lunes, 26 de abril de 2010

MERITOCRACIA Y NEPOTISMO ECLESIAL

Meritocracia (del latín mereo: merecer, obtener) es una forma de gobierno basada en el mérito. Las posiciones jerárquicas son conquistadas en base al mérito, y hay una predominancia de valores asociados a la capacidad individual o espíritu competitivo tales como, por ejemplo: la excelencia en educación o deportes.
La meritocracia está asociada, al estado burocrático, siendo la forma por la cual los funcionarios estatales son seleccionados para sus puestos de acuerdo con su capacidad (a través de concursos, por ejemplo). O también más comúnmente asociado a los exámenes de ingreso o evaluación en las escuelas, en las cuales no hay discriminación entre los alumnos en cuanto a las preguntas o temas propuestos. Así, la meritocracia también indica posiciones conseguidas por mérito personal.
Muchas veces en el ámbito eclesial, caemos en este forma de “gobernar” a la gente, así, quienes comúnmente son parte del liderazgo, son aquellas personas que por sus meritos en cuanto a habilidades y destrezas, profesión o solvencia económica, son los que pueden llegar a ostentar o participar del adormecedor y estupefaciente beneficio de ejercer el poder en las estructuras eclesiales.

La meritocarcia eclesial se agrava aun mas, cuando va acompañada de una buena dosis de nepotismo, el cual se define como la preferencia que tienen algunos gobernantes o funcionarios públicos para dar empleos públicos a familiares o amigos sin tomar en cuenta la competencia de los mismos para la labor, sino su lealtad o alianza con quien está en el poder. Así es como en donde debe reinar la shalom, llega a reinar el descontento, el malestar, la discordia y un sentido de sacralización de la estructura.

Si estas dos formas – bastante perversas – de ejercer el poder las hemos aceptado con tanta normalidad y naturalidad dentro de nuestras iglesias, pareciera como que nunca hemos leído y reflexionado seriamente lo que se nos narra en el evangelio, cuando Santiago y Juan se acercaron a Jesús para pedirle un puesto en el que pudieran mandar y no servir, oprimir y no acompañar, custodiar y no consolar, condenar y no restaurar, ver a subalternos o empleados y no a hermanos y hermanas. Actuar en base al sistema político-económico-social imperante y lo institucionalmente aceptable (Mateo 10,5-45).

Nos hemos enfocado más en la teología de la gloria, que responde a criterios meramente de poder y opresión que a una teología encarnacional desde abajo, en la que se nos reta a pensar más en nuestro prójimo, nos vincula a las personas, nos pone en contacto con los lugares bajos o difíciles, desafiándonos a construir otra forma de ser iglesia, un enfoque más del Reino y su ética incorruptible.

Salomón Medina
CNJ-MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

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