martes, 25 de octubre de 2011

¿Tiene Israel un derecho divino sobre el territorio que ocupa?

Por Juan Stam

Muchos evangélicos -- probablemente la mayoría, por lo menos en los EUA -- defienden desde la Biblia al actual estado israelí. Por los mismos argumentos, rechazan los reclamos palestinos de una parte del territorio que antes ocupaban. Estos evangélicos ven la formación del estado israelí como un evidente cumplimiento profético, maravilloso e impactante, y hasta una prueba de la veracidad de la Biblia. Es, para ellos, también una señal de la pronta venida de Cristo. En esa teología sionista-evangélica, "Israel es el reloj de Dios".

En cuanto a este tema, hay algo que me sorprende mucho: ningún pasaje del Nuevo Testamento enseña tal cosa. Jesús profetizó la destrucción de la ciudad de Jerusalén por los romanos (Mr 13; Lc 21; Mt 24), pero no procedió a anunciar la reconstrucción de esa ciudad, mucho menos el establecimiento de un futuro estado israelí. Según la versión en San Lucas, después de su destrucción "los gentiles pisotearán a Jerusalén, hasta que se cumplan los tiempos señalados para ellos" (Lc 21:24), A eso sigue, en los tres evangelios sinópticos, no un estado israelí sino el retorno de Cristo. Eso me parece muy significativo.

¿Cómo es posible que las escrituras hebreas (Antiguo Testamento) digan una cosa, y las escrituras cristianas (Nuevo Testamento) digan otra cosa? Quiero hacer unos comentarios al respecto, sin pretender agotar el tema y las evidencias al respecto.

Son numerosos los pasajes del AT que prometen tierra a Israel. A inicios de la historia de la salvación, Dios llama a Abraham a "la tierra que te mostraré" (Gén 12:1,7) para formar ahí un pueblo como una nación grande (12:2; 18:18). Los defensores evangélicos del sionismo citan una larga cadena de textos muy explícitos:

Yo te daré a ti [Abram] y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada... Ve y recorre el país a lo largo y lo ancho, porque a ti lo daré. (Gén 13:15,17; cf. 17:8; 48:3-4)

Tú les prometiste [a Abraham, Isaac y Jacob] que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna. (Ex 32:13)

Tal como le prometí a Moisés. yo les entregaré a ustedes todo lugar que toquen sus pies. Su territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano, y desde el gran río Éufrates, territorio de los hititas, hasta el mar Mediterráneo, que se encuentra al oeste. (Jos 1:3-4; cf. Deut 11:24-25; cf. 34:4)

¿No fuiste tú quien les dio para siempre esta tierra a los descendientes de tu amigo Abraham? (2Cron 20:7; cf. Esd 9:12)

Cf. entre muchos otros textos Isa 34:17; Jer 7:7; 25:5; Ezq 37:25; Joel 3:20

Siendo tan enfática y tan repetitiva esta enseñanza de las escrituras hebreas. ¿cómo podemos explicar su ausencia en las escrituras cristianas, aun cuando Jesús profetiza la destrucción de Jerusalén? En los tiempos del NT, toda la tierra de Israel estaba ocupada por el imperio romano. Después de la caída de Roma, pasaron largos siglos, hasta el XX, sin existir ningún estado israelí sobre la faz de la tierra. Si la promesa fue "para siempre". ¿cómo pueden caber tales paréntesis de muchos siglos en una promesa supuestamente perpetua?

El requisito primero e indispensable para entender el AT es el de siempre interpretarlo en primer lugar dentro de su propio contexto y sólo después en el contexto del NT o del Siglo XXI. Eso debe aplicarse a la semántica de su lenguaje, la problemática a que responden sus afirmaciones, y el contexto de cada pasaje. Comencemos con un detalle importante en cuanto al idioma hebreo.

Aunque parezca extraño, el idioma hebreo no contiene la palabra "siempre" en su vocabulario, ni mucho menos la palabra "eterno". Para esa idea empleaba mayormente la frase "por los siglos" o "por los siglos de los siglos" o frases similares. La idea básica de "siglo" (yoLaM en hebreo) es "un tiempo largo", a menudo "pasado remoto" o "futuro remoto". Puede ser un período largo sin principio ni fin ("el Dios sempiterno", Deut 33.27), pero también largo con principio (desde pasado remoto) o con fin (hasta un futuro remoto). La ocupación por Israel de Palestina tuvo un principio y puede tener un fin, en lo que al adjetivo "siempre" se refiere. Por eso, la palabra "siempre" o términos similares en las promesas de tierra no significan necesariamente que dicha promesa constituye un "título de propiedad" para el actual gobierno israelí.

Un pasaje revelador para este tema está en Jeremías 31:

Vienen días -- afirma el Señor --
en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá.
No será un pacto como el que hice con sus antepasados...
ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo...

Así dice el Señor,
cuyo nombre es el Señor Todopoderoso,
quien estableció el sol para alumbrar el día,
y la luna y las estrellas para alumbrar la noche,
y agita el mar para que rujan sus olas:

Si alguna vez fallaran estas leyes
-- dice el Señor --
entonces la descendencia de Israel
ya nunca más sería mi nación especial.

-- Así dice el Señor --
Si se pudieran medir los cielos en lo alto
y en lo bajo explorar los cimientos de la tierra,
entonces yo rechazaría a la descendencia de Israel
por todo lo que ha hecho
-- afirma el Señor --.
(Jer 31:31-32, 35-37)

Este pasaje interpreta proféticamente dos pactos divinos. La primera promesa, en prosa, anuncia un nuevo pacto de Dios con Israel, y específicamente con Judá. Éste nuevo pacto, de carácter ético-espiritual, reemplazará al viejo pacto, anulado por la desobediencia del pueblo (31:32). La segunda promesa, en verso, asegura, en los términos más enfáticos, la existencia "eterna" de la nación judía, co-extensiva con la duración del pacto de Dios con la creación (Gén 1:16; 9:8-13).

La primera promesa, del nuevo pacto, se cumple muy explícitamente en la última cena del Señor, cuando declara, "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre... que es derramada por muchos para perdón de pecados" (1 Cor 11:25; Mat 26:28; Luc 22:20; Mat 26:28). Pero, ¡qué sorpresa!, Jeremías no hubiera reconocido este cumplimiento de su profecía. Aquí no hay nada del pueblo de Israel ni de la tribu de Judá, ni de escribir la ley en los corazones. Ahora el nuevo pacto tiene un contenido totalmente diferente. Es un pacto en la sangre derramada del Mesías, de lo que Jeremías no parece haber sabido nada. Es un pacto para la remisión de pecados, algo medular al sentido de la muerte de Jesús pero ausente en la promesa original de un nuevo pacto.

