Los más recientes actos de violencia, por todos y todas conocidos ya, los cuales han sido difundidos por casi todos los medios de comunicación de nuestro país, El Salvador, nos hacen recordar los actos y levantamientos armados que en años atrás se dieron, los cuales tenían su sustento y organización, en los sectores populares – campesinos, estudiantes y obreros – por su amplio descontento con relación a la tenencia de la tierra, la explotación extrema, las grandes desigualdades y las constantes violaciones a los derechos humanos.
Sin embargo, es muy contrastante el hecho de que no se sabe a ciencia cierta cuáles son las razones de la violencia actual: ¿exclusión?, ¿territorio?, ¿ajusticiamiento?, nos quedamos perplejos ante un acto que va mas allá de la delincuencia, que llega a los niveles de terrorismo, que nos golpea y nos sacude a todas aquellas personas que estamos a favor de la justicia, la reconciliación y la paz; la violencia nos azota a todos y todas y no sabemos de dónde puede venir, nos hemos convertido en un país donde cualquier persona puede ser sospechosa…
Al analizar un poco el fenómeno de la violencia en este momento histórico, nos surgen algunas inquietudes: ¿cuál es el sustento ideológico que nos lleva a tener en un periodo de 2 días 53 homicidios? (los días sábado 19 y domingo 20 de junio’2010), ¿cuáles son las causas de este ambiente de inseguridad que estamos viviendo?, ¿a quién o a quienes les beneficia que estemos en una constante violencia, zozobra e inseguridad?, ¿se justifican los asesinatos de manera brutal y mounstrosa de personas inocentes?
Son cuestionamientos que parten de la indignación y de la búsqueda de obtener una respuesta que convenza, que realmente sea una propuesta real de ¿qué hacer ante todo ello?, la cual vemos que no visualizamos, que no tenemos respuestas por el momento, ni de las entidades gubernamentales, ni de las ONG’s, ni de las instituciones o empresas privadas e incluso ni de la iglesia; por el momento queda demostrado que nadie tiene la capacidad de responder, ya que no acabamos de salir de la perplejidad y asombro ante tanta barbarie, que llega ejercer el poder hacia aquellas personas comunes que intentamos vivir en este contexto.
Por otro lado, por muy desalentador y pesimista que parezca todo, es necesario mantener viva la fe y la esperanza, por muy romántico que esto pueda verse, ahora es cuando nuestros valores y principios, deben permear nuestras acciones, la cultura de paz, puede alcanzarse, no utilizando los métodos rudimentarios que apuntan al endureciendo de las leyes, más bien a ver alternativas creativas para tener una convivencia pacífica bajo la vía de la justicia y el derecho que ponen en entre dicho las actitudes que se generan por la falta de formación de nuestras generaciones emergentes y de las cuales todos y todas somos responsables (Proverbios 6,16-19); dichas actitudes merecen ser sustituidas desde ya por todas aquellas prácticas que nos conllevan a tener un diálogo sincero, franco y ético con nuestros semejantes en base a la Buena Noticia que Jesús se atrevió a proponer en un sistema caótico y resquebrajado, muy parecido al nuestro (Mateo 6,1-4.33).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
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