Las expectativas que llevaban más de cuatro mil delegados y delegadas de 198 países a Ciudad del Cabo, Sudáfrica eran variadas y me imagino abundantes. El Congreso mundial de evangelización que se celebró del 16 al 25 de octubre del año recién pasado, se vislumbró como el evento más representativo de la iglesia evangélica, además como un evento histórico del cual se esperaba aportara un impulso al trabajo evangelizador de la iglesia en este mundo.
Como una de las delegadas a ese congreso, llevaba entre mis expectativas el conocer el quehacer de la mujer como agente de reconciliación en medio de una sociedad que le sigue marginando. El número de asistentes femeninas en el congreso confirma la desigual participación en el liderazgo que, en muchos países, la mujer tiene. De nuestro país El Salvador, la asistencia fue de dos mujeres y doce hombres. La asistencia total fue en la misma tendencia: Aproximadamente el treinta por ciento fue de mujeres, un poco más de mil doscientas.
Tuvimos la oportunidad de expresarnos, de levantar la voz de la mujer. De hecho en la mesa en la que me correspondió compartir, asentir y diferir en algunas posiciones, fui la única mujer. Compartí mesa con un español, un chileno, un japonés y un ecuatoriano. El coordinador de la mesa me dio la bienvenida y me dijo: “Usted pondrá el toque femenino en nuestras discusiones”.
Nos imbuimos como un todo en un mar de alabanzas, de reflexiones, de escuchar ponencias, de disertar, de discutir, de servir, todo dentro del “espíritu de Lausana”: “Aprender de cada uno, todo lo que podamos, de compartir todo lo que cada uno tenemos y de servirnos unos a otros con humildad”.
“La defensa de la verdad de Cristo en un mundo pluralista y globalizado”; “Cómo edificar la paz de Cristo en nuestro mundo dividido y quebrantado”; “Dar testimonio del amor de Cristo a personas de otras confesiones religiosas”; “Discernir la voluntad de Cristo para la evangelización mundial en el siglo XXI”, “Un llamado a la Iglesia de Cristo a volver a la humildad, la integridad y la simplicidad “ y “Asociarse en el cuerpo de Cristo hacia un nuevo equilibrio global”, fueron ponencias centrales del congreso.
Tuvimos espacios en donde escuchamos a la mujer. Nuestra representante de Latinoamérica Ruth Padilla DeBorst expuso de forma magistral su ponencia: “Morada de Dios: La comunidad reconciliada” Una reflexión bíblica –teológica que impactó o todos y a todas. ¿Dónde vive Dios? preguntó y en el transcurso de la ponencia dijo:”Dios vive en nuestra humanidad”. Nos desafió a dejar el orgullo. Nuestros dones son otorgados por Dios. Es su favor inmerecido.
Nos desafió a “regresar a nuestros países, viéndonos como agentes de la paz de Cristo y a trabajar para alcanzar los buenos propósitos de Dios para su cosmos”. Fue un enorme regocijo escucharla y confirmar que Dios habla a la mujer y por medio de ella. La mujer tiene qué aportar y, en algunos ámbitos, mucho.
La mujer está trabajando en el mundo en algunos espacios, incluso arriesgando su vida. Hago referencia a algunos testimonios escuchados en el congreso:
• Pranitha Timothy (India) trabaja con la Misión Internacional de Justicia. Ha trabajado y trabaja en pro de la liberación de esclavos en su país. Pelea sus batallas legales. Además trabaja en ayuda de personas que han sufrido abuso sexual.
• Shadia Qubti (Palestina) Ha decidido dedicar su vida a buscar la reconciliación entre Palestina e Israel.
• Irma Espinoza (Perú) tiene 35 años trabajando con los indígenas en la Amazonía, creando redes sociales y presentando el Evangelio en sociedades en donde la mujer no tiene espacios para el liderazgo. “Hay una gran necesidad de la sensibilidad de la mujer en la obra de Dios” dijo.
• Ildikó Kovacs (Bulgaria) es Presidenta del Ministerio Bautista de mujeres en ese país y trabaja en la Alianza Evangélica mundial en el área de las mujeres.
• Lute Powell (Islas Fiji) Trabaja en el área de las mujeres incentivándolas a involucrarse en el quehacer de la sociedad. “Dios está colocando a mujeres en el gobierno en las Islas Fiji para influenciar a la mujer”, dijo. Añadió: “Es nuestro momento, levantémonos”.
Me falta espacio para trasladar lo que fue Lausana III bajo la mirada y el oído de una mujer, pero baste este artículo para evidenciar la gran tarea que la mujer está librando. Lo escuchado nos muestra que la mujer ha entendido cuál es su posición y el rol que debe desempeñar. Es una protagonista de la historia y no una espectadora. Ha ido más allá, y seguramente avanzará aún más en la batalla que se libra, extendiendo el Reino de Dios.
A mi regreso, la expectativa de conocer lo que la mujer está haciendo fue satisfecha y además desafiante.
Cierro este artículo con las palabras de otra mujer participante en el Congreso Lausana en Ciudad del Cabo 2010: Elke Werner (Alemania). Ella nos dijo en su participación: “El mundo necesita respuestas. Las mujeres no son ciudadanas de segunda clase. La esclavitud cultural se rompe por medio de Cristo. Como iglesia podemos hacer la diferencia”. Añadió: “No hemos liberado a la mujer de la opresión. La hemos mantenido lejos del quehacer de Dios. Tenemos que ser una voz para las mujeres. Dios nos llama a liberar a las mujeres para que ejerzan sus dones. Dejémonos de pelear. Tenemos que atesorar las diferencias de los sexos y respetar nuestros dones”.
Al escucharla, miré los rostros de los que estaban a mí alrededor y pensé: ¡Vaya valentía!, pero también expresé ¡excelente! Ejerzamos nuestros dones, respetemos la dignidad de la mujer. Dejemos que actúe, que trabaje, que se exprese, que se involucre en la extensión del Reino de Dios el cual es Verdad, Justicia, Perdón, Solidaridad, Misericordia.
Traslado a las mujeres que leerán este artículo, y por qué no también a los hombres, el llamado que se nos hizo en Ciudad del Cabo, con la esperanza que accionemos en el ámbito donde Dios nos ha colocado. Ejerzamos nuestros dones sin temores o limitaciones. Aceptemos el desafío que Dios nos hizo en Lausana III, porque aclaro, los asistentes fuimos los encargados de ir y escuchar para luego compartir el llamado de Dios a asumir acciones de reconciliación en este mundo.
Carmen de Castro
Misión Cristiana Elim
28/02/2011
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