Es indispensable -- ¡estrictamente obligatorio!, ¡urgentemente imperativo! -- interpretar a cada pasaje del Antiguo Testamento en su contexto histórico, como mensaje profético a sus contemporáneos y no primeramente a nosotros. Jeremías, como los demás profetas en general, quiso comunicar a sus oyentes un mensaje de amonestación y esperanza, de denuncia y anuncio. Si Jeremías hubiera dicho, por revelación divina, "Dios hará un nuevo pacto a un nuevo pueblo, redimido por la sangre del Mesías, y ese pacto se celebrará en algo nuevo que va a llamarse 'iglesia'", no hubiera comunicado a sus contemporáneos el mensaje que ardía como fuego en sus huesos.

Ni Jeremías ni ningún otro profeta hebreo tenían la menor idea de una "segunda venida" del Mesías, largo tiempo después de su primera venida, ni de una nueva comunidad que iba a llamarse "iglesia" que existiría entre la primera y la segunda venida. Si entendemos que la esencia de la profecía no era la predicción futurista sino la exhortación y exigencia, entenderemos también que anuncios de la futura existencia de la iglesia o de una segunda venida del Mesías más bien hubiera bloqueado seriamente la comunicación del mensaje. Eran verdades que en ese momento no hacían falta.

Básicamente lo mismo puede decirse de Jer 31:35-37. En primer lugar, debemos tomar en cuenta que estos versículos son una expresión poética, con alguna dosis de hipérbole, de la fidelidad de Yahvéh para con su pueblo. E igual que el nuevo pacto, Dios lo ha cumplido pero no como Jeremías lo entendía o lo esperaba. El NT describe la iglesia como nación santa, tesoro especial, pueblo de reyes y sacerdotes, y otras atribuciones del pueblo de Dios. San Pablo afirma que los verdaderos hijos de Abraham son los hijos de su fe, sean judíos o gentiles, y que los creyentes incircuncisos tienen la circuncisión del corazón. Con este nuevo "Israel de Dios" (Gál 6:16) el "Israel" se ha expandido y internacionalizado.

A San Pablo, como fiel judío hasta su muerte, le dolía profundamente la condición de su pueblo (Rom 9:2-5; 10:1). Apelando al concepto profético del "remanente", Pablo afirma que "Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció" (Rom 11:1-2) y que "luego todo Israel será salvo" (11:26). Así queda claro que Dios no ha abandonado a Israel, y que la nación judía sigue presente ante él. Pero una cosa es la nación y otra cosa es el estado. Durante la mayor parte del tiempo después de Jesús, Israel ha sido una nación pero no ha tenido un estado ni ha ocupado territorio. La promesa de Dios sigue fiel, pero en ningún pasaje del NT esa fidelidad de Dios incluye un estado político y un territorio geográfico, ni mucho menos un ejército armado hasta los dientes. Eso es impresionante porque en la época del NT Israel era colonia de Roma, y otros movimientos sí anunciaban la restitución de un gobierno judío independiente.

La actitud hacia el judaísmo en el NT parece ser ambivalente. Juan de Patmos, autor del Apocalipsis, era también judío de nacimiento, palestinense de origen, pero tenía otra actitud. Describe a los judíos de Esmirna y los de Filadelfia como "sinagoga de Satanás", aparentemente por su colaboración con el satánico imperio romano y por haber delatado a los cristianos ante las autoridades romanos. El mismo Jesús, en su polémica contra los poderosos líderes judíos, exclamó, "Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino" (Mat 21:43).

Conclusión: Los cristianos/as debemos interpretar los textos del AT dentro de su propio contexto original y la semántica de su lenguaje (como p.ej. el término "siempre"), y después buscar su reinterpretación en el NT, a la luz de la venida del Mesías, su segunda venida y el nacimiento de la iglesia.`Bien analizado, ni el AT da base para un derecho divino de Israel a determinado territorio hoy, ni mucho menos la da el NT. Ese error sólo entorpece el análisis del problema entre los israelíes y los palestinos. Ese conflicto debe analizarse, como cualquier otro conflicto político, por los mismos factores históricos, sociales, económicos y éticos, en términos de justicia y promoción de la vida.

martes, 18 de octubre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD DEL CONTROL

Al continuar conversando acerca de la incansable búsqueda de espiritualidad, una de las grandes necesidades y derecho inalienable como seres humanos, nos rendimos ante las seducciones que se nos presentan en esta gran lista de ofertas que nos rodean actualmente, para intentar cubrir nuestras aspiraciones, demandas y carencias en cuanto a la búsqueda de encontrar consuelo, paz, amor y armonía en una comunidad que nos ayude a acercarnos al Supremo, en donde sucumbimos ante la manera que dicha comunidad – a la que nos afiliamos – defina o exija a cualquier persona que quiera ser parte de esta…

Durante siglos el fundamentalismo religioso de cualquier tipo, ha estado aliado y cargado de una falsa piedad, sarcasmos y falsa adulación, lo cual tiende a manifestarse en cuanto a las relaciones de poder que se ejercen con fines de dominación, estas acciones se evidencian usualmente ejerciendo el control de dos formas puntuales y evidentes: la primera es ejercer el control por la vía diplomática y la segunda ejercer el control de manera directamente mezquina; ambas posiciones apuntan a una especie de ateísmo práctico.

En el primer caso, las relaciones en un inicio, se van tejiendo aparentemente de forma leal y respetuosa, con discursos motivacionales y llenos de palabras y acciones engañosamente dulces-lúdicas, pero a medida va pasando el tiempo, la persona o personas abusadas descubren que lo que han estado haciendo de manera genuina y sincera, ha sido ni más ni menos que una manipulación que les ha llevado a realizar hechos al antojo de las personas que están en la cima o vértice de la pirámide del poder, es decir –y en el caso que nos compete hoy– hablamos de las y los líderes religiosos cuyo pensar, actuar y hablar no ha tenido ni una tan sola pisca de los valores, principios y doctrina que dicen defender, lo cual al final causa una gran decepción, desencanto y desgaste del liderazgo y del sistema disque comprometido con la causa del Reinado de Dios.

