Los macabros hallazgos realizados en la zona occidental de El Salvador, específicamente en el municipio de Lourdes Colón, departamento de La Libertad, se han encontrado en un cementerio clandestino 385 cadáveres, de los cuales el 80% son mujeres jóvenes que presentan signos de haber sido previamente torturadas, mutiladas y violentadas por quienes hicieron dichos crímenes.
Parte de la gravedad de dichos casos, no solamente es el número – o las cifras de los mismos – es también la forma de cómo nuestra juventud – y en este caso mujeres jóvenes – continúan siendo víctimas de tan atroces y brutales acciones, pareciera que la violencia se sigue expandiendo como una enfermedad “consiente” de todo lo que se lleva a cabo para ejercer poder y llevar al ocaso a las vidas humanas.
Se continúan queriendo dar soluciones políticas – con leyes y políticas públicas – a un problema social, para ser mas especifico de guerra social, en donde toda persona se convierte en sospechosa, lo real y grave del asunto es que muchas veces el origen de esta violencia generalizada se inician en el seno de la familia, además de la gran brecha que divide a pobres con relación a los ricos, la falta de oportunidades para los y las jóvenes, así como la falta de voluntad política para encarar los problemas del narcotráfico y crimen organizado, vicios que incluso han llegado a las estructuras del gobierno y algunos sectores de la empresa privada.
Todos estos cuerpos encontrados hasta el momento, cuentan una historia de una pandemia – casi crónica – llamada violencia, cuentan que no tuvieron la oportunidad de tener una vida digna, cuentan que sus agresores siguen en la impunidad, cuentan y evidencian la fragilidad de nuestro sistema jurídico-legal, cuentan que aún los hombres se creen superiores a las mujeres, cuentan que sus victimarios se ríen de nuestras leyes, cuentan que han sido víctimas de grupos sin escrúpulos que pretenden rendir culto y pleitesía a un sistema de muerte…
Por su lado la iglesia, pareciera dormida ante el dolor y la desgracia, se intenta dar una explicación seudo bíblica y lógica a la situación, dándole connotaciones futuristas, en cuanto a la venida del señor – no sabemos ¿qué señor? – que intenta justificar y no dar explicaciones que puedan traer consuelo, paz y reconciliación a las personas dolientes; como iglesia se ha sido especialista en pecar de omisión… el hacer ver que no son las únicas personas que han padecido este tipo de atrocidades, también es parte de la forma a veces fría y despiadada con la que se procede en nuestros ghettos eclesiales.
¿Qué está pasando en nuestra sociedad?, ¿acaso el evangelio lo hemos vuelto insuficiente o mutilado?, ¿qué tipo de compromiso y entrega incitamos a vivir dentro y fuera de nuestras iglesias?, ¿ya no existen más respuestas ante tanta calamidad?, ¿nos hemos vuelto un mini-cosmos frío e insensible?... pueda que haya muchas más preguntas difíciles de responder, ya sea con palabras o con acciones, pero es parte del ponernos a reflexionar y ver las alternativas concretas y reales que El Espíritu nos llama a hacer en favor de la justicia, el amor, fe y esperanza como ejes centrales de la manifestación del Reino entre nosotros y nosotras.
¿Qué camino seguir?, es difícil saberlo, no hay formulas reales ante la problemática de la violencia, lo que si tenemos es la visión utópica – por el momento – de querer cambiar la situación y repensar nuestra fe, en base a los valores y principios fundamentales del Reino que nos vino a enseñar Jesús, en donde la justicia – mas allá de lo legal – es el primero de ellos y al mismo tiempo es la clave para nuestro proceder en la búsqueda de alternativas que puedan servirnos en este caminar, que supere todo sistema corrupto y viciado de actitudes irreverentes, obscenas e irrelevantes ante las personas que necesitan esa tan ansiada Buena Noticia (Amos 8,4-6).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
hnos estoy en desacuedo del palel q toma la iglesia de total indiferncia y q hoy en dia nos hemos vuelto cristianos sin compromisos y mas tratandose de vilar el primer mandamiento con promesa amaras a tu progimo como a ti mismo al violar este violamos todos los demas...
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