miércoles, 16 de junio de 2010

SOBRE GRITAR Y ESCUPIR

En las calles, los buses, barrios, colonias, parques y diferentes asentamientos donde hallan personas, en nuestro país, es tan común ver a alguien gritando y en una de sus manos sosteniendo una Biblia, estos personajes por lo general también gesticulan y hacen varios movimientos a la vez que se escuchan palabras un tanto amenazantes y fuertes hacia las personas que van transitando por esos lugares. Esto se viene dando desde un poco más de 100 años.

El modelo anterior responde a una visión sesgada y trunca de lo que es evangelización, todo es reducido a la retórica o la persuasión en el discurso, en donde las personas oyentes son amenazadas a ser prosélitos de un sistema religioso intrascendente, sin ninguna vinculación a las grandes problemáticas sociales, económicas, educativas, salud y políticas, con las que bregamos actualmente; como diría el gran profeta salvadoreño: “… una palabra espiritualista, que suena en cualquier parte del mundo por que no es de ninguna parte del mundo…”

Todos estas maneras de ver la vida-muerte, vienen a trillar en la manera violenta y abusiva de cómo se nos ha tratado históricamente desde la invasión de 1492 a la fecha, los sistemas impuestos nos han hecho una imagen prepotente, autoritaria y destructiva de un dios que no es el Dios de Jesús, este, es quien dialoga, acepta tal como es, ve la dignidad innata en cada persona, no excluye, ve a todas las personas con respeto, llora y sufre con las personas vulnerables, esta es una visión muy contrastante con ese dios que se nos ha querido imponer de tal manera que tiene más afinidad con aquellos dioses sádicos y violentos de la antigua cultura griega que con El Dios de La Biblia.

Esto nos lleva a considerar que es necesario replantear el hecho de brindar una buena noticia que no se reduce a solamente en gritar o escupir palabras que vienen de interpretaciones cargadas de violencia, perversión, machismo, alegoría y hasta morbo, siendo esto – en cierta manera – lo más fácil, ya que se termina envolviendo a las personas que aceptan este “llamado” a no ser parte del mundo, pensar más en la vida ultra-terrena o de ultra-tumba, en las cosas disque “espirituales”, y no tener ningún compromiso real con las personas en situación de pobreza, exclusión social o vulnerabilidad, tal como lo hizo El Maestro del que tanto hablan, pero sin seguir sus pasos realmente (Mateo 21,28-32; Lucas 5,27-32; 6,20-23).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

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