En el segundo caso, pareciera que las reglas están dadas e impuestas desde los estratos y estructuras jerárquicas de poder, es así que aparentemente la principal regla es: si estás de acuerdo conmigo estas bien, si no lo estas estás mal, yo tengo y ejerzo la voluntad de dios,en este caso es la idolatría del poder ejercido hegemónicamente al estilo de Zeus o Júpiter, que pretende manipular a las personas como si fueran piezas de algún juego al estilo ajedrez, no importando quien salga herido, desprestigiado o destruido, los anti-valores que se mueven en este sistema religioso son: la intimidación, el abuso, la conspiración, el grito, el desprestigio, la vergüenza y la venganza. Dicho sea de paso, este mecanismo se ha heredado de las prácticas militares y gerenciales que responden a su vez a los modelos de dominación patrikiarcales, esto significa que el hombre –no la mujer– es el amo y señor de las cosas que suceden a su alrededor.

¿Cómo denunciar de manera enfática las prácticas abusivas de poder cuando se sirve como a un ídolo a una imagen mental de un dios o estructura que produce los mismo vicios de un sistema de muerte y destrucción que nos envuelve?, ¿hasta qué punto nuestra espiritualidad no ha tenido el peso ético que necesita para llevar a cabo una denuncia profética ante los gobernantes de nuestra sociedad?, ¿de qué manera la iglesia se ha dejado seducir por los modelos basados en el poder dominador y despótico?, ¿quiénes son las victimas en todo esto?

En cualquiera de los casos anteriores, se da la búsqueda del poder, el medio y fin es el poder, por ello se nos hace urgente y necesario replantear algunas visiones de vida que se han inmiscuido en nuestras comunidades de fe, referirnos a las prácticas abusivas y despóticas de poder en donde se coarta la personalidad de las y los individuos, es una situación desleal muy ajena a lo enseñado por El Gran Maestro, quien cuando los apodados Hijos del Trueno ante el rechazo natural del Pueblo Samaritano hacia ellos –los discípulos judíos– le dijeron con gran furia que les autorizara bajar fuego del cielo para que se consumieran y que en ese instante y con justa razón les reprendió de manera amorosa, haciéndoles ver que tenían que solidarizarse con aquellas personas que por mucho tiempo han sido rechazadas, brindando apertura y ver las maneras de escuchar las voces de aquellas grandes multitudes que no tienen voz, en ese contexto violento era imposible que no aprendieran la lección y repensaran su visión de vida (Lucas 9,51-56).

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia

martes, 11 de octubre de 2011

¡Qué es la avaricia? - ¿Quién es un avaro? ¡¡Yo no!!

Por Juan Stam

Cada cultura tiene su propia escala de valores y antivalores. En algunas épocas de la historia de Israel, para muchos judíos guardar el sábado tenía una prioridad destacada, de la máxima gravedad. Por ejemplo, para ellos la fornicación era pecado, sin duda, pero aun peor era el pecado de irrespetar el sábado. También era pecado grave comer cerdo o sentarse en la mesa con gentiles incircuncisos.

Es obvio que nuestra cultura contemporánea concentra sus valoraciones fuertemente en lo sexual, hasta lo obsesivo. Para las personas seculares ("mundanos", para emplear el término bíblico), el placer sexual parece ser la meta prioritaria de la existencia humana, y una vida de orgasmos sísmicos se considera la summum bonum de todos los valores en la vida. Nuestra cultura está obsesionada con el sexo.

Muchos cristianos, por su parte, también están obsesionados con el sexo y reflejan esta misma concentración pansexista, pero invertida. Para ellos los pecados sexuales son los más graves, a veces los únicos pecados que les preocupan (junto con la borrachera, en un segundo lugar). Un empresario puede explotar a sus empleados pagándoles sueldos de miseria, pero asiste a la iglesia, ofrenda y no "cae en pecado" (¿cómo que "cae"? ya está en pecado), es un buen cristiano, toma la Santa Cena y a lo mejor puede ser anciano o diácono de la congregación. El presidente de un país "cristiano" puede mentir descaradamente para justificar así matanzas sangrientas, pero si pertenece a una iglesia, reproduce el discurso religioso y no causa escándalos sexuales, sigue siendo "hermano" en la fe.

Se nos olvida muy fácilmente que según el Nuevo Testamento los pecadores sexuales y los boarrachos no son los únicos que "no herederán el reino de Dios". Entre los diez grupos de 1 Cor 6:9-10 van incluido los idólatras (¿los hay en nuestas iglesias?) , los avaros (¡Los hay, y muchos!), ladrones, estafadores y calumniadores (¡de todos ellos tenemos!). Gal 5:19-21, en su lista de 15 pecados que cierran las puertas del reino, añade brujería, odio, discordia, celo, ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia "y otras cosas parecidas". Entre los seis pecados que según Efes 5:4-6 excluyen del reino de Dios van incluidos la avaricia, necedades y chistes groseros. La larga lista de 21 pecados vergonzosos en Rom 1:24-31 incluye avaricia, envidia, engaño. chismes y "toda clase de maldad". Se ve que eran muy rigurosas las exigencias de la comunidad cristiana. ¿Quién de nosotros no sería culpable de por lo menos una o dos de estas ofensas?

Lo que más sorprende en estas listas es la frecuente inclusión de la avaricia, en los mismos términos que la de la borrachera y los pecados sexuales. Si esos pecados escandalosos excluyen del reino de Dios, entonces también la avaricia, en los idénticos términos, excluye de reino de Dios. De hecho en los doce listas de vicios en los escritos paulinos, la avaricia aparece más frecuentemente que la borrachera. Y es más, en dos de las listas San Pablo agrega una frase sumamente grave, cuando escribe "la avaricia, la cual es idolatría" (Ef 5:5; Col 3:5), el más condenable de todos los pecados. Puede algún cristiano o cristiana negar que la avaricia es pecado?

La Real Academia Española define la avaricia en pocas palabras pero de mucho peso, como "Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". El Diccionario Cuyás, un poco más sucinto, lo define como "un apego desordenado a las riquezas". De las varias palabras griegas para la avaricia, dos son especialmente reveladores. La más común, "pleonexia",se deriva, según Ceslas Spicq (tomo III, p.117), de "pleon" ("más") y el verbo "ejw" ("tener"). Por eso Louw y Nida, en su léxico griego, lo definen como "un fuerte deseo de adquirir más y más posesiones materiales, o de poseer más cosas que las que otros tienen... " (Louw-Nida I:291-2). La avaricia es un deseo insaciable; cuánto más posee, más desee. Otro término para la avaricia es "filarguros", que significa "amor al dinero"; podríamos decir que son "dinerófilos",."enamorados del dinero" (Lc 16:14; 1Tm 6:10; 2Tm 3:2). Esta dinerofilia, según 1Tm 6:10, es "la raíz de toda clase de maldad".

La avaricia -- esta pasión cuasi-erótica por el dinero y por las cosas -- muy fácilmente conduce a la idolatría (Isa 2.7-8; Mt 6:24). La persona avara consagra toda su vida al dinero y deposita toda su fe y esperanza en la riqueza. Cree que posee sus bienes, pero pronto es poseído por ellos. A menudo la avaricia termina distanciándolo de su familia, del prójimo y de Dios mismo, por qué ahora está sirviendo a otro dios. "Dios sabe muy bien", escribió Orígenes, "qué es lo que uno ama con todo su corazón y alma y fuerza; eso para él es su Dios. Que cada uno de nosotros se examine ahora, y silenciosamente en su propio corazón decida cuál es la llama de amor que principalmente y sobre todo está encendida dentro de su ser".

La avaricia es relativamente fácil de definir, pero muy difícil de identificar. Rarísimas veces alguien va a decir, "yo reconozco que soy avaro". Hace poco un amigo me hablaba de un pastor que mostraba muchos síntomas de "prosperidaditis aguditis", pero el amigo aclaró que "él no es avaro, lo que pasa es que le gustan las cosas lujosas". Es muy fácil racionalizar la avaricia y justificar la acumulación y los lujos. Parece que sólo la voz del Espíiritu Santo en el corazón del rico le podrá convencer de su avaricia. Por eso dice San Pablo, hablando del papel de la ley como revelación de Dios, "tampoco hubiera conocido la codicia, si la ley no dijera: no codiciarás" (Rom 7:7)."

Para San Pablo, la avaricia no sólo bloquea la entrada al reino de Dios. sino está también entre los vicios que descalifican para ocupar cualquier oficio en la iglesia (1Tm 3:3,8; Tito 1:7). En el caso de pecados visibles y escandalosos, como borrachera o adulterio, la situación hubiera sido evidentes y relativamente fácil de identificar, pero sospecho que fue muy difícil de aplicar esta restricción en el caso de la avaricia. ¿Quién decide si alguien es avaro o no, con cuáles criterios? ¿En qué punto la prosperidad legítima se convierte en avaricia? En el fondo se trata de una actitud del corazón, de criterios relativos y poco precisos. ¿Cómo habría funcionado eso en el proceso de escogencia de los líderes congregacionales en los tiempos de San Pablo?

Me cuesta imaginar que algún rico, al ser considerado para el liderazgo, hubiera dicho, "Me disculpan, hermanos y hermanas, pero no puedo ocupar ningún puesto porque soy avaro, lo tengo que reconocer". ¡Más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja!!

Me imagino más bien que otra persona, a lo mejor un líder de la congregaión, tendría que señalar al avaro con su dedo y confrontar, como Natán ante David, este pecado en la comunidad. "Lo siento mucho, hermano, y me da mucha pena, pero usted no puede ocupar ninguna carga en la iglesia de nuestro Señor, porque usted es un avaro."

Me imagino la respuésta:

¿Quíen es un avaro? ¡¡¡Yo no!!!

Todos tenemos que hacernos la pregunta, ¿Qué clase de mayordomo soy de los bienes que mi Señor me ha confiado?,

Examíname, oh Dkios, y sondea mi corazón
Ponne a prueba y sondea mis pensamientos,
Fíjate si voy por mal camino,
y guíame por el camino eterno.
(Sal 139:23-24)


Bibliografia:

Louw Johannes y Rugene Nida, Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: United Bible Society 1989)
Spicq, Ceslas, Theological Lexicon of the New Testa,emt (Peabody:Henderson 1994)

martes, 27 de septiembre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD DEL MIEDO

La búsqueda de la espiritualidad hoy en pleno siglo XXI, se ha convertido en toda una odisea, debido a que existen una enorme multitud de ofertas que lo que pretenden es llegar a adherir nuevas personas adeptas –nótese la despersonalización del término– a sus propuestas religiosas cargadas de ritualismos, que acuden a despertar sentimientos como el miedo, el cual como bien es sabido, es una emoción instintiva, que inmoviliza a cualquier persona, definiéndose como una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario, además de un claro recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea…

En nuestra sociedad Latinoamericana y salvadoreña ausente de modelos de búsqueda de Lo Realmente Divino, es de suma importancia detenernos por un momento y meditar en lo que verdaderamente estamos haciendo como hijas e hijos de Dios en un mundo que permanece colapsado en cuanto a la búsqueda de valores y guianza de la práctica del bien –es decir de La Buena Noticia– ya que hasta el momento nuestras espiritualidades han tenido mucha más afinidad con modelos dualistas afines a la cultura griega y no en si a las practicas y enseñanzas de Jesús y los profetas…

En Las Escrituras, uno de los tantos términos que se utilizan para las palabras miedo o temor aparece en el Primer Testamento como חַת (taj); para el caso del Segundo Testamento uno de los términos más comunes es φόβος (phobos); la utilización de estas definiciones nos hacen repensar que las practicas que intimidan a las personas haciendo énfasis en la imagen de un dios ajeno, distante, que su relación con las personas la basa en las relaciones abusivas del poder, que intimidan, gritan, coartan y hasta destruyen. Por otro lado y en cuanto a las relaciones humanas, esta práctica se transmite a través de las diferentes estructuras en las que están tejidas nuestras organizaciones en todo nivel, siendo un modelo de pensar y actuar más afín a la forma de gobierno grecorromana.

Los gobernantes durante mucho tiempo, han utilizado el miedo para llevar a las personas por los caminos y propósitos que ellos han requerido, uno de sus principales aliados ha sido la religión, tal ha sido el caso que los discursos pronunciados por algunos mandatarios abusan del lenguaje cargado de términos religiosos, con ciertos aires pietistas y que hacen levantar sospecha –y por supuesto miedo– para con algunas personas o sistemas que no comulgan con su visión de sometimiento y vasallaje.

