Nuestra juventud en El Salvador, continúa siendo azotada por la violencia endémica e infame que nos sigue envolviendo, agotando y desgastando en todo sentido, se vuelve incluso, en algunos casos hasta enfermizo el hecho de estar a la expectativa que las distintas instancias gubernamentales y no gubernamentales y medios de comunicación en general, cuando dan a conocer a la luz pública los índices de personas fallecidas – o victimizadas – por causas violentas, datos que preocupan y mantienen con gran incertidumbre a nuestra población en general…
En el afán de articular algunos intentos de prevenir la violencia y el estado de guerra social en el cual nos encontramos, las diferentes instancias del Estado buscan algún tipo de alternativas y dan a conocer algunas estrategias de prevención – en su mayoría a nivel primario – que buscan coordinar esfuerzos con otras instancias, hacen llamados explícitos a: lideresas y líderes comunitarios, ONG’s, iglesias y personas comunes, es decir, que se intenta incluir a quienes tengan la preocupación y sensibilidad de construir un mejor país enfocado en una cultura de paz que pueda concretarse realmente.
Hasta ahora, las propuestas han sido insuficientes, muchas de ellas se han quedado en buenas intenciones, las y los jóvenes continúan muriendo, volviendo la situación desesperante, más que todo en el seno de La Familia Salvadoreña que no tiene espacio para dar a conocer su dolor, viviendo un luto de manera inconclusa en la mayoría de estos casos… en esto debemos recalcar que los medios de comunicación sobredimensionan en su momento, utilizando los recursos visuales y audiovisuales de manera perversa y pervertida para desatar un miedo que puede llegar a convertirse en pánico generalizado en la población.
Es así como el miedo se convierte en un arma letal, ya que no nos permite pensar con claridad, nos inmoviliza, incitando a la negación y en el peor de los casos a la venganza… por ello ahora es común escuchar en platicas en cualquier lugar y entre madres y padres de familia mencionar: es preferible que nuestras hijas y nuestros hijos pasen aquí en casa que fuera, donde no se sabe lo que puede ocurrir; este es uno de los motivos del gran auge del internet domiciliar, teniendo acceso a las llamadas redes sociales, uso de videojuegos y una gran infinidad de pasatiempos que necesariamente son llevados a cabo bajo un techo aparentemente seguro, lo cual de fondo coartan el poder desarrollar algunas habilidades y destrezas sociales en la personalidad de las y los adolescentes y jóvenes usuarios.
Esta conducta de nuestra juventud, no hace más que dar a conocer el temor hacia sí mismos y a otras personas, ya no hay confianza, incluso entre familiares y vecinos, el temor nos envuelve y nos hace levantar sospechas, plegamos nuestras existencias a el de manera despiadada, no nos permite reflexionar con claridad, nos arrebata el pensar en visiones de vida y proyectos cuyo enfoque sea la vida y no la muerte, llevándonos de forma sutil al estancamiento.
Las generaciones emergentes, son claves en el desarrollo de todo país, no deberían existir condiciones que les impulsen a auto-retraerse, y ser intimidados por el temor, sentimiento que puede y debe ser vencido, no con leyes y políticas de mano dura, no con más violencia, más bien con alternativas sencillas, que nos lleven al dialogo, la comprensión, la amabilidad, la verdad, el amor, la justicia que como consecuencia que traigan la paz y la reconciliación en un contexto tan complicado como en el que nuestra amada juventud intenta vivir, en donde construyamos junto a ellas y ellos un país más acorde a los valores de un nuevo país, un nuevo mundo, un nuevo Reino (1ª Juan 4,18-21).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
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