como el Baal de su tiempo. El verbo douleuein (servir) y el contexto implican que el apego a las riquezas es una esclavitud (Lc 16:13) y una idolatría (Ef 5:5; Col 3:5). El término mamôna, que Mateo y Lucas reproducen del arameo original del discurso de Jesús, parece sugerir la idea de "aquello en que uno confía, a lo que uno se entrega" (Hauck, Beyreuther, de Dietrich).
Con 6:25 comienza el segundo tema del bloque textual, una extensa exhortación contra el afán por los bienes temporales (Mat 6:25-34). La primera mitad advierte contra la avaricia (6:19-24). y esta segunda mitad contra el afán (6:25-34). Algunos han sugerida que la avaricia y la acumulación son tentaciones especialmente para los ricos, y el afán y la ansiedad para los pobres, aunque todo el pasaje se aplica tanto a ricos como a pobres, cada cual a su manera. El mismo lenguaje en la parábola del sembrador coordina este afán con "el engaño de las riquezas" y "los placeres de esta vida" (Mt 13:22; Mr 4:19; Luc 8:14). De hecho, el afán de acumular más y más, como la esencia de la avaricia, es el probable objeto de estos versículos.
El pasaje da cinco razones para no afanarnos por las riquezas: (1) la vida es más que acumular riquezas (6:25); (2) Dios es fiel y proveerá, como provee por las aves y las flores (6:26-30); (3) la ansiedad por lo temporal revela una falta de fe (6:30,32); (4) de todos modos, nada logramos con afanarnos (6:27); (5) si buscamos primero el reino de Dios, lo demás será añadido (6:33). Ese reino es la inversión total del orden de riqueza y pobreza (Lc 1:52-53; 16:25). Conclusión: no tiene sentido ser afanosos si hemos puesto nuestras vidas en las manos del Señor.
La palabra griega para "afanarse" (merimnaô) es la misma que describe a Marta, hermana de María (Lc 10:40-41, "abrumada porque tenía mucho que hacer...inquieta y preocupada por muchas cosas"). De ninguna manera nos prohíbe prevenir responsablemente las necesidades presentes y futuras. Nos exhorta a tener una fe responsable y centrada, sin poner el corazón en las riquezas (si somos ricos) ni desesperarnos con pánico (si somos pobres). Un bello ejemplo de este último caso es Tomás Chisholm, autor de "O tu fidelidad" (anexo).
El encuentros de Jesús con el joven rico: Esta historia se relata en cada uno de los evangelios sinópticos (Mat 19:16-27; Mr 10:17-31; Lc 18:18-30). Un hombre rico, una autoridad en su comunidad (Lc 18:18, arjôn), vino corriendo a Jesús y se postró ante él (10:17). Le preguntó con urgencia qué tiene que hacer para heredar la vida eterna, y Cristo le citó la segunda tabla de la ley, pero omitiendo la codicia del último mandamiento y agregando el gran mandamiento del amor (Mat 22:37-39). El rico contestó que ha cumplido todo eso, pero Jesús sabe que este rico ama más a sí mismo y a sus riquezas que a Dios y al prójimo. Por eso le mandó vender todo y dar a los pobres, pero ese precio del discipulado era demasiado alto y el joven se fue triste y derrotado.
Entonces Jesús explicó el caso y dijo, "¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reinado de Dios!", quizá para señalar lo difícil de que Dios comience a reinar en la vida de un rico. A eso añade una hipérbole tan simpática literariamente como triste moralmente, "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". ¡Qué cómico pensar en alguien tratando de pasar un camello, con todo y joroba, por el ojo de una aguja! (Ese dicho, probablemente un proverbio conocido, no tenía nada que ver con una supuesta puerta pequeña llamada "ojo de la aguja", de cuya existencia no hay evidencias históricas). La declaración de Jesús no podría ser más radical y drástica.
Los ricos en las parábolas de Jesús: Aunque muchas parábolas de Jesús tratan de temas económicos, hay tres en San Lucas que hablan específicamente de personas ricas: el terrateniente insensato (12:13-21), el mayordomo astuto (16:1-12) y el rico y Lázaro (16:19-31). Paradójicamente, el único que sale bien (en parte) es el vivo del mayordomo injusto.
En una advertencia contra la avaricia (Lc 12:15), con ecos del Sermón de la Montaña, Jesús cuenta la parábola de un finquero muy próspero quien había planeado muy bien su jubilación (para decirlo en términos modernos). Como el abundante producto de sus tierras no cabía en sus graneros y silos, decidió construir graneros aun más grandes para almacenar las cosechas, y entonces de eso descansar de sus labores y gozar de la vida comiendo y bebiendo. Pero se olvidó de algo muy importante: la muerte. Dios le dijo, según la parábola, "¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?" (Lc 12:21). Jesús define en seguida la moraleja de esta historia: "Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios" (12:22).
La parábola del administrador astuto (Lc 16:1-12) tiene una aplicación distinta pero relacionada. El mayordomo (que de por sí no era pobre y tenía acceso a muchos recursos) administraba las finanzas de un hombre rico. Fue acusado, con o sin razón, de malversación de recursos y el patrón le exigió cuentas con amenaza de despido. Entonces este empleado, frente al inminente desempleo (16:3), concibió una estrategia para salvar su futuro. Comenzó a llamar, uno por uno, a los que debían al patrón y a reducir la deuda de cada uno. (Nada indica que se trataba sólo de supuestas comisiones que le correspondían a él). Sorprendentemente, al saberlo el patrón, elogió la astucia de su mayordomo y no lo despidió. Y aun más sorprendente, Cristo lo pone de ejemplo y exhorta a los discípulos, "les digo que se valgan de las riquezas mundanas para ganar amigos" que "los reciban a ustedes en las moradas eternas" (16:9).
El relato sigue con la versión lucana de la opción radical entre Dios y Mamón. Los fariseos, que eran avaros enamorados del dinero, se burlaron de estas enseñanzas (peores que el joven rico, que se fue triste).
Finalmente tenemos la parábola del rico (llamado Dives en la Vulgata latina) y el mendigo Lázaro.[6] Esta historia tiene dos partes y dos aplicaciones morales: primero, la inversión total de la condición de ambos después de morir (16:16-23), y segundo, la suficiencia del testimonio de las escrituras, sin que alguien tenga que volver de los muertos a advertir a los impíos (16:24-31).[7] En la tierra el rico se vestía del mayor lujo y cada día daba espléndidos banquetes, mientras Lázaro, echada a la puerta, cubierto de llagas que lamían los perros, esperaba comer las migajas que caían de la mesa. Pero después de sus respectivas muertes el rico era el ex-mendigo Lázaro, y el antes rico Dives era un pobre miserable. El mensaje de justicia social es impactante.
Este rico no era un gentil ni un samaritano ni un ateo. Se creía hijo de Abraham y con toda probabilidad iba regularmente al templo y a la sinagoga. Y no hizo nada contra el pobre Lázaro, ni lo quitó de la puerta de su mansión. Su pecado era pecado de omisión, de lo que no hizo, pero Jesús declaró que "los que no hacen la voluntad de mi Padre" no entrarán en el reino de Dios (Mat 7:21-23). Vivir cómodamente, o aun peor lujosamente, en presencia de la desesperada necesidad del prójimo, es negar totalmente el Reino de Dios y perder la entrada al mismo. La parábola del rico y Lázaro nos enseña que nuestro trato con los pobres afecta decisivamente nuestro destino eterno (cf. Mat 25:31-45).
Conclusión: La actitud de Jesús hacia las riquezas era muy definida, de advertencia contra la seducción que ejercen y las tentaciones que trae el deseo de ellas. A diferencia del Antiguo Testamento (bajo un sistema agrario y comunitario) y a diferencia de muchos predicadores de hoy (bajo el neoliberalismo), Jesús nunca describe la riqueza como bendición de Dios. Jesús mismo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecer a otros. Cuando vivía en la tierra, ejemplificó un estilo de vida sencillo en servicio de los demás.[8]
Bien ha escrito Suzanne de Dietrich, "Nadie jamás ha desenmascarado como Jesús el poder del dinero y su fascinación sobre la gente" (Matthew¸ Richmond: John Knox 1961) p.44. El mensaje de Jesús sobre los peligros de la riqueza y el afán avaro es más necesario hoy que nunca.
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[1] Este artículo es una continuación del artículo sobre la avaricia, juanstam.com, 4 de agosto de 2011.
[2] Es importante recordar que tanto Lucas como Mateo estaban traduciendo del original arameo del discurso de Jesús.
[3] Paulo Lockmann, RIBLA 27:1997, pp. 46-50, que cita de la obra clásica de Strack-Billerbeck evidencias rabínicas de que "pobres en espíritu" podría ser un término especial para los pobladores sencillos del campo.
[4] Los esfuerzos de algunos autores de reinterpretar "pobre" y "rico" en términos espirituales, como "humilde" y "soberbio", etc., no convencen y deben rechazarse como una evasión del mensaje radical de Jesús, Santiago, Juan y otros autores del N.T.
[5] Aunque la exigencia al joven rico fue un caso particular, esta instrucción de Lucas 12:33 se aplica de alguna forma a todo seguidor de Jesús.
[6] La trama básica de esta historia, con aplicaciones similares, era conocida siglos antes, especialmente en Egipto. Jesús reinterpreta esta clásica parábola.
[7] Este segundo argumento explica la mención de Lázaro,'a quien Jesús resucitó pero los impíos no creyeron.
[8] Conviene refutar aquí el mito, totalmente sin evidencias históricas. de que la túnica de Jesús, que era sin costura, era un lujo. Nada indica que costaba más una túnica hecha de una sola pieza de tela. Juan lo menciona sólo como razón de no rifarla sin cortar, con posibles referencias al Antiguo Testamento (Jn 19:3-24).
martes, 22 de noviembre de 2011
LA ESPIRITUALIDAD COSMÉTICA
En periodos previos a las elecciones de un país se ha vuelto usual que los partidos en contienda realicen algunas actividades que les puedan generar algún tipo de buena imagen ante las y los electores, cosa que puede caer en una visión simplista al momento de emitir el sufragio, con la aventurada pretensión de darse por entendido que las y los políticos de turno – de todo nivel y de cualquier tendencia ideológica – si están realizando cambios concretos… lo cierto es que esto puede ser una falacia y hasta el punto de caer en la demagogia que ellas y ellos de manera abusiva hacen para con las personas de un país, región o municipio.
Por lo anterior debemos referirnos a todo este sistema enfocado en el afán proselitista, es decir, de afiliar directa o indirectamente a más votantes, generándoles una falsa confianza de que si se les representará en cualquiera de los espacios que las y los políticos estén aspirando. Esto debemos examinarlo con mucho detenimiento, ya que el simple hecho de promover o hacer algunas actividades de ese tipo, pone en evidencia el grave analfabetismo político que tenemos algunos y la manera de enfocar o reducir todo a simples actividades de aparente limpieza ya sea social – donde peligran vidas humanas – o de restauración y edificación de infraestructura, que generan una imagen bonita de la situación… lo cierto es que la basura se esconde debajo de la alfombra.
En nuestro afán de la búsqueda insaciable de entrar en contacto con lo divino, todo lo anterior también se ha convertido en una realidad, debido a la gran influencia que ha ejercido el ambiente político-partidario sobre los diferentes espacios eclesiales representados en nuestra sociedad, plegándose de alguna manera al sistema sin criticarlo desde los valores del Reino, dándose más bien prebendas indulgentes a las y los políticos que brinden sus mejores ofertas a las iglesias, al mismo tiempo que tengan las garantías de continuar reproduciendo los sistemas corruptos de explotación y muerte para quienes consumen dicha manera de ver la fe como un negocio rentable.
Nuestro constante volver a Las Escrituras, nos remiten nuevamente a La Buena Noticia, en donde El Jesús que se hace presente en la historia – pasada y presente – les hace duros señalamientos a todos aquellos religiosos que se han acomodado al sistema perverso que nos envuelve y ahoga, comparándoles con la podredumbre que se albergan dentro de las tumbas, pero con sus apariencias impecables parecieran que no es así, que justifican los fines que llevan a medios proselitistas y agendas escondidas, que buscan por cualquier medio que se levanten los templos como monumentos al poder del lujo que los envuelve, siendo políticamente indefensos para lograr los cambios sociales estructurales que necesitamos como país, llegando en algunos casos a ¡sobar las manos de las y los victimarios!, en donde ¡las víctimas son culpables!... ¿será posible revertir este modelo aceptado en nuestra manera de vivir? (Lucas 11,37-48).
Antonio Salomón Medina Fuentes, Iglesia Amigos de El Salvador, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia
Por lo anterior debemos referirnos a todo este sistema enfocado en el afán proselitista, es decir, de afiliar directa o indirectamente a más votantes, generándoles una falsa confianza de que si se les representará en cualquiera de los espacios que las y los políticos estén aspirando. Esto debemos examinarlo con mucho detenimiento, ya que el simple hecho de promover o hacer algunas actividades de ese tipo, pone en evidencia el grave analfabetismo político que tenemos algunos y la manera de enfocar o reducir todo a simples actividades de aparente limpieza ya sea social – donde peligran vidas humanas – o de restauración y edificación de infraestructura, que generan una imagen bonita de la situación… lo cierto es que la basura se esconde debajo de la alfombra.
En nuestro afán de la búsqueda insaciable de entrar en contacto con lo divino, todo lo anterior también se ha convertido en una realidad, debido a la gran influencia que ha ejercido el ambiente político-partidario sobre los diferentes espacios eclesiales representados en nuestra sociedad, plegándose de alguna manera al sistema sin criticarlo desde los valores del Reino, dándose más bien prebendas indulgentes a las y los políticos que brinden sus mejores ofertas a las iglesias, al mismo tiempo que tengan las garantías de continuar reproduciendo los sistemas corruptos de explotación y muerte para quienes consumen dicha manera de ver la fe como un negocio rentable.
Nuestro constante volver a Las Escrituras, nos remiten nuevamente a La Buena Noticia, en donde El Jesús que se hace presente en la historia – pasada y presente – les hace duros señalamientos a todos aquellos religiosos que se han acomodado al sistema perverso que nos envuelve y ahoga, comparándoles con la podredumbre que se albergan dentro de las tumbas, pero con sus apariencias impecables parecieran que no es así, que justifican los fines que llevan a medios proselitistas y agendas escondidas, que buscan por cualquier medio que se levanten los templos como monumentos al poder del lujo que los envuelve, siendo políticamente indefensos para lograr los cambios sociales estructurales que necesitamos como país, llegando en algunos casos a ¡sobar las manos de las y los victimarios!, en donde ¡las víctimas son culpables!... ¿será posible revertir este modelo aceptado en nuestra manera de vivir? (Lucas 11,37-48).
