viernes, 25 de abril de 2014

BREVE ANÁLISIS DE LA VIOLENCIA EN EL SALVADOR

Hace un poco más de dos años, el 9 de marzo’2012, se difundió por diferentes medios de comunicación de nuestro país, casi como un hecho casual o fortuito, un dialogo entre el liderazgo de las principales pandillas –MS13 o Mara Salvatrucha y Barrio 18– en estado de privación de libertad, esto dado a conocer por el sacerdote católico castrense -en ese momento- monseñor Fabio Colíndres y el excombatiente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional – FMLN – Raúl Mijango –un curioso ejemplo de reconciliación– a partir de ello se le dio seguimiento a esta situación casi de manera novelesca, acreditándoles a los miembros de las pandillas la gran mayoría de los actos delictivos cometidos diariamente en nuestro país, principalmente los homicidios, opacando de alguna manera los otros hechos violentos vinculados al narcotráfico, crimen organizado, violencia intrafamiliar, delincuencia común y accidentes de tránsito.

Influencia de los medios de comunicación
Como parte de las estrategias mediáticas, se han cubierto los diferentes actos litúrgicos bajo la fe católica, realizados en algunos centros penitenciarios, donde al mismo tiempo públicamente los pandilleros se comprometieron a bajar significativamente el índice de homicidios en los territorios controlados por ellos, aparte de eso entregaron de manera simbólica armas de construcción artesanal y de fábrica de todo tipo y otros objetos no permitidos en los recintos carcelarios, como: teléfonos celulares, chips entre otros ilícitos; estos hechos se visualizaron como un acto de buena voluntad por parte de estos grupos, aunque algunos sectores –principalmente de derecha– han visto y siguen viendo con reservas dicho proceso, al punto de intentar usarlo de manera electoral, transmitiendo publicidad en campañas de desprestigio, lo cual se intensificó en las recién pasadas elecciones presidenciales en la primera y segunda vuelta.

Involucramiento del gobierno
Casi en sus inicios el entonces ministro de justicia y seguridad pública, el coronel David Munguía Payés, se desvinculó de todo este dialogo, opinión que cambio a mediados del año 2012, dándole apoyo y vigencia al proceso, junto a otros funcionarios del órgano ejecutivo, entre ellos el general Francisco Ramón Salinas Rivera, ex director de la policía nacional civil, comentando que las acciones de seguridad que tanto el ente policial y el ejercito – por mandato presidencial – realizan en las comunidades y las calles, esto forma parte integral de este plan, al que se le denominó popularmente “tregua entre pandillas” y más recientemente identificado por los mediadores como “proceso de pacificación”; en este marco se dieron entre Colindres, Mijango y los cabecillas de las principales pandillas, algunas negociaciones en las cuales no se sabe a ciencia cierta la manera de cómo se manejaron algunos compromisos que se adquirieron, pero los resultados no se podían ocultar, ya que de 14 homicidios que se reportaban diariamente por parte de medicina legal, el número se redujo a 5, lo cual no es conveniente del todo porque hablamos de vidas humanas que ya no están con nosotras y nosotros…

En el 2013 se habló no solamente de la baja en el índice de homicidios por parte de las pandillas, se comentaba sobre bajar las extorciones y se propiciaron los llamados “municipios santuarios”, esto con la participación de diferentes sectores de la sociedad civil y se ha vendido la idea que estos lugares estén libres de todo tipo de violencia, para minimizar el estado de guerra social y desestabilización que está muy presente en las vidas de la población salvadoreña, ya que la percepción en cuanto a la baja de los hechos de violencia, se mantiene casi igual por parte de la o el ciudadano común, esto debido a la manera de manejar la información por parte de los diferentes medios de comunicación, los cuales hacen ver una visión más de muerte y tendenciosa -ideológicamente hablando- y no resaltaron lo positivo de esta situación. Lo que ha sido bastante obvio es que dicho proceso se ha visto un tanto frágil, debido a que se habla de manera implícita de negociaciones directas con los líderes pandilleros y quienes estamos en el medio somos la población civil, como nos llaman ellos, es decir, que ellos se ven como una especie de ejército…

Desde hace casi un año y a las puertas de la entrada del nuevo gobierno, el actual ministro de justicia y seguridad pública, Ricardo Perdomo, ha procedido manera un tanto impredecible, no se logra visualizar una estrategia definida con relación a la investigación, persecución y penalización del crimen, no solamente con relación a las maras o pandillas, sin embargo se ha anunciado recientemente entrar en un proceso de pacificación y diálogo en donde estén involucrados todos los sectores de la sociedad civil interesados en contribuir de manera positiva para propiciar la paz, la armonía y la reconciliación en nuestra sociedad, esperando que esto trascienda a ser solo un acto público y en verdad pueda brindar los frutos de bien que defiendan la vida y se mengue la muerte. En este punto han entrado otras figuras en el proceso, las cuales es prudente observar con sumo cuidado y vigilar si realmente son esfuerzos verdaderos y sin prejuicios, sin intereses creados, para intentar beneficiarse de este coyuntura socio-política.

Valoraciones en cuanto al proceso
Después de un año, la corte suprema de justicia, declaró inconstitucional el nombramiento y funciones del ministro Munguía Payés y el director de la policía nacional civil, Salinas Rivera, por el hecho de ser militares, lo cual en ese momento dejó únicamente en manos de los facilitadores –Colindres y Mijango– dicho proceso; además, la conferencia episcopal dio a conocer un comunicado en el que desvirtuaba los resultados hasta ahora alcanzados, lamentablemente acordes a la opinión de la embajadora de los Estados Unidos, Mari Carmen Aponte, quien declaraba que la MS13 es una estructura criminal transnacional, que su gobierno está interesado en desarticular, publicando fotografías y nombres de algunos cabecillas de esta pandilla, que son perseguidos por esta nación del norte. Además el partido de ultraderecha alianza republicana nacionalista (Arena), la asociación nacional de la empresa privada (Anep), la cámara de comercio en industria de El Salvador (Ccies) y la asociación salvadoreña de industriales (Asi), quienes como bloque manejaron el mismo discurso, algo que fue digno de ponerle suma atención en su momento.

En este marco, cabe plantearnos algunas preguntas: ¿qué se ha negociado realmente?, ¿qué se ha comprometido por parte del gobierno en cuanto a la prevención de la violencia juvenil y a todo nivel?, ¿cuál debería ser nuestra parte como población civil?, ¿qué tipo de oportunidades se les han negado a las y los jóvenes desde antes que se hablara de este proceso de pacificación?, ¿será cierto que el accionar de las pandillas son la principal –o única– forma de violencia en nuestro país?, ¿cómo debería manejar la iglesia en general este tipo de situaciones?, ¿qué intereses existen de parte de las autoridades de los Estados Unidos para desvirtuar este proceso de pacificación?, ¿cómo contribuir a una cultura de paz real que se extienda a toda nuestra sociedad?, ¿será que el cambio de ministro de justicia y seguridad pública entorpeció dicho proceso?, ¿serán confiables algunos de los procesos paralelos que se “reinician” en estos momentos?

Algunas razones
Debemos reflexionar en algo, a ningún ser humano le favorece la violencia en todas sus dimensiones, en el caso es que la organización de agrupaciones pandilleriles como una cultura –enfocada en un sistema anárquico– o fenómeno multi-causal, podemos resumir que se originan principalmente por tres razones fundamentales:

1. El deterioro de las relaciones familiares: algunos sondeos realizados por ciertas iglesias de diferentes confesiones y organizaciones que trabajan de manera directa con jóvenes miembros de maras y pandilleros, aseguran que 8 de cada 10 de sus miembros se han afiliado de manera voluntaria a dichas estructuras por haber tenido un ambiente violento u hostil en su hogar natal; cuando estos ya forman parte de estas estructuras, se asegura también que 8 de 10 pandilleros adquieren una adicción a algún tipo de droga.

2. La falta de oportunidades para las y los adolescentes y jóvenes: la visión adulto-céntrica en la que está configurada nuestra sociedad, no permite a la juventud tener espacios de desarrollo integral, enfocándose más que todo en divagar sus vidas en el consumo, sin verles como sujetos generadores de su auto-desarrollo psicológico, familiar, social, cultural, artístico, espiritual, político y económico; las reglas del sistema las dicta la gran empresa, cerrándoles las puertas en buena parte de los casos, relegando a las y los adolescentes y jóvenes a esfuerzos personales enfocados en el sub-empleo y en el peor de los casos involucrarse en grupos criminales de todo tipo.

3. La deportación de migrantes sin documentación desde los Estados Unidos: lo anterior nos lleva a que la problemática de la violencia juvenil, se vio fortalecida en la agudización de la influencia de las personas deportadas, las maras y pandillas ya existían, pero este factor llegó a maximizar la problemática, debido a que en dicha nación del norte, la juventud deportada –ya sea por razones migratorias o crímenes cometidos– introdujeron nuevas formas más violentas y sofisticadas de llevar a cabo hechos delictivos.

4. Deficiencias del sistema educativo: el cual si bien es cierto que ha experimentado algunas leves mejoras, es necesario replantear algunos aspectos fundamentales desde la educación inicial, que se realicen reformas de fondo y forma en las curriculas educativas, en las cuales se incorporen la educación en y para la vida, derechos y deberes, además de cultura de paz; a esto es necesario continuar intensificando los esfuerzos de la alfabetización de personas adultas y que la educación media y superior no continúe viéndose como mercancía.

Las cuatro razones anteriores están íntimamente relacionadas, no se excluyen de ninguna manera, reproduciendo la violencia de manera endémica: la migración se ha dado por razones económicas, principalmente es el padre de familia el que se ve obligado a salir en busca de las oportunidades que se le han negado en nuestras fronteras, dejando a su paso secuelas muy graves a la situación familiar, configurándose estos hogares bajo un modelo mono-parental; esto en el caso de lograr llegar e integrarse en la vida productiva de los Estados Unidos y mandar sus remesas, sin embargo, no es esto lo que ocurre generalmente, debido a que las personas que emprenden este viaje, pueden quedarse en algunos de los países de la ruta o pueden morir durante el camino o incluso al llegar allá integrarse a algún grupo pandilleril y por supuesto en algún momento ser deportado por cualquier razón, un circulo de violencia que merece analizarse con mucha más profundidad, lo cual también tiene intima relación con las deficiencias en el sistema educativo y económico.

