Los macabros hallazgos realizados en la zona occidental de El Salvador, específicamente en el municipio de Lourdes Colón, departamento de La Libertad, se han encontrado en un cementerio clandestino 385 cadáveres, de los cuales el 80% son mujeres jóvenes que presentan signos de haber sido previamente torturadas, mutiladas y violentadas por quienes hicieron dichos crímenes.
Parte de la gravedad de dichos casos, no solamente es el número – o las cifras de los mismos – es también la forma de cómo nuestra juventud – y en este caso mujeres jóvenes – continúan siendo víctimas de tan atroces y brutales acciones, pareciera que la violencia se sigue expandiendo como una enfermedad “consiente” de todo lo que se lleva a cabo para ejercer poder y llevar al ocaso a las vidas humanas.
Se continúan queriendo dar soluciones políticas – con leyes y políticas públicas – a un problema social, para ser mas especifico de guerra social, en donde toda persona se convierte en sospechosa, lo real y grave del asunto es que muchas veces el origen de esta violencia generalizada se inician en el seno de la familia, además de la gran brecha que divide a pobres con relación a los ricos, la falta de oportunidades para los y las jóvenes, así como la falta de voluntad política para encarar los problemas del narcotráfico y crimen organizado, vicios que incluso han llegado a las estructuras del gobierno y algunos sectores de la empresa privada.
Todos estos cuerpos encontrados hasta el momento, cuentan una historia de una pandemia – casi crónica – llamada violencia, cuentan que no tuvieron la oportunidad de tener una vida digna, cuentan que sus agresores siguen en la impunidad, cuentan y evidencian la fragilidad de nuestro sistema jurídico-legal, cuentan que aún los hombres se creen superiores a las mujeres, cuentan que sus victimarios se ríen de nuestras leyes, cuentan que han sido víctimas de grupos sin escrúpulos que pretenden rendir culto y pleitesía a un sistema de muerte…
Por su lado la iglesia, pareciera dormida ante el dolor y la desgracia, se intenta dar una explicación seudo bíblica y lógica a la situación, dándole connotaciones futuristas, en cuanto a la venida del señor – no sabemos ¿qué señor? – que intenta justificar y no dar explicaciones que puedan traer consuelo, paz y reconciliación a las personas dolientes; como iglesia se ha sido especialista en pecar de omisión… el hacer ver que no son las únicas personas que han padecido este tipo de atrocidades, también es parte de la forma a veces fría y despiadada con la que se procede en nuestros ghettos eclesiales.
¿Qué está pasando en nuestra sociedad?, ¿acaso el evangelio lo hemos vuelto insuficiente o mutilado?, ¿qué tipo de compromiso y entrega incitamos a vivir dentro y fuera de nuestras iglesias?, ¿ya no existen más respuestas ante tanta calamidad?, ¿nos hemos vuelto un mini-cosmos frío e insensible?... pueda que haya muchas más preguntas difíciles de responder, ya sea con palabras o con acciones, pero es parte del ponernos a reflexionar y ver las alternativas concretas y reales que El Espíritu nos llama a hacer en favor de la justicia, el amor, fe y esperanza como ejes centrales de la manifestación del Reino entre nosotros y nosotras.
¿Qué camino seguir?, es difícil saberlo, no hay formulas reales ante la problemática de la violencia, lo que si tenemos es la visión utópica – por el momento – de querer cambiar la situación y repensar nuestra fe, en base a los valores y principios fundamentales del Reino que nos vino a enseñar Jesús, en donde la justicia – mas allá de lo legal – es el primero de ellos y al mismo tiempo es la clave para nuestro proceder en la búsqueda de alternativas que puedan servirnos en este caminar, que supere todo sistema corrupto y viciado de actitudes irreverentes, obscenas e irrelevantes ante las personas que necesitan esa tan ansiada Buena Noticia (Amos 8,4-6).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
La Fe sin Justicia no nos lleva a nada al igual que la Justicia sin la Paz...
Buscamos brindar herramientas con el objeto de encontrar La Paz de manera vivencial, despertando el sentido de comunidad entre las personas.
lunes, 25 de octubre de 2010
lunes, 11 de octubre de 2010
¿CUANTOS SACRIFICIOS MÁS?
El número de asesinatos es un indicador que evidencia diariamente los hechos violentos que en nuestro país siguen dando de qué hablar, tanto es así que los datos oficiales revelan que a finales del mes de septiembre’2010 se hablaban de un promedio de 7 muertes diarias, lo cual contabilizaban ya 4,482 vidas segadas de manera violenta, muchas más que el 2009 que se registraron 4,349 al final de ese año. Esto no deja de ser alarmante, los crímenes siguen siendo presentados por los diferentes medios con lujo de barbarie, sin tomar en cuenta el gran impacto que estas imágenes “pornográficas” generan en las y los espectadores. En todo ello la gran mayoría de estas personas han sido jóvenes.
Es curioso que estos mismos medios que se unen como defensores de la libertad de expresión, cuando se refieren a la juventud que protesta por sus derechos fundamentales o se movilizan a favor de una causa justa, se les brindan apelativos como “supuestos… estudiantes… miembros… voceros, etc.”, con el fin de deslegitimar las acciones no violentas y de dignificación que se desarrollan a favor de tener condiciones de vida más justas, intentando con gran dificultad abrirse espacios para tener un lugar dentro de nuestra sociedad adulto – céntrica, que continua cerrando las puertas a nuestra martirizada juventud salvadoreña.
Las reformas a las leyes – o la entrada en vigencia de otras – nos brindan también un panorama que pone a la luz pública el alto grado de exclusión y marginación – integral – que vive nuestra juventud, sin tomarles o tratarles como personas completas, sin ver que detrás ha habido una grave historia desarrollada sobre todo tipo de antivalores, violaciones de sus derechos básicos y actos corruptos que les ven como objetos y no como sujetos, que pueden tener, compartir y desarrollar sueños y aspiraciones.
Muchos intelectuales concuerdan de manera fatalista que hoy en día existen una gran cantidad de jóvenes sin perspectiva, es sumamente preocupante cuando una sociedad no puede ofrecer una visión y misión de vida para sus jóvenes, como sociedad adulta se ha fracasado, se ha querido pensar por ellos y ellas, se les ha sumergido y cosificado en un sistema que para poder seguir subsistiendo necesita con gran desesperación buscar victimas, como un ídolo que ejerce su influencia de manera silenciosa, que aplaca su ira con los sacrificios de las vidas de las y los jóvenes, a ese ídolo mounstroso y desfigurado se le ha llamado sistema neoliberal, pero si le podemos llamar de otra manera apegados a La Escritura, este – sistema de maldad – podría llamarse amor al dinero (φιλαργυρία: philargyria).
