Algunas personas jóvenes de nuestro país están atravesando por una fase de desencanto, no quieren expresamente tener algo que ver o que les vincule al mundo adulto – o adulto-céntrico – lamentablemente tejido a la imagen y semejanza de quienes marginan, excluyen y explotan… por mencionar algunos casos puntuales: a las y los jóvenes se les cierran los espacios para obtener empleos dignos, se les exige experiencia laboral cuando el mismo sistema no les ha brindado los espacios necesarios para poder desarrollarse, en otras palabras dicha experiencia laboral no ha sido adquirida según los parámetros que define el sistema.
Con relación a la creatividad y las expresiones artísticas propias de los espíritus inquietos, se les coarta e intenta frenar, lo cual les acarrea desanimo para no continuar en una nueva búsqueda de nuevas propuestas cargadas de gran lucidez e innovción, que trascienden los esquemas tradicionales… un aspecto también que afecta es con relación al género, las jóvenes son casi anuladas en un ambiente cargado de machismo, incluso con las personas de su edad.
Al hablar de la ciencia y la tecnología modernas, estas dictaminan la manera que ellas y ellos deben cantar, bailar, su estética e incluso espiritualidad, como si esa mano tierna y salvadora estuviera más interesada en apretar y exprimir, no en abrazar y acariciar – sin abusos – las causas justas de una juventud alienada por la cultura light y el consumismo, hedonismo, relativismo y permisividad que trae como consecuencias inmediatas.
En cierta ocasión durante una celebración devocional el predicador hablaba con tono fuerte, desafiante y prepotente acerca de la sujeción que la juventud en general debe tener ante los parámetros establecidos por las estructuras adulto-céntricas nefastas y el reclamo hacia la juventud de no alejarse de las personas adultas… ante semejantes planteamientos escuché con sumo dolor el murmullo salido desde lo más profundo del corazón de una adolescente que pronunció entre dientes y sollozando: nos alejamos porque ustedes nos obligan a hacerlo…
Esas palabras de esta muchacha continúan sonando y haciendo eco, ya que es una de las miles de voces proféticas que nos serían de amplia utilidad para repensar nuestra fe y prácticas de poder dentro de nuestros respectivos espacios eclesiales, debido a que como generación adulta nos hemos dado el lujo y la osadía de negarnos a entablar un dialogo con las generaciones emergentes y por si esto no bastara, hemos cometido los pecados de coartarles, controlarles, utilizarles y entretenerles, visiones completamente alejadas y descontextualizadas de lo que es realmente el Reino.
No hay que caer ingenuamente en una especie de neocracia – es decir el poder o dominio de la juventud por sobre las personas adultas – o incluso en una neolatría – la idolatría o adoración insana hacia la juventud o todo aquello que nos parezca nuevo o novedoso – esto es necesario aclararlo ya que nuestra juventud con todo su energía y gran potencial normal de su edad, su inigualable creatividad, son capaces de generar una manera predecible e impredecible de propiciar los cambios que necesitamos aceptar y asumir en nuestra sociedad, por ello como adultos deberíamos estar prestas y prestos a acompañarles haciendo a un lado nuestro ego adulto y abrir paso a estas generaciones que se merecen todo nuestro amor limpio y sincero, nuestra comprensión, de verles como a iguales, aprender a verles como aquel que dijo que hay que ser como niños y niñas (Mateo 18,1-5).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
Excelente comentario, hoy por hoy tenemos una juventud con limites puestos por adultos que cortan sus alas para volar y sumergirce en un ambiente donde puedan desarrollar sus capacidades para hacer cambios que ayuden a nuestra sociedad a salir del letargo en que nos encontramos.
ResponderEliminarRoberto Carlos Armas
Mision Transformadora
Nicaragua