Luces de esperanza para la región
Ante este brevísimo diagnostico que se propone hoy de nuestra realidad en cuanto a la violencia juvenil y en general, es importante brindar a las causas algunas propuestas de solución integrales, en donde el proceso de la tregua y ahora la pacificación entre las dos principales pandillas, es parte de dicho engranaje para la restauración del tejido social de nuestra juventud y sociedad en general, esto ha despertado también muchas opiniones encontradas, dentro y fuera de nuestro país. Para el caso, las pandillas homólogas en el vecino país de Honduras están iniciando con un proceso similar al nuestro, con la mediación de monseñor Rómulo Emiliani, con la enorme ventaja de contar con el apoyo y asesoría de los facilitadores del proceso aquí en El Salvador, ¿será que el proceso puede irse extendiendo a Guatemala para completar el impacto en los países del llamado triangulo del norte?

Recientemente, el día 23 de marzo de 2014, por todas y todos es conocido que se convocó a una conferencia de prensa en donde se daban a conocer –según los medios– que se están dando dos esfuerzos paralelos de continuar con el proceso de pacificación, uno por parte del monseñor Fabio Colíndres, representantes de iglesias históricas y otras personas de diferentes confesiones cristianas vinculas a ellos y la otra impulsada por el ministerio de justicia y seguridad pública, a través del ministro Ricardo Perdomo y monseñor Gregorio Rosa Chávez, como representante de la conferencia episcopal.

Conclusiones y propuestas
Al hacer este breve recorrido podemos sacar algunas conclusiones a manera de propuestas preliminares con relación a la situación de la prevención de la violencia juvenil y seguridad ciudadana de nuestro país:

1. Es necesario tener un plan de nación en donde se incluya como sujetos principales a nuestra juventud y su desarrollo integral, tomando muy en cuenta el componente de cultura de paz como eje transversal, que contribuya a la paz y reconciliación, esto es necesario que sea consultado desde las bases, es decir, dialogar con las y los jóvenes para hacerles participes de una verdadera visión de nación, lo cual en teoría se está promoviendo desde el actual ministerio de justicia y seguridad pública intentando involucrar a nuevos actores.

2. Destacar y motivar a tener un sentido de identidad y hacer de lado todo tipo de visión malinchista, intentando que haya más apego a las cosas buenas de nuestra cultura y darle el valor que se merece, haciendo de lado aspectos ligados a la venganza y el odio.

3. Otro de los factores fundamentales que debe tomar en cuenta es el componente educativo: debe mejorarse la calidad educativa desde la educación inicial, la primaria, la secundaria e incluso la educación superior, todo en vías de formar de manera plena a las generaciones emergentes con valores y enfoques apegado a los derechos humanos; esta no solamente es responsabilidad del gobierno, también deben propiciarse las condiciones dentro del seno de la familia y el apoyo incondicional de la iglesia no importando su denominación.

4. Generar más espacios de oportunidades para nuestra juventud: en donde se puedan evidenciar las capacidades, habilidades, creatividad y espiritualidad de ellas y ellos en todas las áreas del saber, el arte, el deporte y la recreación, la ciencia, la tecnología, además de brindar acompañamiento a otras iniciativas productivas donde no se les utilice y se les trate con igualdad, justicia y dignidad.

5. Lo anterior invitaría que también se realicen las legislaciones necesarias, donde se intenten hacer de lado las visiones político-partidarias y se trabaje verdaderamente en pro del bien común, esto definitivamente debe incluir a los casi 60 000 adolescentes y jóvenes que por el momento integran alguna estructura pandilleril, de hecho, ya se les han dado oportunidades a través del sector iglesia – católica y evangélica – que han teologizado y llegado a realizar una praxis que les ha servido como un punto de cooperación ecuménica, haciendo a un lado los fines proselitistas, simplemente se han establecido proyectos comunes que lleven bienestar a las vidas de las y los jóvenes en alto riesgo, sus familias y comunidades a las que pertenecen, labor que ha evidenciado de manera tangible la Buena Noticia del Evangelio de la Paz, para ir dando pasos concretos en aras de una reconciliación verdadera.

6. Es de suma importancia que los dos esfuerzos sean realmente coincidentes, no excluyentes, es necesario que el mayor numero de sectores posibles contribuyamos en el análisis, reflexión y brindar propuestas para tener acciones que puedan sumar a un proceso de pacificación mucho mas articulado, haciendo a un lado los protagonismos e intereses mezquinos, haciendo verdad las palabras puestas en la boca de Jesús: un reino dividido internamente va a la ruina… esperemos que El Espíritu de la Justicia, la Paz, la Reconciliación y la Vida, sea quien pueda guiarnos a la unidad de criterios en abordar y brindar alternativas de manera transparente en la búsqueda de la Paz.

Antonio Salomón Medina Fuentes, Iglesia Amigos de El Salvador, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia