A raíz de los altos índices de violencia que hemos estado viviendo en nuestro amado país El Salvador últimamente, como población civil estamos sumamente preocupados y con una gran incertidumbre, buscando de una manera casi desesperada algunas alternativas y propuestas que puedan contribuir a minimizar los actos violentos y delictivos de los que somos testigos y víctimas diariamente.
Por ahora, el estado ha impulsado medidas para el control de los hechos de violencia, con la llamada “Ley anti-pandillas y grupos de exterminio”, la cual ha sido una de las iniciativas que se hacen ver como la solución definitiva y la fórmula casi perfecta para la erradicación de la criminalidad, es así como ya es común ver en nuestras calles agentes de la PNC fuertemente armados y elementos del ejército desplegados “haciendo su trabajo”; diversos sectores también han pretendido contribuir en esta labor, algunos escuchados, otros criticados y algunos ignorados por las instancias gubernamentales respectivas; lo realmente cierto es que hay situaciones que se nos escapan de la manos a todos y todas.
Dentro de esas medidas paliativas, entra en discusión la lectura de La Biblia en los centros educativos, lo cual ha traído hechos que merecen ser puestos al análisis: el primero de ellos, son las opiniones encontradas entre el Vicepresidente y Ministro de Educación Salvador Sánchez Cerén, que está de acuerdo en ello y el arzobispo de San Salvador Monseñor José Luis Escobar Alas, quien claramente ha comentado que la postura oficial de la iglesia católica-romana es no estar de acuerdo con ello por razones proselitistas, más que de fe, una postura un tanto contradictoria por el hecho de venir de un religioso; en segundo lugar, es sumamente curioso que esta iniciativa se está volviendo más un debate intra-religioso, que un dialogo constructivo en pro de generar valores, y en base a ello desarrollar algunas ideas y acciones que puedan servir para aminorar el fenómeno de la violencia en nuestro país. Recordemos también que la lectura de La Biblia en los centros educativos es de carácter opcional según esta ley que ya fue aprobada, en espera que el Presidente Mauricio Funes, la sancione, haga observaciones o la vete; además de ello es importante recalcar que esta actividad ya se ha venido dando durante años atrás como parte de la formación de valores.
Por otro lado, se ha generado también un debate de tinte ideológico, por el origen de la propuesta en sí, ya que el grupo parlamentario de ARENA fueron quienes levantaron el tema en la Asamblea Legislativa. Esto también es algo que nos pone en que pensar y preguntarnos: ¿será que las problemáticas que genera la violencia en nuestro país van a resolverse solamente por leer La Biblia en los centros educativos?, ¿quién puede garantizar que esto no es más que una estrategia político-mercantilista de los partidos políticos que pretenden jugar nuevamente con las necesidades reales nuestras?
Existe un hecho innegable: los orígenes de la violencia en nuestro país, se generan en el hogar, los padres y las madres de familia, hemos fallado en cuanto a la enseñanza de vida y práctica de los valores y principios que nos han traído hasta este punto, donde se ha desplazado desde un inicio la verdadera enseñanza bíblica, a eso hay que añadirle los factores de índole migratorio y del crimen organizado… Como que la conversación debe ser más cercana a las necesidades reales de todas las generaciones que aún estamos con vida. Esto es sumamente grave y debería causarnos escándalo, no en el sentido fundamentalista o puritano del término, más bien en un sentido de conversión por ser un país “creyente en Dios”.
Bajo todo este contexto podemos preguntarnos: ¿por qué normar la lectura de La Biblia cuando es algo que debería surgir naturalmente en el seno de nuestros hogares?; pueden existir innumerables respuestas y debates, sin embargo, es necesario partir del hecho que La Escritura es un bien universal, por ello debería de ser leída de manera espontanea, responsable, ética, sin imposiciones. Quiera Dios que el enfoque en sí de esta ley no sea visto como una excusa para caer en un radicalismo religioso generando confrontaciones infundadas e incitar así a más violencia (de la que estamos cansados), sino más bien sacar provecho y generar puentes que nos lleven a poder dialogar con las generaciones emergentes – sin utilitarismos – y motivar a poder reconciliarnos con Dios y nuestros semejantes, e incitar a una cultura de paz real, para que en verdad se cumpla lo que dice acertada y poéticamente el segundo Isaías:
Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así mi Palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo (Isaías 55,10-11).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
El probrlema de esta nación no está en los jóvenes ni en los niños, está en los adultos que nos hemos apartado de los valores que Dios estableció para la humanidad. La Biblia nos enseña que es la familia (el padre transmitiéndola a sus hijos de generación en generación _Salmo 78.5-8_ y la madre amando a su esposo y sus hijos y cuidando de su casa _Tito 2.3-5_) la encargada de la enseñanza de estos valores; no lo es la escuela. Bueno sería como un complemento pero, que los docentes que la imparten vivan lo que enseñan. Se va a leer pero habrán docentes que su vida no reflejará la exigencia de lo enseñado, lo cual llevará a una contradicción entre la teoría y la práctica, como está sucedienco en la actualidad entre la familia (Haz lo que digo no lo que hago). Además algunos docentes no se limitarán a leer sino que cada quien dará su propia interpretación bíblica, lo que llevará a una confusión más grande y los alumnos se preguntarán ¿a quién le creo?, esto sin mencionar los docentes displicente y los ateos para quienes esto carece de importancia. Ya no digamos las dificultades teológicas que surgirán entre los alumnos, en discusiones estériles, cada uno queriendo que los otros piensen y sientan como él.
ResponderEliminaradnuila