jueves, 10 de junio de 2010

¿PARA TODOS Y TODAS?

Cuando hablamos de exclusión o marginación, por lo general se nos vienen a la mente personas o comunidades en extrema pobreza, que a su vez poseen grandes carencias y limitantes en todo sentido para poder sobrevivir; el más reciente informe del PNUD El Salvador señala que pobreza y exclusión social van unidas, y las define como: “una serie de carencias definidas en múltiples dominios, como las oportunidades de participación en las decisiones colectivas, los mecanismos de apropiación de recursos o las titularidades de derechos que permiten el acceso a capital físico, humano o social, entre otros”, esta definición se ha retomado del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

El mismo informe en otro apartado, hace ver que en la actualidad, nuestro país posee 2,508 Asentamientos Urbanos Precarios (AUP), de los cuales 1,275 clasificados con predominancia de precariedad extrema y alta, en tanto presentan las privaciones materiales y sociales más profundas en los contextos urbanos.

Cuando usualmente abordamos estas temáticas, tendemos a brindar algunas valoraciones enfocadas a ver a las personas que viven en las comunidades de varias maneras, en su mayoría con una connotación negativa de la situación precaria en la que viven, así se les asignan calificativos despectivos como: vagos, aprovechados, marginales, parásitos, mareros o pandilleros, etc., estos apelativos también causan exclusión y marginación. Muchas veces sin excepción esto se maneja entre los políticos, los empresarios, los medios de comunicación e incluso se vuelve parte de la jerga de la sociedad civil.

Esta forma de referirse y principalmente las diferentes prácticas repulsivas y de desdén que se adoptan, hacen más remoto el poder establecer un dialogo con todas las personas que sufren estas situaciones violentas y acompañarles para escudriñar alternativas y propuestas de solución ante las problemáticas que enfrentan diariamente. Lejos de eso, hacemos valoraciones aventuradas al respecto, sin tomar en cuenta que estas personas poseen también dignidad e igualdad de derechos en todo sentido.

También es sabido que en algunos casos, debemos tomar muy en cuenta que no hay que generalizar, el hecho es que no se puede negar que si ocurren acciones violentas dentro de estos AUP, sin embargo no podemos también dejar de lado que el sistema en el cual vivimos – de grandes desigualdades socio-políticas-económicas – ha dado cabida a lo que llaman algunos expertos el apartheid social, generado muchas veces desde las instancias del estado y los sectores pudientes lo adoptan en su políticas de empleo y demás acciones.

Esta perspectiva un tanto desalentadora, nos debería hace repensar nuestra fe (Lucas 14,15-24), buscar nuevas alternativas para desarrollar nuestra misión, ya que lamentablemente la iglesia también ha caído en el juego del sistema excluyendo y marginando a las personas en todo sentido, volviéndose únicamente en un espacio exclusivo o club para santos y santas, que de hecho – y desde allí – ejerce violencia por sus actos, conocimiento e incluso por su omisión-indiferencia, convirtiéndose en un espacio donde no se admite a las personas menos favorecidas; ¿acaso la celebración de la fe ha sido privatizada?, ¿por qué se manejan las cosas dentro del marco de un ambiente de elitismo?, ¿qué hacer para establecer puentes que faciliten el dialogo más fluido con las personas desposeídas que nos rodean?, ¿cuál debería ser el enfoque de la vivencia de la espiritualidad?

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

1 comentario:

  1. Gracias Hno Salomon por ayudarnos a recordar que nosotros podemos marcar diferencia en ellos. Por eso estoy de acuerdo, como queremos que las personas sean salvas si creemos que ellos toda la vida son pecadores y nosotros santos? nuestras iglesias deben ser educadas a no pensar pobreza sino bendicion y ahsta que declaremos esto las cosas no cambiaran.

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