lunes, 26 de abril de 2010

REFLEXION TEOLOGICA

Nuestra historia es, pues, antigua. Es la historia de Jesús que intentamos proseguir modestamente. Como Iglesia no somos expertos en política ni queremos manejar la política desde sus mecanismos propios. Pero la inserción en el mundo socio-político, en el mundo en que se juega la vida y la muerte de las mayorías, es necesaria y urgente para que podamos mantener de verdad y no sólo de palabra la fe en un Dios de vida y el seguimiento de Jesús.

Creemos que desde la trascendencia del evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres; y creemos también que poniéndose del lado del pobre e intentando darle vida sabremos en qué consiste, la eterna verdad del evangelio.

En esta situación conflictiva y antagónica, en que unos pocos controlan el poder económico y político la Iglesia se ha puesto del lado de los pobres y ha asumido su defensa. No puede ser de otra manera, pues recuerda a aquel Jesús que se compadecía de las muchedumbres. Por defender al pobre ha entrado en grave conflicto con los poderosos de las oligarquías económicas y los poderes políticos y militares del estado.

La Iglesia no sólo se ha encarnado en el mundo de los pobres y les da una esperanza, sino que se ha comprometido firmemente en su defensa. Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel.” Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país.”
Estos textos de los profetas Amós e Isaías no son voces lejanas de hace muchos siglos, no son sólo textos que leemos reverentemente en la liturgia de nuestras congregaciones. Son realidades cotidianas, cuya crueldad e intensidad vivimos continuamente.

La esperanza que predicamos a los pobres es para devolverles su dignidad y para animarles a que ellos mismos sean autores de su propio destino. En una palabra, la Iglesia no sólo se tiene que volver hacia el pobre sino que hace de él el destinatario privilegiado de su misión porque como dice el texto sagrado " Dios toma su defensa y los ama. “

La Iglesia tiene una buena nueva que anunciar a los pobres. Aquellos que secularmente han escuchado malas noticias y han vivido peores realidades, están escuchando ahora a través de la Iglesia la palabra de Jesús: "El reino de Dios se acerca", "dichosos ustedes los pobres porque de ustedes es el reino de Dios". Y desde allí tiene también una Buena Nueva que anunciar a los ricos, que se conviertan al pobre para compartir con él los Bienes del Reino.

El constatar estas realidades y dejarnos impactar por ellas, lejos de apartarnos de nuestra fe, nos ha remitido al mundo de los pobres como a nuestro verdadero lugar, nos ha movido como primer paso fundamental a encarnarnos en el mundo de los pobres. En él hemos encontrado los rostros concretos de los pobres de que nos hablan continuamente los profetas. Ahí hemos encontrado a los campesinos sin tierra y sin trabajo estable, sin agua ni luz en sus pobres viviendas, sin asistencia médica cuando las madres dan a luz y sin escuelas cuando los niños empiezan a crecer. Ahí nos hemos encontrado con los obreros sin derechos laborales, despedidos de las fábricas cuando los reclaman y a merced de los fríos cálculos de la economía. Ahí nos hemos encontrado con madres y esposas de desaparecidos y presos políticos Ahí nos hemos encontrado con los habitantes de tugurios, cuya miseria supera toda imaginación y viviendo el insulto permanente de las mansiones cercanas.

En ese mundo sin rostro humano, donde se refleja el actual Siervo Sufriente de Yahvé, ha procurado encarnarse la Iglesia verdadera. No digo esto con espíritu triunfalista, pues bien conozco lo mucho que todavía nos falta que avanzar en esa encarnación. Pero lo digo con inmenso gozo, pues hemos hecho el esfuerzo de no pasar de largo, de no dar un rodeo ante el herido en el camino sino de acercarnos a él como el buen samaritano.

El evangelio produce experiencia personal para una transformación comunitaria, dicho de otra manera, el evangelio cambia a las personas pero también con la mira de cambiar su entorno, así es como dan vida las obras, ¡¡¡ hemos sido creados para buenas obras!!!!! Pero las palabras solo se quedan en simples teorías, de otra manera los textos bíblicos nunca recobrarían vida y volveríamos a encontrarnos ¡¡¡ muertos en nuestros delitos y pecados!!!!