Antonio Salomón Medina Fuentes, Iglesia Amigos de El Salvador, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia
miércoles, 16 de noviembre de 2011
LA ESPIRITUALIDAD LIGHT
Desde hace ya varias décadas se viene hablando, persuadiendo y en algunos casos imponiendo toda una visión de vida basada en la ligereza que traen ciertos productos que tienen que ver con el consumo de alimentos bajos en calorías, esto también se viene relacionando a relaciones interpersonales tratadas con ligereza, sin profundidad, la vida en si misma se vuelve de esa manera, la actitud con que se enfrentan las cosas, las diversiones, apelando e incitando más que todo a una subcultura que no promueve en ningún momento el sistema de valores necesarios para vivir como se debe… por ello todo se teje o juzga desde el significado de la palabra ligth: ligero…
Se le hace creer a la mujer y al hombre, que no hay más allá de sí misma/mismo, un culto desenfrenado al yo, al exitismo, lo exclusivo, el consumo desenfrenado y compulsivo, en donde todo se permite, no hay ningún absoluto, todo es relativo o tiende a relativizarse, de manera brutal y hedonista, todo puede ser descartable –o reutilizable– inclusive las personas que nos rodean, sin tomar en cuenta a las y los otros seres humanos, sin posibilidades de hacer de ellas y ellos sus prójimos.
Este absurdo peregrinaje vuelve a cualquier ser humano que lo adopte solitario, en el cual el fin justifica los medios, ninguna cosa es más importante que aplastar a quienes estorban, la tecnología no se utiliza para servir, más bien para aplastar, esclavizar o esclavizarse, desacreditar y destruir a quien sea, en ningún momento se asume la responsabilidad, más bien las víctimas deben pagar, ¡por ser débiles ante las exigencias del sistema!, en sí, la gran ironía de todo ello es que las personas agredidas ¡se lo merecen!, deben ser sacrificadas para dar continuidad al ídolo que se levanta por sobre las vidas humanas, cayendo en la peor de las idolatrías: el antropocentrismo, que es realmente una visión de vida basada en la hipocresía …
Nuevamente nos damos cuenta con mucha tristeza, que esta cosmovisión a penetrado muy bien en nuestros ambientes familiares, comunitarios, eclesiales, económicos, políticos, sin importar cuales sean estos, ya que los costos ham sido poner en tela de juicio los valores y principios del Reinado de Dios por situaciones de índole individualista, sin sentido de comunidad y más aún sin demostraciones de amor cristiano… escandalosamente ¡todo es permitido!, el dogma es ser ligero, así como aquellos líderes religiosos y civiles en el tiempo del Maestro, quienes se plegaron al sistema para continuar gozando de las bondades que les proporcionaba el mismo, todo podía ser puesto en tela de juicio sin ningún compromiso con el pueblo y su realidad, ya que la estructura religiosa justificaba la estructura de gobierno, que continuaba avalando las atrocidades y opresión de las personas que se consideraban en santidad y puras, que fueron a quienes Jesús trató más duramente, siendo comparables a las semillas que cayeron entre espinos (Mateo 16,1-4; Marcos 4,18-19).
Antonio Salomón Medina Fuentes, Iglesia Amigos de El Salvador, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia
martes, 1 de noviembre de 2011
LA ESPIRITUALIDAD DISTRIBUTIVA O RETRIBUTIVA
Cuando nos referimos a algunos términos enfocados a la justicia administrada en los sistemas legales de nuestros países, vienen a la luz una serie de apelativos que tienen que ver con la penalización del delito y las consecuencias morales que este lleva en perjuicio de las víctimas y las sanciones que deben aplicárseles a las y los victimarios, es decir que la lógica de esta tendencia del derecho se resume de manera simplista: cada quien recibe lo que merece… a esta manera de aplicar justicia se le suele nombrar también en algunos casos como justicia distributiva o retributiva.
Dando seguimiento a esto, vemos el origen real de esta visión, nos referimos al Código de Hammurabi, creado aproximadamente en el año 1760 a. C., el cual es uno de los conjuntos de leyes más antiguos que se han encontrado y uno de los ejemplares legislativos que mejor se ha conservado de los documento creados en la Antigua Mesopotamia y en breves términos se basa en la aplicación de la ley del Talión a casos concretos, cuya máxima más famosa es aquella que reza: ojo por ojo, diente por diente...
En algún momento de la historia de la humanidad, esta legislación se impuso a los pueblos como normas de vida y convivencia, en donde la voluntad de las y los opresores –ya que Hammurabi fue un rey– se ponía por sobre las y los oprimidos, atendiendo incluso a validar mas las decisiones que más tienen que ver con las personas que ostentan el poder, no tomando en ningún momento en cuenta a las personas sencillas, humildes y desposeídas, sin poder que se les arrebata la esperanza de optar por vivir en un futuro mejor.
En nuestros ambientes eclesiales, es usual citar o aludir a este tipo de modelos encaminados a escarmentar, coaccionar e incluso provocar una muerte social de las personas que no están bajo los parámetros seudo-espirituales que se les imponen a las personas, aludiendo a que no se tiene o ha alcanzado la madurez religiosa necesaria, donde se mal entiende el termino disciplina, enfocándolo a un hecho de carácter sancionador y punitivo, que hace brindar más carga religiosa, moral y emocional mas allá de lo que cada persona puede llevar o soportar, precisamente lo que El Gran Maestro les recriminó duramente a los escribas y fariseos (Mateo 23,1-4,13-17).
Estas concepciones nos hacen preguntarnos: ¿son las vidas humanas simples instrumentos manipulables al antojo de quienes se consideran nuestros representantes en todo nivel?, ¿no será que esta manera de ver el mundo lo que hace es legitimar la venganza?, ¿será esta la única manera de sancionar las faltas o delitos que se cometen por muy brutales que estos sean?, ¿qué vacíos legales se cometen en contra de la vida al promover y aplicar este tipo de leyes o practicas de poder?
Nuevamente La Buena Noticia del Reinado de Dios nos da una salida ante tales prácticas depravadas dentro de nuestras iglesias y renunciar a ellas, ya que Jesús en El Sermón del Monte, en una de sus enseñanzas de carácter ético, puesta como una de sus grandes instrucciones fue la práctica no-violenta de salirle adelante a quienes nos hacen mal con la práctica del bien, con una práctica real de misericordia, sin ejercer poder, pudiendo tenerlo, hasta llegar al punto de que incluso las y los mismos opresores lleguen a reconocer su error, un desafío que hasta el momento pocas personas han logrado asumir y que a algunos hasta les costó la vida como Jesús, hablamos de: Mahatma Ghandi, Martin Luther King Jr., Oscar Arnulfo Romero Galdámez, Madre Teresa de Calcuta y Nelson Mandela (Mateo 5,38-42).
Dando seguimiento a esto, vemos el origen real de esta visión, nos referimos al Código de Hammurabi, creado aproximadamente en el año 1760 a. C., el cual es uno de los conjuntos de leyes más antiguos que se han encontrado y uno de los ejemplares legislativos que mejor se ha conservado de los documento creados en la Antigua Mesopotamia y en breves términos se basa en la aplicación de la ley del Talión a casos concretos, cuya máxima más famosa es aquella que reza: ojo por ojo, diente por diente...
En algún momento de la historia de la humanidad, esta legislación se impuso a los pueblos como normas de vida y convivencia, en donde la voluntad de las y los opresores –ya que Hammurabi fue un rey– se ponía por sobre las y los oprimidos, atendiendo incluso a validar mas las decisiones que más tienen que ver con las personas que ostentan el poder, no tomando en ningún momento en cuenta a las personas sencillas, humildes y desposeídas, sin poder que se les arrebata la esperanza de optar por vivir en un futuro mejor.
En nuestros ambientes eclesiales, es usual citar o aludir a este tipo de modelos encaminados a escarmentar, coaccionar e incluso provocar una muerte social de las personas que no están bajo los parámetros seudo-espirituales que se les imponen a las personas, aludiendo a que no se tiene o ha alcanzado la madurez religiosa necesaria, donde se mal entiende el termino disciplina, enfocándolo a un hecho de carácter sancionador y punitivo, que hace brindar más carga religiosa, moral y emocional mas allá de lo que cada persona puede llevar o soportar, precisamente lo que El Gran Maestro les recriminó duramente a los escribas y fariseos (Mateo 23,1-4,13-17).
Estas concepciones nos hacen preguntarnos: ¿son las vidas humanas simples instrumentos manipulables al antojo de quienes se consideran nuestros representantes en todo nivel?, ¿no será que esta manera de ver el mundo lo que hace es legitimar la venganza?, ¿será esta la única manera de sancionar las faltas o delitos que se cometen por muy brutales que estos sean?, ¿qué vacíos legales se cometen en contra de la vida al promover y aplicar este tipo de leyes o practicas de poder?
Nuevamente La Buena Noticia del Reinado de Dios nos da una salida ante tales prácticas depravadas dentro de nuestras iglesias y renunciar a ellas, ya que Jesús en El Sermón del Monte, en una de sus enseñanzas de carácter ético, puesta como una de sus grandes instrucciones fue la práctica no-violenta de salirle adelante a quienes nos hacen mal con la práctica del bien, con una práctica real de misericordia, sin ejercer poder, pudiendo tenerlo, hasta llegar al punto de que incluso las y los mismos opresores lleguen a reconocer su error, un desafío que hasta el momento pocas personas han logrado asumir y que a algunos hasta les costó la vida como Jesús, hablamos de: Mahatma Ghandi, Martin Luther King Jr., Oscar Arnulfo Romero Galdámez, Madre Teresa de Calcuta y Nelson Mandela (Mateo 5,38-42).
Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia
martes, 25 de octubre de 2011
¿Tiene Israel un derecho divino sobre el territorio que ocupa?
Por Juan Stam
Muchos evangélicos -- probablemente la mayoría, por lo menos en los EUA -- defienden desde la Biblia al actual estado israelí. Por los mismos argumentos, rechazan los reclamos palestinos de una parte del territorio que antes ocupaban. Estos evangélicos ven la formación del estado israelí como un evidente cumplimiento profético, maravilloso e impactante, y hasta una prueba de la veracidad de la Biblia. Es, para ellos, también una señal de la pronta venida de Cristo. En esa teología sionista-evangélica, "Israel es el reloj de Dios".
En cuanto a este tema, hay algo que me sorprende mucho: ningún pasaje del Nuevo Testamento enseña tal cosa. Jesús profetizó la destrucción de la ciudad de Jerusalén por los romanos (Mr 13; Lc 21; Mt 24), pero no procedió a anunciar la reconstrucción de esa ciudad, mucho menos el establecimiento de un futuro estado israelí. Según la versión en San Lucas, después de su destrucción "los gentiles pisotearán a Jerusalén, hasta que se cumplan los tiempos señalados para ellos" (Lc 21:24), A eso sigue, en los tres evangelios sinópticos, no un estado israelí sino el retorno de Cristo. Eso me parece muy significativo.
¿Cómo es posible que las escrituras hebreas (Antiguo Testamento) digan una cosa, y las escrituras cristianas (Nuevo Testamento) digan otra cosa? Quiero hacer unos comentarios al respecto, sin pretender agotar el tema y las evidencias al respecto.
Son numerosos los pasajes del AT que prometen tierra a Israel. A inicios de la historia de la salvación, Dios llama a Abraham a "la tierra que te mostraré" (Gén 12:1,7) para formar ahí un pueblo como una nación grande (12:2; 18:18). Los defensores evangélicos del sionismo citan una larga cadena de textos muy explícitos:
Yo te daré a ti [Abram] y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada... Ve y recorre el país a lo largo y lo ancho, porque a ti lo daré. (Gén 13:15,17; cf. 17:8; 48:3-4)
Tú les prometiste [a Abraham, Isaac y Jacob] que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna. (Ex 32:13)
Tal como le prometí a Moisés. yo les entregaré a ustedes todo lugar que toquen sus pies. Su territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano, y desde el gran río Éufrates, territorio de los hititas, hasta el mar Mediterráneo, que se encuentra al oeste. (Jos 1:3-4; cf. Deut 11:24-25; cf. 34:4)
¿No fuiste tú quien les dio para siempre esta tierra a los descendientes de tu amigo Abraham? (2Cron 20:7; cf. Esd 9:12)
Cf. entre muchos otros textos Isa 34:17; Jer 7:7; 25:5; Ezq 37:25; Joel 3:20
Siendo tan enfática y tan repetitiva esta enseñanza de las escrituras hebreas. ¿cómo podemos explicar su ausencia en las escrituras cristianas, aun cuando Jesús profetiza la destrucción de Jerusalén? En los tiempos del NT, toda la tierra de Israel estaba ocupada por el imperio romano. Después de la caída de Roma, pasaron largos siglos, hasta el XX, sin existir ningún estado israelí sobre la faz de la tierra. Si la promesa fue "para siempre". ¿cómo pueden caber tales paréntesis de muchos siglos en una promesa supuestamente perpetua?
El requisito primero e indispensable para entender el AT es el de siempre interpretarlo en primer lugar dentro de su propio contexto y sólo después en el contexto del NT o del Siglo XXI. Eso debe aplicarse a la semántica de su lenguaje, la problemática a que responden sus afirmaciones, y el contexto de cada pasaje. Comencemos con un detalle importante en cuanto al idioma hebreo.
Aunque parezca extraño, el idioma hebreo no contiene la palabra "siempre" en su vocabulario, ni mucho menos la palabra "eterno". Para esa idea empleaba mayormente la frase "por los siglos" o "por los siglos de los siglos" o frases similares. La idea básica de "siglo" (yoLaM en hebreo) es "un tiempo largo", a menudo "pasado remoto" o "futuro remoto". Puede ser un período largo sin principio ni fin ("el Dios sempiterno", Deut 33.27), pero también largo con principio (desde pasado remoto) o con fin (hasta un futuro remoto). La ocupación por Israel de Palestina tuvo un principio y puede tener un fin, en lo que al adjetivo "siempre" se refiere. Por eso, la palabra "siempre" o términos similares en las promesas de tierra no significan necesariamente que dicha promesa constituye un "título de propiedad" para el actual gobierno israelí.
Un pasaje revelador para este tema está en Jeremías 31:
Vienen días -- afirma el Señor --
en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá.
No será un pacto como el que hice con sus antepasados...
ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo...
Así dice el Señor,
cuyo nombre es el Señor Todopoderoso,
quien estableció el sol para alumbrar el día,
y la luna y las estrellas para alumbrar la noche,
y agita el mar para que rujan sus olas:
Si alguna vez fallaran estas leyes
-- dice el Señor --
entonces la descendencia de Israel
ya nunca más sería mi nación especial.
-- Así dice el Señor --
Si se pudieran medir los cielos en lo alto
y en lo bajo explorar los cimientos de la tierra,
entonces yo rechazaría a la descendencia de Israel
por todo lo que ha hecho
-- afirma el Señor --.
(Jer 31:31-32, 35-37)
Este pasaje interpreta proféticamente dos pactos divinos. La primera promesa, en prosa, anuncia un nuevo pacto de Dios con Israel, y específicamente con Judá. Éste nuevo pacto, de carácter ético-espiritual, reemplazará al viejo pacto, anulado por la desobediencia del pueblo (31:32). La segunda promesa, en verso, asegura, en los términos más enfáticos, la existencia "eterna" de la nación judía, co-extensiva con la duración del pacto de Dios con la creación (Gén 1:16; 9:8-13).
