El día jueves 4 de marzo de 2010, algunas de las calles de San Salvador, El Salvador fueron cogestionadas por un hecho inusual, familiares de las dos pandillas más grandes del país, salieron a manifestarse para poder exigir sus derechos de mejorar las condiciones para los privados de libertad que viven dentro de las cárceles de nuestro país, esta manifestación pública era la segunda ya realizada por ellos y ellas. El recorrido se dio desde 2 puntos estratégicos: Reloj de Flores, al oriente de la capital y Parque Cuscatlán. Ambos grupos se estima que concentraron juntos unas 1,200 personas
Casi un mes atrás, el 8 de febrero de 2010, estas mismas pandillas circularon un comunicado de prensa en un periódico vespertino en el que daban a conocer un pacto de no violencia entre ellos y hacia la población, en donde se menciona que se abstendrían de cometer hechos delictivos hacia el sector transportista, homicidios y extorsiones.
Por otro lado, los diputados del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), hicieron notar su descontento por el hecho de que el director de la Policía Nacional Civil, autorizó un dispositivo de seguridad para este marcha pacífica en donde participaron 300 policías, movilizándose patrullas y un helicóptero, para la seguridad de las y los manifestantes.
Estos hechos nos hacen plantearnos la siguiente pregunta: si los muchachos y muchachas de las pandillas han realizado estas acciones ¿porque siguen habiendo 13 muertes diarias por causas violentas en El Salvador?
Las y los dirigentes han externado su deseo de dialogar y llegar a acuerdos que nos beneficien como país, sin embargo, algunos sectores – entre ellos la iglesia – continúan sin quiere escuchar.
Este esfuerzo y clamor popular responde el deseo de mejorar las condiciones de vida de personas, el caso es que ciertos sectores los han visto como los “fuereños”, los que no tienen voz (ni siquiera derecho a ella) y los “no personas”, definiciones anti bíblicas que no tienen nada que ver con lo estipulado en el Sermón del Monte pronunciado por Jesús y el compromiso de los profetas.
Finalizamos entonces con la siguiente pregunta para reflexionar: ¿De qué manera vamos a responder como iglesia ante estas pautas que se han abierto para establecer el dialogo con los y las jóvenes excluidos?
Salomón Medina
CNJ-MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
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