Para que este sistema pueda perpetuarse, a los y las jóvenes se les incluye – de manera despersonalizada y viciada, con una especie de agenda oculta – en la cultura de consumo, que les impulsa a vivir una vida sin objetivo, hedonista, relativista, permisiva, light, afín a seguirles utilizando con los propósitos acordes al sistema e intentar desenfocarles de cosas más importantes que puedan ayudarles a tener mejores oportunidades y mejores condiciones de vida.
Los sistemas eclesiales no escapan ante las supuestas bondades que ejerce este sistema de muerte, valen más las posesiones, las bendiciones – traducidas muchas veces y en la mayoría de los casos – como enfocadas en la mal llamada teología de la prosperidad, además de las estructuras corporativas que lo que hacen es ejercer poder, dominio y control para con las personas, trayendo todo ello como resultado la exclusión y marginación, dando a entender que en la iglesia solamente son bienvenidos y bienvenidas las personas sanas, aparentemente limpias, con posibilidades de contribuir a la expansión y permanencia de dicho sistema, por otro lado el dinero y las posesiones de aquellas personas – adultas en su mayoría – que no tienen ningún interés de trabajar en El Reino, si puede contribuir para continuar perpetuando el sistema.
El tiempo actual, es confuso para nuestra juventud, debido a que las personas adultas – dentro y fuera de la iglesia – que tienen el control del sistema, toman actitudes muy inmaduras y antiéticas, son ellos y ellas quienes hacen bailar al son de una música perversa las degeneraciones que quieren que las y los jóvenes de manera ilógica tomen como patrones de vida, llámense esto violencia, poder, consumo e individualismo, que hacen que las y los jóvenes se desencanten y no quieran ser parte de este sistema de muerte que pretende envolverles (Lucas 7,31-32).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
Es curioso que estos mismos medios que se unen como defensores de la libertad de expresión, cuando se refieren a la juventud que protesta por sus derechos fundamentales o se movilizan a favor de una causa justa, se les brindan apelativos como “supuestos… estudiantes… miembros… voceros, etc.”, con el fin de deslegitimar las acciones no violentas y de dignificación que se desarrollan a favor de tener condiciones de vida más justas, intentando con gran dificultad abrirse espacios para tener un lugar dentro de nuestra sociedad adulto – céntrica, que continua cerrando las puertas a nuestra martirizada juventud salvadoreña.
Las reformas a las leyes – o la entrada en vigencia de otras – nos brindan también un panorama que pone a la luz pública el alto grado de exclusión y marginación – integral – que vive nuestra juventud, sin tomarles o tratarles como personas completas, sin ver que detrás ha habido una grave historia desarrollada sobre todo tipo de antivalores, violaciones de sus derechos básicos y actos corruptos que les ven como objetos y no como sujetos, que pueden tener, compartir y desarrollar sueños y aspiraciones.
Muchos intelectuales concuerdan de manera fatalista que hoy en día existen una gran cantidad de jóvenes sin perspectiva, es sumamente preocupante cuando una sociedad no puede ofrecer una visión y misión de vida para sus jóvenes, como sociedad adulta se ha fracasado, se ha querido pensar por ellos y ellas, se les ha sumergido y cosificado en un sistema que para poder seguir subsistiendo necesita con gran desesperación buscar victimas, como un ídolo que ejerce su influencia de manera silenciosa, que aplaca su ira con los sacrificios de las vidas de las y los jóvenes, a ese ídolo mounstroso y desfigurado se le ha llamado sistema neoliberal, pero si le podemos llamar de otra manera apegados a La Escritura, este – sistema de maldad – podría llamarse amor al dinero (φιλαργυρία: philargyria).
Para que este sistema pueda perpetuarse, a los y las jóvenes se les incluye – de manera despersonalizada y viciada, con una especie de agenda oculta – en la cultura de consumo, que les impulsa a vivir una vida sin objetivo, hedonista, relativista, permisiva, light, afín a seguirles utilizando con los propósitos acordes al sistema e intentar desenfocarles de cosas más importantes que puedan ayudarles a tener mejores oportunidades y mejores condiciones de vida.
Los sistemas eclesiales no escapan ante las supuestas bondades que ejerce este sistema de muerte, valen más las posesiones, las bendiciones – traducidas muchas veces y en la mayoría de los casos – como enfocadas en la mal llamada teología de la prosperidad, además de las estructuras corporativas que lo que hacen es ejercer poder, dominio y control para con las personas, trayendo todo ello como resultado la exclusión y marginación, dando a entender que en la iglesia solamente son bienvenidos y bienvenidas las personas sanas, aparentemente limpias, con posibilidades de contribuir a la expansión y permanencia de dicho sistema, por otro lado el dinero y las posesiones de aquellas personas – adultas en su mayoría – que no tienen ningún interés de trabajar en El Reino, si puede contribuir para continuar perpetuando el sistema.
El tiempo actual, es confuso para nuestra juventud, debido a que las personas adultas – dentro y fuera de la iglesia – que tienen el control del sistema, toman actitudes muy inmaduras y antiéticas, son ellos y ellas quienes hacen bailar al son de una música perversa las degeneraciones que quieren que las y los jóvenes de manera ilógica tomen como patrones de vida, llámense esto violencia, poder, consumo e individualismo, que hacen que las y los jóvenes se desencanten y no quieran ser parte de este sistema de muerte que pretende envolverles (Lucas 7,31-32).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
lunes, 4 de octubre de 2010
UN PUEBLO AL SERVICIO DE DIOS, O DIOS AL SERVICIO DEL PUEBLO
Deuteronomio 28,1-2 Y sucederá que si obedeces diligentemente al SEÑOR tu Dios, cuidando de cumplir todos sus mandamientos que yo te mando hoy, el SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al SEÑOR tu Dios.
La historia esta llena de diferentes tipos y clases de diferencias. Están entre los que hacen el bien y el mal, entre ricos y pobres, entre poseedores y desposeídos, entre altos y bajos, entre empleados y desempleados, entre los que buscan el bien común y aquellos que solo buscan el bien personal, entre aquellos que quieren servir y los que desean ser servidos, entre los que tienen ansias de poder y aquellos que desean que los que lo tienen piensen en ellos, entre lo que aman y los que aborrecen, entre los que desean figurar y aquellos que desean estar en el anonimato, entre los pudientes y los marginados, entre la media y la alta.
Durante los primeros siglos de su historia, los israelitas tuvieron una organización social que respetaba las necesidades del pueblo. Las decisiones más importantes se tomaban en las reuniones de los liderazgos de diversas tribus. Pero no todo era perfecto. Había problemas. Pero el pueblo participaba en la vida social y política. El problema de hoy en día de nuestras sociedades es que hemos caído en un sentido de “pesimismo colectivo” o en el peor de los casos “indiferencia masiva”. Hacia el año 1030 a.C., los israelitas resolvieron imitar a los pueblos vecinos: adoptaron el régimen monárquico. Con esto consiguieron producir más; se volvieron más fuertes. Pero el pueblo pasó a ser menos escuchado; sus valores, su modo de ser, fueron dejados de lado.
El Estado se distanció del pueblo. Y este tipo de conducta cada día se va convirtiendo en una “cultura general” de los Estados. Quienes más sufrieron, Eran los que más trabajaban y producían; fueron los que tuvieron que pagar más impuestos. Hoy en día vemos como las personas más laboriosas, más responsables y trabajadoras en oficinas, fabricas, comercio e industria de nuestro país están cada día siendo oprimidas o perseguidas por ideales o sistemas; sin tomar en cuenta sus habilidades y cualidades personales y laborales.
Toda persona, sistema u organización interesada en si misma, o en la fama o en el poder; obedece a un solo fin: OPRESIÓN. Ya sea en nombre del progreso o en nombre del cambio; los valores del pueblo sencillo y moralmente sano van siendo olvidados. Los valores que pueda imprimir a la sociedad la honradez, el trabajo, la fidelidad, el respeto, la lealtad y el amor; no son tomados en cuenta en los “grandes diálogos, o mesas de trabajo, o agendas de los gobernantes en turno”.
El rey Acab por conveniencia se casó con Jezabel, hija del rey de Tiro. Esta introdujo su religión. Esto me invita a realizar una reflexión: ¿Es que la fe no logra crear un acuerdo ante las distintas tendencias desastrosas que el país va tomando?, tomando en cuenta que “decimos ser” un país eminentemente “cristiano”. ¿Es que no podemos desarrollar con la ayuda de Dios nuestra propia cultura económica, de trabajo y sana convivencia?.
En los tiempos del Rey Acab El pueblo estaba medio adormecido. Reaccionaba poco. Se mostraba indeciso, picoteando de aquí y de allá según sus intereses personales. Ya no estaban unidos a su Dios que los había liberado de Egipto. Quedaba libre el camino para la injusticia. Cuanto más nos alejamos de Dios y de sus valores eternos, mas a merced estaremos de las estrategias del Diablo para la destrucción de nuestras familias y por ende de nuestro Nación. La injustica, el anarquismo, el vandalismo, la indiferencia, el crimen, el homicidio, el aborto, la homosexualidad y toda manifestación de maldad tendrán en medio de nosotros un caldo de cultivo, tierra fértil para crecer.
Creo que en este mes, en que celebramos nuevamente la Reforma Protestante; debemos mirar con admiración y pedir a Dios que levante hombres como El Profeta Elías. Valientes, Íntegros, Convencidos; sobre la verdad de Dios y el Plan de Dios para toda la humanidad. Salvación, Redención, Justificación deben y tienen que tener un sentido profundo en cada creyente de nuestro País; los gobernantes como los gobernados tenemos necesidad de que se nos diga la importancia de Servir al Dios en quien decimos creer, y no solo tratar de servirnos de El en los momentos de aflicción, temor, desastre y calamidad. Porque en muchas ocasiones, lo hemos visto, es solo en esas circunstancias que escuchamos a todas las castas sociales mencionar el “nombre de Dios”. Reflexiona y medita. Que Dios nos bendiga.
Pastor Francis A. Batarse G.
Iglesia Cristiana Cristo Centro
El Salvador C.A.
La historia esta llena de diferentes tipos y clases de diferencias. Están entre los que hacen el bien y el mal, entre ricos y pobres, entre poseedores y desposeídos, entre altos y bajos, entre empleados y desempleados, entre los que buscan el bien común y aquellos que solo buscan el bien personal, entre aquellos que quieren servir y los que desean ser servidos, entre los que tienen ansias de poder y aquellos que desean que los que lo tienen piensen en ellos, entre lo que aman y los que aborrecen, entre los que desean figurar y aquellos que desean estar en el anonimato, entre los pudientes y los marginados, entre la media y la alta.
Durante los primeros siglos de su historia, los israelitas tuvieron una organización social que respetaba las necesidades del pueblo. Las decisiones más importantes se tomaban en las reuniones de los liderazgos de diversas tribus. Pero no todo era perfecto. Había problemas. Pero el pueblo participaba en la vida social y política. El problema de hoy en día de nuestras sociedades es que hemos caído en un sentido de “pesimismo colectivo” o en el peor de los casos “indiferencia masiva”. Hacia el año 1030 a.C., los israelitas resolvieron imitar a los pueblos vecinos: adoptaron el régimen monárquico. Con esto consiguieron producir más; se volvieron más fuertes. Pero el pueblo pasó a ser menos escuchado; sus valores, su modo de ser, fueron dejados de lado.
El Estado se distanció del pueblo. Y este tipo de conducta cada día se va convirtiendo en una “cultura general” de los Estados. Quienes más sufrieron, Eran los que más trabajaban y producían; fueron los que tuvieron que pagar más impuestos. Hoy en día vemos como las personas más laboriosas, más responsables y trabajadoras en oficinas, fabricas, comercio e industria de nuestro país están cada día siendo oprimidas o perseguidas por ideales o sistemas; sin tomar en cuenta sus habilidades y cualidades personales y laborales.
Toda persona, sistema u organización interesada en si misma, o en la fama o en el poder; obedece a un solo fin: OPRESIÓN. Ya sea en nombre del progreso o en nombre del cambio; los valores del pueblo sencillo y moralmente sano van siendo olvidados. Los valores que pueda imprimir a la sociedad la honradez, el trabajo, la fidelidad, el respeto, la lealtad y el amor; no son tomados en cuenta en los “grandes diálogos, o mesas de trabajo, o agendas de los gobernantes en turno”.
El rey Acab por conveniencia se casó con Jezabel, hija del rey de Tiro. Esta introdujo su religión. Esto me invita a realizar una reflexión: ¿Es que la fe no logra crear un acuerdo ante las distintas tendencias desastrosas que el país va tomando?, tomando en cuenta que “decimos ser” un país eminentemente “cristiano”. ¿Es que no podemos desarrollar con la ayuda de Dios nuestra propia cultura económica, de trabajo y sana convivencia?.
