Recientemente hemos sido testigos de quizá el más indignante hecho de violencia en nuestro país en los últimos diez años. Este pasado domingo 20 de Junio fueron cruelmente calcinados los pasajeros de un microbús del transporte colectivo en el municipio de Mejicanos. De ellos ya han fallecido 19 personas y otras que se debaten entre la vida y la muerte en la sala de cuidados intensivos. Dentro de las víctimas se destaca una bebita de 11 meses de edad y otros menores. Según los sobrevivientes, los sujetos abordaron la unidad de transporte disparando a los pasajeros, acto seguido se bajaron y procedieron a la quema de vehículo con sus ocupantes.
Lamentable pero hay que decirlo, violencia de este tipo siempre le conviene a alguien, no sólo desde el punto de vista económico sino también del político. De ahí que hay personas en posiciones de poder dentro del aparato estatal que no sólo permiten sino que promueven la obstaculización de la justica y el libre tráfico de la droga. El ambiente es propicio para la proliferación de empresas que prestan servicio de vigilancia, incremento en las ventas de dispositivos de seguridad, empresas comercializadoras de armas, etc., etc., negocios cuyos propietarios son ex-militares o funcionarios públicos de la presente y pasada administración pública. A esto hay que agregar el descrédito a las desconcertadas autoridades y al gobierno en turno.
Por otro lado, es muy poco lo que se oye en relación a los esfuerzos por desbaratar el mercado negro de armas y hay evidencia de sobra en relación a la corrupción que hegemoniza en todo el sistema judicial y la corporación policial. Los gansters son amos y dueños de calles completas cobrando otro impuesto sobre la renta a cualquier bus, microbús, taxista, repartidores de mercadería a negocios, comerciante ambulante (o que tenga puesto) por cada día de trabajo. Incluso entre los dirigentes de movimientos sociales (de vendedores) también hay personas que reciben beneficios económicos por cada vendedor instalado en la zona.
Lo lamentable es que la iglesia no sienta cabeza de la realidad del espacio y tiempo en el que le ha tocado vivir y no se vincula con la comunidad para buscar soluciones a la vagancia de niños y adolescentes, promover cooperativas o cualquier otra iniciativa para suavizar el grave impacto del desempleo, coordinar esfuerzos con las alcaldías u otras entidades para mejorar las condiciones de vida de la gente más pobre o atender a familias en riesgo, niños en situación de calle, etc.,
El argumento con frecuencia planteado es que la iglesia con la política no se mezclan, sin embargo ha llegado el momento de hacer a un lado todo pretexto que a la postre potencia el problema. Basta ya de mediocridades y de una espiritualidad hipócrita, el mundo clama a gritos por una iglesia que sea sal y luz, que cual levadura sea capaz de fermentar a una sociedad sin padre (porque todo delincuente salió de un hogar), herida (ahora también quemada), extorsionada, secuestrada y sin esperanza.
El modelo de Jesús nos interpela grandemente en nuestra espiritualidad, ya que el Jesús Histórico (al que muchos evangélicos se niegan a recibir) es un Jesús que hace discípulos en la calle, con gente del común populacho, los necesitados, los hambrientos, los enfermos, los desvalidos, los presos, las prostitutas, los pandilleros (para contextualizar), los niños en situación de calle (él les dice que se les permita venir a él), niñas prostituidas, indigentes, etc. La fundamentación teológica/filosófica está claramente delineada en Lc. 4:18-19:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor
En su momento este planteamiento fue combatido por la clase religiosa defensora de los intereses de una oligarquía injusta y opresora patrocinada por el imperio. En nuestros días no sólo lo hacen ellos, sino también es combatida por aquellos llamados cristianos que no ven en estos grupos vulnerables (y vulnerados) la capacidad económica para sostener las importantes obligaciones de sus ministerios o los considerarán como un gasto innecesario (y desgastante). Todo lo contrario, seguirán proponiendo una espiritualidad circunscrita al círculo congregacional, la santidad individual y al logro del éxito. Cualquier parecido, es pura coincidencia.
Juan José Herrera
Pastor Juvenil
Centro Cristianos El Siloé
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