Zacarías 8,1-12
El Dios-Diosa de la Vida, nos ha
estado enviando desde hace mucho tiempo el siguiente mensaje:
Así dice El Señor de la
Justicia: me siento suspicaz por Ustedes Mi Pueblo que lleva uno de Mis Nombres,
me he sentido terriblemente pelusero por todo lo que ocurre en la tierra que
vio nacer a Oscar Arnulfo Romero Galdámez, ¡tanto así que me indigna el estado
en el que están y eso me hace sentir triste e inconforme!, tengo sentimientos
encontrados por todo lo que acontece y afecta a la región y al mundo que dice creer
en Mí.
Así dice El Señor de la
Solidaridad: necesito regresar con Ustedes, vivir con Ustedes, encarnarme en su
historia, para mostrarles el camino y ser fieles, de tal forma que toda la
región y el mundo exclamen: ¡este es un Pueblo que está cimentado en garantizar
los derechos básicos de sus habitantes!, donde si se demuestra el Amor al Prójimo,
se nota que se ven como Hermanas y Hermanos, demostrándolo con sus acciones y
actos de fraternidad.
Así dice El Señor de la Paz y Reconciliación:
nuevamente veré que las personas de la tercera edad podrán sentarse a platicar
y recordar sus buenos tiempos, al calor de un atol en los alrededores de las
calles, plazas y parques, sin que se les vea como a una carga, ni mendigando o
imbuidos en algún tipo de adicción, mas serán vistos como a iguales, personas
que contribuyeron en la vida productiva de Nuestro País y continúan
contribuyendo con su experiencia y cuidados, a ellas y ellos se les vera con
ternura y respeto.
Esas mismas calles, plazas y
parques, estarán llenas de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, conviviendo de
manera armoniosa jugando entre ellas y ellos, compartiendo con sus familias,
donde no hay miedo, ni desconfianza, donde la seguridad pública cumple su
papel, signo de que el tejido social está restablecido, donde existe un dialogo
abierto, franco y sincero entre las generaciones emergentes y las que ya dieron
su aporte.
Así dice El Señor de la Verdad:
por el momento lo anterior pareciera una imagen ideal, vista como algo muy
lejano, que no es posible, pero recuerden que ¡Soy un Hacedor de lo imposible!,
¿acaso han dejado de creer en Mí?, Yo continúo creyendo en Ustedes, debido al
infinito amor que les tengo, no es posible que se den por vencidos en este
momento tan importante de Su Historia, que también es Mi Historia, ¡les he dado
la capacidad de crear leyes y políticas públicas que les beneficien para el
bien común!, no bajo la visión opresora, más bien fundamentadas en la tan
anhelada Justicia Restitutiva.
Así dice El Señor de las y los Migrantes: ¡ya basta de tanta
diáspora!, es necesario que regresen para que puedan contribuir desde acá con
todo lo bueno que han aprendido en otros países, es necesario hacer a un lado
el madeinchismo y explorar las oportunidades que se abren desde aquí, ¡excluyan
al dios mamón de sus vidas!, las cuales lo adoran cayendo seducidos por las
estrategias de consumo y derroche de bienes y recursos!, ¡permitan que les libere!,
ya que los costos sociales de su partida se han hecho evidentes en sus familias
de origen, si el interés primordial ha sido mejorar las condiciones de vida de
quienes aman, es preciso que no se excluyan Ustedes, ni vean fuera de sus
núcleos familiares, son su sangre y carne, es como si se negaran asimismos.
Debo repetirlo, ser enfático y claro: ¡Ustedes son Mis Hijas e Hijos y Yo soy Su Legítimo Padre-Madre!, vivo, respiro, camino, trabajo, me siento a la mesa, me alegro, lloro y sufro con Ustedes, escucho sus plegarias, aun cuando pareciera que estoy en silencio, pongo atención a cada una de sus palabras, no los dejo en el total abandono, pero es necesario que se reconozcan como lo que son, es vital mirar que no existe un Yo sin un Vos o Tu, esto algunas veces depende del nivel de autoconocimiento que se asuma.
Debo repetirlo, ser enfático y claro: ¡Ustedes son Mis Hijas e Hijos y Yo soy Su Legítimo Padre-Madre!, vivo, respiro, camino, trabajo, me siento a la mesa, me alegro, lloro y sufro con Ustedes, escucho sus plegarias, aun cuando pareciera que estoy en silencio, pongo atención a cada una de sus palabras, no los dejo en el total abandono, pero es necesario que se reconozcan como lo que son, es vital mirar que no existe un Yo sin un Vos o Tu, esto algunas veces depende del nivel de autoconocimiento que se asuma.
Así dice El Señor de la Vida: el trabajo es una bendición para todo ser viviente, por ello es importante que escuchen y traigan a la memoria las vidas y palabras de sus mártires, palabras de Justicia y Paz, que pueden ayudar a construir una sociedad más equitativa y tolerante, sobre las cuales debería estar cimentada toda confesión de fe, más allá de las infraestructuras religiosas físicas e ideológicas, que me han decepcionado y no me han dado honor realmente.
La explotación
y sobre-explotación impuestas por los que controlan de facto este sistema
idolátrico, nos negaban desde un inicio nuestros derechos básicos y compromisos
laborales, entre ellos lo necesario para vivir, sin responsabilidad patronal,
seguridad social y pensión para la vejez, lo que también se hacía extensivo
hacia Mis otras criaturas, formas de vida que también cree, a quienes el
sistema trataba también de manera impropia, despiadada e implacable.
Pero ahora ya es tiempo de cambiar la manera de relacionarnos,
Ustedes Conmigo y entre Ustedes como Pueblo, es el momento de sembrar el maíz y
el frijol que traen sustento y dan vida con sus frutos, que traen fuentes de
empleo y sustentan nuestra economía local, regional y mundial, en otras palabras,
la Paz y la Seguridad que tanto soñamos por el momento.
Contribuyamos a una agricultura auto-sostenible, sin químicos que
afecten de manera negativa al envenenamiento de la tierra y el calentamiento
global, renovando así esta Casa que construí para que habitemos como hermanas y
hermanos en perfecta Unidad.
Antonio Salomón Medina Fuentes, El Salvador, Centro América
Premio en Concurso de XIXa edicón de Páginas Neobíblicas de la
Agenda Latinoamericana Mundial


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