lunes, 28 de junio de 2010

AUSENCIAS Y MODELOS

Algunos intelectuales latinoamericanos, amparados en ciertos estudios realizados, han mencionado que uno de las cosas que distingue a nuestra América Latina, es que somos una sociedad sin padre; esta ausencia, se trata de justificar de muchas maneras entre ellas: la migración, la falta de educación sexual y reproductiva, la cual a su vez está vinculada directamente a los embarazos adolescentes y gran aumento del número de madres solteras, principalmente en asentamientos urbanos precarios y los centros educativos de educación media y superior; lo cual genera que los y las jóvenes crezcan por lo general en hogares mono parentales.

Nuestra juventud salvadoreña, aparte de haber caído en una fase cínica y escéptica, expresan su repudio y sentimientos de descontento hacia las personas adultas, expresándolo de diferentes maneras, esto en muchas ocasiones ha sido alimentado por los actos de corrupción que salen a la luz pública que son realizados intelectual y materialmente por personas adultas, en donde también a su vez se ha visto una instrumentalización clara hacia la juventud.

Recientemente nos hemos dado cuenta de cómo los profesionales – médicos para el caso específico y reciente – y personas adultas – empresarios, autoridades, funcionarios, etc. – han transgredido nuestras leyes y realizado delitos con un gran nivel de organización, lo cual les ha dejado grandes ganancias de manera ilícita e inmediata, que en un inicio, fueron calculadas en base a los vacios legales y jurídicos que ellos y ellas pudieron notar en nuestra legislación, estructura que sigue teniendo por el momento una visión adulto-céntrica. Este no es el único caso, existen muchas más decepciones que nuestra juventud ha tenido que podríamos mencionar y que la lista se nos haría casi interminable.

Los casos anteriores, parecieran ser que son algo natural, que ya son parte de nuestra vida cotidiana – e incluso lo hemos asumido así – lo cierto es que son actos de violencia que se nos hacen ver como parte de la normalidad de la vida; el simple hecho de pensar así es grave, ya que el fenómeno de la violencia, es un mal endémico que necesitamos ir erradicando de nuestro diario vivir, en el caso específico de nuestra juventud, vemos con gran horror y apatía lo manera inescrupulosa que las personas adultas cometen grandes abusos de todo tipo hacia ellos y ellas – incluso desde su nacimiento – sin tomar en cuenta su dignidad innata, creatividad y propuestas innovadoras ante diversas situaciones, conflictos y problemáticas que aquejan actualmente a nuestro país. Algo grave también es el hecho de obligar y manipular a la juventud a realizar hechos de violencia por imposición de autores intelectuales que en la mayoría de los casos son personas adultas, las cuales quedan impunes por falta de pruebas.

Todas estas situaciones, son parte de una sociedad enferma, que no tiene la capacidad de establecer puentes de diálogo inter-generacional, que utiliza cuando le es conveniente a los mas “débiles”, pero cuando ellos y ellas alzan la voz se hace todo un escándalo, muy parecido lo que pasó Jesús después de haber sacado a los mercaderes y cambistas del templo, y luego los sectores vulnerables y marginados, entre los que se encontraban las generaciones emergentes quienes cansados de un sistema excluyente, vieron una luz de esperanza entre la situación caótica que estaban viviendo, a tal grado que gritaban: ¡Sálvanos por favor! (Mateo 21,14-16).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

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