En los tiempos del Rey Acab El pueblo estaba medio adormecido. Reaccionaba poco. Se mostraba indeciso, picoteando de aquí y de allá según sus intereses personales. Ya no estaban unidos a su Dios que los había liberado de Egipto. Quedaba libre el camino para la injusticia. Cuanto más nos alejamos de Dios y de sus valores eternos, mas a merced estaremos de las estrategias del Diablo para la destrucción de nuestras familias y por ende de nuestro Nación. La injustica, el anarquismo, el vandalismo, la indiferencia, el crimen, el homicidio, el aborto, la homosexualidad y toda manifestación de maldad tendrán en medio de nosotros un caldo de cultivo, tierra fértil para crecer.
Creo que en este mes, en que celebramos nuevamente la Reforma Protestante; debemos mirar con admiración y pedir a Dios que levante hombres como El Profeta Elías. Valientes, Íntegros, Convencidos; sobre la verdad de Dios y el Plan de Dios para toda la humanidad. Salvación, Redención, Justificación deben y tienen que tener un sentido profundo en cada creyente de nuestro País; los gobernantes como los gobernados tenemos necesidad de que se nos diga la importancia de Servir al Dios en quien decimos creer, y no solo tratar de servirnos de El en los momentos de aflicción, temor, desastre y calamidad. Porque en muchas ocasiones, lo hemos visto, es solo en esas circunstancias que escuchamos a todas las castas sociales mencionar el “nombre de Dios”. Reflexiona y medita. Que Dios nos bendiga.
Pastor Francis A. Batarse G.
Iglesia Cristiana Cristo Centro
El Salvador C.A.
lunes, 27 de septiembre de 2010
¿QUÉ MUNDO?
En los diferentes ambientes cristianos, una de las temáticas que se abordan con frecuencia es la de poner la esperanza en el mundo venidero, lo cual es asociado comúnmente a la segunda venida de Cristo, de lo cual viene toda una construcción teológica que muchas veces tiene más que ver con el hecho de ver e interpretar La Escritura como si fuera una especie de talismán o bola de cristal que nos ayuda a saber acerca de los hechos o eventos futuros más que nuestra misión en el presente.
El mundo, es el lugar donde vivimos, el planeta en donde estamos ubicados como personas y demás seres vivos en su amplia inmensidad, biodiversidad y especie, donde por el momento somos ciudadanos y al mismo tiempo vecinos de nadie… ésta en cierta manera es una interpretación fatalista de la realidad, ya que nuestra vida normalmente la centramos en ambiciones hedonistas asociadas a una forma de vida ligth que tiende más a valorar lo desconocido, es decir – como dicen los materialistas – la vida de ultratumba, visión que despierta un rechazo al mundo conocido y valorar lo desconocido, dando así mas rienda suelta a las visiones del más allá que la vida que nos rodea, es así como en algunos ambientes eclesiales, el enfoque es mas tener un rechazo declarado al mundo.
Por otro lado, existe una obsesión por ir al otro lado del mundo ha realizar labores proselitistas, sin ver a quien – o quienes – están a nuestro lado sufriendo de diferentes maneras: por la violencia, por la pobreza, por la falta de cuido del medio ambiente, por el VIH, etc., lo cual hace ver una insensibilidad y frialdad ante las necesidades humanas reales de las personas, estos pensamientos y actitudes individualistas tienden más a agudizar el tremendo deterioro del tejido social de nuestro país…
Se han teorizado esquemas teológicos que dicen que lo correcto es el divorcio implacable del mundo, validando una espiritualidad superficial, cimentada en arena movediza, la cual se vuelve un instrumento que abala la corrupción de los sistemas que ejercen su poder adormecedor y dominador sobre las personas, sirviendo como dijo Carlos Marx en su momento como opio de los pueblos, por perder de vista su autentica labor profética.
En el Antiguo Testamento en la mayoría de los casos encontramos la palabra mundo usada de una manera positiva, no como algo ajeno, más bien como lo cotidiano, la relación de respeto con la naturaleza, el quehacer de la humanidad; en el Nuevo Testamento, se menciona la palabra κόσμος (kosmos) que puede significar: universo, tierra, sistema de este mundo, un sistema ordenado o armonioso, orden u ornamentos, la antítesis del caos. Cuando esta palabra se usa como término absoluto, significa todo lo que existe, incluyendo lo que se ha descubierto y aún está por descubrirse. Estas breves definiciones desde La Escritura, nos dan luces para comprender una nueva definición y enfoque de lo que llamamos mundo ahora, curiosamente no tienen nada que ver con las concepciones dualistas de la relación pre elaborada como “ministerial” y “secular”.
Históricamente la agenda de la iglesia ha intentado ser impuesta al mundo, sin embargo lo alternativo, lo verdaderamente espiritual, lo que nos desafía aun mas a tener un verdadero compromiso, es que el mundo pueda definir la agenda de la iglesia, en el sentido que las grandes necesidades, las grandes problemáticas del mundo, pueden ser vistas como oportunidades de servicio desde el seno de la iglesia, con todos sus dones, su visión de vida que se inserta – μόρφωσις (morphōsis): encarnación – en la realidad, esto, sería un paso significativo y trascendental en el actuar misional del Pueblo de Dios en el mundo.
Nuestra relación con el mundo tiene que ver más que todo con el seguimiento a Cristo (Juan 3,16-17) lo cual es primordial, en el entendido que cuando en algunos pasajes del Nuevo Testamento se refiere al mundo de manera negativa, es porque la relación se platea más que todo en no caer en el juego hecho por los sistemas perversos y corruptos que ejercían – y ejercen – su poder para subyugar a las personas y mantenerles en un estado de adormecido ideológico, sin ningún compromiso con las problemáticas socio-políticas-económicas que también son parte de la vida y deben ser influenciadas o redimidas de alguna forma por la gracia cara que se contrapone a la gracia barata. Por ello nuestra relación con el mundo tiene más implicaciones éticas hacia nuestros y nuestras semejantes, no significa envolvernos en una burbuja eclesio-moralista y legalista, si no de ver la posibilidad de hacer a un lado el temor y encarnarnos en esa realidad que tanto necesita ser influenciada por la Buena Noticia del Reino que es una tarea necesaria y de conciencia ante las implicaciones a las que nos retó y sigue retando Jesús (Mateo 1,23; 1ª Juan 3,17; 4,15-18).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
El mundo, es el lugar donde vivimos, el planeta en donde estamos ubicados como personas y demás seres vivos en su amplia inmensidad, biodiversidad y especie, donde por el momento somos ciudadanos y al mismo tiempo vecinos de nadie… ésta en cierta manera es una interpretación fatalista de la realidad, ya que nuestra vida normalmente la centramos en ambiciones hedonistas asociadas a una forma de vida ligth que tiende más a valorar lo desconocido, es decir – como dicen los materialistas – la vida de ultratumba, visión que despierta un rechazo al mundo conocido y valorar lo desconocido, dando así mas rienda suelta a las visiones del más allá que la vida que nos rodea, es así como en algunos ambientes eclesiales, el enfoque es mas tener un rechazo declarado al mundo.
