lunes, 4 de octubre de 2010

UN PUEBLO AL SERVICIO DE DIOS, O DIOS AL SERVICIO DEL PUEBLO

Deuteronomio 28,1-2 Y sucederá que si obedeces diligentemente al SEÑOR tu Dios, cuidando de cumplir todos sus mandamientos que yo te mando hoy, el SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al SEÑOR tu Dios.

La historia esta llena de diferentes tipos y clases de diferencias. Están entre los que hacen el bien y el mal, entre ricos y pobres, entre poseedores y desposeídos, entre altos y bajos, entre empleados y desempleados, entre los que buscan el bien común y aquellos que solo buscan el bien personal, entre aquellos que quieren servir y los que desean ser servidos, entre los que tienen ansias de poder y aquellos que desean que los que lo tienen piensen en ellos, entre lo que aman y los que aborrecen, entre los que desean figurar y aquellos que desean estar en el anonimato, entre los pudientes y los marginados, entre la media y la alta.

Durante los primeros siglos de su historia, los israelitas tuvieron una organización social que respetaba las necesidades del pueblo. Las decisiones más importantes se tomaban en las reuniones de los liderazgos de diversas tribus. Pero no todo era perfecto. Había problemas. Pero el pueblo participaba en la vida social y política. El problema de hoy en día de nuestras sociedades es que hemos caído en un sentido de “pesimismo colectivo” o en el peor de los casos “indiferencia masiva”. Hacia el año 1030 a.C., los israelitas resolvieron imitar a los pueblos vecinos: adoptaron el régimen monárquico. Con esto consiguieron producir más; se volvieron más fuertes. Pero el pueblo pasó a ser menos escuchado; sus valores, su modo de ser, fueron dejados de lado.

El Estado se distanció del pueblo. Y este tipo de conducta cada día se va convirtiendo en una “cultura general” de los Estados. Quienes más sufrieron, Eran los que más trabajaban y producían; fueron los que tuvieron que pagar más impuestos. Hoy en día vemos como las personas más laboriosas, más responsables y trabajadoras en oficinas, fabricas, comercio e industria de nuestro país están cada día siendo oprimidas o perseguidas por ideales o sistemas; sin tomar en cuenta sus habilidades y cualidades personales y laborales.

Toda persona, sistema u organización interesada en si misma, o en la fama o en el poder; obedece a un solo fin: OPRESIÓN. Ya sea en nombre del progreso o en nombre del cambio; los valores del pueblo sencillo y moralmente sano van siendo olvidados. Los valores que pueda imprimir a la sociedad la honradez, el trabajo, la fidelidad, el respeto, la lealtad y el amor; no son tomados en cuenta en los “grandes diálogos, o mesas de trabajo, o agendas de los gobernantes en turno”.

El rey Acab por conveniencia se casó con Jezabel, hija del rey de Tiro. Esta introdujo su religión. Esto me invita a realizar una reflexión: ¿Es que la fe no logra crear un acuerdo ante las distintas tendencias desastrosas que el país va tomando?, tomando en cuenta que “decimos ser” un país eminentemente “cristiano”. ¿Es que no podemos desarrollar con la ayuda de Dios nuestra propia cultura económica, de trabajo y sana convivencia?.

En los tiempos del Rey Acab El pueblo estaba medio adormecido. Reaccionaba poco. Se mostraba indeciso, picoteando de aquí y de allá según sus intereses personales. Ya no estaban unidos a su Dios que los había liberado de Egipto. Quedaba libre el camino para la injusticia. Cuanto más nos alejamos de Dios y de sus valores eternos, mas a merced estaremos de las estrategias del Diablo para la destrucción de nuestras familias y por ende de nuestro Nación. La injustica, el anarquismo, el vandalismo, la indiferencia, el crimen, el homicidio, el aborto, la homosexualidad y toda manifestación de maldad tendrán en medio de nosotros un caldo de cultivo, tierra fértil para crecer.

Creo que en este mes, en que celebramos nuevamente la Reforma Protestante; debemos mirar con admiración y pedir a Dios que levante hombres como El Profeta Elías. Valientes, Íntegros, Convencidos; sobre la verdad de Dios y el Plan de Dios para toda la humanidad. Salvación, Redención, Justificación deben y tienen que tener un sentido profundo en cada creyente de nuestro País; los gobernantes como los gobernados tenemos necesidad de que se nos diga la importancia de Servir al Dios en quien decimos creer, y no solo tratar de servirnos de El en los momentos de aflicción, temor, desastre y calamidad. Porque en muchas ocasiones, lo hemos visto, es solo en esas circunstancias que escuchamos a todas las castas sociales mencionar el “nombre de Dios”. Reflexiona y medita. Que Dios nos bendiga.

Pastor Francis A. Batarse G.
Iglesia Cristiana Cristo Centro
El Salvador C.A.

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