lunes, 16 de enero de 2017

UN CUARTO DE SIGLO



–16 de enero de 1992-2017–
Este día estamos como País celebrando 25 años de la Firma de los Acuerdos de Paz en El Salvador, después de 12 años de guerra civil declarada, aunque el conflicto social económico y político estuvo presente desde hace algunos años antes entre los gobiernos de turno de aquel entonces y algunas organizaciones políticas que se consolidaron luego en lo que se conoció después como Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.

Durante ese momento el conflicto se originó más que todo por aspectos relacionados a injusticias cometidas hacia el Pueblo, principalmente hacia el sector obrero y campesino, quienes fueron desposeídos de sus derechos humanos básicos que incluyo la tenencia de la tierra, así fue gestándose la radicalización ideológica insurgente, consolidándose como un grupo organizado que se fue fortaleciendo intelectual y militarmente para hacer frente al ejército de la república.
Sin afán de ser simplistas, no es el momento para narrar con detalle todo lo ocurrido durante esos cruentos y complicados años de guerra, lo que si podemos hacer es ciertas valoraciones un poco más recientes de lo que consideramos que significaron y significan ahora los Acuerdos de Paz en El Salvador, más que todo para las y los ciudadanos comunes además de intentar brindar y facilitar elementos para la discusión y el debate a las generaciones emergentes de la Sociedad Salvadoreña.

Cuando se dio la firma de los Acuerdos de Paz, no fue un proceso corto como se pretende platear o relatar, hubo negociaciones previas entre los altos dirigentes de los 2 ejércitos en pugna, en esto también hubo apoyo y en algún momento hasta presión internacional para que esto se generara, fue así como las negociaciones en si se daban oficialmente y extraoficialmente, estas últimas en cierta manera fueron las más oscuras, debido a que lamentablemente definieron el rumbo político del conflicto y de Nuestro País hasta ahora.
A estas alturas podemos identificar y decir que en estas negociaciones clandestinas, se otorgaron las cuotas de poder: como se manejaría la desmovilización, la consolidación del FMLN como partido político, la creación de la Policía Nacional Civil, el desmantelamiento y desmovilización de los grupos militares, además de otros aspectos que no se mencionan, como el hecho implícito que el sistema planteado en la Constitución de Republica no fue cambiado en lo absoluto, lo cual se mantiene hasta este momento.

Desde el 2009, la izquierda partidaria asume el poder del órgano ejecutivo, a la fecha se mantiene en el poder, sin embargo nos hemos dado cuenta que para la y el ciudadano común esto ha sido motivo de desencanto en muchos sentidos, y no es para menos, ya que el alto costo de la vida y la inseguridad son los 2 aspectos que aquejan mayoritariamente a las y los salvadoreños en general.
La inseguridad actual, está ligada a algunos aspectos cruciales que no fueron tomados en cuenta en las negociaciones de hace más de 25 años, por lo que no se abordó y mucho menos se fundamentaron las decisiones en base a la Justicia, además de ello, no se pasó por un proceso más profundo de Perdón y Reconciliación, lo cual nos impide tener un estilo de vida con Dignidad y Libertad, por ello seguimos como País padeciendo una fiebre muy intensa ocasionada por el virus que no se previno y proporcionó la cura desde su origen, generándose un anarquismo que lo que busca realmente es el control en el ejercicio del poder, aquí se encierran las razones ideológicas nefastas de los grupos delictivos organizados amparados de su poder económico y armamentista.

A nivel gubernamental no se hizo mayor cosa para abonar a este proceso de Reconciliación en aquel momento, ya que las medidas se enfocaron más que todo en aspectos de índole económico en el proceso de desmovilización, en donde las y los más beneficiados en la mayoría de los casos fueron quienes protagonizaron el proceso de los Acuerdos de Paz, a esto hay que añadirle la ley de amnistía, que protegió más de manera explícita a los altos mandos del ejército salvadoreño, aunque por parte de la ex guerrilla también hubieron algunos delitos que tenían que ser encubiertos de alguna forma, negociándose y ocultándose así cuotas de poder distribuido en unas pocas personas de ambos bandos.
Soñemos por un momento si hubiera habido un proceso real y transparente de Reconciliación en aquel entonces: probablemente el factor migración tendría otros tintes más positivos con una visión más de desarrollo de País, en cuanto a la complejización del crimen no tendría las dimensiones que ahora tiene llámense maras o pandillas, crimen organizado o narcotráfico, además de haberse dado dicho proceso cada ciudadana y ciudadano hubieran sido más conscientes, con un sentido de pertenencia y comunidad local y nacional, se hubiera organizado desde entonces un observatorio ciudadano que velaría para que las instituciones de gobierno fueran más transparentes, con el fin de evitar la corrupción o al menos que se disminuyera significativamente.

Merece que nos detengamos aquí para revalorizar y ser enfáticos que para alcanzar la Paz Verdadera, es necesario reconsiderar que debemos hacer a un lado la venganza y la vergüenza como métodos antipedagógicos para resolver los conflictos y dificultades –esto desde la intimidad del hogar– es necesario que hagamos a un lado estos aspectos culturales que han sido, son y continúan siendo nocivos y han erosionado las relaciones a todo nivel, la propuesta sería poder asumir otros comportamientos con más Tolerancia, Madurez, Equidad y Disciplina sin intereses creados.
Un aspecto muy importante que recalcar es que debemos evitar seguir cayendo como Pueblo de manera incauta en las agendas político-partidarias, estas instancias solamente nos ven como cifras que pueden contribuir para llegar al poder, en este caso los intereses del Pueblo deberían trascender las agendas partidarias limitadas a dar privilegios a unos cuantos, mientras Nosotras y Nosotros como Pueblo Salvadoreño solamente recibimos menos que migajas de esas nefastas y perversas intenciones.

La Paz y Seguridad plenas, solamente podemos alcanzarla de manera ideal desde la Sociedad Civil: las personas, las familias, las ADESCOS, las comunidades organizadas, las ONG’s, las iglesias y demás, somos responsables de contribuir a la construcción de la Paz, está más que comprobado que quienes llegan al poder no están interesados en este punto realmente, por ello el gran desafío es contribuir a la transformación de las Vidas Humanas –y no humanas– equiparado a la transformación colectiva, la cual incluye el seno familiar, comunitario, nacional, regional y mundial.
En todo caso esta conmemoración debería convertirse en símbolo de Esperanza y Gratuidad, fuera de lo institucional y burocrático de las estructuras del gobierno, dicho de otra manera: la Paz debe celebrarse, pero en estos momentos donde abunda la muerte y el luto, pareciera que no hay suficientes motivos para hacerlo, mientras no haya oportunidades suficientes para todas y todos los salvadoreños y el buen vivir llegue solamente a un grupo reducido, la Paz va a continuar siendo una utopía que debe estar asentada en la Justicia, para que luego de paso naturalmente al Perdón y la Reconciliación.

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia El Salvador, Centroamérica

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