Por otro lado, existe una obsesión por ir al otro lado del mundo ha realizar labores proselitistas, sin ver a quien – o quienes – están a nuestro lado sufriendo de diferentes maneras: por la violencia, por la pobreza, por la falta de cuido del medio ambiente, por el VIH, etc., lo cual hace ver una insensibilidad y frialdad ante las necesidades humanas reales de las personas, estos pensamientos y actitudes individualistas tienden más a agudizar el tremendo deterioro del tejido social de nuestro país…
Se han teorizado esquemas teológicos que dicen que lo correcto es el divorcio implacable del mundo, validando una espiritualidad superficial, cimentada en arena movediza, la cual se vuelve un instrumento que abala la corrupción de los sistemas que ejercen su poder adormecedor y dominador sobre las personas, sirviendo como dijo Carlos Marx en su momento como opio de los pueblos, por perder de vista su autentica labor profética.
En el Antiguo Testamento en la mayoría de los casos encontramos la palabra mundo usada de una manera positiva, no como algo ajeno, más bien como lo cotidiano, la relación de respeto con la naturaleza, el quehacer de la humanidad; en el Nuevo Testamento, se menciona la palabra κόσμος (kosmos) que puede significar: universo, tierra, sistema de este mundo, un sistema ordenado o armonioso, orden u ornamentos, la antítesis del caos. Cuando esta palabra se usa como término absoluto, significa todo lo que existe, incluyendo lo que se ha descubierto y aún está por descubrirse. Estas breves definiciones desde La Escritura, nos dan luces para comprender una nueva definición y enfoque de lo que llamamos mundo ahora, curiosamente no tienen nada que ver con las concepciones dualistas de la relación pre elaborada como “ministerial” y “secular”.
Históricamente la agenda de la iglesia ha intentado ser impuesta al mundo, sin embargo lo alternativo, lo verdaderamente espiritual, lo que nos desafía aun mas a tener un verdadero compromiso, es que el mundo pueda definir la agenda de la iglesia, en el sentido que las grandes necesidades, las grandes problemáticas del mundo, pueden ser vistas como oportunidades de servicio desde el seno de la iglesia, con todos sus dones, su visión de vida que se inserta – μόρφωσις (morphōsis): encarnación – en la realidad, esto, sería un paso significativo y trascendental en el actuar misional del Pueblo de Dios en el mundo.
Nuestra relación con el mundo tiene que ver más que todo con el seguimiento a Cristo (Juan 3,16-17) lo cual es primordial, en el entendido que cuando en algunos pasajes del Nuevo Testamento se refiere al mundo de manera negativa, es porque la relación se platea más que todo en no caer en el juego hecho por los sistemas perversos y corruptos que ejercían – y ejercen – su poder para subyugar a las personas y mantenerles en un estado de adormecido ideológico, sin ningún compromiso con las problemáticas socio-políticas-económicas que también son parte de la vida y deben ser influenciadas o redimidas de alguna forma por la gracia cara que se contrapone a la gracia barata. Por ello nuestra relación con el mundo tiene más implicaciones éticas hacia nuestros y nuestras semejantes, no significa envolvernos en una burbuja eclesio-moralista y legalista, si no de ver la posibilidad de hacer a un lado el temor y encarnarnos en esa realidad que tanto necesita ser influenciada por la Buena Noticia del Reino que es una tarea necesaria y de conciencia ante las implicaciones a las que nos retó y sigue retando Jesús (Mateo 1,23; 1ª Juan 3,17; 4,15-18).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
lunes, 20 de septiembre de 2010
¿QUÉ REINO?
La palabra reino, puede tener muchas connotaciones, algunos sinónimos comunes para ello son: dominar, gobernar, imperar, prevalecer, regir. Algunas definiciones comunes son: un estado o territorio gobernado por un rey; espacio real o imaginario en el que actúa algo material o inmaterial. Estos conceptos tienden a recalcar las relaciones de poder en un sistema esclavista – feudalista, vigentes durante el periodo histórico de la Edad Media, aunque algunos rasgos de esto se mantienen en la actualidad.
Modernamente dicho termino tiene más afinidad con el de un gobierno o sistema en donde en definitiva se tiene un aparato de estado que pueda legitimar y dar operatividad a las leyes y políticas públicas, propuestas y aprobadas por las personas que han sido elegidas legítimamente a través de elecciones libres, acto que favorece – al menos en teoría – las garantías constitucionales y democráticas de un país.
Por ello, durante el devenir de la historia de la humanidad al llegar al punto de la explotación – dominación – entre los seres humanos, se han considerado varios tipos de reinos que han ejercido sus formas de control, así podemos mencionar: los gobiernos totalitarios, los dictatoriales, los gobiernos republicanos, los democráticos, las republicas parlamentarias, las republicas presidencialistas (en donde podemos ubicar a El Salvador y buena parte de los países de Latinoamérica), semi-presidencialistas, unipartidistas, entre una inmensidad de propuestas…
En cuanto a sistemas de gobierno se refiere, es importante recalcar que en cierto sentido ayudan a mantener un orden de las cosas y no caer en un estado de anarquía, para luego mantener el status quo, en especial de los gobernantes o representantes del pueblo (clase política) y muchas veces de las personas allegadas a ellos y ellas, lo cual viene en algún momento a evidenciar algún tipo de descontento por parte del mismo pueblo que los eligió.
Si el gobierno – anterior y actual – hiciera valer las garantías constitucionales en nuestro país, no habría tanta pobreza, lo cual impulsa a las y los jóvenes nuestros a migrar buscando otras alternativas de vida, no hubiera habido 14 víctimas en la reciente masacre de Tamaulipas, de la que tanto se ha comentado y de la que nuestro país también ha sucumbido ante la ola de violencia – también endémica – que se vive en el vecino país de México.
El recién pasado 15 de septiembre’2010, se conmemoraron los actos correspondientes al 189 aniversario de las luchas independencistas de Centro América, hecho histórico que marcó la vida de los pueblos que vivimos en esta zona geográfica, en cuanto a visión de vida y desigualdades político-sociales-económicas, situación que se mantiene hasta el momento entre la enorme brecha que existe entre pobres y ricos. Por ello nuestros países siguen teniendo problemáticas muy similares que tienen que ver con aspectos muy centrales que impiden su autodesarrollo, preguntándonos de manera casi lapidaria: ¿a quién o quienes benefició esta independencia?... la obra teatral Jupiter, de nuestro gran poeta, dramaturgo y escritor Francisco Gavidia, nos brinda ciertas pautas muy brillantes para analizar más detenidamente esta visión y hacernos mas conscientes con relación a practicar una ciudadanía plena y responsable, con verdadero patriotismo y la búsqueda de identidad nacional.
