lunes, 27 de septiembre de 2010

¿QUÉ MUNDO?

En los diferentes ambientes cristianos, una de las temáticas que se abordan con frecuencia es la de poner la esperanza en el mundo venidero, lo cual es asociado comúnmente a la segunda venida de Cristo, de lo cual viene toda una construcción teológica que muchas veces tiene más que ver con el hecho de ver e interpretar La Escritura como si fuera una especie de talismán o bola de cristal que nos ayuda a saber acerca de los hechos o eventos futuros más que nuestra misión en el presente.

El mundo, es el lugar donde vivimos, el planeta en donde estamos ubicados como personas y demás seres vivos en su amplia inmensidad, biodiversidad y especie, donde por el momento somos ciudadanos y al mismo tiempo vecinos de nadie… ésta en cierta manera es una interpretación fatalista de la realidad, ya que nuestra vida normalmente la centramos en ambiciones hedonistas asociadas a una forma de vida ligth que tiende más a valorar lo desconocido, es decir – como dicen los materialistas – la vida de ultratumba, visión que despierta un rechazo al mundo conocido y valorar lo desconocido, dando así mas rienda suelta a las visiones del más allá que la vida que nos rodea, es así como en algunos ambientes eclesiales, el enfoque es mas tener un rechazo declarado al mundo.

Por otro lado, existe una obsesión por ir al otro lado del mundo ha realizar labores proselitistas, sin ver a quien – o quienes – están a nuestro lado sufriendo de diferentes maneras: por la violencia, por la pobreza, por la falta de cuido del medio ambiente, por el VIH, etc., lo cual hace ver una insensibilidad y frialdad ante las necesidades humanas reales de las personas, estos pensamientos y actitudes individualistas tienden más a agudizar el tremendo deterioro del tejido social de nuestro país…

Se han teorizado esquemas teológicos que dicen que lo correcto es el divorcio implacable del mundo, validando una espiritualidad superficial, cimentada en arena movediza, la cual se vuelve un instrumento que abala la corrupción de los sistemas que ejercen su poder adormecedor y dominador sobre las personas, sirviendo como dijo Carlos Marx en su momento como opio de los pueblos, por perder de vista su autentica labor profética.

En el Antiguo Testamento en la mayoría de los casos encontramos la palabra mundo usada de una manera positiva, no como algo ajeno, más bien como lo cotidiano, la relación de respeto con la naturaleza, el quehacer de la humanidad; en el Nuevo Testamento, se menciona la palabra κόσμος (kosmos) que puede significar: universo, tierra, sistema de este mundo, un sistema ordenado o armonioso, orden u ornamentos, la antítesis del caos. Cuando esta palabra se usa como término absoluto, significa todo lo que existe, incluyendo lo que se ha descubierto y aún está por descubrirse. Estas breves definiciones desde La Escritura, nos dan luces para comprender una nueva definición y enfoque de lo que llamamos mundo ahora, curiosamente no tienen nada que ver con las concepciones dualistas de la relación pre elaborada como “ministerial” y “secular”.

Históricamente la agenda de la iglesia ha intentado ser impuesta al mundo, sin embargo lo alternativo, lo verdaderamente espiritual, lo que nos desafía aun mas a tener un verdadero compromiso, es que el mundo pueda definir la agenda de la iglesia, en el sentido que las grandes necesidades, las grandes problemáticas del mundo, pueden ser vistas como oportunidades de servicio desde el seno de la iglesia, con todos sus dones, su visión de vida que se inserta – μόρφωσις (morphōsis): encarnación – en la realidad, esto, sería un paso significativo y trascendental en el actuar misional del Pueblo de Dios en el mundo.

Nuestra relación con el mundo tiene que ver más que todo con el seguimiento a Cristo (Juan 3,16-17) lo cual es primordial, en el entendido que cuando en algunos pasajes del Nuevo Testamento se refiere al mundo de manera negativa, es porque la relación se platea más que todo en no caer en el juego hecho por los sistemas perversos y corruptos que ejercían – y ejercen – su poder para subyugar a las personas y mantenerles en un estado de adormecido ideológico, sin ningún compromiso con las problemáticas socio-políticas-económicas que también son parte de la vida y deben ser influenciadas o redimidas de alguna forma por la gracia cara que se contrapone a la gracia barata. Por ello nuestra relación con el mundo tiene más implicaciones éticas hacia nuestros y nuestras semejantes, no significa envolvernos en una burbuja eclesio-moralista y legalista, si no de ver la posibilidad de hacer a un lado el temor y encarnarnos en esa realidad que tanto necesita ser influenciada por la Buena Noticia del Reino que es una tarea necesaria y de conciencia ante las implicaciones a las que nos retó y sigue retando Jesús (Mateo 1,23; 1ª Juan 3,17; 4,15-18).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿QUÉ REINO?

