Con la llegada del invierno a nuestro país y la región, se ha vuelto popular el término cárcava, el cual es referido a las socavones producidas en los suelos de lugares con pendiente a causa de las aguas lluvias. Estas producen la llamada erosión retrogradante. Se concretan normalmente, en abarrancamientos formados en los materiales ablandados por el agua arroyada que cuando falta una cobertura vegetal suficiente, ataca las pendientes excavando largos surcos de bordes vivos. Dicha definición nos ayudará para poder leer algunos de los signos presentes en nuestro tiempo (Mateo 16,1-4 cfr. Marcos 8,11-13; Lucas 12,54-56).
Históricamente, nuestra nación comparte muchas cosas con los países latinoamericanos, una de las cosas es la invasión y saqueo realizado por parte de los países europeos, hecho que se ha querido disfrazar con el nombre de “conquista”, que raramente se dice puntualmente las verdaderas razones y consecuencias que se tuvieron para nuestra historia y desarrollo (o sub desarrollo) como países. Quizá lo más grave e innegable es el gran derramamiento de sangre que hubo aquí, para con nuestros antepasados indígenas, a quienes se les exterminó de manera directa e inmediata, hay algunos datos que revelan que hubo un promedio de 100 millones de personas asesinadas en todo el territorio americano, ¡mucho más que las guerras mundiales y las guerras que se han justificado en el medio oriente juntas!, ¡esto debería escandalizarnos!; a nuestros antepasados se les acusaba de salvajes, pero ¿quiénes fueron realmente los salvajes?
Tenemos un poco más de 500 años de ser dependientes, esto es más que evidente, nuestros países – con grandes recursos – han sido y son empobrecidos por justificarse una deuda económica que ha llegado hasta los límites de causar la muerte pausada de nuestros pueblos, lo cual nos hace preguntarnos: ¿qué es lo que debemos?, es decir, si fuimos invadidos, ¿no será que quienes nos invadieron son quienes tienen la deuda real con nosotros y nosotras?
El sistema neoliberal y globalizador, nos oprime con su economía perversa cobrándonos grandes intereses, nos ahoga con sus políticas exteriores anti migrantes que levanta muros entre naciones y etnias, el seudo asistencialismo que viene a imponernos cuáles son nuestras necesidades, nos aliena con su cultura postmoderna y light vinculada al consumismo, nos envuelve en su manto de piedad y falsa religiosidad (ateísmo práctico), queriendo vendernos la idea de que así debe ser, de conformarnos al status quo, siendo borregos del sistema es como se entra y se es parte del sistema, el cual durante un buen tiempo nos ha marginado y excluido, en donde las personas responsables de todo ello son unas pocas que se hicieron acreedoras del capital mundial y de los medios de producción que deberían de pertenecer a toda la humanidad, para que dejara de haber tanta sobre-explotación y desigualdad (apartheid social).
La gravedad del problema de la violencia, vista de manera integral, como un mal endémico, que no es natural, el cual nos agobia y estremece, manifestándose de muchas maneras: violencia intrafamiliar y doméstica, maltrato y discriminación de cualquier tipo, burocracia del sistema, perversión del sistema bancario, falta de oportunidades de todo tipo, maras o pandillas, bandas del crimen organizado, narcotráfico y terrorismo en sus múltiples facetas.
A lo anterior hay que añadirle el grave deterioro ecológico, la única tierra que tenemos ha entrado a una fase de calentamiento irreversible, pareciendo que la única forma de poder vivir actualmente es teniendo algunas acciones individuales y comunitarias para aminorar y hacer un tanto más lenta este grave proceso de deterioro que nos avanza cada vez mas…
En este contexto de análisis coprohistórico – el estudio de las heces de la llamada civilización de la riqueza, generada por el sistema neoliberal y golbalizador – es digno recordar las palabras esperanzadoras pronunciadas por uno de los más grandes seguidores de Jesús, Pablo, que bajo un contexto de subversión y desobediencia civil, animaba a los creyentes que vivían en Roma a observar con atención y actuar con sabiduría, justicia y cautela ante un sistema idolátrico que envestía cual feroz bestia sus vidas, sus familias y sus comunidades, motivando a que tomaran acciones mucho más allá, instando a reflexionar que el refugio y el camino a seguir es mas de entrega y vinculándose a su prójimo, solo así ponemos encarnarnos en la realidad para ver algunas maneras sanas de cómo transformarla para el bien de todos y todas (Romanos 12,1-2).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
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