La primera promesa, del nuevo pacto, se cumple muy explícitamente en la última cena del Señor, cuando declara, "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre... que es derramada por muchos para perdón de pecados" (1 Cor 11:25; Mat 26:28; Luc 22:20; Mat 26:28). Pero, ¡qué sorpresa!, Jeremías no hubiera reconocido este cumplimiento de su profecía. Aquí no hay nada del pueblo de Israel ni de la tribu de Judá, ni de escribir la ley en los corazones. Ahora el nuevo pacto tiene un contenido totalmente diferente. Es un pacto en la sangre derramada del Mesías, de lo que Jeremías no parece haber sabido nada. Es un pacto para la remisión de pecados, algo medular al sentido de la muerte de Jesús pero ausente en la promesa original de un nuevo pacto.
Es indispensable -- ¡estrictamente obligatorio!, ¡urgentemente imperativo! -- interpretar a cada pasaje del Antiguo Testamento en su contexto histórico, como mensaje profético a sus contemporáneos y no primeramente a nosotros. Jeremías, como los demás profetas en general, quiso comunicar a sus oyentes un mensaje de amonestación y esperanza, de denuncia y anuncio. Si Jeremías hubiera dicho, por revelación divina, "Dios hará un nuevo pacto a un nuevo pueblo, redimido por la sangre del Mesías, y ese pacto se celebrará en algo nuevo que va a llamarse 'iglesia'", no hubiera comunicado a sus contemporáneos el mensaje que ardía como fuego en sus huesos.
Ni Jeremías ni ningún otro profeta hebreo tenían la menor idea de una "segunda venida" del Mesías, largo tiempo después de su primera venida, ni de una nueva comunidad que iba a llamarse "iglesia" que existiría entre la primera y la segunda venida. Si entendemos que la esencia de la profecía no era la predicción futurista sino la exhortación y exigencia, entenderemos también que anuncios de la futura existencia de la iglesia o de una segunda venida del Mesías más bien hubiera bloqueado seriamente la comunicación del mensaje. Eran verdades que en ese momento no hacían falta.
Básicamente lo mismo puede decirse de Jer 31:35-37. En primer lugar, debemos tomar en cuenta que estos versículos son una expresión poética, con alguna dosis de hipérbole, de la fidelidad de Yahvéh para con su pueblo. E igual que el nuevo pacto, Dios lo ha cumplido pero no como Jeremías lo entendía o lo esperaba. El NT describe la iglesia como nación santa, tesoro especial, pueblo de reyes y sacerdotes, y otras atribuciones del pueblo de Dios. San Pablo afirma que los verdaderos hijos de Abraham son los hijos de su fe, sean judíos o gentiles, y que los creyentes incircuncisos tienen la circuncisión del corazón. Con este nuevo "Israel de Dios" (Gál 6:16) el "Israel" se ha expandido y internacionalizado.
A San Pablo, como fiel judío hasta su muerte, le dolía profundamente la condición de su pueblo (Rom 9:2-5; 10:1). Apelando al concepto profético del "remanente", Pablo afirma que "Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció" (Rom 11:1-2) y que "luego todo Israel será salvo" (11:26). Así queda claro que Dios no ha abandonado a Israel, y que la nación judía sigue presente ante él. Pero una cosa es la nación y otra cosa es el estado. Durante la mayor parte del tiempo después de Jesús, Israel ha sido una nación pero no ha tenido un estado ni ha ocupado territorio. La promesa de Dios sigue fiel, pero en ningún pasaje del NT esa fidelidad de Dios incluye un estado político y un territorio geográfico, ni mucho menos un ejército armado hasta los dientes. Eso es impresionante porque en la época del NT Israel era colonia de Roma, y otros movimientos sí anunciaban la restitución de un gobierno judío independiente.
La actitud hacia el judaísmo en el NT parece ser ambivalente. Juan de Patmos, autor del Apocalipsis, era también judío de nacimiento, palestinense de origen, pero tenía otra actitud. Describe a los judíos de Esmirna y los de Filadelfia como "sinagoga de Satanás", aparentemente por su colaboración con el satánico imperio romano y por haber delatado a los cristianos ante las autoridades romanos. El mismo Jesús, en su polémica contra los poderosos líderes judíos, exclamó, "Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino" (Mat 21:43).
Conclusión: Los cristianos/as debemos interpretar los textos del AT dentro de su propio contexto original y la semántica de su lenguaje (como p.ej. el término "siempre"), y después buscar su reinterpretación en el NT, a la luz de la venida del Mesías, su segunda venida y el nacimiento de la iglesia.`Bien analizado, ni el AT da base para un derecho divino de Israel a determinado territorio hoy, ni mucho menos la da el NT. Ese error sólo entorpece el análisis del problema entre los israelíes y los palestinos. Ese conflicto debe analizarse, como cualquier otro conflicto político, por los mismos factores históricos, sociales, económicos y éticos, en términos de justicia y promoción de la vida.
Muchos evangélicos -- probablemente la mayoría, por lo menos en los EUA -- defienden desde la Biblia al actual estado israelí. Por los mismos argumentos, rechazan los reclamos palestinos de una parte del territorio que antes ocupaban. Estos evangélicos ven la formación del estado israelí como un evidente cumplimiento profético, maravilloso e impactante, y hasta una prueba de la veracidad de la Biblia. Es, para ellos, también una señal de la pronta venida de Cristo. En esa teología sionista-evangélica, "Israel es el reloj de Dios".
En cuanto a este tema, hay algo que me sorprende mucho: ningún pasaje del Nuevo Testamento enseña tal cosa. Jesús profetizó la destrucción de la ciudad de Jerusalén por los romanos (Mr 13; Lc 21; Mt 24), pero no procedió a anunciar la reconstrucción de esa ciudad, mucho menos el establecimiento de un futuro estado israelí. Según la versión en San Lucas, después de su destrucción "los gentiles pisotearán a Jerusalén, hasta que se cumplan los tiempos señalados para ellos" (Lc 21:24), A eso sigue, en los tres evangelios sinópticos, no un estado israelí sino el retorno de Cristo. Eso me parece muy significativo.
¿Cómo es posible que las escrituras hebreas (Antiguo Testamento) digan una cosa, y las escrituras cristianas (Nuevo Testamento) digan otra cosa? Quiero hacer unos comentarios al respecto, sin pretender agotar el tema y las evidencias al respecto.
Son numerosos los pasajes del AT que prometen tierra a Israel. A inicios de la historia de la salvación, Dios llama a Abraham a "la tierra que te mostraré" (Gén 12:1,7) para formar ahí un pueblo como una nación grande (12:2; 18:18). Los defensores evangélicos del sionismo citan una larga cadena de textos muy explícitos:
Yo te daré a ti [Abram] y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada... Ve y recorre el país a lo largo y lo ancho, porque a ti lo daré. (Gén 13:15,17; cf. 17:8; 48:3-4)
Tú les prometiste [a Abraham, Isaac y Jacob] que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna. (Ex 32:13)
Tal como le prometí a Moisés. yo les entregaré a ustedes todo lugar que toquen sus pies. Su territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano, y desde el gran río Éufrates, territorio de los hititas, hasta el mar Mediterráneo, que se encuentra al oeste. (Jos 1:3-4; cf. Deut 11:24-25; cf. 34:4)
¿No fuiste tú quien les dio para siempre esta tierra a los descendientes de tu amigo Abraham? (2Cron 20:7; cf. Esd 9:12)
Cf. entre muchos otros textos Isa 34:17; Jer 7:7; 25:5; Ezq 37:25; Joel 3:20
Siendo tan enfática y tan repetitiva esta enseñanza de las escrituras hebreas. ¿cómo podemos explicar su ausencia en las escrituras cristianas, aun cuando Jesús profetiza la destrucción de Jerusalén? En los tiempos del NT, toda la tierra de Israel estaba ocupada por el imperio romano. Después de la caída de Roma, pasaron largos siglos, hasta el XX, sin existir ningún estado israelí sobre la faz de la tierra. Si la promesa fue "para siempre". ¿cómo pueden caber tales paréntesis de muchos siglos en una promesa supuestamente perpetua?
El requisito primero e indispensable para entender el AT es el de siempre interpretarlo en primer lugar dentro de su propio contexto y sólo después en el contexto del NT o del Siglo XXI. Eso debe aplicarse a la semántica de su lenguaje, la problemática a que responden sus afirmaciones, y el contexto de cada pasaje. Comencemos con un detalle importante en cuanto al idioma hebreo.
Aunque parezca extraño, el idioma hebreo no contiene la palabra "siempre" en su vocabulario, ni mucho menos la palabra "eterno". Para esa idea empleaba mayormente la frase "por los siglos" o "por los siglos de los siglos" o frases similares. La idea básica de "siglo" (yoLaM en hebreo) es "un tiempo largo", a menudo "pasado remoto" o "futuro remoto". Puede ser un período largo sin principio ni fin ("el Dios sempiterno", Deut 33.27), pero también largo con principio (desde pasado remoto) o con fin (hasta un futuro remoto). La ocupación por Israel de Palestina tuvo un principio y puede tener un fin, en lo que al adjetivo "siempre" se refiere. Por eso, la palabra "siempre" o términos similares en las promesas de tierra no significan necesariamente que dicha promesa constituye un "título de propiedad" para el actual gobierno israelí.
Un pasaje revelador para este tema está en Jeremías 31:
Vienen días -- afirma el Señor --
en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá.
No será un pacto como el que hice con sus antepasados...
ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo...
Así dice el Señor,
cuyo nombre es el Señor Todopoderoso,
quien estableció el sol para alumbrar el día,
y la luna y las estrellas para alumbrar la noche,
y agita el mar para que rujan sus olas:
Si alguna vez fallaran estas leyes
-- dice el Señor --
entonces la descendencia de Israel
ya nunca más sería mi nación especial.
-- Así dice el Señor --
Si se pudieran medir los cielos en lo alto
y en lo bajo explorar los cimientos de la tierra,
entonces yo rechazaría a la descendencia de Israel
por todo lo que ha hecho
-- afirma el Señor --.
(Jer 31:31-32, 35-37)
Este pasaje interpreta proféticamente dos pactos divinos. La primera promesa, en prosa, anuncia un nuevo pacto de Dios con Israel, y específicamente con Judá. Éste nuevo pacto, de carácter ético-espiritual, reemplazará al viejo pacto, anulado por la desobediencia del pueblo (31:32). La segunda promesa, en verso, asegura, en los términos más enfáticos, la existencia "eterna" de la nación judía, co-extensiva con la duración del pacto de Dios con la creación (Gén 1:16; 9:8-13).
La primera promesa, del nuevo pacto, se cumple muy explícitamente en la última cena del Señor, cuando declara, "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre... que es derramada por muchos para perdón de pecados" (1 Cor 11:25; Mat 26:28; Luc 22:20; Mat 26:28). Pero, ¡qué sorpresa!, Jeremías no hubiera reconocido este cumplimiento de su profecía. Aquí no hay nada del pueblo de Israel ni de la tribu de Judá, ni de escribir la ley en los corazones. Ahora el nuevo pacto tiene un contenido totalmente diferente. Es un pacto en la sangre derramada del Mesías, de lo que Jeremías no parece haber sabido nada. Es un pacto para la remisión de pecados, algo medular al sentido de la muerte de Jesús pero ausente en la promesa original de un nuevo pacto.
Es indispensable -- ¡estrictamente obligatorio!, ¡urgentemente imperativo! -- interpretar a cada pasaje del Antiguo Testamento en su contexto histórico, como mensaje profético a sus contemporáneos y no primeramente a nosotros. Jeremías, como los demás profetas en general, quiso comunicar a sus oyentes un mensaje de amonestación y esperanza, de denuncia y anuncio. Si Jeremías hubiera dicho, por revelación divina, "Dios hará un nuevo pacto a un nuevo pueblo, redimido por la sangre del Mesías, y ese pacto se celebrará en algo nuevo que va a llamarse 'iglesia'", no hubiera comunicado a sus contemporáneos el mensaje que ardía como fuego en sus huesos.
Ni Jeremías ni ningún otro profeta hebreo tenían la menor idea de una "segunda venida" del Mesías, largo tiempo después de su primera venida, ni de una nueva comunidad que iba a llamarse "iglesia" que existiría entre la primera y la segunda venida. Si entendemos que la esencia de la profecía no era la predicción futurista sino la exhortación y exigencia, entenderemos también que anuncios de la futura existencia de la iglesia o de una segunda venida del Mesías más bien hubiera bloqueado seriamente la comunicación del mensaje. Eran verdades que en ese momento no hacían falta.
Básicamente lo mismo puede decirse de Jer 31:35-37. En primer lugar, debemos tomar en cuenta que estos versículos son una expresión poética, con alguna dosis de hipérbole, de la fidelidad de Yahvéh para con su pueblo. E igual que el nuevo pacto, Dios lo ha cumplido pero no como Jeremías lo entendía o lo esperaba. El NT describe la iglesia como nación santa, tesoro especial, pueblo de reyes y sacerdotes, y otras atribuciones del pueblo de Dios. San Pablo afirma que los verdaderos hijos de Abraham son los hijos de su fe, sean judíos o gentiles, y que los creyentes incircuncisos tienen la circuncisión del corazón. Con este nuevo "Israel de Dios" (Gál 6:16) el "Israel" se ha expandido y internacionalizado.
A San Pablo, como fiel judío hasta su muerte, le dolía profundamente la condición de su pueblo (Rom 9:2-5; 10:1). Apelando al concepto profético del "remanente", Pablo afirma que "Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció" (Rom 11:1-2) y que "luego todo Israel será salvo" (11:26). Así queda claro que Dios no ha abandonado a Israel, y que la nación judía sigue presente ante él. Pero una cosa es la nación y otra cosa es el estado. Durante la mayor parte del tiempo después de Jesús, Israel ha sido una nación pero no ha tenido un estado ni ha ocupado territorio. La promesa de Dios sigue fiel, pero en ningún pasaje del NT esa fidelidad de Dios incluye un estado político y un territorio geográfico, ni mucho menos un ejército armado hasta los dientes. Eso es impresionante porque en la época del NT Israel era colonia de Roma, y otros movimientos sí anunciaban la restitución de un gobierno judío independiente.
La actitud hacia el judaísmo en el NT parece ser ambivalente. Juan de Patmos, autor del Apocalipsis, era también judío de nacimiento, palestinense de origen, pero tenía otra actitud. Describe a los judíos de Esmirna y los de Filadelfia como "sinagoga de Satanás", aparentemente por su colaboración con el satánico imperio romano y por haber delatado a los cristianos ante las autoridades romanos. El mismo Jesús, en su polémica contra los poderosos líderes judíos, exclamó, "Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino" (Mat 21:43).
