lunes, 20 de septiembre de 2010

¿QUÉ REINO?

La palabra reino, puede tener muchas connotaciones, algunos sinónimos comunes para ello son: dominar, gobernar, imperar, prevalecer, regir. Algunas definiciones comunes son: un estado o territorio gobernado por un rey; espacio real o imaginario en el que actúa algo material o inmaterial. Estos conceptos tienden a recalcar las relaciones de poder en un sistema esclavista – feudalista, vigentes durante el periodo histórico de la Edad Media, aunque algunos rasgos de esto se mantienen en la actualidad.

Modernamente dicho termino tiene más afinidad con el de un gobierno o sistema en donde en definitiva se tiene un aparato de estado que pueda legitimar y dar operatividad a las leyes y políticas públicas, propuestas y aprobadas por las personas que han sido elegidas legítimamente a través de elecciones libres, acto que favorece – al menos en teoría – las garantías constitucionales y democráticas de un país.

Por ello, durante el devenir de la historia de la humanidad al llegar al punto de la explotación – dominación – entre los seres humanos, se han considerado varios tipos de reinos que han ejercido sus formas de control, así podemos mencionar: los gobiernos totalitarios, los dictatoriales, los gobiernos republicanos, los democráticos, las republicas parlamentarias, las republicas presidencialistas (en donde podemos ubicar a El Salvador y buena parte de los países de Latinoamérica), semi-presidencialistas, unipartidistas, entre una inmensidad de propuestas…

En cuanto a sistemas de gobierno se refiere, es importante recalcar que en cierto sentido ayudan a mantener un orden de las cosas y no caer en un estado de anarquía, para luego mantener el status quo, en especial de los gobernantes o representantes del pueblo (clase política) y muchas veces de las personas allegadas a ellos y ellas, lo cual viene en algún momento a evidenciar algún tipo de descontento por parte del mismo pueblo que los eligió.

Si el gobierno – anterior y actual – hiciera valer las garantías constitucionales en nuestro país, no habría tanta pobreza, lo cual impulsa a las y los jóvenes nuestros a migrar buscando otras alternativas de vida, no hubiera habido 14 víctimas en la reciente masacre de Tamaulipas, de la que tanto se ha comentado y de la que nuestro país también ha sucumbido ante la ola de violencia – también endémica – que se vive en el vecino país de México.

El recién pasado 15 de septiembre’2010, se conmemoraron los actos correspondientes al 189 aniversario de las luchas independencistas de Centro América, hecho histórico que marcó la vida de los pueblos que vivimos en esta zona geográfica, en cuanto a visión de vida y desigualdades político-sociales-económicas, situación que se mantiene hasta el momento entre la enorme brecha que existe entre pobres y ricos. Por ello nuestros países siguen teniendo problemáticas muy similares que tienen que ver con aspectos muy centrales que impiden su autodesarrollo, preguntándonos de manera casi lapidaria: ¿a quién o quienes benefició esta independencia?... la obra teatral Jupiter, de nuestro gran poeta, dramaturgo y escritor Francisco Gavidia, nos brinda ciertas pautas muy brillantes para analizar más detenidamente esta visión y hacernos mas conscientes con relación a practicar una ciudadanía plena y responsable, con verdadero patriotismo y la búsqueda de identidad nacional.

Nuestros ambientes eclesiales lamentablemente se ven influenciados por todo lo anterior, es así como al hablar de reino, en la mayoría de los casos los discursos, enseñanzas y prácticas litúrgicas son referidas a situaciones de índole futurista y no de nuestro tiempo, enfocando y propagando vaticinios que nada tienen que ver con las verdades del Reino, cayendo muchas veces en posiciones aberrantes, a lo cual es preciso recordar con mucha firmeza lo que dicen los grandes estudiosos de La Biblia al referirse al Reino: es el ya, pero todavía no… Las otras visiones que se desprenden de reino, tienen que ver más con las prácticas eclesiales en sí y las relaciones más por la vía del poder que de la autoridad (ἐξουσία: exousia), mas de tener control sobre las y los miembros y el celo injustificado por un territorio específico “conquistado” y hecho a la imagen y semejanza de quien (o quienes) lo conquistó (o conquistaron), de las estructuras organizacionales que tienen mucho más que ver con una estructura – o elefante blanco – militar, corporativa o comercial-empresarial que se preocupa más en ganar adeptos o prosélitos que en las verdaderas necesidades de las personas que les rodean. Así, es lamentable y para – vergüenza nuestra – ¡hemos excluido el Reino de todas las áreas de nuestras vidas!, dando espacio más a cuestiones superfluas y secundarias, lo cual trae también como consecuencia la exclusión social a todo nivel.

Cuando hablamos del Reino o Reinado de Dios (βασιλεία τοῦ θεοῦ: basileia tou theou), en el sentido realista que lo mencionan los Profetas del Antiguo Testamento y Jesús en los Evangelios, hablamos de un Reino que ya está entre nosotros y nosotras como una vinculación ética con las personas que nos rodean, a quienes queremos que sean nuestros prójimos a través de la misericordia (Lucas 17,20-21), no se dan formulas mágicas o prácticas místicas, más bien Jesús echa mano de figuras pintorescas y de la vida cotidiana como las de sal, luz, levadura y semilla de mostaza, pero lo interesante de todo esto es que en si la vida y obra de Jesús, es la clave para poder comprender y entrar en el Reino y no tener una visión y misión limitada del mismo en nuestra andadura en el aquí y ahora en nuestro fragmentado país y mundo del que también somos parte (Mateo 5 – 7).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

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