Nuestros ambientes eclesiales lamentablemente se ven influenciados por todo lo anterior, es así como al hablar de reino, en la mayoría de los casos los discursos, enseñanzas y prácticas litúrgicas son referidas a situaciones de índole futurista y no de nuestro tiempo, enfocando y propagando vaticinios que nada tienen que ver con las verdades del Reino, cayendo muchas veces en posiciones aberrantes, a lo cual es preciso recordar con mucha firmeza lo que dicen los grandes estudiosos de La Biblia al referirse al Reino: es el ya, pero todavía no… Las otras visiones que se desprenden de reino, tienen que ver más con las prácticas eclesiales en sí y las relaciones más por la vía del poder que de la autoridad (ἐξουσία: exousia), mas de tener control sobre las y los miembros y el celo injustificado por un territorio específico “conquistado” y hecho a la imagen y semejanza de quien (o quienes) lo conquistó (o conquistaron), de las estructuras organizacionales que tienen mucho más que ver con una estructura – o elefante blanco – militar, corporativa o comercial-empresarial que se preocupa más en ganar adeptos o prosélitos que en las verdaderas necesidades de las personas que les rodean. Así, es lamentable y para – vergüenza nuestra – ¡hemos excluido el Reino de todas las áreas de nuestras vidas!, dando espacio más a cuestiones superfluas y secundarias, lo cual trae también como consecuencia la exclusión social a todo nivel.
Cuando hablamos del Reino o Reinado de Dios (βασιλεία τοῦ θεοῦ: basileia tou theou), en el sentido realista que lo mencionan los Profetas del Antiguo Testamento y Jesús en los Evangelios, hablamos de un Reino que ya está entre nosotros y nosotras como una vinculación ética con las personas que nos rodean, a quienes queremos que sean nuestros prójimos a través de la misericordia (Lucas 17,20-21), no se dan formulas mágicas o prácticas místicas, más bien Jesús echa mano de figuras pintorescas y de la vida cotidiana como las de sal, luz, levadura y semilla de mostaza, pero lo interesante de todo esto es que en si la vida y obra de Jesús, es la clave para poder comprender y entrar en el Reino y no tener una visión y misión limitada del mismo en nuestra andadura en el aquí y ahora en nuestro fragmentado país y mundo del que también somos parte (Mateo 5 – 7).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
Modernamente dicho termino tiene más afinidad con el de un gobierno o sistema en donde en definitiva se tiene un aparato de estado que pueda legitimar y dar operatividad a las leyes y políticas públicas, propuestas y aprobadas por las personas que han sido elegidas legítimamente a través de elecciones libres, acto que favorece – al menos en teoría – las garantías constitucionales y democráticas de un país.
Por ello, durante el devenir de la historia de la humanidad al llegar al punto de la explotación – dominación – entre los seres humanos, se han considerado varios tipos de reinos que han ejercido sus formas de control, así podemos mencionar: los gobiernos totalitarios, los dictatoriales, los gobiernos republicanos, los democráticos, las republicas parlamentarias, las republicas presidencialistas (en donde podemos ubicar a El Salvador y buena parte de los países de Latinoamérica), semi-presidencialistas, unipartidistas, entre una inmensidad de propuestas…
En cuanto a sistemas de gobierno se refiere, es importante recalcar que en cierto sentido ayudan a mantener un orden de las cosas y no caer en un estado de anarquía, para luego mantener el status quo, en especial de los gobernantes o representantes del pueblo (clase política) y muchas veces de las personas allegadas a ellos y ellas, lo cual viene en algún momento a evidenciar algún tipo de descontento por parte del mismo pueblo que los eligió.
Si el gobierno – anterior y actual – hiciera valer las garantías constitucionales en nuestro país, no habría tanta pobreza, lo cual impulsa a las y los jóvenes nuestros a migrar buscando otras alternativas de vida, no hubiera habido 14 víctimas en la reciente masacre de Tamaulipas, de la que tanto se ha comentado y de la que nuestro país también ha sucumbido ante la ola de violencia – también endémica – que se vive en el vecino país de México.
El recién pasado 15 de septiembre’2010, se conmemoraron los actos correspondientes al 189 aniversario de las luchas independencistas de Centro América, hecho histórico que marcó la vida de los pueblos que vivimos en esta zona geográfica, en cuanto a visión de vida y desigualdades político-sociales-económicas, situación que se mantiene hasta el momento entre la enorme brecha que existe entre pobres y ricos. Por ello nuestros países siguen teniendo problemáticas muy similares que tienen que ver con aspectos muy centrales que impiden su autodesarrollo, preguntándonos de manera casi lapidaria: ¿a quién o quienes benefició esta independencia?... la obra teatral Jupiter, de nuestro gran poeta, dramaturgo y escritor Francisco Gavidia, nos brinda ciertas pautas muy brillantes para analizar más detenidamente esta visión y hacernos mas conscientes con relación a practicar una ciudadanía plena y responsable, con verdadero patriotismo y la búsqueda de identidad nacional.
Nuestros ambientes eclesiales lamentablemente se ven influenciados por todo lo anterior, es así como al hablar de reino, en la mayoría de los casos los discursos, enseñanzas y prácticas litúrgicas son referidas a situaciones de índole futurista y no de nuestro tiempo, enfocando y propagando vaticinios que nada tienen que ver con las verdades del Reino, cayendo muchas veces en posiciones aberrantes, a lo cual es preciso recordar con mucha firmeza lo que dicen los grandes estudiosos de La Biblia al referirse al Reino: es el ya, pero todavía no… Las otras visiones que se desprenden de reino, tienen que ver más con las prácticas eclesiales en sí y las relaciones más por la vía del poder que de la autoridad (ἐξουσία: exousia), mas de tener control sobre las y los miembros y el celo injustificado por un territorio específico “conquistado” y hecho a la imagen y semejanza de quien (o quienes) lo conquistó (o conquistaron), de las estructuras organizacionales que tienen mucho más que ver con una estructura – o elefante blanco – militar, corporativa o comercial-empresarial que se preocupa más en ganar adeptos o prosélitos que en las verdaderas necesidades de las personas que les rodean. Así, es lamentable y para – vergüenza nuestra – ¡hemos excluido el Reino de todas las áreas de nuestras vidas!, dando espacio más a cuestiones superfluas y secundarias, lo cual trae también como consecuencia la exclusión social a todo nivel.
Cuando hablamos del Reino o Reinado de Dios (βασιλεία τοῦ θεοῦ: basileia tou theou), en el sentido realista que lo mencionan los Profetas del Antiguo Testamento y Jesús en los Evangelios, hablamos de un Reino que ya está entre nosotros y nosotras como una vinculación ética con las personas que nos rodean, a quienes queremos que sean nuestros prójimos a través de la misericordia (Lucas 17,20-21), no se dan formulas mágicas o prácticas místicas, más bien Jesús echa mano de figuras pintorescas y de la vida cotidiana como las de sal, luz, levadura y semilla de mostaza, pero lo interesante de todo esto es que en si la vida y obra de Jesús, es la clave para poder comprender y entrar en el Reino y no tener una visión y misión limitada del mismo en nuestra andadura en el aquí y ahora en nuestro fragmentado país y mundo del que también somos parte (Mateo 5 – 7).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
lunes, 13 de septiembre de 2010
¿QUÉ CRISTO?
En los últimos días hemos pasado algunas situaciones muy inusuales que tienen que ver con el fenómeno de la violencia en nuestro país, el cual como se ha mencionado es un fenómeno multicausal y endémico, que continúa teniendo sus efectos nefastos principalmente en nuestra juventud y el resto de la población salvadoreña.
Entre los primeros días de la semana del 6 de septiembre’2010, se expandió rápidamente como un rumor que fue legitimado por algunos medios de comunicación, esto es referido al hecho de haber circulado unas hojas volantes en donde de hacían amenazas explicitas por parte de los miembros de las principales maras o pandillas de nuestro país hacia los transportistas y comerciantes, lo cual generó pánico y un ambiente de inseguridad en la población, lo que tuvo sus serias repercusiones en los diferentes centros educativos públicos y privados, así como también en las demás áreas de la vida productiva. Dichas amenazas fueron constatadas más adelante por estos mismos grupos, los cuales exigían que el Ejecutivo vetara la recién aprobada Ley de proscripción de pandillas y grupos de exterminio, también que se le incrementara al salario mínimo y se congelaran los precios de los productos de la canasta básica, añadiendo que estaban dispuestos a dialogar y luchar por la gente pobre de El Salvador… A todo ello la población en general reaccionó de diferentes maneras: indignación, miedo, zozobra, enojo, descontento, etc.
Los testimonios personales y los estudios que ha habido hasta el momento, nos brindan una radiografía del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, en los cuales se dejan ver algunas de las carencias existentes en los hogares como formadores y educadores de vidas humanas de manera integral, y no únicamente como procreadores, es interesante que dichos estudios – y testimonios – coinciden que los hogares de origen de los jóvenes que integran los grupos pandilleriles son en su mayoría disfuncionales, en donde se ve una marcada ausencia del padre, además de las graves situaciones de maltrato de todo tipo que se generan dentro de los mismos, generando descontento en los miembros más débiles, que cuando van creciendo con esas heridas no atendidas, no sanadas, no cerradas y no cicatrizadas, optan por elegir una vida basada en la violencia y poder que esta genera para adquirir e imponerse sobre quien sea; intentando poner nombre a los grupos de las víctimas que han sufrido este embate por parte de los jóvenes mareros o pandilleros, podemos decir que estas son: personas de su propia familia, la comunidad y la sociedad, con quienes descargan su ira y generan ataques de violencia epidemiológica que llega al grado de segar vidas humanas o mutilar de por vida.
Esto también no debe verse como una justificante paternalista-maternalista e irresponsable del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, pero si es bueno valorar con empatía que las personas que fueron víctimas ahora han querido invertir los papeles y querer ser victimarios, atinando sus golpes en quienes consideran débiles y reproduciendo un ciclo enfermo que causa graves consecuencias, en donde se ven evidenciadas la falta de perdón y reconciliación, las heridas que aún no han sido cerradas y la transformación de conflictos a todo nivel.
Como iglesia hemos estado un tanto alejados y alejadas de esta visión, pareciera que este es un asunto “profano” o “secular” – o al menos lo hacemos parecer de esta forma – cuando realmente lo que hemos hecho es secuestrar a Cristo para gozar de una manera enfermiza de un compañerismo con El, perdiendo de vista que también El se hizo vulnerable, sensible, carne como nosotros y nosotras (σάρξ = sarx) y no actuó con prepotencia en las diversas situaciones que aquejaban la sociedad de su tiempo, que tuvo la suficiente capacidad de acercarse a aquellos y aquellas que estaban fuera y eran sacados o no tomados en cuenta por el sistema legal de ese entonces, las y los marginados sociales, que no tienen derechos constitucionales según los líderes religiosos y civiles (ἁμαρτωλός = hamartōlos). Nuestra juventud yace crucificada, por la falta de oportunidades, por la pobreza, por la violencia entre ellos y ellas y para con ellos y ellas en todo sentido, se les instrumentaliza y adormece en algunos casos.
Esta idea contradictoria de Cristo que se maneja usualmente en nuestras iglesias, es justificada por nuestras doctrinas, que nos llevan algunas veces a tener una imagen – ya sea mental o física – extravagante, irreal, light, alejada de las y los pecadores, de poder, de gloria, de conquista, que nos lleva a pensar y ser confrontados y confrontadas con la pregunta que en su momento el mismo Jesús hizo a sus discípulos y que por toda su trayectoria, experiencia y hechos vividos con El Maestro, Pedro respondió de una manera llena de franqueza y sinceridad (Marcos 8,27-30 cfr.: Mateo 16,13-16; Lucas 9,18-20).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
Entre los primeros días de la semana del 6 de septiembre’2010, se expandió rápidamente como un rumor que fue legitimado por algunos medios de comunicación, esto es referido al hecho de haber circulado unas hojas volantes en donde de hacían amenazas explicitas por parte de los miembros de las principales maras o pandillas de nuestro país hacia los transportistas y comerciantes, lo cual generó pánico y un ambiente de inseguridad en la población, lo que tuvo sus serias repercusiones en los diferentes centros educativos públicos y privados, así como también en las demás áreas de la vida productiva. Dichas amenazas fueron constatadas más adelante por estos mismos grupos, los cuales exigían que el Ejecutivo vetara la recién aprobada Ley de proscripción de pandillas y grupos de exterminio, también que se le incrementara al salario mínimo y se congelaran los precios de los productos de la canasta básica, añadiendo que estaban dispuestos a dialogar y luchar por la gente pobre de El Salvador… A todo ello la población en general reaccionó de diferentes maneras: indignación, miedo, zozobra, enojo, descontento, etc.