Conclusión: Los cristianos/as debemos interpretar los textos del AT dentro de su propio contexto original y la semántica de su lenguaje (como p.ej. el término "siempre"), y después buscar su reinterpretación en el NT, a la luz de la venida del Mesías, su segunda venida y el nacimiento de la iglesia.`Bien analizado, ni el AT da base para un derecho divino de Israel a determinado territorio hoy, ni mucho menos la da el NT. Ese error sólo entorpece el análisis del problema entre los israelíes y los palestinos. Ese conflicto debe analizarse, como cualquier otro conflicto político, por los mismos factores históricos, sociales, económicos y éticos, en términos de justicia y promoción de la vida.
martes, 18 de octubre de 2011
LA ESPIRITUALIDAD DEL CONTROL
Al continuar conversando acerca de la incansable búsqueda de espiritualidad, una de las grandes necesidades y derecho inalienable como seres humanos, nos rendimos ante las seducciones que se nos presentan en esta gran lista de ofertas que nos rodean actualmente, para intentar cubrir nuestras aspiraciones, demandas y carencias en cuanto a la búsqueda de encontrar consuelo, paz, amor y armonía en una comunidad que nos ayude a acercarnos al Supremo, en donde sucumbimos ante la manera que dicha comunidad – a la que nos afiliamos – defina o exija a cualquier persona que quiera ser parte de esta…
Durante siglos el fundamentalismo religioso de cualquier tipo, ha estado aliado y cargado de una falsa piedad, sarcasmos y falsa adulación, lo cual tiende a manifestarse en cuanto a las relaciones de poder que se ejercen con fines de dominación, estas acciones se evidencian usualmente ejerciendo el control de dos formas puntuales y evidentes: la primera es ejercer el control por la vía diplomática y la segunda ejercer el control de manera directamente mezquina; ambas posiciones apuntan a una especie de ateísmo práctico.
En el primer caso, las relaciones en un inicio, se van tejiendo aparentemente de forma leal y respetuosa, con discursos motivacionales y llenos de palabras y acciones engañosamente dulces-lúdicas, pero a medida va pasando el tiempo, la persona o personas abusadas descubren que lo que han estado haciendo de manera genuina y sincera, ha sido ni más ni menos que una manipulación que les ha llevado a realizar hechos al antojo de las personas que están en la cima o vértice de la pirámide del poder, es decir –y en el caso que nos compete hoy– hablamos de las y los líderes religiosos cuyo pensar, actuar y hablar no ha tenido ni una tan sola pisca de los valores, principios y doctrina que dicen defender, lo cual al final causa una gran decepción, desencanto y desgaste del liderazgo y del sistema disque comprometido con la causa del Reinado de Dios.
En el segundo caso, pareciera que las reglas están dadas e impuestas desde los estratos y estructuras jerárquicas de poder, es así que aparentemente la principal regla es: si estás de acuerdo conmigo estas bien, si no lo estas estás mal, yo tengo y ejerzo la voluntad de dios,en este caso es la idolatría del poder ejercido hegemónicamente al estilo de Zeus o Júpiter, que pretende manipular a las personas como si fueran piezas de algún juego al estilo ajedrez, no importando quien salga herido, desprestigiado o destruido, los anti-valores que se mueven en este sistema religioso son: la intimidación, el abuso, la conspiración, el grito, el desprestigio, la vergüenza y la venganza. Dicho sea de paso, este mecanismo se ha heredado de las prácticas militares y gerenciales que responden a su vez a los modelos de dominación patrikiarcales, esto significa que el hombre –no la mujer– es el amo y señor de las cosas que suceden a su alrededor.
¿Cómo denunciar de manera enfática las prácticas abusivas de poder cuando se sirve como a un ídolo a una imagen mental de un dios o estructura que produce los mismo vicios de un sistema de muerte y destrucción que nos envuelve?, ¿hasta qué punto nuestra espiritualidad no ha tenido el peso ético que necesita para llevar a cabo una denuncia profética ante los gobernantes de nuestra sociedad?, ¿de qué manera la iglesia se ha dejado seducir por los modelos basados en el poder dominador y despótico?, ¿quiénes son las victimas en todo esto?
En cualquiera de los casos anteriores, se da la búsqueda del poder, el medio y fin es el poder, por ello se nos hace urgente y necesario replantear algunas visiones de vida que se han inmiscuido en nuestras comunidades de fe, referirnos a las prácticas abusivas y despóticas de poder en donde se coarta la personalidad de las y los individuos, es una situación desleal muy ajena a lo enseñado por El Gran Maestro, quien cuando los apodados Hijos del Trueno ante el rechazo natural del Pueblo Samaritano hacia ellos –los discípulos judíos– le dijeron con gran furia que les autorizara bajar fuego del cielo para que se consumieran y que en ese instante y con justa razón les reprendió de manera amorosa, haciéndoles ver que tenían que solidarizarse con aquellas personas que por mucho tiempo han sido rechazadas, brindando apertura y ver las maneras de escuchar las voces de aquellas grandes multitudes que no tienen voz, en ese contexto violento era imposible que no aprendieran la lección y repensaran su visión de vida (Lucas 9,51-56).
Durante siglos el fundamentalismo religioso de cualquier tipo, ha estado aliado y cargado de una falsa piedad, sarcasmos y falsa adulación, lo cual tiende a manifestarse en cuanto a las relaciones de poder que se ejercen con fines de dominación, estas acciones se evidencian usualmente ejerciendo el control de dos formas puntuales y evidentes: la primera es ejercer el control por la vía diplomática y la segunda ejercer el control de manera directamente mezquina; ambas posiciones apuntan a una especie de ateísmo práctico.
En el primer caso, las relaciones en un inicio, se van tejiendo aparentemente de forma leal y respetuosa, con discursos motivacionales y llenos de palabras y acciones engañosamente dulces-lúdicas, pero a medida va pasando el tiempo, la persona o personas abusadas descubren que lo que han estado haciendo de manera genuina y sincera, ha sido ni más ni menos que una manipulación que les ha llevado a realizar hechos al antojo de las personas que están en la cima o vértice de la pirámide del poder, es decir –y en el caso que nos compete hoy– hablamos de las y los líderes religiosos cuyo pensar, actuar y hablar no ha tenido ni una tan sola pisca de los valores, principios y doctrina que dicen defender, lo cual al final causa una gran decepción, desencanto y desgaste del liderazgo y del sistema disque comprometido con la causa del Reinado de Dios.
En el segundo caso, pareciera que las reglas están dadas e impuestas desde los estratos y estructuras jerárquicas de poder, es así que aparentemente la principal regla es: si estás de acuerdo conmigo estas bien, si no lo estas estás mal, yo tengo y ejerzo la voluntad de dios,en este caso es la idolatría del poder ejercido hegemónicamente al estilo de Zeus o Júpiter, que pretende manipular a las personas como si fueran piezas de algún juego al estilo ajedrez, no importando quien salga herido, desprestigiado o destruido, los anti-valores que se mueven en este sistema religioso son: la intimidación, el abuso, la conspiración, el grito, el desprestigio, la vergüenza y la venganza. Dicho sea de paso, este mecanismo se ha heredado de las prácticas militares y gerenciales que responden a su vez a los modelos de dominación patrikiarcales, esto significa que el hombre –no la mujer– es el amo y señor de las cosas que suceden a su alrededor.
¿Cómo denunciar de manera enfática las prácticas abusivas de poder cuando se sirve como a un ídolo a una imagen mental de un dios o estructura que produce los mismo vicios de un sistema de muerte y destrucción que nos envuelve?, ¿hasta qué punto nuestra espiritualidad no ha tenido el peso ético que necesita para llevar a cabo una denuncia profética ante los gobernantes de nuestra sociedad?, ¿de qué manera la iglesia se ha dejado seducir por los modelos basados en el poder dominador y despótico?, ¿quiénes son las victimas en todo esto?
En cualquiera de los casos anteriores, se da la búsqueda del poder, el medio y fin es el poder, por ello se nos hace urgente y necesario replantear algunas visiones de vida que se han inmiscuido en nuestras comunidades de fe, referirnos a las prácticas abusivas y despóticas de poder en donde se coarta la personalidad de las y los individuos, es una situación desleal muy ajena a lo enseñado por El Gran Maestro, quien cuando los apodados Hijos del Trueno ante el rechazo natural del Pueblo Samaritano hacia ellos –los discípulos judíos– le dijeron con gran furia que les autorizara bajar fuego del cielo para que se consumieran y que en ese instante y con justa razón les reprendió de manera amorosa, haciéndoles ver que tenían que solidarizarse con aquellas personas que por mucho tiempo han sido rechazadas, brindando apertura y ver las maneras de escuchar las voces de aquellas grandes multitudes que no tienen voz, en ese contexto violento era imposible que no aprendieran la lección y repensaran su visión de vida (Lucas 9,51-56).
Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia
martes, 11 de octubre de 2011
¡Qué es la avaricia? - ¿Quién es un avaro? ¡¡Yo no!!
Por Juan Stam
Cada cultura tiene su propia escala de valores y antivalores. En algunas épocas de la historia de Israel, para muchos judíos guardar el sábado tenía una prioridad destacada, de la máxima gravedad. Por ejemplo, para ellos la fornicación era pecado, sin duda, pero aun peor era el pecado de irrespetar el sábado. También era pecado grave comer cerdo o sentarse en la mesa con gentiles incircuncisos.
Es obvio que nuestra cultura contemporánea concentra sus valoraciones fuertemente en lo sexual, hasta lo obsesivo. Para las personas seculares ("mundanos", para emplear el término bíblico), el placer sexual parece ser la meta prioritaria de la existencia humana, y una vida de orgasmos sísmicos se considera la summum bonum de todos los valores en la vida. Nuestra cultura está obsesionada con el sexo.
Muchos cristianos, por su parte, también están obsesionados con el sexo y reflejan esta misma concentración pansexista, pero invertida. Para ellos los pecados sexuales son los más graves, a veces los únicos pecados que les preocupan (junto con la borrachera, en un segundo lugar). Un empresario puede explotar a sus empleados pagándoles sueldos de miseria, pero asiste a la iglesia, ofrenda y no "cae en pecado" (¿cómo que "cae"? ya está en pecado), es un buen cristiano, toma la Santa Cena y a lo mejor puede ser anciano o diácono de la congregación. El presidente de un país "cristiano" puede mentir descaradamente para justificar así matanzas sangrientas, pero si pertenece a una iglesia, reproduce el discurso religioso y no causa escándalos sexuales, sigue siendo "hermano" en la fe.
Se nos olvida muy fácilmente que según el Nuevo Testamento los pecadores sexuales y los boarrachos no son los únicos que "no herederán el reino de Dios". Entre los diez grupos de 1 Cor 6:9-10 van incluido los idólatras (¿los hay en nuestas iglesias?) , los avaros (¡Los hay, y muchos!), ladrones, estafadores y calumniadores (¡de todos ellos tenemos!). Gal 5:19-21, en su lista de 15 pecados que cierran las puertas del reino, añade brujería, odio, discordia, celo, ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia "y otras cosas parecidas". Entre los seis pecados que según Efes 5:4-6 excluyen del reino de Dios van incluidos la avaricia, necedades y chistes groseros. La larga lista de 21 pecados vergonzosos en Rom 1:24-31 incluye avaricia, envidia, engaño. chismes y "toda clase de maldad". Se ve que eran muy rigurosas las exigencias de la comunidad cristiana. ¿Quién de nosotros no sería culpable de por lo menos una o dos de estas ofensas?
Lo que más sorprende en estas listas es la frecuente inclusión de la avaricia, en los mismos términos que la de la borrachera y los pecados sexuales. Si esos pecados escandalosos excluyen del reino de Dios, entonces también la avaricia, en los idénticos términos, excluye de reino de Dios. De hecho en los doce listas de vicios en los escritos paulinos, la avaricia aparece más frecuentemente que la borrachera. Y es más, en dos de las listas San Pablo agrega una frase sumamente grave, cuando escribe "la avaricia, la cual es idolatría" (Ef 5:5; Col 3:5), el más condenable de todos los pecados. Puede algún cristiano o cristiana negar que la avaricia es pecado?
La Real Academia Española define la avaricia en pocas palabras pero de mucho peso, como "Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". El Diccionario Cuyás, un poco más sucinto, lo define como "un apego desordenado a las riquezas". De las varias palabras griegas para la avaricia, dos son especialmente reveladores. La más común, "pleonexia",se deriva, según Ceslas Spicq (tomo III, p.117), de "pleon" ("más") y el verbo "ejw" ("tener"). Por eso Louw y Nida, en su léxico griego, lo definen como "un fuerte deseo de adquirir más y más posesiones materiales, o de poseer más cosas que las que otros tienen... " (Louw-Nida I:291-2). La avaricia es un deseo insaciable; cuánto más posee, más desee. Otro término para la avaricia es "filarguros", que significa "amor al dinero"; podríamos decir que son "dinerófilos",."enamorados del dinero" (Lc 16:14; 1Tm 6:10; 2Tm 3:2). Esta dinerofilia, según 1Tm 6:10, es "la raíz de toda clase de maldad".
La avaricia -- esta pasión cuasi-erótica por el dinero y por las cosas -- muy fácilmente conduce a la idolatría (Isa 2.7-8; Mt 6:24). La persona avara consagra toda su vida al dinero y deposita toda su fe y esperanza en la riqueza. Cree que posee sus bienes, pero pronto es poseído por ellos. A menudo la avaricia termina distanciándolo de su familia, del prójimo y de Dios mismo, por qué ahora está sirviendo a otro dios. "Dios sabe muy bien", escribió Orígenes, "qué es lo que uno ama con todo su corazón y alma y fuerza; eso para él es su Dios. Que cada uno de nosotros se examine ahora, y silenciosamente en su propio corazón decida cuál es la llama de amor que principalmente y sobre todo está encendida dentro de su ser".
La avaricia es relativamente fácil de definir, pero muy difícil de identificar. Rarísimas veces alguien va a decir, "yo reconozco que soy avaro". Hace poco un amigo me hablaba de un pastor que mostraba muchos síntomas de "prosperidaditis aguditis", pero el amigo aclaró que "él no es avaro, lo que pasa es que le gustan las cosas lujosas". Es muy fácil racionalizar la avaricia y justificar la acumulación y los lujos. Parece que sólo la voz del Espíiritu Santo en el corazón del rico le podrá convencer de su avaricia. Por eso dice San Pablo, hablando del papel de la ley como revelación de Dios, "tampoco hubiera conocido la codicia, si la ley no dijera: no codiciarás" (Rom 7:7)."
Para San Pablo, la avaricia no sólo bloquea la entrada al reino de Dios. sino está también entre los vicios que descalifican para ocupar cualquier oficio en la iglesia (1Tm 3:3,8; Tito 1:7). En el caso de pecados visibles y escandalosos, como borrachera o adulterio, la situación hubiera sido evidentes y relativamente fácil de identificar, pero sospecho que fue muy difícil de aplicar esta restricción en el caso de la avaricia. ¿Quién decide si alguien es avaro o no, con cuáles criterios? ¿En qué punto la prosperidad legítima se convierte en avaricia? En el fondo se trata de una actitud del corazón, de criterios relativos y poco precisos. ¿Cómo habría funcionado eso en el proceso de escogencia de los líderes congregacionales en los tiempos de San Pablo?
Me cuesta imaginar que algún rico, al ser considerado para el liderazgo, hubiera dicho, "Me disculpan, hermanos y hermanas, pero no puedo ocupar ningún puesto porque soy avaro, lo tengo que reconocer". ¡Más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja!!
Me imagino más bien que otra persona, a lo mejor un líder de la congregaión, tendría que señalar al avaro con su dedo y confrontar, como Natán ante David, este pecado en la comunidad. "Lo siento mucho, hermano, y me da mucha pena, pero usted no puede ocupar ninguna carga en la iglesia de nuestro Señor, porque usted es un avaro."
Me imagino la respuésta:
¿Quíen es un avaro? ¡¡¡Yo no!!!
Todos tenemos que hacernos la pregunta, ¿Qué clase de mayordomo soy de los bienes que mi Señor me ha confiado?,
Examíname, oh Dkios, y sondea mi corazón
Ponne a prueba y sondea mis pensamientos,
Fíjate si voy por mal camino,
y guíame por el camino eterno.
(Sal 139:23-24)
Bibliografia:
Louw Johannes y Rugene Nida, Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: United Bible Society 1989)
Spicq, Ceslas, Theological Lexicon of the New Testa,emt (Peabody:Henderson 1994)
Cada cultura tiene su propia escala de valores y antivalores. En algunas épocas de la historia de Israel, para muchos judíos guardar el sábado tenía una prioridad destacada, de la máxima gravedad. Por ejemplo, para ellos la fornicación era pecado, sin duda, pero aun peor era el pecado de irrespetar el sábado. También era pecado grave comer cerdo o sentarse en la mesa con gentiles incircuncisos.
Es obvio que nuestra cultura contemporánea concentra sus valoraciones fuertemente en lo sexual, hasta lo obsesivo. Para las personas seculares ("mundanos", para emplear el término bíblico), el placer sexual parece ser la meta prioritaria de la existencia humana, y una vida de orgasmos sísmicos se considera la summum bonum de todos los valores en la vida. Nuestra cultura está obsesionada con el sexo.
Muchos cristianos, por su parte, también están obsesionados con el sexo y reflejan esta misma concentración pansexista, pero invertida. Para ellos los pecados sexuales son los más graves, a veces los únicos pecados que les preocupan (junto con la borrachera, en un segundo lugar). Un empresario puede explotar a sus empleados pagándoles sueldos de miseria, pero asiste a la iglesia, ofrenda y no "cae en pecado" (¿cómo que "cae"? ya está en pecado), es un buen cristiano, toma la Santa Cena y a lo mejor puede ser anciano o diácono de la congregación. El presidente de un país "cristiano" puede mentir descaradamente para justificar así matanzas sangrientas, pero si pertenece a una iglesia, reproduce el discurso religioso y no causa escándalos sexuales, sigue siendo "hermano" en la fe.
Se nos olvida muy fácilmente que según el Nuevo Testamento los pecadores sexuales y los boarrachos no son los únicos que "no herederán el reino de Dios". Entre los diez grupos de 1 Cor 6:9-10 van incluido los idólatras (¿los hay en nuestas iglesias?) , los avaros (¡Los hay, y muchos!), ladrones, estafadores y calumniadores (¡de todos ellos tenemos!). Gal 5:19-21, en su lista de 15 pecados que cierran las puertas del reino, añade brujería, odio, discordia, celo, ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia "y otras cosas parecidas". Entre los seis pecados que según Efes 5:4-6 excluyen del reino de Dios van incluidos la avaricia, necedades y chistes groseros. La larga lista de 21 pecados vergonzosos en Rom 1:24-31 incluye avaricia, envidia, engaño. chismes y "toda clase de maldad". Se ve que eran muy rigurosas las exigencias de la comunidad cristiana. ¿Quién de nosotros no sería culpable de por lo menos una o dos de estas ofensas?
Lo que más sorprende en estas listas es la frecuente inclusión de la avaricia, en los mismos términos que la de la borrachera y los pecados sexuales. Si esos pecados escandalosos excluyen del reino de Dios, entonces también la avaricia, en los idénticos términos, excluye de reino de Dios. De hecho en los doce listas de vicios en los escritos paulinos, la avaricia aparece más frecuentemente que la borrachera. Y es más, en dos de las listas San Pablo agrega una frase sumamente grave, cuando escribe "la avaricia, la cual es idolatría" (Ef 5:5; Col 3:5), el más condenable de todos los pecados. Puede algún cristiano o cristiana negar que la avaricia es pecado?
La Real Academia Española define la avaricia en pocas palabras pero de mucho peso, como "Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". El Diccionario Cuyás, un poco más sucinto, lo define como "un apego desordenado a las riquezas". De las varias palabras griegas para la avaricia, dos son especialmente reveladores. La más común, "pleonexia",se deriva, según Ceslas Spicq (tomo III, p.117), de "pleon" ("más") y el verbo "ejw" ("tener"). Por eso Louw y Nida, en su léxico griego, lo definen como "un fuerte deseo de adquirir más y más posesiones materiales, o de poseer más cosas que las que otros tienen... " (Louw-Nida I:291-2). La avaricia es un deseo insaciable; cuánto más posee, más desee. Otro término para la avaricia es "filarguros", que significa "amor al dinero"; podríamos decir que son "dinerófilos",."enamorados del dinero" (Lc 16:14; 1Tm 6:10; 2Tm 3:2). Esta dinerofilia, según 1Tm 6:10, es "la raíz de toda clase de maldad".
La avaricia -- esta pasión cuasi-erótica por el dinero y por las cosas -- muy fácilmente conduce a la idolatría (Isa 2.7-8; Mt 6:24). La persona avara consagra toda su vida al dinero y deposita toda su fe y esperanza en la riqueza. Cree que posee sus bienes, pero pronto es poseído por ellos. A menudo la avaricia termina distanciándolo de su familia, del prójimo y de Dios mismo, por qué ahora está sirviendo a otro dios. "Dios sabe muy bien", escribió Orígenes, "qué es lo que uno ama con todo su corazón y alma y fuerza; eso para él es su Dios. Que cada uno de nosotros se examine ahora, y silenciosamente en su propio corazón decida cuál es la llama de amor que principalmente y sobre todo está encendida dentro de su ser".
La avaricia es relativamente fácil de definir, pero muy difícil de identificar. Rarísimas veces alguien va a decir, "yo reconozco que soy avaro". Hace poco un amigo me hablaba de un pastor que mostraba muchos síntomas de "prosperidaditis aguditis", pero el amigo aclaró que "él no es avaro, lo que pasa es que le gustan las cosas lujosas". Es muy fácil racionalizar la avaricia y justificar la acumulación y los lujos. Parece que sólo la voz del Espíiritu Santo en el corazón del rico le podrá convencer de su avaricia. Por eso dice San Pablo, hablando del papel de la ley como revelación de Dios, "tampoco hubiera conocido la codicia, si la ley no dijera: no codiciarás" (Rom 7:7)."
Para San Pablo, la avaricia no sólo bloquea la entrada al reino de Dios. sino está también entre los vicios que descalifican para ocupar cualquier oficio en la iglesia (1Tm 3:3,8; Tito 1:7). En el caso de pecados visibles y escandalosos, como borrachera o adulterio, la situación hubiera sido evidentes y relativamente fácil de identificar, pero sospecho que fue muy difícil de aplicar esta restricción en el caso de la avaricia. ¿Quién decide si alguien es avaro o no, con cuáles criterios? ¿En qué punto la prosperidad legítima se convierte en avaricia? En el fondo se trata de una actitud del corazón, de criterios relativos y poco precisos. ¿Cómo habría funcionado eso en el proceso de escogencia de los líderes congregacionales en los tiempos de San Pablo?
Me cuesta imaginar que algún rico, al ser considerado para el liderazgo, hubiera dicho, "Me disculpan, hermanos y hermanas, pero no puedo ocupar ningún puesto porque soy avaro, lo tengo que reconocer". ¡Más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja!!
Me imagino más bien que otra persona, a lo mejor un líder de la congregaión, tendría que señalar al avaro con su dedo y confrontar, como Natán ante David, este pecado en la comunidad. "Lo siento mucho, hermano, y me da mucha pena, pero usted no puede ocupar ninguna carga en la iglesia de nuestro Señor, porque usted es un avaro."
Me imagino la respuésta:
¿Quíen es un avaro? ¡¡¡Yo no!!!
Todos tenemos que hacernos la pregunta, ¿Qué clase de mayordomo soy de los bienes que mi Señor me ha confiado?,
Examíname, oh Dkios, y sondea mi corazón
Ponne a prueba y sondea mis pensamientos,
Fíjate si voy por mal camino,
y guíame por el camino eterno.
(Sal 139:23-24)
Bibliografia:
Louw Johannes y Rugene Nida, Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: United Bible Society 1989)
Spicq, Ceslas, Theological Lexicon of the New Testa,emt (Peabody:Henderson 1994)
martes, 27 de septiembre de 2011
LA ESPIRITUALIDAD DEL MIEDO
La búsqueda de la espiritualidad hoy en pleno siglo XXI, se ha convertido en toda una odisea, debido a que existen una enorme multitud de ofertas que lo que pretenden es llegar a adherir nuevas personas adeptas –nótese la despersonalización del término– a sus propuestas religiosas cargadas de ritualismos, que acuden a despertar sentimientos como el miedo, el cual como bien es sabido, es una emoción instintiva, que inmoviliza a cualquier persona, definiéndose como una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario, además de un claro recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea…
En nuestra sociedad Latinoamericana y salvadoreña ausente de modelos de búsqueda de Lo Realmente Divino, es de suma importancia detenernos por un momento y meditar en lo que verdaderamente estamos haciendo como hijas e hijos de Dios en un mundo que permanece colapsado en cuanto a la búsqueda de valores y guianza de la práctica del bien –es decir de La Buena Noticia– ya que hasta el momento nuestras espiritualidades han tenido mucha más afinidad con modelos dualistas afines a la cultura griega y no en si a las practicas y enseñanzas de Jesús y los profetas…
En Las Escrituras, uno de los tantos términos que se utilizan para las palabras miedo o temor aparece en el Primer Testamento como חַת (taj); para el caso del Segundo Testamento uno de los términos más comunes es φόβος (phobos); la utilización de estas definiciones nos hacen repensar que las practicas que intimidan a las personas haciendo énfasis en la imagen de un dios ajeno, distante, que su relación con las personas la basa en las relaciones abusivas del poder, que intimidan, gritan, coartan y hasta destruyen. Por otro lado y en cuanto a las relaciones humanas, esta práctica se transmite a través de las diferentes estructuras en las que están tejidas nuestras organizaciones en todo nivel, siendo un modelo de pensar y actuar más afín a la forma de gobierno grecorromana.
Los gobernantes durante mucho tiempo, han utilizado el miedo para llevar a las personas por los caminos y propósitos que ellos han requerido, uno de sus principales aliados ha sido la religión, tal ha sido el caso que los discursos pronunciados por algunos mandatarios abusan del lenguaje cargado de términos religiosos, con ciertos aires pietistas y que hacen levantar sospecha –y por supuesto miedo– para con algunas personas o sistemas que no comulgan con su visión de sometimiento y vasallaje.
En los tiempos de Jesús, esta forma de pensar era bastante común, tanto así que cuando aquellos discípulos –Santiago y Juan– se le acercaron para pedirle estar a su derecha e izquierda, sus intereses eran más en cuanto a la visión de los políticos de su tiempo, tener poder y subyugar a través del miedo y el terror por medio de sus prácticas despóticas, lo cual era algo muy alejado de lo que es El Reinado de Dios en sí, en donde la idea es que sin temor, sin ambición, todas aquellas personas que nos consideramos hermanas y hermanos, podamos servirnos de manera desinteresada sin afán de sacar ventaja, en el camino del Amor y la Armonía, encarnando los valores tangibles que El nos enseñó, sin ambiciones que nos pongan por sobre las vidas de otras personas (Marcos 10,35-45; 1ª Juan 4,17-18).
En nuestra sociedad Latinoamericana y salvadoreña ausente de modelos de búsqueda de Lo Realmente Divino, es de suma importancia detenernos por un momento y meditar en lo que verdaderamente estamos haciendo como hijas e hijos de Dios en un mundo que permanece colapsado en cuanto a la búsqueda de valores y guianza de la práctica del bien –es decir de La Buena Noticia– ya que hasta el momento nuestras espiritualidades han tenido mucha más afinidad con modelos dualistas afines a la cultura griega y no en si a las practicas y enseñanzas de Jesús y los profetas…
En Las Escrituras, uno de los tantos términos que se utilizan para las palabras miedo o temor aparece en el Primer Testamento como חַת (taj); para el caso del Segundo Testamento uno de los términos más comunes es φόβος (phobos); la utilización de estas definiciones nos hacen repensar que las practicas que intimidan a las personas haciendo énfasis en la imagen de un dios ajeno, distante, que su relación con las personas la basa en las relaciones abusivas del poder, que intimidan, gritan, coartan y hasta destruyen. Por otro lado y en cuanto a las relaciones humanas, esta práctica se transmite a través de las diferentes estructuras en las que están tejidas nuestras organizaciones en todo nivel, siendo un modelo de pensar y actuar más afín a la forma de gobierno grecorromana.
Los gobernantes durante mucho tiempo, han utilizado el miedo para llevar a las personas por los caminos y propósitos que ellos han requerido, uno de sus principales aliados ha sido la religión, tal ha sido el caso que los discursos pronunciados por algunos mandatarios abusan del lenguaje cargado de términos religiosos, con ciertos aires pietistas y que hacen levantar sospecha –y por supuesto miedo– para con algunas personas o sistemas que no comulgan con su visión de sometimiento y vasallaje.
En los tiempos de Jesús, esta forma de pensar era bastante común, tanto así que cuando aquellos discípulos –Santiago y Juan– se le acercaron para pedirle estar a su derecha e izquierda, sus intereses eran más en cuanto a la visión de los políticos de su tiempo, tener poder y subyugar a través del miedo y el terror por medio de sus prácticas despóticas, lo cual era algo muy alejado de lo que es El Reinado de Dios en sí, en donde la idea es que sin temor, sin ambición, todas aquellas personas que nos consideramos hermanas y hermanos, podamos servirnos de manera desinteresada sin afán de sacar ventaja, en el camino del Amor y la Armonía, encarnando los valores tangibles que El nos enseñó, sin ambiciones que nos pongan por sobre las vidas de otras personas (Marcos 10,35-45; 1ª Juan 4,17-18).
Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto ALternativas a la Violencia El Salvador, Centro América
martes, 20 de septiembre de 2011
Fidel Castro, el modelo cubano y los problemas hermenéuticos del periodista Jeffrey Goldberg
Por Juan Stam
El sensacional artículo del periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, "Fidel Castro: 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'" (Atlantic Monthly, setiembre 2010), explotó agresivamente la respuesta de Castro a una pregunta del periodista. "Le pregunté", escribe Goldberg en su artículo, "si él consideraba que el modelo cubano era algo digno de exportar". Le sorprendió la respuesta tan franca de Fidel: "El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Como era de esperar, la noticia corrió por todo el mundo. ¡Fidel Castro ha rechazado al comunismo!
Realmente eran dos preguntas las que hizo el periodista a Fidel: (1) ¿Cuánta validez tiene el modelo cubano? y (2) ¿debe exportarse ese modelo? La segunda llevaba implícita una vieja acusación, de que Cuba exporta la revolución y el comunismo. Para Fidel le hubiera sido fácil contestar sólo esa segunda pregunta, y responder que el modelo no debía exportarse, pero aprovechó con mucha sinceridad y auto-crítica, para comentar sobre la ineficacia del mismo modelo de su propio gobierno.
El diez de setiembre, en la Universidad de la Habana, Fidel respondió al artículo, afirmando que Goldberg había tomado esa respuesta fuera de contexto y que realmente es el capitalismo que está en crisis y no funciona, mucho menos para exportarse con intervencionismo a otros países. A ese discurso de Fidel, Goldberg respondió con un artículo insultantes con el título, "Fidel intenta salir del apuro". Con una respuesta muy dogmática y pedante, dirigida personalmente a Fidel, el periodista responde, "Lamento tener que decirlo, pero creo que la expresión 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros' significa 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'." O sea, las palabras significan lo que significan y el texto dice lo que dice, ¡y punto! Así de claro y sencillo.
Como periodista profesional, el Sr. Goldberg debe de haber estudiado la lingüística, la hermenéutica y otras ciencias de la comunicación. Un axioma de la lingüística afirma que las palabras mismas no "dicen" nada ni significan nada hasta que una persona no las lea y las interprete. Ahí está la gran falacia de la respuesta tan simplista del Sr. Goldberg. Sería como decir "'Yo soy el que soy' significa 'yo soy el que soy'", o que "'Dios es amor' significa 'Dios es amor'". Esas frases "significan" cosas muy distintas, hasta contradictorias, para diferentes personas. De las palabras de cualquier afirmación, hay tantas maneras de malentenderlas como de entenderlas. Con su respuesta a Fidel, aparentemente tan contundente, Goldberg dejó expuesta su propia ingenuidad o, si sabía mejor, su mala fe y oportunismo.
Fidel insistió en que sus palabras debían interpretarse en el contexto de la pregunta a que respondían. La pregunta esencial era exportar o no exportar el modelo cubano, y su reconocimiento de la ineficacia del actual modelo entró como razón de no pretender exportarlo. No era una declaración oficial en algún discurso formal o una publicación del gobierno. Era una respuesta muy espontánea a una pregunta en una conversación entre dos personas. Obviamente tuvo una gran dosis de ironía y hipérbole, como es típico en conversaciones animadas. El periodista no tuvo la menor sensibilidad a todo ese complejo contexto de las palabras de Castro.
Otro error en la fórmula simplista de Goldberg es la ambigüedad del término clave, "modelo cubano", que no se entiende sin una aclaración hermenéutica. Las palabras mismas no nos "dicen" que puede significar eso. Es evidente que el periodista no se esfuerza por interpretar esa frase como lo entendía Fidel mismo en su respuesta. Goldberg y muchos periodistas parecen haberlo entendido como el socialismo, que ahora, según el mismo Fidel Castro, no sirve. Fidel parece estarlo entendiendo como una de las tantas variantes del socialismo, junto con el modelo soviético, el modelo sandinista de los 80s, y ahora el modelo chino, que parece interesar mucho a Raul Castro y el actual gobierno de Cuba. La misma Cuba ha aplicado diferentes "modelos" en su historia revolucionaria. Así entendidas, las palabras de Fidel no ponen en duda ni el socialismo ni la revolución, pero implícitamente, a otro nivel hermenéutico, sí al capitalismo y al socialismo.
El actual modelo cubano, dice Fidel, en vez de exportarse debe reformarse. Esa noticia debe alegrar a los críticos de Cuba y despertar esperanzas de cambios positivos, de los que hay muchas señales. Y por supuesto, Cuba seguirá "exportando" médicos, maestros, y agrónomos y entrenando futuros doctores en su Escuela Internacional de Medicina en la Habana. Eso también es una buena noticia que debe alegrar todos.
Otro factor hermenéutico a tomar en cuenta es el sector (o los sectores) del público nacional e internacional en quienes pensaba Fidel al hacer su comentario. Es probable que en parte tuviera en mente el mismo pueblo cubano y sobre todo los líderes de línea dura, opuestos a las reformas. El significado del mensaje sería totalmente diferente para líderes de países capitalistas y anticomunistas. En la dinámica de la comunicación, el receptor/a pone una gran cuota del significado al descodificar el mensaje.
Como cristiano, creo que el socialismo democrático (realmente socialista, realmente democrático) es el sistema socio-económico hoy que mejor corresponde a la visión bíblica de la sociedad y la economía. ¿Dónde existe una democracia real? En EUA definitivamente que no, ni en Costa Rica y los demás países capitalistas del hemisferio, que no son democracias sino plutocracias seudo-democráticas electoreras. Son gobiernos de los ricos, por los ricos y para los ricos. En cuanto a la justicia económica, y a pesar de todos los pesares, Cuba está entre los mejores, si no el mejor país de todo el continente americano.
Pues ¡Adelante Cuba! Que hagan los ajustes necesarios al modelo, que lo afinen todo lo necesario, pero que jamás vuelva a caer en el capitalismo. Y que todos nuestros países avancen hacia una democracia más justa e igualitaria.
El sensacional artículo del periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, "Fidel Castro: 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'" (Atlantic Monthly, setiembre 2010), explotó agresivamente la respuesta de Castro a una pregunta del periodista. "Le pregunté", escribe Goldberg en su artículo, "si él consideraba que el modelo cubano era algo digno de exportar". Le sorprendió la respuesta tan franca de Fidel: "El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Como era de esperar, la noticia corrió por todo el mundo. ¡Fidel Castro ha rechazado al comunismo!
Realmente eran dos preguntas las que hizo el periodista a Fidel: (1) ¿Cuánta validez tiene el modelo cubano? y (2) ¿debe exportarse ese modelo? La segunda llevaba implícita una vieja acusación, de que Cuba exporta la revolución y el comunismo. Para Fidel le hubiera sido fácil contestar sólo esa segunda pregunta, y responder que el modelo no debía exportarse, pero aprovechó con mucha sinceridad y auto-crítica, para comentar sobre la ineficacia del mismo modelo de su propio gobierno.
El diez de setiembre, en la Universidad de la Habana, Fidel respondió al artículo, afirmando que Goldberg había tomado esa respuesta fuera de contexto y que realmente es el capitalismo que está en crisis y no funciona, mucho menos para exportarse con intervencionismo a otros países. A ese discurso de Fidel, Goldberg respondió con un artículo insultantes con el título, "Fidel intenta salir del apuro". Con una respuesta muy dogmática y pedante, dirigida personalmente a Fidel, el periodista responde, "Lamento tener que decirlo, pero creo que la expresión 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros' significa 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'." O sea, las palabras significan lo que significan y el texto dice lo que dice, ¡y punto! Así de claro y sencillo.
Como periodista profesional, el Sr. Goldberg debe de haber estudiado la lingüística, la hermenéutica y otras ciencias de la comunicación. Un axioma de la lingüística afirma que las palabras mismas no "dicen" nada ni significan nada hasta que una persona no las lea y las interprete. Ahí está la gran falacia de la respuesta tan simplista del Sr. Goldberg. Sería como decir "'Yo soy el que soy' significa 'yo soy el que soy'", o que "'Dios es amor' significa 'Dios es amor'". Esas frases "significan" cosas muy distintas, hasta contradictorias, para diferentes personas. De las palabras de cualquier afirmación, hay tantas maneras de malentenderlas como de entenderlas. Con su respuesta a Fidel, aparentemente tan contundente, Goldberg dejó expuesta su propia ingenuidad o, si sabía mejor, su mala fe y oportunismo.
Fidel insistió en que sus palabras debían interpretarse en el contexto de la pregunta a que respondían. La pregunta esencial era exportar o no exportar el modelo cubano, y su reconocimiento de la ineficacia del actual modelo entró como razón de no pretender exportarlo. No era una declaración oficial en algún discurso formal o una publicación del gobierno. Era una respuesta muy espontánea a una pregunta en una conversación entre dos personas. Obviamente tuvo una gran dosis de ironía y hipérbole, como es típico en conversaciones animadas. El periodista no tuvo la menor sensibilidad a todo ese complejo contexto de las palabras de Castro.
Otro error en la fórmula simplista de Goldberg es la ambigüedad del término clave, "modelo cubano", que no se entiende sin una aclaración hermenéutica. Las palabras mismas no nos "dicen" que puede significar eso. Es evidente que el periodista no se esfuerza por interpretar esa frase como lo entendía Fidel mismo en su respuesta. Goldberg y muchos periodistas parecen haberlo entendido como el socialismo, que ahora, según el mismo Fidel Castro, no sirve. Fidel parece estarlo entendiendo como una de las tantas variantes del socialismo, junto con el modelo soviético, el modelo sandinista de los 80s, y ahora el modelo chino, que parece interesar mucho a Raul Castro y el actual gobierno de Cuba. La misma Cuba ha aplicado diferentes "modelos" en su historia revolucionaria. Así entendidas, las palabras de Fidel no ponen en duda ni el socialismo ni la revolución, pero implícitamente, a otro nivel hermenéutico, sí al capitalismo y al socialismo.
El actual modelo cubano, dice Fidel, en vez de exportarse debe reformarse. Esa noticia debe alegrar a los críticos de Cuba y despertar esperanzas de cambios positivos, de los que hay muchas señales. Y por supuesto, Cuba seguirá "exportando" médicos, maestros, y agrónomos y entrenando futuros doctores en su Escuela Internacional de Medicina en la Habana. Eso también es una buena noticia que debe alegrar todos.
Otro factor hermenéutico a tomar en cuenta es el sector (o los sectores) del público nacional e internacional en quienes pensaba Fidel al hacer su comentario. Es probable que en parte tuviera en mente el mismo pueblo cubano y sobre todo los líderes de línea dura, opuestos a las reformas. El significado del mensaje sería totalmente diferente para líderes de países capitalistas y anticomunistas. En la dinámica de la comunicación, el receptor/a pone una gran cuota del significado al descodificar el mensaje.
Como cristiano, creo que el socialismo democrático (realmente socialista, realmente democrático) es el sistema socio-económico hoy que mejor corresponde a la visión bíblica de la sociedad y la economía. ¿Dónde existe una democracia real? En EUA definitivamente que no, ni en Costa Rica y los demás países capitalistas del hemisferio, que no son democracias sino plutocracias seudo-democráticas electoreras. Son gobiernos de los ricos, por los ricos y para los ricos. En cuanto a la justicia económica, y a pesar de todos los pesares, Cuba está entre los mejores, si no el mejor país de todo el continente americano.
Pues ¡Adelante Cuba! Que hagan los ajustes necesarios al modelo, que lo afinen todo lo necesario, pero que jamás vuelva a caer en el capitalismo. Y que todos nuestros países avancen hacia una democracia más justa e igualitaria.
jueves, 15 de septiembre de 2011
LA ESPIRITUALIDAD IDILICA
Cuando hablamos de idilio, nos referimos al vocablo que proviene del latín idyllĭum, que tiene a la vez su origen en el vocablo griego εἰδύλλιον (eidyllion) que significa literalmente poema breve, en ese sentido el término idilio permite nombrar al coloquio amoroso y a las relaciones entre personas enamoradas, por lo consiguiente es considerado como un subgénero literario de la poesía lírica griega, cuyo enfoque definitivamente es el tema amoroso… tomado de manera enfermiza o radical, puede afirmarse que esta cosmovisión subjetiva puede llegar al extremo de idolatrar a la persona amada o incluso llegar al punto de no querer o admitir separarse por ningún momento o motivo, un tanto complicado cuando se deben resaltar las cualidades individuales y cada persona busca ser independiente y explorar la posibilidad de encontrar espacios para el desarrollo personal de manera integral, o más complicado aun es el hecho de no ver otra realidad mas allá que la que se tiene junto al ser amado, cayendo peligrosamente en una especie de idolatría.
Desde hace algunas décadas, las tendencias religiosas posmodernas y de características light, nos han brindado una gran cantidad de producciones de índole artístico, tanto así que para el caso de la música – que es la más popular – en los diferentes espacios eclesiales, se atiende más bien al ritmo y armonía de las notas y acordes, menoscabando de manera arbitraria el contenido de dichas melodías, hecho muy similar a lo que sucede cuando se entra en una contienda electoral entre los diferentes partidos en pugna que buscan seducirnos con su material propagandístico profesionalmente elaborado, para que les demos nuestro voto… buscando – en el caso que hoy nos ocupa – brindar la mejor oferta con relación a la gran demanda religiosa que las personas de nuestro pueblo buscan incansablemente, como un escape ante la triste realidad de nuestro país, estos hechos nos deberían hacer reflexionar: ¿será que este tipo de mal llamada espiritualidad ha caído en reducir a Jesús o al Dios de Jesús en un ídolo?, ¿es una visión sana el reducir la vida cristiana ha simple actos litúrgicos exportados?, ¿en qué medida la prioridad en nuestras celebraciones culticas se le rinde verdadera adoración al Dios de la justicia, la paz y la vida?, ¿cuáles son las otras opciones que tenemos para no caer esta visión hedonista?
La manera dualista de ver al mundo – unido a todo lo anterior – ha propiciado que en nuestras celebraciones culticas se le dé extrema prioridad a cosas superfluas, por ejemplo se le dice alabanza y adoración a toda una serie de rituales exportados que se han vuelto de consumo popular, el abuso indiscriminado de la tecnología que desplaza el contacto real con las necesidades humanas, desplazando así a lo realmente trascendente e importante, el sistema de valores del Reino, en este punto cabe mencionar que se le da mucha más importancia al aspecto litúrgico, que a los comportamientos enfocados al fruto del Espíritu, El Sermón del Monte – o dicho de otra forma – el compromiso ético que cada hija e hijo de Dios debemos asumir en la búsqueda de poder discipular en una espiritualidad sana que nos haga más cercanos al Dios, Padre y Madre del Jesús que esta con nosotras y nosotros, que promueve la vida, la paz y la reconciliación y que además continua presente en la historia de quienes más lo necesitan, es decir, asumir el desafío de poder transformar con un fuerte compromiso ético cristiano la realidad de las personas que viven en sectores vulnerables (Gálatas 5,22-23; Mateo 5-7).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creacion
Desde hace algunas décadas, las tendencias religiosas posmodernas y de características light, nos han brindado una gran cantidad de producciones de índole artístico, tanto así que para el caso de la música – que es la más popular – en los diferentes espacios eclesiales, se atiende más bien al ritmo y armonía de las notas y acordes, menoscabando de manera arbitraria el contenido de dichas melodías, hecho muy similar a lo que sucede cuando se entra en una contienda electoral entre los diferentes partidos en pugna que buscan seducirnos con su material propagandístico profesionalmente elaborado, para que les demos nuestro voto… buscando – en el caso que hoy nos ocupa – brindar la mejor oferta con relación a la gran demanda religiosa que las personas de nuestro pueblo buscan incansablemente, como un escape ante la triste realidad de nuestro país, estos hechos nos deberían hacer reflexionar: ¿será que este tipo de mal llamada espiritualidad ha caído en reducir a Jesús o al Dios de Jesús en un ídolo?, ¿es una visión sana el reducir la vida cristiana ha simple actos litúrgicos exportados?, ¿en qué medida la prioridad en nuestras celebraciones culticas se le rinde verdadera adoración al Dios de la justicia, la paz y la vida?, ¿cuáles son las otras opciones que tenemos para no caer esta visión hedonista?
