En los últimos días hemos pasado algunas situaciones muy inusuales que tienen que ver con el fenómeno de la violencia en nuestro país, el cual como se ha mencionado es un fenómeno multicausal y endémico, que continúa teniendo sus efectos nefastos principalmente en nuestra juventud y el resto de la población salvadoreña.
Entre los primeros días de la semana del 6 de septiembre’2010, se expandió rápidamente como un rumor que fue legitimado por algunos medios de comunicación, esto es referido al hecho de haber circulado unas hojas volantes en donde de hacían amenazas explicitas por parte de los miembros de las principales maras o pandillas de nuestro país hacia los transportistas y comerciantes, lo cual generó pánico y un ambiente de inseguridad en la población, lo que tuvo sus serias repercusiones en los diferentes centros educativos públicos y privados, así como también en las demás áreas de la vida productiva. Dichas amenazas fueron constatadas más adelante por estos mismos grupos, los cuales exigían que el Ejecutivo vetara la recién aprobada Ley de proscripción de pandillas y grupos de exterminio, también que se le incrementara al salario mínimo y se congelaran los precios de los productos de la canasta básica, añadiendo que estaban dispuestos a dialogar y luchar por la gente pobre de El Salvador… A todo ello la población en general reaccionó de diferentes maneras: indignación, miedo, zozobra, enojo, descontento, etc.
Los testimonios personales y los estudios que ha habido hasta el momento, nos brindan una radiografía del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, en los cuales se dejan ver algunas de las carencias existentes en los hogares como formadores y educadores de vidas humanas de manera integral, y no únicamente como procreadores, es interesante que dichos estudios – y testimonios – coinciden que los hogares de origen de los jóvenes que integran los grupos pandilleriles son en su mayoría disfuncionales, en donde se ve una marcada ausencia del padre, además de las graves situaciones de maltrato de todo tipo que se generan dentro de los mismos, generando descontento en los miembros más débiles, que cuando van creciendo con esas heridas no atendidas, no sanadas, no cerradas y no cicatrizadas, optan por elegir una vida basada en la violencia y poder que esta genera para adquirir e imponerse sobre quien sea; intentando poner nombre a los grupos de las víctimas que han sufrido este embate por parte de los jóvenes mareros o pandilleros, podemos decir que estas son: personas de su propia familia, la comunidad y la sociedad, con quienes descargan su ira y generan ataques de violencia epidemiológica que llega al grado de segar vidas humanas o mutilar de por vida.
Esto también no debe verse como una justificante paternalista-maternalista e irresponsable del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, pero si es bueno valorar con empatía que las personas que fueron víctimas ahora han querido invertir los papeles y querer ser victimarios, atinando sus golpes en quienes consideran débiles y reproduciendo un ciclo enfermo que causa graves consecuencias, en donde se ven evidenciadas la falta de perdón y reconciliación, las heridas que aún no han sido cerradas y la transformación de conflictos a todo nivel.
Como iglesia hemos estado un tanto alejados y alejadas de esta visión, pareciera que este es un asunto “profano” o “secular” – o al menos lo hacemos parecer de esta forma – cuando realmente lo que hemos hecho es secuestrar a Cristo para gozar de una manera enfermiza de un compañerismo con El, perdiendo de vista que también El se hizo vulnerable, sensible, carne como nosotros y nosotras (σάρξ = sarx) y no actuó con prepotencia en las diversas situaciones que aquejaban la sociedad de su tiempo, que tuvo la suficiente capacidad de acercarse a aquellos y aquellas que estaban fuera y eran sacados o no tomados en cuenta por el sistema legal de ese entonces, las y los marginados sociales, que no tienen derechos constitucionales según los líderes religiosos y civiles (ἁμαρτωλός = hamartōlos). Nuestra juventud yace crucificada, por la falta de oportunidades, por la pobreza, por la violencia entre ellos y ellas y para con ellos y ellas en todo sentido, se les instrumentaliza y adormece en algunos casos.
Esta idea contradictoria de Cristo que se maneja usualmente en nuestras iglesias, es justificada por nuestras doctrinas, que nos llevan algunas veces a tener una imagen – ya sea mental o física – extravagante, irreal, light, alejada de las y los pecadores, de poder, de gloria, de conquista, que nos lleva a pensar y ser confrontados y confrontadas con la pregunta que en su momento el mismo Jesús hizo a sus discípulos y que por toda su trayectoria, experiencia y hechos vividos con El Maestro, Pedro respondió de una manera llena de franqueza y sinceridad (Marcos 8,27-30 cfr.: Mateo 16,13-16; Lucas 9,18-20).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
No hay comentarios:
Publicar un comentario