Al finalizar el 2009, El Salvador, en el Índice Global de Paz ocupó el puesto número 94, en orden descendente con una puntuación de 2.068, estos no son datos para nada alentadores, ya que lo único que hace es resaltar que somos una cultura violenta, que tendemos a reproducir acciones violentas, que se propagan como un mal endémico.
Según la OPS y OMS, la violencia no es natural, debido a que son acciones que atentan contra la salud de una persona o varias personas según sea el caso, además no solamente entran allí factores físicos, también hay factores psicológicos, emocionales, verbales, sociales, políticos, económicos e incluso medio ambientales, siendo este un concepto que abarca todas las áreas del ser humano.
Normalmente muchas de las instancias que están entretejidas – y enquistadas – en nuestro país, ejercen algún tipo de violencia en contra de las personas, por ejemplo: la burocracia de los bancos o de las instancias gubernamentales, no suelen verse bajo esta perspectiva, pero si es un ejemplo de violencia, luego pasamos al plano intimo del hogar, pasando hacia los actos violentos y delictivos, que abarcan hasta segar la vida de una o varias personas en el peor de los casos; llegando a este punto es donde por lo general hacemos la diferencia entre víctimas y victimarios o agredidos y agresores, lo cual también tendemos a parcializar, ya que las personas que ejercen algún tipo de violencia contra otras personas, también en su momento – o llega su momento – de que han sido violentadas de alguna forma o llegaran a serlo.
El concepto de paz, deriva del latín pax, está en la cultura romana, es generalmente definida, en sentido positivo, como un estado de tranquilidad o quietud, y en sentido opuesto como ausencia de inquietud, violencia o guerra, es decir que tiene que ver más que todo con la ausencia de un estado bélico entre una persona y otra o yendo más allá dentro de un país o nación determinada.
La definición que encontramos en el Antiguo Testamento es la de Shalom, está a su vez tiene que ver con el estado de plenitud y liberación integral que viene como consecuencia de la justicia (Isaías 32,17). En el Nuevo Testamento, la palabra que se utiliza es eirēnē, la cual se define como paz, armonía, tranquilidad; en ciertos contextos se considera bajo el concepto de Shalom en el Antiguo Testamento, es decir, bienestar, salud, etc. (Juan 14,27).
Haciendo un contraste de la breve conceptualización anterior, es curioso que en las dos últimas definiciones solamente tengan un enfoque positivo, el cual es abordado como un camino, como un proceso, lejos de ser una imposición, más bien un “construyamos”, “hablemos”, “reflexionemos”. ¿No será esta una clave sencilla para iniciar todo un proceso real de paz y reconciliación en nuestro país?, ¿acaso será válido una conversión a la Buena Noticia del Evangelio de La Paz? (Efesios 6,15).
Salomón Medina
CNJ-MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
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