En los tiempos de Jesús, esta forma de pensar era bastante común, tanto así que cuando aquellos discípulos –Santiago y Juan– se le acercaron para pedirle estar a su derecha e izquierda, sus intereses eran más en cuanto a la visión de los políticos de su tiempo, tener poder y subyugar a través del miedo y el terror por medio de sus prácticas despóticas, lo cual era algo muy alejado de lo que es El Reinado de Dios en sí, en donde la idea es que sin temor, sin ambición, todas aquellas personas que nos consideramos hermanas y hermanos, podamos servirnos de manera desinteresada sin afán de sacar ventaja, en el camino del Amor y la Armonía, encarnando los valores tangibles que El nos enseñó, sin ambiciones que nos pongan por sobre las vidas de otras personas (Marcos 10,35-45; 1ª Juan 4,17-18).

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto ALternativas a la Violencia El Salvador, Centro América

martes, 20 de septiembre de 2011

Fidel Castro, el modelo cubano y los problemas hermenéuticos del periodista Jeffrey Goldberg

Por Juan Stam

El sensacional artículo del periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, "Fidel Castro: 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'" (Atlantic Monthly, setiembre 2010), explotó agresivamente la respuesta de Castro a una pregunta del periodista. "Le pregunté", escribe Goldberg en su artículo, "si él consideraba que el modelo cubano era algo digno de exportar". Le sorprendió la respuesta tan franca de Fidel: "El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Como era de esperar, la noticia corrió por todo el mundo. ¡Fidel Castro ha rechazado al comunismo!

Realmente eran dos preguntas las que hizo el periodista a Fidel: (1) ¿Cuánta validez tiene el modelo cubano? y (2) ¿debe exportarse ese modelo? La segunda llevaba implícita una vieja acusación, de que Cuba exporta la revolución y el comunismo. Para Fidel le hubiera sido fácil contestar sólo esa segunda pregunta, y responder que el modelo no debía exportarse, pero aprovechó con mucha sinceridad y auto-crítica, para comentar sobre la ineficacia del mismo modelo de su propio gobierno.

El diez de setiembre, en la Universidad de la Habana, Fidel respondió al artículo, afirmando que Goldberg había tomado esa respuesta fuera de contexto y que realmente es el capitalismo que está en crisis y no funciona, mucho menos para exportarse con intervencionismo a otros países. A ese discurso de Fidel, Goldberg respondió con un artículo insultantes con el título, "Fidel intenta salir del apuro". Con una respuesta muy dogmática y pedante, dirigida personalmente a Fidel, el periodista responde, "Lamento tener que decirlo, pero creo que la expresión 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros' significa 'el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros'." O sea, las palabras significan lo que significan y el texto dice lo que dice, ¡y punto! Así de claro y sencillo.

Como periodista profesional, el Sr. Goldberg debe de haber estudiado la lingüística, la hermenéutica y otras ciencias de la comunicación. Un axioma de la lingüística afirma que las palabras mismas no "dicen" nada ni significan nada hasta que una persona no las lea y las interprete. Ahí está la gran falacia de la respuesta tan simplista del Sr. Goldberg. Sería como decir "'Yo soy el que soy' significa 'yo soy el que soy'", o que "'Dios es amor' significa 'Dios es amor'". Esas frases "significan" cosas muy distintas, hasta contradictorias, para diferentes personas. De las palabras de cualquier afirmación, hay tantas maneras de malentenderlas como de entenderlas. Con su respuesta a Fidel, aparentemente tan contundente, Goldberg dejó expuesta su propia ingenuidad o, si sabía mejor, su mala fe y oportunismo.

Fidel insistió en que sus palabras debían interpretarse en el contexto de la pregunta a que respondían. La pregunta esencial era exportar o no exportar el modelo cubano, y su reconocimiento de la ineficacia del actual modelo entró como razón de no pretender exportarlo. No era una declaración oficial en algún discurso formal o una publicación del gobierno. Era una respuesta muy espontánea a una pregunta en una conversación entre dos personas. Obviamente tuvo una gran dosis de ironía y hipérbole, como es típico en conversaciones animadas. El periodista no tuvo la menor sensibilidad a todo ese complejo contexto de las palabras de Castro.

Otro error en la fórmula simplista de Goldberg es la ambigüedad del término clave, "modelo cubano", que no se entiende sin una aclaración hermenéutica. Las palabras mismas no nos "dicen" que puede significar eso. Es evidente que el periodista no se esfuerza por interpretar esa frase como lo entendía Fidel mismo en su respuesta. Goldberg y muchos periodistas parecen haberlo entendido como el socialismo, que ahora, según el mismo Fidel Castro, no sirve. Fidel parece estarlo entendiendo como una de las tantas variantes del socialismo, junto con el modelo soviético, el modelo sandinista de los 80s, y ahora el modelo chino, que parece interesar mucho a Raul Castro y el actual gobierno de Cuba. La misma Cuba ha aplicado diferentes "modelos" en su historia revolucionaria. Así entendidas, las palabras de Fidel no ponen en duda ni el socialismo ni la revolución, pero implícitamente, a otro nivel hermenéutico, sí al capitalismo y al socialismo.

El actual modelo cubano, dice Fidel, en vez de exportarse debe reformarse. Esa noticia debe alegrar a los críticos de Cuba y despertar esperanzas de cambios positivos, de los que hay muchas señales. Y por supuesto, Cuba seguirá "exportando" médicos, maestros, y agrónomos y entrenando futuros doctores en su Escuela Internacional de Medicina en la Habana. Eso también es una buena noticia que debe alegrar todos.

Otro factor hermenéutico a tomar en cuenta es el sector (o los sectores) del público nacional e internacional en quienes pensaba Fidel al hacer su comentario. Es probable que en parte tuviera en mente el mismo pueblo cubano y sobre todo los líderes de línea dura, opuestos a las reformas. El significado del mensaje sería totalmente diferente para líderes de países capitalistas y anticomunistas. En la dinámica de la comunicación, el receptor/a pone una gran cuota del significado al descodificar el mensaje.

Como cristiano, creo que el socialismo democrático (realmente socialista, realmente democrático) es el sistema socio-económico hoy que mejor corresponde a la visión bíblica de la sociedad y la economía. ¿Dónde existe una democracia real? En EUA definitivamente que no, ni en Costa Rica y los demás países capitalistas del hemisferio, que no son democracias sino plutocracias seudo-democráticas electoreras. Son gobiernos de los ricos, por los ricos y para los ricos. En cuanto a la justicia económica, y a pesar de todos los pesares, Cuba está entre los mejores, si no el mejor país de todo el continente americano.

