Si algo enriquece mi vida cristiana es la oportunidad que tengo, de compartir con diferentes formas de pensar y hacer dentro del cuerpo de Cristo. No hay duda que muchas cosas han cambiado en el mensaje y en la práctica del evangelio hoy en día, pero estas no debe ser excusa para hacer lo malo que algunos hacen.
Palabras como humildad, integridad, simplicidad; parecen no encontrar eco en algunos sectores de la iglesia de hoy en día. Cuando hace varios años atrás tuve por primera vez en mis manos el Pacto de Lausana 1974, me llamo poderosamente la atención lo siguiente: Por una parte está la confesión de fe, es decir, la afirmación de las grandes verdades de nuestra fe bíblica. Por otra parte, está la confesión de fracaso, es decir, aceptar que, en muchos sentidos, los cristianos no vivimos a la altura del llamado de Dios en nuestras vidas.
Es trágico que muchas cosas de las que el Pacto de Lausana llamaba a apartarnos allá por 1974, sean, aún, las mismas que afligen e infectan a la iglesia 36 años después. Pero esto no debe deprimirnos ni paralizarnos. Por el contrario, en lo personal me desafía a volver una vez más a nuestro Dios de gracia, con renovado arrepentimiento y re-consagración en nuestra propia generación.
Jesús todavía llama, a todos los que quieran seguirlo, a negarse a sí mismos, tomar su cruz e identificarse con su nueva comunidad. Los resultados de la evangelización incluyen la obediencia a Cristo, la incorporación en Su iglesia y el servicio responsable en el mundo. Si por alguna razón tratáramos de evitar vivirlas, nuestro mensaje y nuestro método carecerán de integridad y se convertirán en manipulación. Tres cosas constituyen “piedras de tropiezo”, es decir, hacen fallar nuestra evangelización: la falta de fe, la falta de amor y la falta de honestidad. Debe haber integridad entre nuestras palabras y nuestra vida. Y debemos arrepentirnos si no la hay.
Existe otra amenaza la del “crecimiento sin profundidad”, “La superficialidad cristiana se ha convertido en un fenómeno mundial. Muchos convertidos nunca crecen en Cristo” (Texto Ocasional de Lausana No. 3, pág. 40). Esto nos lleva a otro grave problema: “Los líderes nacionales no son más inmunes que los misioneros a los pecados de soberbia, hambre de poder y pomposidad. Así que anhelamos líderes nacionales que manifiesten un estilo cristiano de liderazgo, que se inspiren, no en el gobierno secular, sino en la enseñanza y el ejemplo de Cristo, un liderazgo en términos, no de dominio, sino de servicio” (Texto Ocasional de Lausana No. 3, pág. 39).
La tentación de buscar poder y estatus es muy fuerte, y lamentablemente, muchos líderes evangélicos ceden a ella y no siguen ni la enseñanza, ni el ejemplo de Cristo. El “dominio” por parte de líderes y pastores puede tomar muchas formas dentro de la iglesia misma, entre ellas, el abuso de confianza, la explotación para el beneficio personal, la relegación de la mujer, la manipulación de dinero o personas.
A lo largo de toda la Biblia, Dios llama constantemente a Su pueblo a apartarse de los ídolos del poder, el éxito y la avaricia, y a vivir según Sus exigencias de humildad, integridad y simplicidad. La tentación de impresionar a otros con nuestros logros, habilidades o milagrosos poderes también es muy fuerte. Ansiamos éxito y reconocimiento.
Pero esto lleva fácilmente a distorsionar la verdad y manipular a las personas. Lleva a la deshonestidad en los informes, las finanzas, la vida personal y las relaciones. Necesitamos escuchar nuevamente el constante llamado de la Biblia a la integridad, en público y en privado, en cada rincón de nuestras vidas y ministerios. No hay vida cristiana sin una ética bíblica.
Volvamos a la Palabra de Dios, busquemos en ella la razón, el motivo, el propósito de nuestra existencia y permanencia en el Cuerpo de Cristo. Hagamos planes para este segundo semestre del 2011, tomados de la mano de aquel que tiene cuidado de nosotros: Jesucristo.
Bendiciones.
PASTOR FRANCIS A. BATARSE
IGLESIA CRISTO CENTRO
EL SALVADOR C.A.
Estoy sumamente de acuerdo, las iglesias han perdido casi en su totalidad estos valores ineherentes del reino de Dios. Es por eso que debemos transmitir no solamente de palabras este mensaje, sino demostrandolo con nuestras vidas pagando el precio y sometiondonos a su señorio. Adelante a todos los que hemos tomado este reto de seguir las pisadas del Maestro.
ResponderEliminarDios bendiga sus vidas.
Dios te bendiga Francis y adelante con tus reflexiones. Eres una bendicion e inspiracion para muchos.
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