La palabra reino, puede tener muchas connotaciones, algunos sinónimos comunes para ello son: dominar, gobernar, imperar, prevalecer, regir. Algunas definiciones comunes son: un estado o territorio gobernado por un rey; espacio real o imaginario en el que actúa algo material o inmaterial. Estos conceptos tienden a recalcar las relaciones de poder en un sistema esclavista – feudalista, vigentes durante el periodo histórico de la Edad Media, aunque algunos rasgos de esto se mantienen en la actualidad.

Modernamente dicho termino tiene más afinidad con el de un gobierno o sistema en donde en definitiva se tiene un aparato de estado que pueda legitimar y dar operatividad a las leyes y políticas públicas, propuestas y aprobadas por las personas que han sido elegidas legítimamente a través de elecciones libres, acto que favorece – al menos en teoría – las garantías constitucionales y democráticas de un país.

Por ello, durante el devenir de la historia de la humanidad al llegar al punto de la explotación – dominación – entre los seres humanos, se han considerado varios tipos de reinos que han ejercido sus formas de control, así podemos mencionar: los gobiernos totalitarios, los dictatoriales, los gobiernos republicanos, los democráticos, las republicas parlamentarias, las republicas presidencialistas (en donde podemos ubicar a El Salvador y buena parte de los países de Latinoamérica), semi-presidencialistas, unipartidistas, entre una inmensidad de propuestas…

En cuanto a sistemas de gobierno se refiere, es importante recalcar que en cierto sentido ayudan a mantener un orden de las cosas y no caer en un estado de anarquía, para luego mantener el status quo, en especial de los gobernantes o representantes del pueblo (clase política) y muchas veces de las personas allegadas a ellos y ellas, lo cual viene en algún momento a evidenciar algún tipo de descontento por parte del mismo pueblo que los eligió.

Si el gobierno – anterior y actual – hiciera valer las garantías constitucionales en nuestro país, no habría tanta pobreza, lo cual impulsa a las y los jóvenes nuestros a migrar buscando otras alternativas de vida, no hubiera habido 14 víctimas en la reciente masacre de Tamaulipas, de la que tanto se ha comentado y de la que nuestro país también ha sucumbido ante la ola de violencia – también endémica – que se vive en el vecino país de México.

El recién pasado 15 de septiembre’2010, se conmemoraron los actos correspondientes al 189 aniversario de las luchas independencistas de Centro América, hecho histórico que marcó la vida de los pueblos que vivimos en esta zona geográfica, en cuanto a visión de vida y desigualdades político-sociales-económicas, situación que se mantiene hasta el momento entre la enorme brecha que existe entre pobres y ricos. Por ello nuestros países siguen teniendo problemáticas muy similares que tienen que ver con aspectos muy centrales que impiden su autodesarrollo, preguntándonos de manera casi lapidaria: ¿a quién o quienes benefició esta independencia?... la obra teatral Jupiter, de nuestro gran poeta, dramaturgo y escritor Francisco Gavidia, nos brinda ciertas pautas muy brillantes para analizar más detenidamente esta visión y hacernos mas conscientes con relación a practicar una ciudadanía plena y responsable, con verdadero patriotismo y la búsqueda de identidad nacional.

Nuestros ambientes eclesiales lamentablemente se ven influenciados por todo lo anterior, es así como al hablar de reino, en la mayoría de los casos los discursos, enseñanzas y prácticas litúrgicas son referidas a situaciones de índole futurista y no de nuestro tiempo, enfocando y propagando vaticinios que nada tienen que ver con las verdades del Reino, cayendo muchas veces en posiciones aberrantes, a lo cual es preciso recordar con mucha firmeza lo que dicen los grandes estudiosos de La Biblia al referirse al Reino: es el ya, pero todavía no… Las otras visiones que se desprenden de reino, tienen que ver más con las prácticas eclesiales en sí y las relaciones más por la vía del poder que de la autoridad (ἐξουσία: exousia), mas de tener control sobre las y los miembros y el celo injustificado por un territorio específico “conquistado” y hecho a la imagen y semejanza de quien (o quienes) lo conquistó (o conquistaron), de las estructuras organizacionales que tienen mucho más que ver con una estructura – o elefante blanco – militar, corporativa o comercial-empresarial que se preocupa más en ganar adeptos o prosélitos que en las verdaderas necesidades de las personas que les rodean. Así, es lamentable y para – vergüenza nuestra – ¡hemos excluido el Reino de todas las áreas de nuestras vidas!, dando espacio más a cuestiones superfluas y secundarias, lo cual trae también como consecuencia la exclusión social a todo nivel.

