viernes, 1 de julio de 2016

EL LENGUAJE OCULTO DE LA SERPIENTE


Desde el principio de los tiempos se nos habla que hubo un dialogo e interacción entre Dios, la humanidad y la serpiente antigua, este ultimo personaje, más astuta que todas las otras especies creadas, según el relato plasmado en Las Escrituras, logró embaucar de una manera sutil, astuta y elocuente a la humanidad con esta afirmación: La serpiente replicó: –¡No, nada de pena de muerte! Lo que pasa es que Dios sabe que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como Dios, conocedores del bien y del mal (Génesis 3,2-5 LBNP[1]). Curiosamente en esta extraordinaria narración salen a relucir las mas infames miserias y pasiones humanas que nos han traído y siguen llevando al camino maligno de nuestra autodestrucción, incluso no solamente de la humanidad, tambien de los seres no humanas, es decir, animales y plantas...

Al caer en la tentación de intentar ser como dioses, desde entonces ese ha sido un deseo que nos ha quitado la vida literalmente y continúa siendo así, ya que aparte de la desobediencia –como lo maneja la tradición– en verdad existe el loco deseo del ser humano de llegar a ser como Dios, solamente que ello se ha traducido y manifestado en los deseos mezquinos de dominar, explotar y subyugar a sus semejantes, lo cual es contrario a los deseos del Dios de la Vida para la humanidad, siendo sus más grandes atributos: Amor, Justicia, Paz, Misericordia, Solidaridad y todos aquellos valores, principios y acciones que tenga que ver con El Reinado de Dios, evidenciado en el ethos y pathos de Jesús.

Luego damos un gran salto en la historia hasta llegar a Palestina del primer siglo de nuestra era, donde encontramos a Jesús en discordia con nada mas, ni nada menos con quienes pretenden ser los dioses en ese entonces, aquí podemos mencionar a varios grupos e individuos: Cesar, Poncio Pilato, Herodes, sacerdotes, saduceos y fariseos, estos últimos fueron los encargados de realizar todas las artimañas, intrigas y manipulaciones para arrestar, juzgar, condenar y asesinar al Maestro de la manera más cruel y despiadada conocida en ese entonces: la cruz.


El termino fariseo –Φαρισαῖος (pharisaios) en griego– es de origen arameo y se transcribe literalmente como separado[2], el origen de este partido o secta es bastante confuso, el historiador judío Flavio Josefo los considera como una facción atractiva, popular y poderosa, ascética en cuanto al estilo de vida, preocupados por aparecer como rigoristas en lo tocante a la Torá, poseían un cuerpo adicional de interpretaciones y tradiciones y las prácticas religiosas se llevaban a cabo de conformidad a su propia interpretación. Pero este historiador también entiende que el principal papel de los fariseos era político y sostiene que controlaron el estado de forma efectiva entre el reinado de Alejandra Salomé (76-67 a.C.) y Herodes[3].

Se los considera herederos de los hasidim[4] (1 Macabeos 1,62s) que se distancian de Juan Hircano (135-140 a.C.) y de su política mundana; se organizan y logran la hegemonía espiritual hacia el año 70 –año de la destrucción del templo en Jerusalén– dominan el judaísmo posterior, son laicos, entre ellos hay especialistas de la Ley (grammates = letrados); pero no colaboracionistas ni rebeldes; aferrados a sus tradiciones[5].

Todo lo anterior trajo un estilo de vida enfocado en un moralismo exagerado por parte de este grupo, hasta caer incluso en relaciones abusivas para con el pueblo, de creer y demostrar en base a su conocimiento de Las Escrituras, que eran mejores que sus semejantes, que gozaban del favor de Dios por sus prácticas religiosas intimistas aparentemente piadosas y desligadas de la realidad de su tiempo. Las intrigas, las conspiraciones, complots e intereses ocultos, fueron al parecer parte de los comportamientos normales de carácter político evidentes en este grupo, aunque por otra parte, si se mencionan en Los Evangelios a algunos de ellos que actuaban de manera diferente, tal es el caso del noble Nicodemo.

