Un hombre llama a su familia a El Salvador, una mujer responde y
esta es la conversación:
- Hombre: ¡Hola!,
¿cómo estás?, ¿ya hablaste con “aquel” para el viaje?
- Mujer: Hola, si
ya hablamos…
- H: Es alguien de
confianza no te preocupes, todo va a salir bien.
- M: Tengo miedo,
no estoy segura de poder irme, sobre todo porque tengo que ir con la niña…
- H: No tengas
miedo, el asegura que en menos de una semana vamos a estar juntos.
- M: Espero que
así sea, mañana salimos, ya tengo todo arreglado.
- H: No traigas
muchas cosas, porque eso te puede estorbar en el viaje, además vas con la
niña y es necesario llevarla en brazos en algún momento del camino.
- M: Espero que
todo salga como se ha planeado… nos veremos pronto entonces…
- H: Si, así lo
espero también… ¿la niña esta despierta?
- M: Si, ¿te
gustaría hablar con ella?
- H: Si.
- M: Ya te la
comunico…
- Niña: ¡Hola
papi!
- H: Hola mi amor,
mañana salen con tu mami hacia los Estados Unidos, donde estoy yo ahora.
- N: Si, estoy muy
contenta por que pronto estaremos juntos otra vez…
Este es un drama que se repite con mucha frecuencia en algunas de
nuestras familias en El Salvador, durante la última década, se estima que en
Centro América, migran diariamente unas 500 personas, de las cuales 300 son
salvadoreñas, estas en su mayoría son hombres entre 15 a 40 años, es decir,
quienes migran son parte de nuestra población económicamente activa, esto en la
búsqueda de mejores oportunidades de vida y mejoras económicas para las
familias de escasos recursos, más que todo de la zona rural, cabe destacar que
de este número de personas, solamente 80 logran su meta de cruzar la frontera
de nuestro vecino país del norte; a esto se suman otros aspectos sistémicos que
merecen un análisis mas detallado, como: la violencia social que llega a tener
implicaciones políticas, la trata de personas y la violación a los derechos
humanos de las personas migrantes, especialmente niñas, niños y adolescentes…
Para quitarle la frialdad y la despersonalización que los datos
anteriores pueden significar, es importante pensar que detrás de cada una de
esas personas hay una familia, que debido a las situación insostenible de
subsistencia, se ven en la necesidad de migrar en la búsqueda de aportar económicamente
para facilitar las condiciones de una vida mejor… llegando a este punto, si
asumimos que la mayoría de las y los migrantes viajan especialmente a los
Estados Unidos, son hombres jóvenes, en su mayoría padres de familia, de la
zona rural de Nuestro País, ellos albergan la fe y la esperanza de llegar a
como dé lugar, para luego mandar a traer poco a poco a sus parejas, hijos e
hijas y otros familiares.
La realidad dura en todo esto es que ellos pueden sufrir los
siguientes destinos: quedarse en alguno de los países de la ruta, ser deportados
incluso antes de llegar o en el peor de los casos morir; esto implica graves
costos sociales a las familias debido a que la figura paterna es importante en su
seno, además de ello, la mujer asume el doble papel de madre-padre jefa de
familia de manera más posicionada, dejando a un lado la producción agrícola y
otras actividades productivas que contribuyen al desarrollo de Nuestro País,
dándose como enfoque principal la economía domestica enfocada principalmente en
el consumo, es decir, se desplazan los productos que podrían obtenerse de la
tierra por la compra de alimentos a las grandes empresas y supermercados.
Volviendo al punto de la migración de personas menores de edad, es
un aspecto que merece un análisis sistémico, la estructura político-ideológica-económico-social
con la que está configurada nuestra sociedad actual, tiende a excluir a las
personas, el sistema es el ídolo que requiere de sacrificios humanos para
continuar existiendo, algo parecido a aquel ídolo caldeo llamado Moloc, que era
calentado hasta llegar al rojo vivo y luego se ponían las victimas –niñas y
niños– en sus brazos, que eran consumidos de manera monstruosa por el,
validando así el sistema de muerte imperante en aquel momento, una figura
cargada de brutalidad, pero pertinente para el caso en cuestión…
Las y los niños migrantes, ¡deberían ser un escándalo!, el mundo
en general les cierra las puertas, son obligados a asumir responsabilidades que
aun no pueden asumir, la violación de sus derechos humanos dentro y fuera de
sus países de origen les obliga a sus madres, padres o encargados a intentar
cambiar de ambiente, debido a que también existen amenazas por parte de grupos
delincuenciales –crimen organizado, narcotráfico, maras o pandillas– que sufren
a diario, este tipo de violencia, aparte de los aspectos económicos antes
mencionados, son parte de este círculo perverso de violencia estructural en el
que estamos involucrados.
Esta no es un problemática aislada, ya ha llamado la atención de
algunas personas, iglesias, organizaciones y políticos que trabajan por los
derechos de las personas migrantes, más que todo en los Estados Unidos, lo
cierto y la gran preocupación radica más que todo en saber que hacer ante algo
que no se comprende, por ello es necesario analizarlo con más detenimiento, si la
causa principal es la migración, entonces necesitamos pensar como brindar las
condiciones de vida digna para las personas de Nuestro País, esto implica:
mejores oportunidades de empleo, condiciones de vida más justas, seguridad
pública eficiente y eficaz, calidad educativa, mejorar la salud pública, por
mencionar algunos.
Otra situación que debemos analizar es la descriminalización y
despenalización de las personas migrantes, ellas y ellos –en especial las y los
niños– no son criminales que deben cumplir una pena, son personas que han
nacido libres, sujetos de derechos y también al amparo de leyes que son o sean
verdaderamente justas, por eso es importante que las reformas migratorias que
se han venido proponiendo por Barac Obama sean realmente integrales y no sea
esto un instrumento que siga dando continuidad a las acciones violentas en
contra de las personas migrantes… ¿cómo es posible que una nación fundada por
migrantes ahora desconozca esos orígenes con sus prácticas y leyes?
Antonio Salomón Medina
Fuentes, Iglesia Amigos de El Salvador, Coordinador del Proyecto Alternativas a
la Violencia El Salvador

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