viernes, 17 de junio de 2016

ABBÁ

A propósito de esta fecha…

En el Segundo Testamento el término Abbá Ἀββάno significa exacta y literalmente Padre. En el contexto cultural judío del primer siglo de nuestra era, fue una palabra aramea que la o el bebé usaba para dirigirse a su padre o a su madre antes de aprender a hablar. Como tal, por tratarse de un balbuceo, se traduce en nuestra lengua por «papá» o por otro término equivalente. En todas las lenguas existen palabras cortas que las y los niños usan antes de saber hablar y que pueden emplear para llamar a los seres más cercanos y queridos. La experiencia personal que Jesús tiene del Dios cercano y compasivo le llevó a llamar a Dios de este modo tan íntimo: Abbá[1].

Debemos también recalcar que en ese entonces Abbá, fue originalmente un término del lenguaje infantil de las y los niños pequeños –no fue la forma determinada del sustantivo «padre»– con el significado de «papá-mamá», pero en tiempos del Segundo Testamento, no se limitaba ya al lenguaje de las y los niños pequeños, sino que era una expresión utilizada también por las y los niños mayores y se empleaba incluso como manera de dirigirse a personas ancianas. Abbá llegó a sustituir en textos hebreos a la expresión «padre mío», y podía significar también «su padre» y «nuestro padre»; además, reemplazó la forma determinada del sustantivo «padre»[2], ¡Con qué alegría escuchan las madres y los padres balbucir a la hija o al hijo sus primeras palabras: «mama», «papa»...![3]


Aparte de los evangelios –Mateo 6,9-13; Marcos 14,36; Lucas 11,2-4, por mencionar algunos ejemplos puntuales– también encontramos en otros escritos del Segundo Testamento, referencias que dan continuidad a la visión jesuánica de Abbá, donde las y los seguidores del Maestro lo plantean como parte de las claves de la vivencia de la Buena Noticia –y por consiguiente del Reinado de Dios– para establecer relaciones más fraternas en las comunidades de creyentes que profesaron la Fe y la Esperanza en El Resucitado, una nueva manera de ver la vida, otro sistema de valores y practicas enfocadas en el mensaje central de Jesús: El Reinado de Dios –Romanos 8,15; Gálatas 4,6– en este sentido, el uso de la palabra cotidiana Abbá para dirigirse a Dios, es la innovación lingüística más importante llevada a cabo por Jesús[4]. En fin, nada menos que 170 veces ponen los evangelios esta expresión en labios de Jesús: 4 veces Marcos, 15 Lucas, 42 Mateo y 109 Juan[5].

Al poner la atención debida a lo anteriormente expuesto, es muy revelador y liberador reflexionar sobre Abbá, ya que nos hace realizar algunas valoraciones importantes:

1.    Es errado casi exclusivamente masculinizar a Dios únicamente como Padre, debido a que si intentamos interpretar Las Escrituras –donde se incluyen las Palabras de Jesús– en su contexto histórico, cultural y lingüístico, nos damos cuenta que los acercamientos han sido demasiado pobres, androcéntricos y patriarcales, mas aun en los ambientes fundamentalistas.

2.    Tradicionalmente se ha asexualizado a Dios, más que todo en las confesiones influidas fuertemente por la tradición, esto debido a que ideológicamente no ha convenido presentar esta otra dimensión más amplia de la realidad que nos genera el acercamiento de todos los escritos y relatos de Las Escrituras, ya que según la mayoría de estas posturas, es preferible presentar a un dios con las visiones idolátricas de: vengador, guerrero, conquistador-invasor, destructor, todo lo contrario a intentar ver a un Dios Justo, Amoroso, Pacífico, Cercano, Tierno y Dispuesto como un Padre-Madre a escuchar y consolar a sus hijas e hijos en cualquier situación.

3.    Si nos referimos al Abbá de Jesús –y nuestro– estamos obligadas y obligados a realizar un acercamiento exegético de los diferentes textos, todos aquellos que nos hacen ver precisamente que Él se refirió a Su Padre-Madre, debido a la gran intimidad que tuvo desde un inicio con ese Dios cercano, eso puede explicar lo inconcebible que era para los religiosos de su tiempo que cualquier ser humano pudiera tener esa confianza con YHWH, tanto así que esa fue una de las acusaciones consideradas graves durante el manipulado juicio para asesinarlo, debido a que culturalmente dicho termino implica esa familiaridad, cercanía, relación fraternal intima y jamás lejanía reverencial.

4.    Por otra parte, debemos ser humildes en reconocer que si bien es cierto que nuestro objetivo principal es intentar acercarnos al Dios de la Vida, estos continúan siendo esfuerzos muy limitados de describir ese Supremo Misterio, que nos sigue desafiando cada vez en tener y establecer relaciones más humanas, justas, fraternas, solidarias, significativas, en base al ethos de Jesús plasmado en La Buena Noticia del Reinado de Dios.
 
En todo caso, para nuestro Dios –como hemos escudriñado en Las Escrituras brevemente– al parecer no es inconveniente que le veamos como Padre-Madre, esto no es caer en ambigüedad, más bien es visualizar uno de sus Grandes Atributos, no verle como un ídolo o dios pagano, alejado de la realidad de las y los seres humanos, sentado en el balcón del cielo, es más bien verle como La Cabeza de nuestra Familia, la cual nos brinda Vida en todo lo que ha hecho, hace y hará, de hecho, si nos da Vida, también nos brinda Alegría y muchas otras virtudes propias de Su Incomprensible Naturaleza.

Al llegar a este punto vale la pena reflexionar que si somos hijas e hijos de un Dios que es Padre-Madre, ser padre y/o madre actualmente es un privilegio, ¡una alegría y bendición como seres humanos!, que nos lleva a dimensionar que hay un Dios cercano, humano, a favor de la Justicia, la Paz, la Reconciliación y la Solidaridad, cuya máxima revelación es la vida de Su Hijo, esa relación cercana, indiscutiblemente amalgamada por el Amor que trasciende cualquiera de las expectativas humanas por ser indescriptible, lo cual lo vuelve un Misterio que intentamos aun comprender.

En nuestro contexto latinoamericano, ser padre-madre se ha vuelto común, debido a que hay un gran número de hogares mono-parentales, estos por razones múltiples que no vamos a describir con detalle aquí, ya que por lo general son las mujeres –aunque también hay algunos hombres– quienes por diferentes circunstancias asumen ambos roles, ellas merecen nuestro respeto, admiración, solidaridad y apoyo en cuanto a sus necesidades básicas y las de su familia, debido a que en la mayoría de los casos se encuentran en un estado de vulnerabilidad con relación a sus derechos humanos básicos y aun con esas limitantes ¡logran salir adelante sin ningún apoyo!


Es allí donde la labor de misión eclesial, gubernamental, institucional y organizacional debe enfocar parte importante de sus recursos, no solo para brindar asistencia, sino también para acompañar y capacitar a estas mujeres cabezas de familia que tienen que brindar un sostenimiento integral a sus hijas e hijos, este es un desafío pastoral-diaconal de misión –para los grupos religiosos– además de jurídico-legal para la creación de leyes y políticas públicas por parte de las estructuras gubernamentales, así como la capacitación y apoyo directo de las instancias no gubernamentales nacionales e internacionales.

Sin embargo también hay hogares –de cualquier tipo– donde padre y madre u otra persona que asume el rol de cabeza de hogar, viven en base al Respeto y Complementariedad con todas y todos sus miembros, propiciando relaciones fraternales justas y llenas de Amor, Comprensión, Armonía, Cariño y Tolerancia, entre cada una y cada uno de sus integrantes, el sistema de valores sustentado de manera natural en esa unión hipostática entre el Abbá y Jesús –parte de la promulgación del Reinado de Dios– es esencial vernos como familia y que en el seno de la misma se propicie la educación en y para la vida de las y los hijos, que es una responsabilidad de los padres y las madres en Obediencia a ese Dios que es Padre-Madre, amante de la Justicia y la Paz.

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia, El Salvador, Centro América



[1] Elizabeth A. Jhonson: La cristología hoy. Editorial Sal Terrae. Santander. 2003. Páginas 68-69.
[2] Horst Balz–Gerhard Schneider: Diccionario exegético del nuevo testamento, volumen I. 3ª edición. Ediciones Sígueme. Salamanca. 2005 Páginas 1-2.
[3] Luis Alonso Schoekel, S.J.: Dios Padre: Meditaciones bíblicas. Editorial Sal Terrae. España. 1994 Página 131.
[4] Joachim Jeremias: Teología del Nuevo Testamento. Ediciones Sígueme. Salamanca. 1974. Página 47.
[5] Leonardo Boff: El Padrenuestro. La oración de la liberación integral. 4ª edición. Ediciones Paulinas. Madrid. 1982. Página 41.

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