Historia
y testimonio personal de Milton Edgardo Calderón Hernández, Quezaltepeque, La
Libertad, El Salvador
Nací en el año de 1977 en el seno de una familia de obreros,
mi padre laboraba como mecánico textil, mi madre conera textil, me enseñaron
buenos principios y valores, éramos una familia un poco disfuncional debido a
que ambos padres laboraban fuera, mi niñez trascurrió entre los municipios de Apopa
y Quezaltepeque bajo el cuidado de padres o abuelos, no me quejo, conviví y me
desarrolle con tíos, tías, primos y mi hermana.
Tuve una niñez y adolescencia normal, mi estado de salud
sin nada de lo cual preocuparse, como salvadoreño se me inculco la fe católica
pero en 1995 decidí hacer un cambio de creencia y me uní a La Iglesia de
Jesucristo de los Santos de los últimos Días, lo cual sin saberlo en ese
momento fue la base para tener una perspectiva distinta de la vida y poder
sobrellevar todos los desafíos que vendrían a mi vida y a la de mi familia.
A finales del año 1999, mi padre fue diagnosticado con
insuficiencia renal crónica, siendo una noticia de gran impacto, esto significo
dejar mis estudios universitarios, ayude acompañando a mi padre a ir a sus
sesiones de diálisis, pero ahí no terminaba todo para mi familia, en noviembre
fui con amigos de mi iglesia a escalar un cerro, todo normal, pero en la
escalada comencé a manifestar cansancio excesivo, temblores en las piernas, lo cual
atribuí al mal estado físico ante la escalada, más los síntomas al trascurrir
los días no cesaron y empeoraron, ya caminaba un poco torpe, perdía el
equilibrio en la marcha así inicio todo lo que viviría años después.
Éramos dos enfermos en la familia, fue el inicio de muchos
cambios, pero a pesar de ello siempre acompañe a mi padre al hospital ambos nos
cuidábamos mutuamente, con la diferencia que yo no tenía un diagnostico
definido por parte de médicos generales, especialistas, neurólogos,
fisioterapia, análisis médicos, los cuales incluyeron electro estimulación,
resonancias, punción lumbar, este último tratamiento realizado fuera del país.
En ese proceso mi padre falleció a los 8 meses de su
tratamiento, fue un duro golpe para la familia en el año 2000, pero lo que cimente
en la iglesia a la cual asistíamos la familia completa nos ayudó a superarlo y
a tomarlo desde otra perspectiva.
Después de tantos estudios clínicos realizados a mi
persona, llegaron a la conclusión que tenía un tipo de esclerosis múltiple,
bajo ese diagnóstico me trataron durante los siguientes años.
En el año 2003 a mi madre le diagnosticaron cáncer de seno,
se sometió a extirpación de seno, quimioterapias, radioterapias, pastillas y
demás entrando en fase de remisión del cáncer, sobreviviendo hasta el año 2010,
cuando falleció; cualquiera pensaría que ya habían pasado muchas pruebas y
desafíos en mi familia y personales, mi hermana y mis sobrinos son ahora mis
únicos familiares con quienes nos ayudamos mutuamente.
Hacia el año 2011 comencé a tener un bulto en el cuello el
cual me tomaron muestras, resonancias y ¡sorpresa!, era un gran tumor que
iniciaba en el tallo cerebral y descendía entre cuello y columna vertebral,
esto sorprendió al neurólogo que me veía de años, descubriéndose hasta entonces
que no era esclerosis lo que tenía, implico nuevos estudios la decisión de operar
en fases o etapas por el tamaño del tumor, no podía ser en una sola cirugía,
todo ello implico tres operaciones en el cuello entre los años 2011 al 2015.
Luego me operaron el cuello y base del cerebro, extrajeron
todo lo operable esto implico daños colaterales como la perdida de una cuerda
vocal, espasticidad en piernas o rigidez, pérdida considerable de peso, estar
en el hospital un mes y una semana en la unidad de cuidados intensivos, después
una en cuidados intermedios, aprender de nuevo a comer, a tener más control de mis
esfínteres, un proceso del cual aún no lo he superado pero he progresado mucho…
el diagnostico final de lo que tengo es: schwannoma un tipo de tumor muy extraño,
no canceroso.
Muchos dirían que mi historia es de tragedias, pruebas,
desafíos, pesar, sufrimiento y otros apelativos los cuales no los veo, me ha
unido más a mi familia, amigos, iglesia han sido y serán mi fuente de apoyo,
aún tengo desafíos a un año de las operaciones un descuido implico una caída de
un lugar alto y me fracturé la cadera, nuevamente volví al hospital para que me
operaran, ahora continuo mi recuperación en casa y a la espera de una terapia.
Mi historia la veo como un aprendizaje el cual en el
transcurso de la misma me ha ayudado a tener más empatía hacia los desafíos,
enfermedades que otras personas tienen, también sobre todo el tener un cimiento
cristiano me ayudo a tener más paciencia y fe a largo plazo.
La vida no termina con las enfermedades, desafíos que
afrontamos decidí no frustrarme ante todo lo negativo de la vida a pesar de
todo decidí ver todo desde una perspectiva positiva, este año 2016 decidí
tecnificarme como programador Windows el cual lo finalice satisfactoriamente,
participo más activamente en la asociación de personas con discapacidad de mi
municipio, participe en el taller alternativas a la violencia PAV.
El taller PAV me ayudo a cimentar los principios que ya
tenía y aplicaba en mi vida, así como a ser más tolerante ante las demás
personas, un buen cimiento para afrontar los problemas de convivencia ciudadana.
Les quiero compartir mi testimonio, sobre mi participación
en el taller PAV, impartido en la Fraternidad Cristiana de Personas con
Discapacidad en la ciudad de Quezaltepeque.
Me pareció una propuesta interesante cuando nos la plantearon
en una reunión de la Fraternidad, aunque me causo mis dudas ante la
interrogante de como la desarrollarían, las cuales se fueron disipando cuando
inicio el taller lo cual implicaría una constancia de nuestra parte para llevar
la secuencia durante las sesiones, al inicio se notó la apatía del grupo y
cierta renuencia a participar en las dinámicas que incluye el taller, lo cual
durante el transcurso de las sesiones se fue notando ya más confianza de todos
los que participamos.
Mis conclusiones de cómo nos ayudó el PAV como grupo e
individualmente es:
-
Creo más vínculos de confianza dentro del
grupo.
-
Nos unió más, ya que en las actividades nos
permitió charlar o interactuar con los demás participantes del taller.
-
Nos enseñó a ser más tolerantes con las otras
personas, tener más empatía por medio de las dinámicas que se desarrollan en el
taller.
-
Ser más proactivos y resolver de una mejor
manera los problemas que se nos presenten, practicando el Poder Transformador
en nuestro diario vivir.
Mi conclusión sobre el taller PAV es que es muy bueno y el reto es poner en práctica lo desarrollado y aprendido en nuestro diario vivir.
Milton Edgardo Calderón
Hernández






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