La manera dualista de ver al mundo – unido a todo lo anterior – ha propiciado que en nuestras celebraciones culticas se le dé extrema prioridad a cosas superfluas, por ejemplo se le dice alabanza y adoración a toda una serie de rituales exportados que se han vuelto de consumo popular, el abuso indiscriminado de la tecnología que desplaza el contacto real con las necesidades humanas, desplazando así a lo realmente trascendente e importante, el sistema de valores del Reino, en este punto cabe mencionar que se le da mucha más importancia al aspecto litúrgico, que a los comportamientos enfocados al fruto del Espíritu, El Sermón del Monte – o dicho de otra forma – el compromiso ético que cada hija e hijo de Dios debemos asumir en la búsqueda de poder discipular en una espiritualidad sana que nos haga más cercanos al Dios, Padre y Madre del Jesús que esta con nosotras y nosotros, que promueve la vida, la paz y la reconciliación y que además continua presente en la historia de quienes más lo necesitan, es decir, asumir el desafío de poder transformar con un fuerte compromiso ético cristiano la realidad de las personas que viven en sectores vulnerables (Gálatas 5,22-23; Mateo 5-7).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creacion
martes, 6 de septiembre de 2011
Algunos evangelios que no son (Gálatas 1:6-9)
Por Juan Stam
Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes
a quien los llamó por la gracia de Cristo,
para pasarse a otro evangelio.
No es que haya otro evangelio,
sino que ciertos individuos estén sembrando confusion entre ustedes
y quieren tergiversar el evangelio de Cristo.
Pero aun si alguno de nosotros
o un ángel del cielo
predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado,
¡que caiga bajo maldición! ...
ahora lo repito ...
¡que caiga bajo maldición!
Para Pablo las buenas nuevas eran el tesoro más grande de nuestra vida en Cristo, y por lo tanto era un "pecado teológico imperdonable" tergiversar o negar el evangelio, como hacían algunos maestros que habían engañado a los gálatas. El mismo apóstol que pudo decir, con profunda convicción cristiana, "No me avergüenzo del evangelio", pudo, con la misma convicción, declarar malditos los predicadores de cualquier "otro evangelio".
Los gálatas habían aprendido de Pablo el evangelio de la gracia, pero, engañados por algunos cristianos judaizantes, habían recaído en las exigencias de la ley (comidas, circuncisión, nuevas lunas etc). Con eso, les dice Pablo, han roto con Cristo y han caído de la gracia (5:4); ya "Cristo no les servíra de nada" (5:2). Pablo denuncia ese "evangelio legalista" como un falso evangelio, un "otro evangelio" que "tergiversa el evangelio de Cristo" (1:6-7).
Hace cincuenta años un sector amplísimo de los "evangélicos", especialmente de los Estados Unidos y de América Latina, era de hecho más legalista que evangélico. Para estar bien con Dios, la fórmula era "No fumar, no tomar, no bailar y no ir al cine" (y para algunos, no jugar futbol ni tocar instrumentos mundanos como la guitarra y la marimba). Ellos seguían, sin darse cuenta, el "no-evangelio" que denunció Pablo tan vehemente en esta epístola.
Hoy día, a Dios gracias, ese legalismo ha sido mayormente superado y la tentación ahora puede ser más bien el libertinaje. Sin embargo, han surgido algunos "otros evangelios" que estamos seguros que San Pablo hubiera denunciado en términos igualmente tajantes. Veamos algunos de ellos:
(1) El evangelio dinero-céntrico[1] Se predica "otro evangelio" no sólo por negar una verdad o enseñar un error, sino también por desenfocar el mensaje. Muchas herejías parten de algún aspecto de la verdad, pero lo toman aisladamente y lo exageran y distorsionan. A menudo toman algo periférico y secundario, y lo colocan como central y hasta excluyente. El resultado es un "evangelio ex-céntrico", desbalanceado, que termina siendo "otro evangelio". Una verdad fuera de proporción y fuera de su enfoque bíblico, fácilmente se convierte en una herejía.
Así es el caso de la teología de la prosperidad. Parte de enseñanzas bíblicas muy secundarias, las hacen centrales y definitivas, y contradicen (a lo mejor sin darse cuenta) enseñanzas mucho más claras y centrales de las escrituras. Es cierto que el Antiguo Testamento habla de "la bendición de Dios que enriquece", y cita la prosperidad de Abraham y otros. Pero todo el énfasis bíblico cae más bien en la justicia y la igualdad, como se puede ver en la legislación social y económica de Israel`. especialmente el año sabático (Lev 25:1-7; Deut 15, cancelación de deudas y leyes de ayuda a los pobres) y el año de jubileo (Lev 25, con reforma agraria y mucha legislación social).
Los predicadores de la prosperidad han inventado una supuesta "ley de la siembra", malinterpretando 2 Cor 9:10. Convierten una simple analogía agrícola en una especie de ley natural automática, comparable a la ley de la gravedad o las leyes de la astrofísica. Pero olvidan que el gran tema central de ese pasaje (2 Cor 8-9), lejos de ser fórmulas mágicas para acumular riquezas, es la invitación a los corintios a demostrar su gratitud a Dios, precisamente ayudando a los pobres de Jeruslén (cf. 1 Cor 9:8-9, el versículo inmediatamente anterior a la analogía agrícola). El modelo es aquel que "siendo rico se hizo pobre por nosotros" (8:9), no el "testimonio" de algún pobre que se hizo rico o, aun más común, de un rico que se hizo más rico, sin mencionar aquellos que "sembraron" pero nunca salieron de su pobreza. Además, 8:14 insiste dos veces en que Dios quiere la mayor igualdad posible, no el enriquecimiento desproporcionado de algunos pocos.
Fuera del mundo evangélico, la teología de la prosperidad ha sido un escándalo y un tropiezo, una vergüenza para la fe. Alberto Cañas. renombrado autor costarricense, lo caracterizó como la doctrina que "el rico lo es porque Dios lo premia, y el pobre porque Dios lo castiga. Ergo, los ricos son los elegidos de Dios" (La República, 4 de julio de 2007). Esa es la impresión que produce esa teología entre los de afuera.
El evangelio, en cambio, nos llama a entregarnos para que todos tengan lo suficiente, que la brecha entre ricos y pobres sea mínima, y que no haya injusticia.
(2) El evangelio demonio-céntrico, conocido como "guerra espiritual": Este movimiento ve demonios por todos lados y tiende a enfocarse mucho más en ellos que en Cristo. Interpretan toda la vida como una lucha contra Satanás y sus huestes. Es cierto que los evangelios presentan numerosos casos de individuos poseídos por demonios, a los que exorcizó Jesús. Es una realidad que no debe negarse, pero no es central en los evangelios ni debe ser central en nuestra experiencia de fe. Karl Barth dijo una vez que los poderes demoníacos son una realidad, pero no debemos mirarlos más que por el rabo del ojo. Concentrarnos en ellos es darles gusto y darles un poder que de otra manera no tendrían. Por cada mirada hacia ellos, debemos echar diez miradas hacia Cristo.
En las epístolas de San Pablo, lo demoníaco se manifiesta en "principados y poderes, tronos y coronas", o sea, en fuerzas y estructuras de maldad, no en individuos con espuma en la boca. El Apocalipsis es el libro del Nueva Testamento que más énfasis pone en el diablo y sus aliados, pero lo ve definitivamente en el imperio romano (Apoc 13:2; 17:9-11). Los militantes de la guerra espiritual ven demonios muchas veces donde no están, pero quedan totalmente ciegos a la presencia diabólica donde realmente está.
Hay una clara veta de belicismo en esta teología; practicarlo es un poco como jugar a guerra con Nintendo o gozarse sádicamente en películas de tortura. Una vez una hermana evangélica me confesó ingenuamente, "A mi me encanta la guerra espiritual, es muy emocionante". Por eso, los mismos que practican "liberación" por medio de exorcisimos, no tienen el menor problema en apoyar incondicionalmente el militarismo criminal del Pentágono o los ejércitos y dictadores asesinos de sus propios países.
El diablo es real, y sus huestes son reales, pero en conjunto todos son un enemigo ya vencido por Cristo. No tenemos por que fijarnos obsesivamente en ellos. Apocalipsis aun se burla un poco del ellos. Al pobre dragón de Apocalipsis 12, absolutamente nada le va bien; es un fracaso total, es de veras un pobre diablo. Más adelante vemos al dragón y sus aliados no sólo vomitar, sino vomitar ranas; las criaturas más feas que han salido de la mano del Creador salen ahora de las bocas de ellos. Porque el Apocalipsis sabe que el diablo está derrotado ya, puede reconocer toda su realidad sin temerlo por un segundo ni cederle una pulgada. Porque ha concentrado toda su mirada en el Cordero, puede mirar al dragón "por el rabo del ojo" mientras celebra el triunfo del Crucificado.
(3) El evangelio milagro-céntrico: No cabe duda de que los milagros son importantes en las escrituras e importantes para nuestra fe, pero nuevamente, una teología cuyo énfasis principal cae en los milagros, como tema casi exclusivo, no es el evangelio que proclama el Nuevo Testamento. Los milagros son señales, y con cada milagro debemos preguntarnos, "¿Qué nos está diciendo Dios con esta señal?" Como bien ha dicho Plutarco Bonilla, "Los milagros también son parábolas". El milagro no es un fin en sí sino ocurre en función de la historia de la salvación, dónde Dios quiere y cuándo Dios quiere. Durante períodos enteros de la historia bíblica, y en la vida de grandes heroes de la fe, no ocurrieron milagros. Abraham, por ejemplo, o Samuel, David o los profetas bíblicas, no se caracterizaron por poderes milagrosos. Los milagros son muy legítimos en su lugar, pero su lugar no es en el centro de nuestra fe y vida cristiana.
Originalmente los dones se entendían como la acción de Dios al dar; un don de sanidad, por ejemplo, era básicamente el acto de Dios al darle salud al enfermo, no una fuerza especial que poseyera alguna persona para lograr milagros. Por eso, cuando Dios sanó al cojo por medio de Pedro y Juan, éstos dijeron, "¿Por qué poneís los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios deAbraham ... ha glorificado a su Hijo Jesús" (Hech 3:12-13). Poner los ojos en un "sanador" humano suele ser señal de un evangelio milagro-céntrico.
Gracias a Dios por todos sus dones maravillosos y por su gran poder. Pero cuando esos milagros ocupan el centro de nuestra fe y nuestras vidas, en vez de Dios y su Hijo Jesucristo, fácilmente termina siendo "otro evangelio" al que correspondería la vehemente denuncia del Apóstol Pabo.
(4) El evangelio rapto-céntrico: Esta es la variante escatológico-profética del evangelio milagro-céntrico. En este caso, la fe se centra en que Cristo vendrá a "levantar a su iglesia" y llevarla al cielo antes de que comience la gran tribulación. El hecho es que esta ferviente expectativa del rapto de la iglesia domina la fe de millones de evangélicos, y a veces es toda su esperanza. Hace unos años escuché el testimonio de una persona recién convertida, quien dijo: "Ahora siento un alivio muy grande, pues no sufrirá los terrores de la gran tribulación ni iré al infierno después". Un popular predicador televisivo, más charlatán que expositor bíblico, solía preguntar al público, "¿Cuántos esperan la venida de Cristo?". A los que levantaban la mano respondía frívolamente, "¡Equivocados! No esperamos a Cristo sino al rapto de la iglesia".
Cabe un debate serio en cuanto a la enseñaza novotestamentaria sobre la venida de Cristo y el mal llamado "rapto". A favor del rapto pre-tribulacionist hay argumentos válidos, mayormente inferenciales o cuestionables exegéticamente; creo que de hecho, son mucho más fuertes los argumentos exegéticos en contra de tal interpretación. Pero en cualquier caso, el rapto es de los temas menos importantes en el Nuevo Testamento y jamás debe ocupar el centro de nuestra fe y esperanza.
La palabra "rapto" nunca aparece en la Biblia sino que se deriva de la Vulgata (traducción al latin). En 1 Tesalonicenses 4:17 "seremos arrebatados" es un verbo pero "al encuentro con el Señor", en el griego original, es un sustantivo. Ese "encuentro" era un momento importante en las venidas de grandes personajes como el emperador, generales victoriosos y otros, y aquí, la de nuestro Señor Jesucristo. En la interpretación bíblica y la teología, es peligroso cambiar verbos de acción ("arrebatar") en sustantivos abstractos ("el rapto"). En el texto de San Pablo, el verbo "seremos arrebatados" no es más que transporte para llevarnos a lo que realmente importa, que es precisamente la gloriosa esperanza de "nuestro encuentro con él".
El "evangelio rapto-céntrico" no sólo confunde verbos con sustantivos abstractos, sino también confunde lo que es mero "transporte" con lo que es realmente importante, el encontrarnos con aquel que hemos amado sin haberlo visto (1 Pedro 1:8). Cualquier evangelio rapto-céntrico en vez de Cristo-céntrico es un evangelio falso que recibe la condena del apóstol Pablo.
(5) El evangelio ego-céntrico: Un denominador común de estos "evangelios que no son" es su egocentrismo. Proclaman un evangelio de ofertas, lo que Dietrich Bonhoffer calificó de "gracia barata". Te ofrece, sin las exigencias del costoso discipulado, la prosperidad, el poder y la victoria, la sanidad y la profecía y el escape de la gran tribulación y del infierno. Vienen al caso las palabras de José Martí en cuanto a los curas y predicadores de su época:
¿Qué juicio debes de formar de un hombre que dice que te va a hacer un gran bien, que lo tiene en su mano, que sin él te condenas, que de él depende tu salvación, y por unas monedas de plata te niega ese inmenso beneficio? ¿No es ese hombre un malvado, un egoista, un avaricioso? ¿Qué ideas te haces de Dios, si fuera Dios de veras quien enviase semejantes mensajeros?
Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan les manda al cielo, ese Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero. ¡No, amigo mío, hay otro Dios!
¡Cuánta falta nos hace a todos los cristianos hoy meditar seriamente en el soneto anónimo y muy evangélico del siglo XVI:
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Si no debe ser el cielo que nos motiva a amar a Dios, mucho menos debe ser "la prosperidad o la salud milagrosa que me tienes prometida" (aun cuando esas cosas sean legítimas). Si el temor al infierno no debe motivar nuestra fe, mucho menos debe ser el temor a los demonios o a "la gran tribulación tan temida, para dejar por eso de ofenderte". Cualquier "evangelio" que se centra sólo en ofertas, de ganga y baratillo, definitvamente no es el evangelio del Nuevo Testamento.
(6) El evangelio cristo-céntrico es el único evangelio verdadero, que juzga y denuncia, igual que Pablo, a todos los "pseudo-evangelios" ex-céntricos y egocéntricos de nuestro tiempo. Su único centro inconmovible es Jesucristo, el Verbo hecho carne, en cuya muerte y resurrección está nuestra única salvación. Llama la atención la ausencia del mensaje de la cruz en los "evangelios" tan populares en estos días. "Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado", porque para nosotros el mensaje de la cruz es "poder de Dios, y sabiduría de Dios" (1 Cor 1:24; 2:2; cf. Fil 3:7-10).