La ausencia de Misericordia es otro aspecto característico evidenciado en los relatos evangélicos además de la impiedad y prepotencia, decían adorar a Dios a quien no veían pero menospreciaban o pasaban de largo ante alguien en necesidad, ¡negándose de manera descarada a hacerle su prójimo!, a quien si podían ver, palpar, hablar, apoyar y solidarizarse con él y ella, lo cual los convirtió –en términos modernos– en ateos prácticos.

Valiéndose de su posición de poder como líderes religiosos –pero también como líderes civiles– planteaban cualquier tipo de argucias para coaccionar, condenar, manipular y hasta sacar información de tal forma que lo que era dicho por alguien –aun cuando fuera algo bueno, amable o sensato– era empleado en su contra y cuando la situación lo ameritaba, esas declaraciones eran usadas de forma completamente tergiversada, era toda una manera perversa y pervertida de proceder para destruir a quienes ellos consideraban contrarios o peligrosos, a quienes podían cuestionar el status quo de ese entonces con plena solvencia ética.

El sistema imperial, les proporcionó muy buenas migajas y regalías, permitiéndoles llevar a cabo sus prácticas culticas y enseñanzas sin ofender o ponerse en riesgo con las autoridades nacionales e imperiales, ya que por su estatus de líderes religiosos y civiles, podían interpretar y manipular las leyes a su antojo de tal forma que ellos quedaran resguardados y cómodos, mientras que sus hermanas y hermanos en Palestina fallecían lentamente, a pausas por ese moustruo espantoso e insensible llamado sistema. Al creerse que estaban más cerca de Dios, su orgullo y arrogancia realmente los alejaban mas de El y del pueblo, cosa que indignó al Gran Maestro y anteriormente a Juan El Bautista quien les llamó de manera muy atinada: generación de víboras y Jesús: sepulcros blanqueados, debido a que su manera de actuar y confabular era realmente inspirada por el sistema de muerte imperante, personificado por quienes piensan, hablan y actúan por medio de su orgullo y soberbia, que valiéndose de su poder contribuyen a la estratificación social.

A manera de resumen, los puntos de conflicto entre Jesús y los fariseos fueron:

  1. Su tradición que invalidaba la ley (Marcos 7,12).
  2. Su rígido sabatarianismo que restringía las sanidades (Mateo 12,12).
  3. Corrupción y regeneración moral (Mateo 7,18-23).
  4. Meritos y recompensa (Lucas 17,10).
  5. Hipocresía (Mateo 23,13).
  6. La misión a las y los gentiles y las castas sociales (Lucas 7,36-50).
  7. Su falta de humildad (Lucas 18,9-14)[6].


Para Jesús, la hipocresía ὑπόκρισις (hypokrisis)[7] en griego– no es tan sólo uno de los muchos pecados que una persona puede cometer. La hipocresía es la característica fundamental de todo pecado. Es el elemento de autoengaño o de ceguera que está presente en todo pecado[8], por ello no toleró en ningún momento los fingimientos y zalamerías de este grupo, debido a que casi todo su actuar tenía una agenda oculta que se hacía ver como una conspiración más que todo en contra de quienes pensaban y actuaban de manera transparente y honesta, con genuina autoridad, distinto a ellos, ¡como Jesús!, a quien convirtieron y consideraron su enemigo desde un inicio porque superó con su actuar todas sus prácticas y lenguaje oculto, gozando de la simpatía de las personas, más que todo las y los excluidos de su tiempo.

Al intentar realizar un puente entre Palestina de aquel entonces con nosotras y nosotros, nos damos cuenta que la manera de actuar de quienes ostentan el poder –tanto en ambientes comunitarios, laborales, eclesiales, gremiales y políticos– continúan teniendo múltiples paralelos y coincidencias en cuanto a la forma de actuar de este nefasto grupo, llegándose a tal grado que se manipulen las cosas de tal forma que se termina odiando a la persona oprimida y –casi literalmente– se soban y besan las manos e incluso los pies del opresor, ¡este es uno de los peligros y abusos que pueden darse de estas prácticas!, ¡adorarles y ser adorados!, sobre ellas se basó y se siguen basando aquellas practicas sumamente malvadas, que vale la pena no volver a cometer como: la inquisición, los exterminios, la xenofobia, las falsas medidas disciplinarias, el apartheid, las invasiones-conquistas e incluso las guerras.

