martes, 4 de enero de 2011

Un día más

Lilibeth Contreras de Castro

Corriendo de un lado a otro en el centro de la ciudad capital, caminando en medio del grito de los vendedores que buscan el sustento diario, y que aprovechan la temporada navideña para llevar unos dólares más a casa.

Muchos cayendo en la publicidad engañosa y comprando a diestra y siniestra sin parar, otros argumentando que la tarjeta de crédito todavía “aguanta” un poco y de manera desenfrenada compran el famoso “estreno” u otras cosas, ¿necesitarán realmente lo que compran?

En ese ir y venir de la sociedad salvadoreña, se encuentran los que sí tienen acceso a pequeños o grandes ingresos, pero también cerca, no muy lejos, están los que nunca, durante todo el 2010, se les dio la oportunidad laboral o académica, están los que con dificultades llevaron el sustento diario a los hogares, están muchas madres solteras que con grandes esfuerzos lucharon incansablemente por sacar adelante a sus hijos e hijas.

Un día más, un día cualquiera, para aquellos que su casa es una de las principales calles de San Salvador, su cama una acera y el abrigo para las noches frías, un pedazo de cartón o plástico. Mientras esto sucede, leer en otros periódicos, cuál será la comida de las celebraciones de fin de año para artistas famosos, es como querer tapar con un dedo la realidad de muchas personas que deambulan en las calles, sin familia, sin el amor de sus seres queridos y sin mayores expectativas que las cosas pueden cambiar para ellos.

En el ir y venir de estos días el pensar en estas personas excluidas, no se vuelve tema de agenda, la misma sociedad de consumo que invita a celebrar, a comprar, vuelve a las personas indiferentes a esta realidad.
Pero aún hay tiempo para dejar de lado estas actitudes y compartir el pan con el hambriento, el abrigo con el que no lo tiene y gestionar para que estas personas puedan tener una vida digna.

Recordar a un Jesús que nació en un pesebre es bueno, pero recordarlo como el que se movió por las calles, que llegó donde los leprosos(que en la actualidad pueden ser las personas con VIH), que llegó a darles esperanza a las trabajadoras del sexo, que abrazó a los niños de su época, que dignificó a la mujer que estaba excluida por la sociedad del momento; esto es mejor que dejarlo acostado en un humilde pesebre, y cuanto más cuando recordamos estas palabras: “Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes”(Evangelio de Lucas 1:52).

Que no sea un día más, sin esperanza, sin cambios, sino un día, un presente y un futuro esperanzador para las y los excluidos por la falta de oportunidades.

2 comentarios:

  1. Excelente reflexion. Adelante sin desmayar, porque el tiempo nos apremia y es la oportunidad de sacarle provecho al maximo.

    Dios bendiga a todas y a todos los que se entregan a esta causa hermosa de sembrar la justicia y el amor en las personas de aquellos mal llamados los menos, los ultimos y los perdidos.

    Hno. Pedro Centes.

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  2. Lastimosamente os estamos volviendo mas consumistas, y la lastima de todo esto es que hay tanta gente que pasa muchas necesidades estos dias, tristesas, temores y no pasa a ser una noche buena, si no una noche muy amarga y aveces triste. Debemos cambiar la cultura de solamente ver por nosotros mismos y ver de que manera uno puede hacerce parte de aquellos que de verdad lo necesitan y no solo en esta fecha en los que muchos tocan trompeta para dar a los mas pobres un misero pan con cafe... si de verdad son cosas que salen de un corazon muy agradecido, ese trabajo tendria que ser siempre, no solamente las navidades o fines de año.

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