Conmemoración de los 36 años: 24 de marzo de 1980 – 24 de marzo de
2016.
[Este retorno de Cristo en El Espíritu quiere decir, con esa
palabra con que Cristo comienza el evangelio de hoy: "tened fe en
Dios", confiad un consuelo de ternura ante la tristeza de quienes durante
tres años han compartido día y noche los problemas, las esperanzas, las
angustias, de su Divino Maestro. Les dice que no se van a quedar solos, que a
donde El va ahora, no pueden seguirlo, ya lo seguirán después. Homilía del 23
de abril de 1978.]
A pesar de todo lo que se diga –o se deje de decir– Oscar Arnulfo
Romero Galdámez, fue alguien que nos inspiro y nos sigue inspirando para seguir
viviendo en un ambiente adverso y lleno de desesperanza, ¡su vida nos anima a ser
resilientes!, en donde el tejido social, estaba y continua hasta el momento
deteriorado, sus palabras de alguna manera pueden tener eco en este momento de
nuestra historia de país, si al menos intentáramos junto al Espíritu contextualizar
Las Escrituras y actualizar su mensaje de Liberación-Salvación y Esperanza.
¿En qué medida debemos ser más humanos, solidarios y hacer a un
lado el miedo?, es importante tener presentes estas palabras sobre El Resucitado,
nos hacen revalorar nuestra Fe, tener un compromiso con Nuestro País, con
quienes sufren actualmente las perdidas personales, familiares, comunitarias,
en el embate de guerra social que nos entristece y preocupa cada día que pasa y
nos hace sentirnos con miedo e impotencia en el fuego cruzado.
[Pero aquí en la profundidad de esta humillación, mientras miramos
a Cristo clavado en la cruz nos invita la Sagrada Palabra a descifrar un
misterio de actualidad. Si Cristo es el representante de todo el pueblo en sus
dolores, en su humillación, en sus miembros acribillados con unos clavos en una
cruz, tenemos que descubrir el sufrimiento de nuestro pueblo. Es nuestro pueblo
torturado, es nuestro pueblo crucificado, escupido, humillado al que representa
Jesucristo Nuestro Señor para darle a nuestra situación tan difícil un sentido
de redención. Homilía del 24 de marzo de 1978.]
Como Pueblo Salvadoreño, estamos en medio del fuego cruzado de
varios ejércitos: los constitucionales, los privados y los anárquicos; en los
primeros se sobrentiende que están el ejército nacional y la policía nacional
civil; en el caso de los privados, ubicamos a las empresas de seguridad
privada, que legalmente también portan armas y actúan por contratación de
alguna empresa o institución –incluyendo iglesias– y en el último grupo,
podemos mencionar a: las pandillas, las estructuras de crimen organizado y el
narcotráfico.
Estos últimos ejércitos, mencionados, son en este preciso momento de
nuestra historia, el dolor de cabeza y al mismo tiempo el talón de Aquiles, del
actual gobierno, los que antecedieron o incluso los que puedan venir, debido a
que no hay un control real de su accionar en todo sentido, hasta el momento
estas estructuras terroristas, mantienen una territorialidad y un plan de acción
nefasto que pone en jaque la seguridad pública y por ende las vidas de las
personas.
Hay que tomar en cuenta que también hay personas de la población civil
que portan armas, con o sin permiso de las autoridades correspondientes… además
la ley de armas, que al parecer no resuelve el tema en sí, de la tenencia,
portación y uso de armas de fuego entre el pueblo, debido a la distribución legal
e ilegal de las mismas que se sale de control de las instancias gubernamentales.
En ese sentido, las palabras de Romero, nos hacen visualizar nuestro
dolor, pero al mismo tiempo ver mucho más allá que el gobierno, tener una Fe
tal que nos impulsa a ser sobrevivientes en un ambiente dominado por la muerte,
que desde nuestro sufrimiento podamos replantear una Vida mejor, llena de Luz y
Armonía, en donde la muerte no tenga la última palabra, ¡el triunfo del bien
sobre cualquiera de las estructuras anárquicas del mal desde la solidaridad de
Sociedad Civil!, es decir tener un enfoque más integral de lo que es Seguridad
Ciudadana, donde la seguridad publica pueda llegar a ser eficaz…
[Esta es una noche de triunfo, una noche de victoria. Pero no una
victoria que deja aplastados en el odio, en la sangre, a los enemigos. Las
victorias que se amasan con sangre son odiosas; las victorias que se logran a
fuerza bruta, son animales; la victoria que triunfa es la de la fe, la victoria
de Cristo que no vino a ser servido sino a servir. Y el triunfo de su amor es
este triunfo pacífico, el triunfo de la muerte no fue definitivo, es el triunfo
de la Vida sobre la muerte, el triunfo de la Paz, el triunfo de la Alegría, el
triunfo de los aleluyas, el triunfo de la Resurrección del Señor. Homilía del
25 de marzo de 1978.]
Pareciera que hemos olvidado y hecho a un lado la virtud del
Servicio haciéndolo de manera desinteresada, generando espacios que nos traigan
Vida, Perdón, Paz y Reconciliación, haciendo a un lado todo aquello que es
nocivo para todo ser humano, de lo cual es necesario liberarse y apartar todo
tipo de alienación.
La No-violencia del mensaje de la Buena Noticia de estas palabras
cobran vigencia, cuando tomamos la decisión de amar y ver todo esto como un
acto de Justicia, nos hace trascender de lo superficial e inhumano hacia un
estado en donde mujeres y hombres nos vemos, actuamos y tratamos como hermanas
y hermanos, es de esa forma creativa como El Reinado de Dios puede hacerse
presente en una realidad donde pareciera que ha triunfado la maldad.
[Hombres de nuestro tiempo, angustiados de tantos problemas,
desesperanzados, los que buscan paraísos en esta tierra, no lo busquen aquí,
búsquenlo en Cristo resucitado, en Él desahoguemos nuestras penas, nuestras
preocupaciones, nuestras angustias y en Él pongamos nuestras esperanzas. El es
todo para la humanidad, es la fuente de la felicidad. El ungido con el Espíritu
de Dios tiene en su aspecto humano y glorioso la respuesta para todos los
hombres. Homilía del 26 de marzo de 1978.]
La idea no es ser escapistas, negar la realidad o huir de ella, más
bien al contrario, tener bien puestos los pies en la tierra, intentar buscar
una manera de sanar y reconciliar los espacios que están infectados y continúan
supurando odio, frustración miedo, egoísmo y trascender hacia la construcción
de una sociedad más justa, donde hay un equilibrio entre las libertades
individuales y el bien común.
Que El Espíritu nos revele –como lo hizo con Nuestro Beato– en El
Camino de la Justicia, para que seamos sensibles ante la vorágine de la ausencia
de Paz y Reconciliación que nos rodea, para que aprendamos y enseñemos a ver la
Vida con Plenitud y Alegría, haciendo a un lado todo aquello que no nos permite
avanzar, estas podrían ser las claves a seguir para el
restablecimiento del tejido social…
Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto
Alternativas a la Violencia El Salvador




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