El verdadero evangelio es un mensaje de salvación por la gracia de Dios, pero no por la gracia barata; de justificación por la fe, pero por "la fe que obra mediante el amor eficaz" (Gál 5:6 paráfrasis personal). Jesucristo nos llama a tomar la cruz y seguirlo a él (Mat 16:24), no sólo a ser creyentes o miembros de alguna iglesia. Nos manda al mundo, no a comerciar con una serie de productos religiosos, ni tan sólo producir simpatizantes "que creen todo lo que os he enseñado", sino a hacer discípulos, dijo Jesús, "que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mat 28:20). Cristo nos llama a todos a la aventura del discipulado radical.
Hay "evangelios" hoy que dan vergüenza al evangelio. Pero del verdadero evangelio podemos decir con San Pablo, "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todos ... " (Rom 1:16).
Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes
a quien los llamó por la gracia de Cristo,
para pasarse a otro evangelio.
No es que haya otro evangelio,
sino que ciertos individuos estén sembrando confusion entre ustedes
y quieren tergiversar el evangelio de Cristo.
Pero aun si alguno de nosotros
o un ángel del cielo
predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado,
¡que caiga bajo maldición! ...
ahora lo repito ...
¡que caiga bajo maldición!
Para Pablo las buenas nuevas eran el tesoro más grande de nuestra vida en Cristo, y por lo tanto era un "pecado teológico imperdonable" tergiversar o negar el evangelio, como hacían algunos maestros que habían engañado a los gálatas. El mismo apóstol que pudo decir, con profunda convicción cristiana, "No me avergüenzo del evangelio", pudo, con la misma convicción, declarar malditos los predicadores de cualquier "otro evangelio".
Los gálatas habían aprendido de Pablo el evangelio de la gracia, pero, engañados por algunos cristianos judaizantes, habían recaído en las exigencias de la ley (comidas, circuncisión, nuevas lunas etc). Con eso, les dice Pablo, han roto con Cristo y han caído de la gracia (5:4); ya "Cristo no les servíra de nada" (5:2). Pablo denuncia ese "evangelio legalista" como un falso evangelio, un "otro evangelio" que "tergiversa el evangelio de Cristo" (1:6-7).
Hace cincuenta años un sector amplísimo de los "evangélicos", especialmente de los Estados Unidos y de América Latina, era de hecho más legalista que evangélico. Para estar bien con Dios, la fórmula era "No fumar, no tomar, no bailar y no ir al cine" (y para algunos, no jugar futbol ni tocar instrumentos mundanos como la guitarra y la marimba). Ellos seguían, sin darse cuenta, el "no-evangelio" que denunció Pablo tan vehemente en esta epístola.
Hoy día, a Dios gracias, ese legalismo ha sido mayormente superado y la tentación ahora puede ser más bien el libertinaje. Sin embargo, han surgido algunos "otros evangelios" que estamos seguros que San Pablo hubiera denunciado en términos igualmente tajantes. Veamos algunos de ellos:
(1) El evangelio dinero-céntrico[1] Se predica "otro evangelio" no sólo por negar una verdad o enseñar un error, sino también por desenfocar el mensaje. Muchas herejías parten de algún aspecto de la verdad, pero lo toman aisladamente y lo exageran y distorsionan. A menudo toman algo periférico y secundario, y lo colocan como central y hasta excluyente. El resultado es un "evangelio ex-céntrico", desbalanceado, que termina siendo "otro evangelio". Una verdad fuera de proporción y fuera de su enfoque bíblico, fácilmente se convierte en una herejía.
Así es el caso de la teología de la prosperidad. Parte de enseñanzas bíblicas muy secundarias, las hacen centrales y definitivas, y contradicen (a lo mejor sin darse cuenta) enseñanzas mucho más claras y centrales de las escrituras. Es cierto que el Antiguo Testamento habla de "la bendición de Dios que enriquece", y cita la prosperidad de Abraham y otros. Pero todo el énfasis bíblico cae más bien en la justicia y la igualdad, como se puede ver en la legislación social y económica de Israel`. especialmente el año sabático (Lev 25:1-7; Deut 15, cancelación de deudas y leyes de ayuda a los pobres) y el año de jubileo (Lev 25, con reforma agraria y mucha legislación social).
Los predicadores de la prosperidad han inventado una supuesta "ley de la siembra", malinterpretando 2 Cor 9:10. Convierten una simple analogía agrícola en una especie de ley natural automática, comparable a la ley de la gravedad o las leyes de la astrofísica. Pero olvidan que el gran tema central de ese pasaje (2 Cor 8-9), lejos de ser fórmulas mágicas para acumular riquezas, es la invitación a los corintios a demostrar su gratitud a Dios, precisamente ayudando a los pobres de Jeruslén (cf. 1 Cor 9:8-9, el versículo inmediatamente anterior a la analogía agrícola). El modelo es aquel que "siendo rico se hizo pobre por nosotros" (8:9), no el "testimonio" de algún pobre que se hizo rico o, aun más común, de un rico que se hizo más rico, sin mencionar aquellos que "sembraron" pero nunca salieron de su pobreza. Además, 8:14 insiste dos veces en que Dios quiere la mayor igualdad posible, no el enriquecimiento desproporcionado de algunos pocos.
Fuera del mundo evangélico, la teología de la prosperidad ha sido un escándalo y un tropiezo, una vergüenza para la fe. Alberto Cañas. renombrado autor costarricense, lo caracterizó como la doctrina que "el rico lo es porque Dios lo premia, y el pobre porque Dios lo castiga. Ergo, los ricos son los elegidos de Dios" (La República, 4 de julio de 2007). Esa es la impresión que produce esa teología entre los de afuera.
El evangelio, en cambio, nos llama a entregarnos para que todos tengan lo suficiente, que la brecha entre ricos y pobres sea mínima, y que no haya injusticia.
(2) El evangelio demonio-céntrico, conocido como "guerra espiritual": Este movimiento ve demonios por todos lados y tiende a enfocarse mucho más en ellos que en Cristo. Interpretan toda la vida como una lucha contra Satanás y sus huestes. Es cierto que los evangelios presentan numerosos casos de individuos poseídos por demonios, a los que exorcizó Jesús. Es una realidad que no debe negarse, pero no es central en los evangelios ni debe ser central en nuestra experiencia de fe. Karl Barth dijo una vez que los poderes demoníacos son una realidad, pero no debemos mirarlos más que por el rabo del ojo. Concentrarnos en ellos es darles gusto y darles un poder que de otra manera no tendrían. Por cada mirada hacia ellos, debemos echar diez miradas hacia Cristo.
En las epístolas de San Pablo, lo demoníaco se manifiesta en "principados y poderes, tronos y coronas", o sea, en fuerzas y estructuras de maldad, no en individuos con espuma en la boca. El Apocalipsis es el libro del Nueva Testamento que más énfasis pone en el diablo y sus aliados, pero lo ve definitivamente en el imperio romano (Apoc 13:2; 17:9-11). Los militantes de la guerra espiritual ven demonios muchas veces donde no están, pero quedan totalmente ciegos a la presencia diabólica donde realmente está.
Hay una clara veta de belicismo en esta teología; practicarlo es un poco como jugar a guerra con Nintendo o gozarse sádicamente en películas de tortura. Una vez una hermana evangélica me confesó ingenuamente, "A mi me encanta la guerra espiritual, es muy emocionante". Por eso, los mismos que practican "liberación" por medio de exorcisimos, no tienen el menor problema en apoyar incondicionalmente el militarismo criminal del Pentágono o los ejércitos y dictadores asesinos de sus propios países.
El diablo es real, y sus huestes son reales, pero en conjunto todos son un enemigo ya vencido por Cristo. No tenemos por que fijarnos obsesivamente en ellos. Apocalipsis aun se burla un poco del ellos. Al pobre dragón de Apocalipsis 12, absolutamente nada le va bien; es un fracaso total, es de veras un pobre diablo. Más adelante vemos al dragón y sus aliados no sólo vomitar, sino vomitar ranas; las criaturas más feas que han salido de la mano del Creador salen ahora de las bocas de ellos. Porque el Apocalipsis sabe que el diablo está derrotado ya, puede reconocer toda su realidad sin temerlo por un segundo ni cederle una pulgada. Porque ha concentrado toda su mirada en el Cordero, puede mirar al dragón "por el rabo del ojo" mientras celebra el triunfo del Crucificado.
(3) El evangelio milagro-céntrico: No cabe duda de que los milagros son importantes en las escrituras e importantes para nuestra fe, pero nuevamente, una teología cuyo énfasis principal cae en los milagros, como tema casi exclusivo, no es el evangelio que proclama el Nuevo Testamento. Los milagros son señales, y con cada milagro debemos preguntarnos, "¿Qué nos está diciendo Dios con esta señal?" Como bien ha dicho Plutarco Bonilla, "Los milagros también son parábolas". El milagro no es un fin en sí sino ocurre en función de la historia de la salvación, dónde Dios quiere y cuándo Dios quiere. Durante períodos enteros de la historia bíblica, y en la vida de grandes heroes de la fe, no ocurrieron milagros. Abraham, por ejemplo, o Samuel, David o los profetas bíblicas, no se caracterizaron por poderes milagrosos. Los milagros son muy legítimos en su lugar, pero su lugar no es en el centro de nuestra fe y vida cristiana.
Originalmente los dones se entendían como la acción de Dios al dar; un don de sanidad, por ejemplo, era básicamente el acto de Dios al darle salud al enfermo, no una fuerza especial que poseyera alguna persona para lograr milagros. Por eso, cuando Dios sanó al cojo por medio de Pedro y Juan, éstos dijeron, "¿Por qué poneís los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios deAbraham ... ha glorificado a su Hijo Jesús" (Hech 3:12-13). Poner los ojos en un "sanador" humano suele ser señal de un evangelio milagro-céntrico.
Gracias a Dios por todos sus dones maravillosos y por su gran poder. Pero cuando esos milagros ocupan el centro de nuestra fe y nuestras vidas, en vez de Dios y su Hijo Jesucristo, fácilmente termina siendo "otro evangelio" al que correspondería la vehemente denuncia del Apóstol Pabo.
(4) El evangelio rapto-céntrico: Esta es la variante escatológico-profética del evangelio milagro-céntrico. En este caso, la fe se centra en que Cristo vendrá a "levantar a su iglesia" y llevarla al cielo antes de que comience la gran tribulación. El hecho es que esta ferviente expectativa del rapto de la iglesia domina la fe de millones de evangélicos, y a veces es toda su esperanza. Hace unos años escuché el testimonio de una persona recién convertida, quien dijo: "Ahora siento un alivio muy grande, pues no sufrirá los terrores de la gran tribulación ni iré al infierno después". Un popular predicador televisivo, más charlatán que expositor bíblico, solía preguntar al público, "¿Cuántos esperan la venida de Cristo?". A los que levantaban la mano respondía frívolamente, "¡Equivocados! No esperamos a Cristo sino al rapto de la iglesia".
Cabe un debate serio en cuanto a la enseñaza novotestamentaria sobre la venida de Cristo y el mal llamado "rapto". A favor del rapto pre-tribulacionist hay argumentos válidos, mayormente inferenciales o cuestionables exegéticamente; creo que de hecho, son mucho más fuertes los argumentos exegéticos en contra de tal interpretación. Pero en cualquier caso, el rapto es de los temas menos importantes en el Nuevo Testamento y jamás debe ocupar el centro de nuestra fe y esperanza.
La palabra "rapto" nunca aparece en la Biblia sino que se deriva de la Vulgata (traducción al latin). En 1 Tesalonicenses 4:17 "seremos arrebatados" es un verbo pero "al encuentro con el Señor", en el griego original, es un sustantivo. Ese "encuentro" era un momento importante en las venidas de grandes personajes como el emperador, generales victoriosos y otros, y aquí, la de nuestro Señor Jesucristo. En la interpretación bíblica y la teología, es peligroso cambiar verbos de acción ("arrebatar") en sustantivos abstractos ("el rapto"). En el texto de San Pablo, el verbo "seremos arrebatados" no es más que transporte para llevarnos a lo que realmente importa, que es precisamente la gloriosa esperanza de "nuestro encuentro con él".
El "evangelio rapto-céntrico" no sólo confunde verbos con sustantivos abstractos, sino también confunde lo que es mero "transporte" con lo que es realmente importante, el encontrarnos con aquel que hemos amado sin haberlo visto (1 Pedro 1:8). Cualquier evangelio rapto-céntrico en vez de Cristo-céntrico es un evangelio falso que recibe la condena del apóstol Pablo.
(5) El evangelio ego-céntrico: Un denominador común de estos "evangelios que no son" es su egocentrismo. Proclaman un evangelio de ofertas, lo que Dietrich Bonhoffer calificó de "gracia barata". Te ofrece, sin las exigencias del costoso discipulado, la prosperidad, el poder y la victoria, la sanidad y la profecía y el escape de la gran tribulación y del infierno. Vienen al caso las palabras de José Martí en cuanto a los curas y predicadores de su época:
¿Qué juicio debes de formar de un hombre que dice que te va a hacer un gran bien, que lo tiene en su mano, que sin él te condenas, que de él depende tu salvación, y por unas monedas de plata te niega ese inmenso beneficio? ¿No es ese hombre un malvado, un egoista, un avaricioso? ¿Qué ideas te haces de Dios, si fuera Dios de veras quien enviase semejantes mensajeros?
Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan les manda al cielo, ese Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero. ¡No, amigo mío, hay otro Dios!
¡Cuánta falta nos hace a todos los cristianos hoy meditar seriamente en el soneto anónimo y muy evangélico del siglo XVI:
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Si no debe ser el cielo que nos motiva a amar a Dios, mucho menos debe ser "la prosperidad o la salud milagrosa que me tienes prometida" (aun cuando esas cosas sean legítimas). Si el temor al infierno no debe motivar nuestra fe, mucho menos debe ser el temor a los demonios o a "la gran tribulación tan temida, para dejar por eso de ofenderte". Cualquier "evangelio" que se centra sólo en ofertas, de ganga y baratillo, definitvamente no es el evangelio del Nuevo Testamento.
(6) El evangelio cristo-céntrico es el único evangelio verdadero, que juzga y denuncia, igual que Pablo, a todos los "pseudo-evangelios" ex-céntricos y egocéntricos de nuestro tiempo. Su único centro inconmovible es Jesucristo, el Verbo hecho carne, en cuya muerte y resurrección está nuestra única salvación. Llama la atención la ausencia del mensaje de la cruz en los "evangelios" tan populares en estos días. "Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado", porque para nosotros el mensaje de la cruz es "poder de Dios, y sabiduría de Dios" (1 Cor 1:24; 2:2; cf. Fil 3:7-10).
El verdadero evangelio es un mensaje de salvación por la gracia de Dios, pero no por la gracia barata; de justificación por la fe, pero por "la fe que obra mediante el amor eficaz" (Gál 5:6 paráfrasis personal). Jesucristo nos llama a tomar la cruz y seguirlo a él (Mat 16:24), no sólo a ser creyentes o miembros de alguna iglesia. Nos manda al mundo, no a comerciar con una serie de productos religiosos, ni tan sólo producir simpatizantes "que creen todo lo que os he enseñado", sino a hacer discípulos, dijo Jesús, "que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mat 28:20). Cristo nos llama a todos a la aventura del discipulado radical.
Hay "evangelios" hoy que dan vergüenza al evangelio. Pero del verdadero evangelio podemos decir con San Pablo, "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todos ... " (Rom 1:16).
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