Pues ¡Adelante Cuba! Que hagan los ajustes necesarios al modelo, que lo afinen todo lo necesario, pero que jamás vuelva a caer en el capitalismo. Y que todos nuestros países avancen hacia una democracia más justa e igualitaria.

jueves, 15 de septiembre de 2011

LA ESPIRITUALIDAD IDILICA

Cuando hablamos de idilio, nos referimos al vocablo que proviene del latín idyllĭum, que tiene a la vez su origen en el vocablo griego εἰδύλλιον (eidyllion) que significa literalmente poema breve, en ese sentido el término idilio permite nombrar al coloquio amoroso y a las relaciones entre personas enamoradas, por lo consiguiente es considerado como un subgénero literario de la poesía lírica griega, cuyo enfoque definitivamente es el tema amoroso… tomado de manera enfermiza o radical, puede afirmarse que esta cosmovisión subjetiva puede llegar al extremo de idolatrar a la persona amada o incluso llegar al punto de no querer o admitir separarse por ningún momento o motivo, un tanto complicado cuando se deben resaltar las cualidades individuales y cada persona busca ser independiente y explorar la posibilidad de encontrar espacios para el desarrollo personal de manera integral, o más complicado aun es el hecho de no ver otra realidad mas allá que la que se tiene junto al ser amado, cayendo peligrosamente en una especie de idolatría.

Desde hace algunas décadas, las tendencias religiosas posmodernas y de características light, nos han brindado una gran cantidad de producciones de índole artístico, tanto así que para el caso de la música – que es la más popular – en los diferentes espacios eclesiales, se atiende más bien al ritmo y armonía de las notas y acordes, menoscabando de manera arbitraria el contenido de dichas melodías, hecho muy similar a lo que sucede cuando se entra en una contienda electoral entre los diferentes partidos en pugna que buscan seducirnos con su material propagandístico profesionalmente elaborado, para que les demos nuestro voto… buscando – en el caso que hoy nos ocupa – brindar la mejor oferta con relación a la gran demanda religiosa que las personas de nuestro pueblo buscan incansablemente, como un escape ante la triste realidad de nuestro país, estos hechos nos deberían hacer reflexionar: ¿será que este tipo de mal llamada espiritualidad ha caído en reducir a Jesús o al Dios de Jesús en un ídolo?, ¿es una visión sana el reducir la vida cristiana ha simple actos litúrgicos exportados?, ¿en qué medida la prioridad en nuestras celebraciones culticas se le rinde verdadera adoración al Dios de la justicia, la paz y la vida?, ¿cuáles son las otras opciones que tenemos para no caer esta visión hedonista?

La manera dualista de ver al mundo – unido a todo lo anterior – ha propiciado que en nuestras celebraciones culticas se le dé extrema prioridad a cosas superfluas, por ejemplo se le dice alabanza y adoración a toda una serie de rituales exportados que se han vuelto de consumo popular, el abuso indiscriminado de la tecnología que desplaza el contacto real con las necesidades humanas, desplazando así a lo realmente trascendente e importante, el sistema de valores del Reino, en este punto cabe mencionar que se le da mucha más importancia al aspecto litúrgico, que a los comportamientos enfocados al fruto del Espíritu, El Sermón del Monte – o dicho de otra forma – el compromiso ético que cada hija e hijo de Dios debemos asumir en la búsqueda de poder discipular en una espiritualidad sana que nos haga más cercanos al Dios, Padre y Madre del Jesús que esta con nosotras y nosotros, que promueve la vida, la paz y la reconciliación y que además continua presente en la historia de quienes más lo necesitan, es decir, asumir el desafío de poder transformar con un fuerte compromiso ético cristiano la realidad de las personas que viven en sectores vulnerables (Gálatas 5,22-23; Mateo 5-7).

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creacion

martes, 6 de septiembre de 2011

Algunos evangelios que no son (Gálatas 1:6-9)

Por Juan Stam


Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes

a quien los llamó por la gracia de Cristo,

para pasarse a otro evangelio.

No es que haya otro evangelio,

sino que ciertos individuos estén sembrando confusion entre ustedes

y quieren tergiversar el evangelio de Cristo.

Pero aun si alguno de nosotros

o un ángel del cielo

predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado,

¡que caiga bajo maldición! ...

ahora lo repito ...

¡que caiga bajo maldición!



Para Pablo las buenas nuevas eran el tesoro más grande de nuestra vida en Cristo, y por lo tanto era un "pecado teológico imperdonable" tergiversar o negar el evangelio, como hacían algunos maestros que habían engañado a los gálatas. El mismo apóstol que pudo decir, con profunda convicción cristiana, "No me avergüenzo del evangelio", pudo, con la misma convicción, declarar malditos los predicadores de cualquier "otro evangelio".

Los gálatas habían aprendido de Pablo el evangelio de la gracia, pero, engañados por algunos cristianos judaizantes, habían recaído en las exigencias de la ley (comidas, circuncisión, nuevas lunas etc). Con eso, les dice Pablo, han roto con Cristo y han caído de la gracia (5:4); ya "Cristo no les servíra de nada" (5:2). Pablo denuncia ese "evangelio legalista" como un falso evangelio, un "otro evangelio" que "tergiversa el evangelio de Cristo" (1:6-7).

Hace cincuenta años un sector amplísimo de los "evangélicos", especialmente de los Estados Unidos y de América Latina, era de hecho más legalista que evangélico. Para estar bien con Dios, la fórmula era "No fumar, no tomar, no bailar y no ir al cine" (y para algunos, no jugar futbol ni tocar instrumentos mundanos como la guitarra y la marimba). Ellos seguían, sin darse cuenta, el "no-evangelio" que denunció Pablo tan vehemente en esta epístola.

Hoy día, a Dios gracias, ese legalismo ha sido mayormente superado y la tentación ahora puede ser más bien el libertinaje. Sin embargo, han surgido algunos "otros evangelios" que estamos seguros que San Pablo hubiera denunciado en términos igualmente tajantes. Veamos algunos de ellos:

(1) El evangelio dinero-céntrico[1] Se predica "otro evangelio" no sólo por negar una verdad o enseñar un error, sino también por desenfocar el mensaje. Muchas herejías parten de algún aspecto de la verdad, pero lo toman aisladamente y lo exageran y distorsionan. A menudo toman algo periférico y secundario, y lo colocan como central y hasta excluyente. El resultado es un "evangelio ex-céntrico", desbalanceado, que termina siendo "otro evangelio". Una verdad fuera de proporción y fuera de su enfoque bíblico, fácilmente se convierte en una herejía.

Así es el caso de la teología de la prosperidad. Parte de enseñanzas bíblicas muy secundarias, las hacen centrales y definitivas, y contradicen (a lo mejor sin darse cuenta) enseñanzas mucho más claras y centrales de las escrituras. Es cierto que el Antiguo Testamento habla de "la bendición de Dios que enriquece", y cita la prosperidad de Abraham y otros. Pero todo el énfasis bíblico cae más bien en la justicia y la igualdad, como se puede ver en la legislación social y económica de Israel`. especialmente el año sabático (Lev 25:1-7; Deut 15, cancelación de deudas y leyes de ayuda a los pobres) y el año de jubileo (Lev 25, con reforma agraria y mucha legislación social).

Los predicadores de la prosperidad han inventado una supuesta "ley de la siembra", malinterpretando 2 Cor 9:10. Convierten una simple analogía agrícola en una especie de ley natural automática, comparable a la ley de la gravedad o las leyes de la astrofísica. Pero olvidan que el gran tema central de ese pasaje (2 Cor 8-9), lejos de ser fórmulas mágicas para acumular riquezas, es la invitación a los corintios a demostrar su gratitud a Dios, precisamente ayudando a los pobres de Jeruslén (cf. 1 Cor 9:8-9, el versículo inmediatamente anterior a la analogía agrícola). El modelo es aquel que "siendo rico se hizo pobre por nosotros" (8:9), no el "testimonio" de algún pobre que se hizo rico o, aun más común, de un rico que se hizo más rico, sin mencionar aquellos que "sembraron" pero nunca salieron de su pobreza. Además, 8:14 insiste dos veces en que Dios quiere la mayor igualdad posible, no el enriquecimiento desproporcionado de algunos pocos.

Fuera del mundo evangélico, la teología de la prosperidad ha sido un escándalo y un tropiezo, una vergüenza para la fe. Alberto Cañas. renombrado autor costarricense, lo caracterizó como la doctrina que "el rico lo es porque Dios lo premia, y el pobre porque Dios lo castiga. Ergo, los ricos son los elegidos de Dios" (La República, 4 de julio de 2007). Esa es la impresión que produce esa teología entre los de afuera.

El evangelio, en cambio, nos llama a entregarnos para que todos tengan lo suficiente, que la brecha entre ricos y pobres sea mínima, y que no haya injusticia.

(2) El evangelio demonio-céntrico, conocido como "guerra espiritual": Este movimiento ve demonios por todos lados y tiende a enfocarse mucho más en ellos que en Cristo. Interpretan toda la vida como una lucha contra Satanás y sus huestes. Es cierto que los evangelios presentan numerosos casos de individuos poseídos por demonios, a los que exorcizó Jesús. Es una realidad que no debe negarse, pero no es central en los evangelios ni debe ser central en nuestra experiencia de fe. Karl Barth dijo una vez que los poderes demoníacos son una realidad, pero no debemos mirarlos más que por el rabo del ojo. Concentrarnos en ellos es darles gusto y darles un poder que de otra manera no tendrían. Por cada mirada hacia ellos, debemos echar diez miradas hacia Cristo.

En las epístolas de San Pablo, lo demoníaco se manifiesta en "principados y poderes, tronos y coronas", o sea, en fuerzas y estructuras de maldad, no en individuos con espuma en la boca. El Apocalipsis es el libro del Nueva Testamento que más énfasis pone en el diablo y sus aliados, pero lo ve definitivamente en el imperio romano (Apoc 13:2; 17:9-11). Los militantes de la guerra espiritual ven demonios muchas veces donde no están, pero quedan totalmente ciegos a la presencia diabólica donde realmente está.

Hay una clara veta de belicismo en esta teología; practicarlo es un poco como jugar a guerra con Nintendo o gozarse sádicamente en películas de tortura. Una vez una hermana evangélica me confesó ingenuamente, "A mi me encanta la guerra espiritual, es muy emocionante". Por eso, los mismos que practican "liberación" por medio de exorcisimos, no tienen el menor problema en apoyar incondicionalmente el militarismo criminal del Pentágono o los ejércitos y dictadores asesinos de sus propios países.

El diablo es real, y sus huestes son reales, pero en conjunto todos son un enemigo ya vencido por Cristo. No tenemos por que fijarnos obsesivamente en ellos. Apocalipsis aun se burla un poco del ellos. Al pobre dragón de Apocalipsis 12, absolutamente nada le va bien; es un fracaso total, es de veras un pobre diablo. Más adelante vemos al dragón y sus aliados no sólo vomitar, sino vomitar ranas; las criaturas más feas que han salido de la mano del Creador salen ahora de las bocas de ellos. Porque el Apocalipsis sabe que el diablo está derrotado ya, puede reconocer toda su realidad sin temerlo por un segundo ni cederle una pulgada. Porque ha concentrado toda su mirada en el Cordero, puede mirar al dragón "por el rabo del ojo" mientras celebra el triunfo del Crucificado.

(3) El evangelio milagro-céntrico: No cabe duda de que los milagros son importantes en las escrituras e importantes para nuestra fe, pero nuevamente, una teología cuyo énfasis principal cae en los milagros, como tema casi exclusivo, no es el evangelio que proclama el Nuevo Testamento. Los milagros son señales, y con cada milagro debemos preguntarnos, "¿Qué nos está diciendo Dios con esta señal?" Como bien ha dicho Plutarco Bonilla, "Los milagros también son parábolas". El milagro no es un fin en sí sino ocurre en función de la historia de la salvación, dónde Dios quiere y cuándo Dios quiere. Durante períodos enteros de la historia bíblica, y en la vida de grandes heroes de la fe, no ocurrieron milagros. Abraham, por ejemplo, o Samuel, David o los profetas bíblicas, no se caracterizaron por poderes milagrosos. Los milagros son muy legítimos en su lugar, pero su lugar no es en el centro de nuestra fe y vida cristiana.

Originalmente los dones se entendían como la acción de Dios al dar; un don de sanidad, por ejemplo, era básicamente el acto de Dios al darle salud al enfermo, no una fuerza especial que poseyera alguna persona para lograr milagros. Por eso, cuando Dios sanó al cojo por medio de Pedro y Juan, éstos dijeron, "¿Por qué poneís los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios deAbraham ... ha glorificado a su Hijo Jesús" (Hech 3:12-13). Poner los ojos en un "sanador" humano suele ser señal de un evangelio milagro-céntrico.

Gracias a Dios por todos sus dones maravillosos y por su gran poder. Pero cuando esos milagros ocupan el centro de nuestra fe y nuestras vidas, en vez de Dios y su Hijo Jesucristo, fácilmente termina siendo "otro evangelio" al que correspondería la vehemente denuncia del Apóstol Pabo.

(4) El evangelio rapto-céntrico: Esta es la variante escatológico-profética del evangelio milagro-céntrico. En este caso, la fe se centra en que Cristo vendrá a "levantar a su iglesia" y llevarla al cielo antes de que comience la gran tribulación. El hecho es que esta ferviente expectativa del rapto de la iglesia domina la fe de millones de evangélicos, y a veces es toda su esperanza. Hace unos años escuché el testimonio de una persona recién convertida, quien dijo: "Ahora siento un alivio muy grande, pues no sufrirá los terrores de la gran tribulación ni iré al infierno después". Un popular predicador televisivo, más charlatán que expositor bíblico, solía preguntar al público, "¿Cuántos esperan la venida de Cristo?". A los que levantaban la mano respondía frívolamente, "¡Equivocados! No esperamos a Cristo sino al rapto de la iglesia".

Cabe un debate serio en cuanto a la enseñaza novotestamentaria sobre la venida de Cristo y el mal llamado "rapto". A favor del rapto pre-tribulacionist hay argumentos válidos, mayormente inferenciales o cuestionables exegéticamente; creo que de hecho, son mucho más fuertes los argumentos exegéticos en contra de tal interpretación. Pero en cualquier caso, el rapto es de los temas menos importantes en el Nuevo Testamento y jamás debe ocupar el centro de nuestra fe y esperanza.

La palabra "rapto" nunca aparece en la Biblia sino que se deriva de la Vulgata (traducción al latin). En 1 Tesalonicenses 4:17 "seremos arrebatados" es un verbo pero "al encuentro con el Señor", en el griego original, es un sustantivo. Ese "encuentro" era un momento importante en las venidas de grandes personajes como el emperador, generales victoriosos y otros, y aquí, la de nuestro Señor Jesucristo. En la interpretación bíblica y la teología, es peligroso cambiar verbos de acción ("arrebatar") en sustantivos abstractos ("el rapto"). En el texto de San Pablo, el verbo "seremos arrebatados" no es más que transporte para llevarnos a lo que realmente importa, que es precisamente la gloriosa esperanza de "nuestro encuentro con él".

El "evangelio rapto-céntrico" no sólo confunde verbos con sustantivos abstractos, sino también confunde lo que es mero "transporte" con lo que es realmente importante, el encontrarnos con aquel que hemos amado sin haberlo visto (1 Pedro 1:8). Cualquier evangelio rapto-céntrico en vez de Cristo-céntrico es un evangelio falso que recibe la condena del apóstol Pablo.

(5) El evangelio ego-céntrico: Un denominador común de estos "evangelios que no son" es su egocentrismo. Proclaman un evangelio de ofertas, lo que Dietrich Bonhoffer calificó de "gracia barata". Te ofrece, sin las exigencias del costoso discipulado, la prosperidad, el poder y la victoria, la sanidad y la profecía y el escape de la gran tribulación y del infierno. Vienen al caso las palabras de José Martí en cuanto a los curas y predicadores de su época:

¿Qué juicio debes de formar de un hombre que dice que te va a hacer un gran bien, que lo tiene en su mano, que sin él te condenas, que de él depende tu salvación, y por unas monedas de plata te niega ese inmenso beneficio? ¿No es ese hombre un malvado, un egoista, un avaricioso? ¿Qué ideas te haces de Dios, si fuera Dios de veras quien enviase semejantes mensajeros?

Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan les manda al cielo, ese Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero. ¡No, amigo mío, hay otro Dios!

¡Cuánta falta nos hace a todos los cristianos hoy meditar seriamente en el soneto anónimo y muy evangélico del siglo XVI:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Si no debe ser el cielo que nos motiva a amar a Dios, mucho menos debe ser "la prosperidad o la salud milagrosa que me tienes prometida" (aun cuando esas cosas sean legítimas). Si el temor al infierno no debe motivar nuestra fe, mucho menos debe ser el temor a los demonios o a "la gran tribulación tan temida, para dejar por eso de ofenderte". Cualquier "evangelio" que se centra sólo en ofertas, de ganga y baratillo, definitvamente no es el evangelio del Nuevo Testamento.

(6) El evangelio cristo-céntrico es el único evangelio verdadero, que juzga y denuncia, igual que Pablo, a todos los "pseudo-evangelios" ex-céntricos y egocéntricos de nuestro tiempo. Su único centro inconmovible es Jesucristo, el Verbo hecho carne, en cuya muerte y resurrección está nuestra única salvación. Llama la atención la ausencia del mensaje de la cruz en los "evangelios" tan populares en estos días. "Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado", porque para nosotros el mensaje de la cruz es "poder de Dios, y sabiduría de Dios" (1 Cor 1:24; 2:2; cf. Fil 3:7-10).

El verdadero evangelio es un mensaje de salvación por la gracia de Dios, pero no por la gracia barata; de justificación por la fe, pero por "la fe que obra mediante el amor eficaz" (Gál 5:6 paráfrasis personal). Jesucristo nos llama a tomar la cruz y seguirlo a él (Mat 16:24), no sólo a ser creyentes o miembros de alguna iglesia. Nos manda al mundo, no a comerciar con una serie de productos religiosos, ni tan sólo producir simpatizantes "que creen todo lo que os he enseñado", sino a hacer discípulos, dijo Jesús, "que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mat 28:20). Cristo nos llama a todos a la aventura del discipulado radical.

Hay "evangelios" hoy que dan vergüenza al evangelio. Pero del verdadero evangelio podemos decir con San Pablo, "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todos ... " (Rom 1:16).