¿Qué está pasando con nuestra juventud salvadoreña?; el viernes 12 de marzo’2010, nuestro país fue conmocionado por la publicación por parte de varios medios de comunicación, de una secuencia de perturbadoras imágenes en donde se deja ver con detalles la agresión que culminó en un asesinato de un joven estudiante de una institución de educación media, esto producto de una riña histórica – sin causas reales o sentido – con esta muerte suman ya 20 personas asesinadas en menos de 2 meses de lo que va del año escolar.
Al escudriñar las causas que generaron este delito, pueden surgir varios insumos que nos incitan al análisis: es de suma importancia la educación y disciplina en el hogar, es necesario también analizar la influencia externa de factores epidémicos relacionados con la violencia y la marginación del sistema socio – político – económico y religioso.
La mayoría de expertos coinciden en que la educación en el hogar y las formas de disciplina – vista como un factor positivo y que implica un proceso y no eventos aislados – son de suma importancia para que el individuo adquiera los valores que le ayuden a definir su visión y rumbo de vida. Esto incluye en gran medida la prevención en el seno de la familia. Este crimen, rompe con la visión difundida comúnmente por algunos políticos y algunos medios de comunicación: los responsables de los crímenes en nuestro país son las pandillas, ya que en este caso el joven agresor y su cómplice, ambos provienen de hogares considerados normales.
Históricamente somos una cultura violentada y violenta, la cual tiene sus múltiples causas, estas, se propagan como una enfermedad infecto – contagiosa, en esto podemos considerar la influencia de los medios de comunicación, las pocas opciones de recreación, esparcimiento y entretenimiento, esto último lo hemos visto reducido a propuestas impersonales y malsanas enfocadas en el postmodernismo y cultura light, la cual ha traído cierto desenfreno y pocos controles de parte las madres y los padres de familia y las instancias del Estado.
El sistema en el que estamos inmersos, es sumamente excluyente, no brinda las oportunidades necesarias para que las vidas de los y las jóvenes puedan tener espacios de opinión y reflexión, participación ciudadana y ejercicio pleno de sus derechos como personas; los espacios son insipientes o se cierran aún dentro de las iglesias. Vale la pena citar lo que algunos teólogos y pensadores latinoamericanos comentan: el sistema se ha convertido en un dios – ídolo que para mantenerse con vida exige víctimas, en el caso en cuestión víctimas inocentes.
En este panorama de muerte, impotencia y desesperanza, es importante rescatar la ética del Reino de Dios, todo ese sistema de valores que caracterizó la opción de Jesús por las personas consideradas los menos, los últimos y los perdidos, los más pequeños que se están dando muerte entre sí por razones superficiales.
Salomón Medina
CNJ-MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
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