viernes, 1 de julio de 2011

¿QUIENES ESTAN ADENTRO?

En círculos religiosos de todo tipo, se tiende a pensar en base a ideas, criterios o prácticas que se tienen a fundamentar por los planteamientos pre-elaborados de algunas personas que ejercen su poder sobre el liderazgo y demás miembros que se involucran en dicho grupo, es por ello que existen un amplio abanico de creencias y doctrinas, las cuales continúan ampliándose cada vez mas alrededor del mundo.

Si nos movemos bajo lo anterior, visto en un ambiente más tradicional, se van cerrando las posibilidades, es decir, hay menos personas que podrán ser parte de estas iniciativas religiosas, estas personas en su gran mayoría son niñas, niños, adolescentes, jóvenes, mujeres y personas con discapacidad, que no encuentran cabida en un espacio donde lo que se les exige –para estar dentro– usualmente es un cambio inmediato de apariencia, vocabulario o de ciertas prácticas que no les es permitido llevar a cabo por los reglamentos internos que cada grupo impone a discreción.

Es interesante hacer notar que por lo general estas posturas aberrantes tienen su origen en el fundamentalismo, para ello es necesario aclarar que significa este: fundamentalismo son distintas corrientes religiosas que promueven la interpretación literal de un texto fundamental de una religión específica – por ejemplo: El Corán, La Torá o La Biblia – como máxima autoridad, ante el cual ninguna otra autoridad puede invocarse, la cual debería imponerse sobre las leyes de las sociedades democráticas. En un sentido amplio, el fundamentalismo también se identifica con las corrientes anti-modernistas de distintas religiones. A veces se le confunde con el milenarismo o el mesianismo o se le asocia con fanatismo o extremismo, aunque este último término se suele reservar para actitudes específicamente de la vida política.

El fundamentalismo es una definición relativamente moderna que surge como respuesta cuando la sociedad moderna empieza o tiende a guiarse por las leyes humanas y deja de lado las divinas, afectando a los hábitos y al estilo de vida más que todo moralistas e individualistas. El término nació a principios del siglo XX en los Estados Unidos de América y con gran rapidez pasó a definir ideologías cristianas – más que todo protestantes – que maximizan la infalibilidad de La Biblia, pretendiendo un regreso a las posturas fundacionales del cristianismo, basándose en muchos casos en nociones reaccionarias, es decir de extrema derecha.

Por lo general el fundamentalismo tiene mucha afinidad con las posiciones socio-políticas y económicas tradicionales o conservadoras, que pueden dar cabida a otras prácticas anti-cristianas: como el maltrato en el hogar, maltrato a las y los empleados en todo sentido, estar a favor de la explotación, etc. … se menciona y se hace todo lo posible por no romper con el status quo, sin cuestionar lo que hacen los gobernantes y autoridades de todo tipo y se hace escándalo de cualquier cosa que a su manera de ver serían herejías y por lo tanto quien piense diferente no puede estar dentro del grupo y merece la expulsión, ¡he aquí el por qué se dice que todo fundamentalismo es altamente nocivo para la humanidad!

Esto nos hace preguntarnos: ¿quiénes pueden permanecer dentro de una estructura como esta?, ¿es realmente libertad lo que se encuentra en estos grupos?, ¿vale la pena someterse a un régimen como este?, ¿qué tan validos son los requisitos qué dichos grupos imponen para considerarse estar dentro?, ¿es acaso la gracia un don que puede privatizarse?, ¿acaso Dios puede hablar solamente con quienes están en dichas agrupaciones?

En contraposición a esto, nos vienen a la mente las ocasiones que El Espíritu a propiciado en su infinito amor y misericordia la interacción para escuchar su voz con aquellas personas que no la tienen, quienes no tienen poder, en las calles, en los parques, en las comunidades, los hospitales, las cárceles donde el sistema con sus representantes no alcanza a llegar –a no ser para hacer algún tipo de proselitismo político-partidario– donde la iglesia prefiere pasar de largo y poner como excusa su falsa piedad basada en un fundamentalismo cruel e insensible que no toma en cuenta las necesidades humanas…

Hoy más que nunca, vale la pena revisar nuestro proceder, confrontarnos con la praxis de Jesús, quien cuando Juan El Bautista, desde la cárcel mandó a sus seguidores ante El, les hizo ver que el hacer evidente la Buena Noticia del Reinado significa entrar en dialogo desinteresado y actitud de servicio con los sectores vulnerables y excluidos, que ellos también merecen estar dentro y no sufrir algún tipo de marginación, que con ellas y ellos también El Espíritu revolotea como lo ha hecho desde el principio de todo (Mateo 11,2-10).

Antonio Salomón Medina Fuentes, Coordinador Nacional del Proyecto Alternativas a la Violencia, El Salvador, Centro América

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