Cuando hablamos del Reino o Reinado de Dios (βασιλεία τοῦ θεοῦ: basileia tou theou), en el sentido realista que lo mencionan los Profetas del Antiguo Testamento y Jesús en los Evangelios, hablamos de un Reino que ya está entre nosotros y nosotras como una vinculación ética con las personas que nos rodean, a quienes queremos que sean nuestros prójimos a través de la misericordia (Lucas 17,20-21), no se dan formulas mágicas o prácticas místicas, más bien Jesús echa mano de figuras pintorescas y de la vida cotidiana como las de sal, luz, levadura y semilla de mostaza, pero lo interesante de todo esto es que en si la vida y obra de Jesús, es la clave para poder comprender y entrar en el Reino y no tener una visión y misión limitada del mismo en nuestra andadura en el aquí y ahora en nuestro fragmentado país y mundo del que también somos parte (Mateo 5 – 7).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

lunes, 13 de septiembre de 2010

¿QUÉ CRISTO?

En los últimos días hemos pasado algunas situaciones muy inusuales que tienen que ver con el fenómeno de la violencia en nuestro país, el cual como se ha mencionado es un fenómeno multicausal y endémico, que continúa teniendo sus efectos nefastos principalmente en nuestra juventud y el resto de la población salvadoreña.

Entre los primeros días de la semana del 6 de septiembre’2010, se expandió rápidamente como un rumor que fue legitimado por algunos medios de comunicación, esto es referido al hecho de haber circulado unas hojas volantes en donde de hacían amenazas explicitas por parte de los miembros de las principales maras o pandillas de nuestro país hacia los transportistas y comerciantes, lo cual generó pánico y un ambiente de inseguridad en la población, lo que tuvo sus serias repercusiones en los diferentes centros educativos públicos y privados, así como también en las demás áreas de la vida productiva. Dichas amenazas fueron constatadas más adelante por estos mismos grupos, los cuales exigían que el Ejecutivo vetara la recién aprobada Ley de proscripción de pandillas y grupos de exterminio, también que se le incrementara al salario mínimo y se congelaran los precios de los productos de la canasta básica, añadiendo que estaban dispuestos a dialogar y luchar por la gente pobre de El Salvador… A todo ello la población en general reaccionó de diferentes maneras: indignación, miedo, zozobra, enojo, descontento, etc.

Los testimonios personales y los estudios que ha habido hasta el momento, nos brindan una radiografía del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, en los cuales se dejan ver algunas de las carencias existentes en los hogares como formadores y educadores de vidas humanas de manera integral, y no únicamente como procreadores, es interesante que dichos estudios – y testimonios – coinciden que los hogares de origen de los jóvenes que integran los grupos pandilleriles son en su mayoría disfuncionales, en donde se ve una marcada ausencia del padre, además de las graves situaciones de maltrato de todo tipo que se generan dentro de los mismos, generando descontento en los miembros más débiles, que cuando van creciendo con esas heridas no atendidas, no sanadas, no cerradas y no cicatrizadas, optan por elegir una vida basada en la violencia y poder que esta genera para adquirir e imponerse sobre quien sea; intentando poner nombre a los grupos de las víctimas que han sufrido este embate por parte de los jóvenes mareros o pandilleros, podemos decir que estas son: personas de su propia familia, la comunidad y la sociedad, con quienes descargan su ira y generan ataques de violencia epidemiológica que llega al grado de segar vidas humanas o mutilar de por vida.

Esto también no debe verse como una justificante paternalista-maternalista e irresponsable del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, pero si es bueno valorar con empatía que las personas que fueron víctimas ahora han querido invertir los papeles y querer ser victimarios, atinando sus golpes en quienes consideran débiles y reproduciendo un ciclo enfermo que causa graves consecuencias, en donde se ven evidenciadas la falta de perdón y reconciliación, las heridas que aún no han sido cerradas y la transformación de conflictos a todo nivel.

Como iglesia hemos estado un tanto alejados y alejadas de esta visión, pareciera que este es un asunto “profano” o “secular” – o al menos lo hacemos parecer de esta forma – cuando realmente lo que hemos hecho es secuestrar a Cristo para gozar de una manera enfermiza de un compañerismo con El, perdiendo de vista que también El se hizo vulnerable, sensible, carne como nosotros y nosotras (σάρξ = sarx) y no actuó con prepotencia en las diversas situaciones que aquejaban la sociedad de su tiempo, que tuvo la suficiente capacidad de acercarse a aquellos y aquellas que estaban fuera y eran sacados o no tomados en cuenta por el sistema legal de ese entonces, las y los marginados sociales, que no tienen derechos constitucionales según los líderes religiosos y civiles (ἁμαρτωλός = hamartōlos). Nuestra juventud yace crucificada, por la falta de oportunidades, por la pobreza, por la violencia entre ellos y ellas y para con ellos y ellas en todo sentido, se les instrumentaliza y adormece en algunos casos.

