jueves, 19 de agosto de 2010

POR, PARA Y CON

Generalmente nuestra forma de hablar denota nuestra manera de pensar y actuar, esto si manejamos las cosas desde el punto de vista ético más que moral, implicaría hacer lo que se dice y no tener doblés en cuanto a nuestra forma de expresarnos. Por ello en esas pequeñas clausulas de nuestro lenguaje – incluso el popular – hay palabras que expresan claramente nuestra visión de vida, tal es al caso de las preposiciones que utilizamos para referirnos a las personas que atendemos, lo cual es aplicable en un ambiente de liderazgo basado en los valores y principios del Reino (Mateo 5 – 7).

Usualmente la preposición por es utilizada en casos donde se tiende a tener una visión un tanto maternalista de proceder en las relaciones que se establecen entre las personas con quienes tenemos contacto, aunque si de una manera cordial y horizontal. De esa forma, cuando se habla del trabajo por la niñez o por la juventud, se establecen vínculos sentimentales y afectivos que despiertan algunas iniciativas que no permiten en algún momento hacer ver que las mismas personas a las que se atiende tienen la capacidad de identificar y salir adelante en los proyectos que se emprendan; por otro lado, esta es una manera de crear dependencia de un líder o una lideresa, puede darse el caso de llegar a tener demasiada tolerancia, al grado de llegar a consentir o como se dice popularmente alcahuetear a quienes se atienden. Es bastante común en nuestro medio pensar así, ya que se dice que Latinoamérica es una sociedad que se ha visto afectada por la ausencia del padre dentro del seno del hogar, debido varios factores que incluyen: violencia (maltrato, homicidios, etc.), migración, divorcio y separaciones.

En el caso de la preposición para, se utiliza normalmente cuando todo el poder se concentra en un solo líder – lideresa o un grupo cerrado, que son quienes definen las reglas del juego en todo sentido, tornándose así un ambiente de verticalidad y los lazos de comunicación se establecen en función de las expectativas de quien (s) está (n) al frente y no de las personas que pretenden ser beneficiadas. La agenda se define con anterioridad debido a que el líder o lideresa pretende saber las necesidades reales del grupo que atiende. Esta es una visión de trabajo basada en un modelo paternalista, el cual para sobrevivir, tiene que alimentarse del poder que impone y ejerce hacia las personas que se atienden.

Cuando hablamos de tener trabajo con las personas, se nos obliga a cambiar la visión que se tiene, despertando el interés primeramente en conocer realmente a quienes atendemos, verles como personas y no como números o cifras, verles más desde una perspectiva que no tiene sus cimientos en el ejercicio del poder, mas enfocada en el trato entre iguales, sin importar quién es la persona mayor, mas experimentada, más culta o inteligente; al tener y promover esta manera de ver a la gente que atendemos, contribuimos a facilitar algunos procesos como: el autoconocimiento, la identificación de las necesidades reales de las comunidades, familias e individuos, el autodesarrollo y la autogestión, la conciencia colectiva, entre algunos de los beneficios directos que se obtienen. Por ello es sumamente importante no perder de vista que hay que escudriñar las posibilidades de establecer un diálogo directo, franco y sincero con las personas antes de asumir o pensar – irrespetuosamente – por o para ellos y ellas con relación a sus necesidades, así tenemos la oportunidad de encarnarnos en las vida de ellos, ellas y la comunidad a la que pertenecen, al mismo tiempo que nuestra forma de pensar y actuar cobra más relevancia, sin afán de protagonismo o búsqueda de poder, más bien se adquiere autoridad. Esta aparte de ser una visión más integral del trato hacia las y los seres humanos, es también una visión encarnacional.

Todo lo anterior es una breve reseña que puede servirnos para evaluar que tipo de labor estamos desempeñando, si buscamos servir o ser servidos, vernos confrontados con lo que Jesús enseñó (Mateo 18,10-14 cfr.: Marcos 9,33-37; Lucas 9,46-48), siendo más importante pensar desde el más pequeño, sin asumir roles de poder o afán de sobresalir o fanfarronear con nuestros conocimientos o habilidades, que lo que han traído al final son tristeza, descontento, malestar, dolor e incluso muerte de las personas que hemos pretendido atender disque integralmente.

Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación

2 comentarios:

  1. Esta reflexión me recuerda el significado del nombre EMANUEL... "Dios CON nosotros."

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  2. Que filosofos, si ustedes han de ser los hijos perdidos de Pablo jajaja, no me habia dado cuenta que en ocasiones marcamos poder con (ya aplique la informacion) las palabras, buenisima reflexion.

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