El número de asesinatos es un indicador que evidencia diariamente los hechos violentos que en nuestro país siguen dando de qué hablar, tanto es así que los datos oficiales revelan que a finales del mes de septiembre’2010 se hablaban de un promedio de 7 muertes diarias, lo cual contabilizaban ya 4,482 vidas segadas de manera violenta, muchas más que el 2009 que se registraron 4,349 al final de ese año. Esto no deja de ser alarmante, los crímenes siguen siendo presentados por los diferentes medios con lujo de barbarie, sin tomar en cuenta el gran impacto que estas imágenes “pornográficas” generan en las y los espectadores. En todo ello la gran mayoría de estas personas han sido jóvenes.
Es curioso que estos mismos medios que se unen como defensores de la libertad de expresión, cuando se refieren a la juventud que protesta por sus derechos fundamentales o se movilizan a favor de una causa justa, se les brindan apelativos como “supuestos… estudiantes… miembros… voceros, etc.”, con el fin de deslegitimar las acciones no violentas y de dignificación que se desarrollan a favor de tener condiciones de vida más justas, intentando con gran dificultad abrirse espacios para tener un lugar dentro de nuestra sociedad adulto – céntrica, que continua cerrando las puertas a nuestra martirizada juventud salvadoreña.
Las reformas a las leyes – o la entrada en vigencia de otras – nos brindan también un panorama que pone a la luz pública el alto grado de exclusión y marginación – integral – que vive nuestra juventud, sin tomarles o tratarles como personas completas, sin ver que detrás ha habido una grave historia desarrollada sobre todo tipo de antivalores, violaciones de sus derechos básicos y actos corruptos que les ven como objetos y no como sujetos, que pueden tener, compartir y desarrollar sueños y aspiraciones.
Muchos intelectuales concuerdan de manera fatalista que hoy en día existen una gran cantidad de jóvenes sin perspectiva, es sumamente preocupante cuando una sociedad no puede ofrecer una visión y misión de vida para sus jóvenes, como sociedad adulta se ha fracasado, se ha querido pensar por ellos y ellas, se les ha sumergido y cosificado en un sistema que para poder seguir subsistiendo necesita con gran desesperación buscar victimas, como un ídolo que ejerce su influencia de manera silenciosa, que aplaca su ira con los sacrificios de las vidas de las y los jóvenes, a ese ídolo mounstroso y desfigurado se le ha llamado sistema neoliberal, pero si le podemos llamar de otra manera apegados a La Escritura, este – sistema de maldad – podría llamarse amor al dinero (φιλαργυρία: philargyria).
Para que este sistema pueda perpetuarse, a los y las jóvenes se les incluye – de manera despersonalizada y viciada, con una especie de agenda oculta – en la cultura de consumo, que les impulsa a vivir una vida sin objetivo, hedonista, relativista, permisiva, light, afín a seguirles utilizando con los propósitos acordes al sistema e intentar desenfocarles de cosas más importantes que puedan ayudarles a tener mejores oportunidades y mejores condiciones de vida.
Los sistemas eclesiales no escapan ante las supuestas bondades que ejerce este sistema de muerte, valen más las posesiones, las bendiciones – traducidas muchas veces y en la mayoría de los casos – como enfocadas en la mal llamada teología de la prosperidad, además de las estructuras corporativas que lo que hacen es ejercer poder, dominio y control para con las personas, trayendo todo ello como resultado la exclusión y marginación, dando a entender que en la iglesia solamente son bienvenidos y bienvenidas las personas sanas, aparentemente limpias, con posibilidades de contribuir a la expansión y permanencia de dicho sistema, por otro lado el dinero y las posesiones de aquellas personas – adultas en su mayoría – que no tienen ningún interés de trabajar en El Reino, si puede contribuir para continuar perpetuando el sistema.
El tiempo actual, es confuso para nuestra juventud, debido a que las personas adultas – dentro y fuera de la iglesia – que tienen el control del sistema, toman actitudes muy inmaduras y antiéticas, son ellos y ellas quienes hacen bailar al son de una música perversa las degeneraciones que quieren que las y los jóvenes de manera ilógica tomen como patrones de vida, llámense esto violencia, poder, consumo e individualismo, que hacen que las y los jóvenes se desencanten y no quieran ser parte de este sistema de muerte que pretende envolverles (Lucas 7,31-32).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
Salomón, qué tipo de leyes fomentan en El Salvador la exclusión de la juventud?
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