Esta idea contradictoria de Cristo que se maneja usualmente en nuestras iglesias, es justificada por nuestras doctrinas, que nos llevan algunas veces a tener una imagen – ya sea mental o física – extravagante, irreal, light, alejada de las y los pecadores, de poder, de gloria, de conquista, que nos lleva a pensar y ser confrontados y confrontadas con la pregunta que en su momento el mismo Jesús hizo a sus discípulos y que por toda su trayectoria, experiencia y hechos vividos con El Maestro, Pedro respondió de una manera llena de franqueza y sinceridad (Marcos 8,27-30 cfr.: Mateo 16,13-16; Lucas 9,18-20).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿QUE DIOS?

En el año 2009 nos hemos dado cuenta que somos un país “creyente en Dios”, según datos del Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (IUDOP), se menciona que el 52.4% de las y los salvadoreños profesan la fe católica y el 38.2% la fe evangélica, sumando estas 2 nos da un total de 90.6%, lo que quiere decir que estamos hablando de un país religioso; incluso en el mismo estudio se realizaron preguntas claves que hacen ver que la fe en Dios no es impedimento para tener una afiliación político – partidaria de ninguna tendencia o que la afinidad con una iglesia en especifico tiene que ver con factores de índoles familiar, tradiciones y costumbres, responsabilidad social y/o ciudadana.

Confrontando estos datos con nuestro contexto de país actualmente, nos vemos obligados a preguntamos: ¿qué Dios es en quien creemos?, a lo que pueden surgir múltiples respuestas: ¿será el dios dinero?, ¿el dios poder?, ¿el dios light?, ¿el dios cruel?, ¿el dios estructura?, ¿el dios guerrero?...

Al partir de este punto, es de suma importancia tomar en cuenta que las concepciones que tenemos de este Dios en el cual creemos, también pueden llegar a determinar la manera en la que nos relacionamos con las personas que nos rodean, para el caso si ese dios es el dinero, tendemos a ver todo a partir de las transacciones comerciales, beneficios y utilidades – disfrazados con la palabra “bendición” – que ese dios me da en cuanto yo también doy y aporto a la iglesia; para el caso del dios poder, este me envuelve entre las redes del orgullo, la soberbia y la prepotencia, las cuales me llevan a ver como sub alternos o empleados a quienes están a mi lado y aprovecharme de ellos y ellas para lograr mis fines egoístas y ególatras; el dios light, es aquel que construyo a mi medida, el que creer en él no me trae ningún compromiso ético con mi familia, mi comunidad, mi iglesia, mi sociedad, aquel que está hecho a mi imagen y semejanza, permisivo, tan frágil para poder manipularle; el dios cruel, es aquel despiadado, que se burla, denigra y desampara en el dolor, insensible, casi un mounstro, que espera que alguien falle en algo para descargar su ira sin misericordia; en cuanto al dios estructura, es aquel en donde aparentemente la capacidad organizativa o corporativa, puede decirse que son excelentes, pero al final la estructura es la que toma el lugar de Dios, ya que ejerce su dominación y control jerárquico sobre las personas que se someten a ella, así, si no estoy dentro de la estructura no estoy sirviendo a Dios; en cuanto al dios guerrero, es aquel fuerte y poderoso, que no le importa justificar las violaciones a los derechos humanos, aplastar a quien sea con el propósito de imponer su visión ante quienes son débiles, actividad llena de infamia y que ha llevado a justificar invasiones y guerras…

Pueden haber muchas otras concepciones de Dios, pero al examinar las anteriores nos vemos confrontados con que ninguna de ellas nos sirve para poder dar algún tipo de respuesta a las problemáticas que aquejan a nuestro país, ¿qué pueden decirnos esos dioses ante: la violencia, la seguridad pública, la pobreza, la marginación y exclusión de la juventud, la falta de empleo, la drogadicción, el estado de derecho, el machismo, el deterioro del medio ambiente, el VIH/SIDA, etc.?

Estas visiones – para vergüenza nuestra – se han legitimado en el seno de nuestras iglesias, independientemente que denominación sean, lamentablemente el origen de todo ello es que hemos tenido la osadía irrespetuosa e irreverente de explicar a Dios y como se dice: si explicamos a Dios, este deja de ser Dios (Juan 1,18).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación