miércoles, 21 de julio de 2010

LOS EXTREMOS DEL HAMBRE

Recientemente fuimos testigos de cómo una familia de la zona rural de nuestro país por la falta de alimentos ingirió tortillas hechas con semilla mejorada, la cual fue proporcionada por el gobierno, a un buen porcentaje de personas que cultivan la tierra en la zona rural, éste producto en ninguna manera es apto para comer por poseer elementos químicos que el organismo no puede digerir y aún mas consumir.

Este lamentable acontecimiento, pone una vez más en evidencia varias situaciones que los sectores vulnerables de nuestra sociedad salvadoreña viven constantemente:

1. Las grandes carencias en cuanto a la alimentación de las familias en extrema pobreza y la poca seguridad alimentaria.

2. El acceso casi nulo a los servicios básicos, que repercute directamente en aspectos de salud.

3. La falta de trabajo y remuneración adecuada y equitativa, la cual se traduce en las grandes ausencias que se visualizan en los hogares.

4. La ignorancia de nuestro pueblo, lo cual debería servir de alerta a las familias, las comunidades, las iglesias y al sistema educativo formal.

5. Las muy escasas oportunidades y abandono del sector agropecuario, esto se vincula directamente al factor migración, debido a que las personas que trabajan la tierra – en su mayoría jóvenes – son mejor remunerados saliendo del país y realizando otros trabajos, algunos denigrantes y esclavizantes.

6. El alza de los alimentos y productos de la canasta básica, tanto así que entre el 2006 y 2010, se ha experimentado un aumento del 100%, es decir el doble de los alimentos que consumimos.

7. La poca orientación para con los consumidores y consumidoras, poniéndose por encima los derechos económicos – de las grandes empresas – que los derechos de las personas que viven en una situación deplorable y paupérrima.

Hay un dicho popular que dice: el hambre no conoce de ideologías; el caso es que lo ocurrido hace ver una enorme falta de condiciones que la familia salvadoreña enfrenta, que es mucho más allá de brindar algunos insumos para que los empleen para adquirir su humilde sustento.

El caso no debería de verse tan fríamente como se ha retomado, según algunos datos en nuestro país un poco más del 45% de los hogares son pobres y el 13% viven en pobreza extrema, de los cuales los niños y las niñas menores de 5 años son los que más sufren; esta es una dura realidad, tanto así que 1 de cada 5 niños y niñas, es decir el 20% que oscila entre estas edades, posee retardo en talla.

En el Mapa de pobreza urbana y exclusión social en El Salvador, realizado por del PNUD se menciona que: los jóvenes constituyen uno de los sectores más vulnerables, así, se tiene que el 75% de los jóvenes entre 18 y 24 años de los Asentamientos Urbanos Precarios (AUP) carecen de la acreditación mínima para continuar con estudios superiores, contra un 70% para el resto urbano, por lo cual se les reducen las oportunidades de acceder a mejores trabajos y romper con el ciclo de pobreza y exclusión.

Así, los datos anteriores nos llevan a analizar la pobreza en nuestro país a nivel global en base a los territorios rurales y urbanos, dando prioridad a las personas que viven en vulnerabilidad y exclusión en dichos sectores, esto, debería ponernos en alerta para que puedan realizarse algunas alternativas y propuestas de trabajo como parte del llamado del Reino y que nos conduzcan a obtener un nuevo significado al concepto de justicia social, teniendo en cuenta a quienes no solamente les abate las condiciones extremas en las cuales viven, sino mas bien que tiene hambre y sed de justicia en todo sentido, que puede considerarse como un tipo de violencia (Mateo 5,6 y 6,33).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

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