En nuestro país cuando usualmente nos trasladamos haciendo uso del transporte público, pasamos por algún parque o una calle, es usual encontrar a niños, niñas, adolescentes y jóvenes vendiendo cualquier cosa: artesanías, dulces, galletas, medicamentos naturales o genéricos, lápices, bolígrafos, libretas, etc., estas actividades productivas, forman parte de una serie de acciones creativas que nuestra gente joven emplea para ganar su sustento y el de sus familias, aparte de ello en estos mismos espacios, logramos ver derroches de creatividad al presenciar expresiones artísticas y cómicas realizadas por ellos y ellas, lo cual – y al mismo tiempo – dejan ver las grandes carencias de recursos en todo sentido debido a la falta de oportunidades que el mismo sistema genera.
Se estima que existen alrededor de un 43% de subempleo y 7% de desempleo, según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dado a conocer en el año 2008, sin embargo – estos datos en especial el último – ha sido cuestionado por varias organizaciones sociales, quienes argumentan que si estas cifras fueran correctas, estamos en mejores condiciones que otros países desarrollados – considerados también como súper-potencias – que tienen entre un 8 a un 12% de desempleo…
En algunos espacios formativos, en donde nuestra juventud participa y no se siente amenazada y tienen la oportunidad de expresarse son franqueza y sinceridad, ellos y ellas externan algunas de las inquietudes que les traen desaliento, desanimo y desencanto, al parecer el mundo adulto les ha fallado, ya no tiene nada que aportar en cuanto a modelos se refiere, les hemos dado la espalda en cuanto a escucharles y tomar consejo de ellos y ellas con relación a sus propias necesidades y brindar propuestas reales de solución ante ellas.
Esta problemática para con nuestra juventud, pareciera ser sencilla pero es grave, debido a que no hay hasta el momento una corresponsabilidad entre las diferentes instancias de la sociedad civil, que engloban a: la familia, la iglesia, el gobierno, las ONG’s, etc., por ello es una prioridad el poder iniciar y desarrollar espacios de participación juvenil ciudadana, espacios que generen mayor inclusión y no mas exclusión-marginación en todo sentido, es un tanto irónico que estemos en deuda con ellos y ellas, cuando en gran medida son ellos y ellas los que contribuyen al desarrollo de nuestro país, son parte fundamental de las fuerzas productivas…
Nuestra juventud continúa en una fase de escepticismo con relación a las formas, modelos e intenciones con las que nos acercamos a ellos y ellas, de cómo se les intenta incluir, en donde lo que se pretende de fondo es tener o mantener control sobre sus vidas, queriendo anularles y pensar por ellos y ellas – faltándoles al respeto de esa manera – pudiendo haber tenido la oportunidad de haber entrado con un dialogo honesto y sin doblez acerca de sus diferentes aspiraciones, sus sueños y anhelos en la vida.
¿Qué ocurre con este sistema? ¿acaso la iglesia también ha caído en este juego perverso? ¿será que El Reino no ha sido suficiente para ellos y ellas? o ¿hemos minimizado tanto ese Reino con fines de dominación y poder?... todo lo contrario a la vivencia real de la Buena Noticia, que ve en las personas consideras pequeñas y sin valor ante el sistema, la imagen encarnada de un Dios cercano y congruente con las necesidades humanas, sin afán de tener hegemonía y subyugar a las personas vulnerables (Mateo 18,1-5 cfr. Marcos 9,33-37; Lucas 9,46-48).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
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