Actualmente existen sectores que promueven una exagerada hierocracia[9], por lo consiguiente tienden más a enfocarse en lo negativo que en lo positivo de las personas, el extremo control, la retribución, la culpa así es como en los ambientes más que todo religiosos se le da más validez al morbo y hacer a un lado el Amor a Dios y al Prójimo, esta incluso es una situación intrigante, que hace que se pierda la confianza entre las personas, una completa ausencia de Tolerancia y apoyo a quienes han cometido alguna falta y merecen ser restauradas y restaurados con una actitud de Comprensión, Compasión y Misericordia.


Si en algún momento nos escandalizamos por la Libertad que por la Gracia del Creador han alcanzado otras personas o empezamos a creer que somos mejores y que estamos más cerca de Dios, es muy probable que estemos siendo seducidos por el sistema que nos rodea –y el que promovieron los fariseos– por lo que hay que poner suma atención y cuidado en cada acción y palabras, escudriñarnos a nosotras y nosotros mismos, pasar detalladamente por un proceso de introspección para intentar ser más coherentes, para saber si no estamos cayendo en una falsa piedad, cargada de orgullo, acusaciones mentirosas y denigrantes hacia nuestros semejantes, haciendo uso de un lenguaje seudoespiritual religioso y ambiguo, ¡terriblemente ideologizado!

Uno de los desafíos más grandes que tenemos es evitar caer en esas prácticas abusivas de comportamientos y poder, ser autocríticas y autocríticos con el objeto de comprendernos más entre nosotras y nosotros, reconocer nuestras virtudes y limitantes, al mismo tiempo reconocerlas en las otras personas con Comprensión, de lo contrario, seguiremos reproduciendo un sistema y una mal llamada espiritualidad que destroza la humanidad que nos aleja de Dios, esa religión que con su lengua bífida continua sembrando duda, desconfianza, culpa, venganza y división por donde quiera, más bien superar estos vicios con las propuestas del mensaje ético de: Respetar y Cuidar al Prójimo, Pensar antes de reaccionar, Buscar una Solución No-violenta y Esperar lo mejor en toda nuestras prácticas, hacer énfasis también en la Justicia, la Paz, el Perdón y la Reconciliación, adquiriendo así la fuerza necesaria para transformar nuestras vidas, familias, comunidades y sociedad, ¡esto sería una Buena Noticia en nuestra realidad de país y mundo!

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia El Salvador, Centro América



[1] La Biblia de Nuestro Pueblo.
[2] Gerdhard Kittel y Gerhard Geoffrey W. Bromiley: Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento. Libros desafío. EEUU. 2003. Página 1231.
[3] E.F. Bruce y otros: Nuevo diccionario bíblico desafío. 2ª edición. Certeza unida. Barcelona-Buenos Aires-La Paz. 2003. Página 495.
[4] Término que deriva de la voz hebrea assidaei, que significa textualmente ‘devotos’. Era el nombre con el que se conocía a una corriente religiosa judía que se desarrolló durante el reinado en Judea de los monarcas seléucidas. En el siglo II a.C. fue necesario traducir los libros del Antiguo Testamento al griego para los numerosos judíos que habitaban ya en la diáspora y que sólo conocían el griego. Surgió entonces un conflicto entre dos formas de observancia de la religión hebrea: una corriente, la de los helenistas, era partidaria del acercamiento a la cultura helena; el otro grupo, más conservador, consideraba incompatibles el judaísmo con el mundo y la cultura griega: éstos eran los hasidim. Durante el reinado de Antíoco IV, algunos de estos hasidim se unieron al partido de los macabeos en su lucha armada frente a la progresiva helenización del pueblo hebreo.
[5] Vocabulario del Nuevo Testamento de La Biblia de Nuestro Pueblo.
[6] E.F. Harrison, G.W. Bromiley y C.F.H. Henry: Diccionario de teología. Libros desafío. EEUU. 2002. Página 260.
[7] James Swanson: Diccionario de idiomas bíblicos griego del Nuevo Testamento. 2ª edición. Logos Research Systems. EEUU. 2001. Página 316.
[8] Albert Nolan: Dios en Sudáfrica. El desafío del Evangelio. Sal Terrae. Santander. 1989. Página 56.
[9] Expresión utilizada por el sociólogo alemán Max Weber para designar el estado en el que toda la vida social se explica por el factor religioso.