Si tu haz creído al evangelio tienes que sostener que una evangelización que no toma conciencia de los problemas sociales y que no anuncia la salvación y el señorío de Cristo dentro del contexto en que viven los que escuchan, es una evangelización defectuosa que traiciona la enseñanza bíblica y no sigue el modelo propuesto por Cristo quien envía al evangelizador.

Como muestra de lo que estoy diciendo, la predicación de Juan el Bautista (Lc 3:8) exigía evidencia del evangelio que predicaba. ¡¡¡ Pórtense de tal modo que se vea claramente que han cambiado de actitud!!! Y luego era muy concreto en cuanto a lo que cada cual debía hacer. A los militares, interesados les dijo algo que sonaría muy preciso y adecuado en estos tiempos. Jesús fue igualmente concreto en sus demandas a aquellos a quienes llamaba. Las Epístolas son notablemente claras y exigentes, como ejemplo Santiago Apóstol fue muy preciso en sus indicaciones a esa incipiente clase media a la que dirigió su Epístola, su deseo profundo era que esta clase media de la sociedad compartiera sus bienes materiales con los mas necesitados, y no solamente los bienes sino que también no hicieran acepción de personas, ¡¡ que las incluyeran en sus propósitos!! Que los ricos fueran ricos en buenas obras, así estarían cumpliendo el propósito de Dios de igualdad y equidad que son parte fundamental de su reino. ¡¡¡ Oh cuan lejos esta hoy el evangelio que se transmite!!, los predicadores buscan lo suyo propio para satisfacer sus propias demandas y planes egoístas, engañan a las personas con falacia, y usan las artimañas del error como instrumento de su propia naturaleza nociva y perversa, hacen mercadería de las personas, introducen la herejía encubiertamente torciendo las escrituras voluntariamente, están llenos de concupiscencia y lascivia y usan palabras fingidas así los describe la biblia que en estos tiempos se iban amontonar estos falsos predicadores y que muchos serian los seguidores de sus disoluciones.

Cuando se abraza este tipo de evangelio que predican estos falsos maestros o pastores, el efecto no se hace esperar ya que son multitudes las que siguen este tipo de enseñanza, su comportamiento sigue lo mismo la de un hombre lobo, egoísta e interesado en su propia felicidad, en su propio bienestar, su propia salvación, el supuesto creyente que tiene negocio sigue oprimiendo al trabajador, sigue practicando la injusticia con los mas desprotegidos, el policía reparte nuevos testamentos en su lugar de trabajo, pero sigue torturando a los presos para arrancar confesiones, los jóvenes revoltosos se convierten en buenos chicos que terminan pronto su carrera para poder casarse y dar su diezmo, para que la iglesia pueda edificar un templo lujoso con aire acondicionado, alfombras y cortinas de tercio pelo para darle la acogida a los “llamados creyentes” estos son los engendros de estos falsos predicadores modernos. Es por esa razón que es una ironía el porcentaje que existe en el mal llamado pueblo de Dios que es el 38.2% según datos estadísticos pero ¿será una realidad que existe este pueblo de Dios según estos datos? Siendo consecuente con la verdad no, ya que son muchos los llamados pero pocos los escogidos, son pocos los creyentes que tienen conciencia de esta realidad y trabajan por el bienestar de su prójimo y de su comunidad estableciendo el reino de Dios en medio de ellos.

El camino de Cristo es el del servicio. Su muerte nos lleva también a la muerte a quienes creemos en el y de la muerte a la nueva vida esa nueva vida significa una actitud nueva ante Dios y el prójimo, una nueva manera de ver las cosas. Cristo no vino a predicar una revolución armada para romper las estructuras injustas, pero esperaba de sus discípulos una conducta revolucionaria caracterizada por el espíritu de servicio y sacrificio. Sin encarnación no hay evangelización real en sentido bíblico, obedecer a Cristo debe llevarnos a explorar las múltiples oportunidades de servir a la comunidad.

Compilado y reflexionado por:
Pastor Pedro Landaverde Centes.
Proyecto Semilla de Mostaza.
Al servicio del reino de Dios en la comunidad.

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