Los testimonios personales y los estudios que ha habido hasta el momento, nos brindan una radiografía del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, en los cuales se dejan ver algunas de las carencias existentes en los hogares como formadores y educadores de vidas humanas de manera integral, y no únicamente como procreadores, es interesante que dichos estudios – y testimonios – coinciden que los hogares de origen de los jóvenes que integran los grupos pandilleriles son en su mayoría disfuncionales, en donde se ve una marcada ausencia del padre, además de las graves situaciones de maltrato de todo tipo que se generan dentro de los mismos, generando descontento en los miembros más débiles, que cuando van creciendo con esas heridas no atendidas, no sanadas, no cerradas y no cicatrizadas, optan por elegir una vida basada en la violencia y poder que esta genera para adquirir e imponerse sobre quien sea; intentando poner nombre a los grupos de las víctimas que han sufrido este embate por parte de los jóvenes mareros o pandilleros, podemos decir que estas son: personas de su propia familia, la comunidad y la sociedad, con quienes descargan su ira y generan ataques de violencia epidemiológica que llega al grado de segar vidas humanas o mutilar de por vida.
Esto también no debe verse como una justificante paternalista-maternalista e irresponsable del fenómeno de la violencia juvenil en nuestro país, pero si es bueno valorar con empatía que las personas que fueron víctimas ahora han querido invertir los papeles y querer ser victimarios, atinando sus golpes en quienes consideran débiles y reproduciendo un ciclo enfermo que causa graves consecuencias, en donde se ven evidenciadas la falta de perdón y reconciliación, las heridas que aún no han sido cerradas y la transformación de conflictos a todo nivel.
Como iglesia hemos estado un tanto alejados y alejadas de esta visión, pareciera que este es un asunto “profano” o “secular” – o al menos lo hacemos parecer de esta forma – cuando realmente lo que hemos hecho es secuestrar a Cristo para gozar de una manera enfermiza de un compañerismo con El, perdiendo de vista que también El se hizo vulnerable, sensible, carne como nosotros y nosotras (σάρξ = sarx) y no actuó con prepotencia en las diversas situaciones que aquejaban la sociedad de su tiempo, que tuvo la suficiente capacidad de acercarse a aquellos y aquellas que estaban fuera y eran sacados o no tomados en cuenta por el sistema legal de ese entonces, las y los marginados sociales, que no tienen derechos constitucionales según los líderes religiosos y civiles (ἁμαρτωλός = hamartōlos). Nuestra juventud yace crucificada, por la falta de oportunidades, por la pobreza, por la violencia entre ellos y ellas y para con ellos y ellas en todo sentido, se les instrumentaliza y adormece en algunos casos.
Esta idea contradictoria de Cristo que se maneja usualmente en nuestras iglesias, es justificada por nuestras doctrinas, que nos llevan algunas veces a tener una imagen – ya sea mental o física – extravagante, irreal, light, alejada de las y los pecadores, de poder, de gloria, de conquista, que nos lleva a pensar y ser confrontados y confrontadas con la pregunta que en su momento el mismo Jesús hizo a sus discípulos y que por toda su trayectoria, experiencia y hechos vividos con El Maestro, Pedro respondió de una manera llena de franqueza y sinceridad (Marcos 8,27-30 cfr.: Mateo 16,13-16; Lucas 9,18-20).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
lunes, 6 de septiembre de 2010
¿QUE DIOS?
En el año 2009 nos hemos dado cuenta que somos un país “creyente en Dios”, según datos del Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (IUDOP), se menciona que el 52.4% de las y los salvadoreños profesan la fe católica y el 38.2% la fe evangélica, sumando estas 2 nos da un total de 90.6%, lo que quiere decir que estamos hablando de un país religioso; incluso en el mismo estudio se realizaron preguntas claves que hacen ver que la fe en Dios no es impedimento para tener una afiliación político – partidaria de ninguna tendencia o que la afinidad con una iglesia en especifico tiene que ver con factores de índoles familiar, tradiciones y costumbres, responsabilidad social y/o ciudadana.
Confrontando estos datos con nuestro contexto de país actualmente, nos vemos obligados a preguntamos: ¿qué Dios es en quien creemos?, a lo que pueden surgir múltiples respuestas: ¿será el dios dinero?, ¿el dios poder?, ¿el dios light?, ¿el dios cruel?, ¿el dios estructura?, ¿el dios guerrero?...
Al partir de este punto, es de suma importancia tomar en cuenta que las concepciones que tenemos de este Dios en el cual creemos, también pueden llegar a determinar la manera en la que nos relacionamos con las personas que nos rodean, para el caso si ese dios es el dinero, tendemos a ver todo a partir de las transacciones comerciales, beneficios y utilidades – disfrazados con la palabra “bendición” – que ese dios me da en cuanto yo también doy y aporto a la iglesia; para el caso del dios poder, este me envuelve entre las redes del orgullo, la soberbia y la prepotencia, las cuales me llevan a ver como sub alternos o empleados a quienes están a mi lado y aprovecharme de ellos y ellas para lograr mis fines egoístas y ególatras; el dios light, es aquel que construyo a mi medida, el que creer en él no me trae ningún compromiso ético con mi familia, mi comunidad, mi iglesia, mi sociedad, aquel que está hecho a mi imagen y semejanza, permisivo, tan frágil para poder manipularle; el dios cruel, es aquel despiadado, que se burla, denigra y desampara en el dolor, insensible, casi un mounstro, que espera que alguien falle en algo para descargar su ira sin misericordia; en cuanto al dios estructura, es aquel en donde aparentemente la capacidad organizativa o corporativa, puede decirse que son excelentes, pero al final la estructura es la que toma el lugar de Dios, ya que ejerce su dominación y control jerárquico sobre las personas que se someten a ella, así, si no estoy dentro de la estructura no estoy sirviendo a Dios; en cuanto al dios guerrero, es aquel fuerte y poderoso, que no le importa justificar las violaciones a los derechos humanos, aplastar a quien sea con el propósito de imponer su visión ante quienes son débiles, actividad llena de infamia y que ha llevado a justificar invasiones y guerras…
Pueden haber muchas otras concepciones de Dios, pero al examinar las anteriores nos vemos confrontados con que ninguna de ellas nos sirve para poder dar algún tipo de respuesta a las problemáticas que aquejan a nuestro país, ¿qué pueden decirnos esos dioses ante: la violencia, la seguridad pública, la pobreza, la marginación y exclusión de la juventud, la falta de empleo, la drogadicción, el estado de derecho, el machismo, el deterioro del medio ambiente, el VIH/SIDA, etc.?
Estas visiones – para vergüenza nuestra – se han legitimado en el seno de nuestras iglesias, independientemente que denominación sean, lamentablemente el origen de todo ello es que hemos tenido la osadía irrespetuosa e irreverente de explicar a Dios y como se dice: si explicamos a Dios, este deja de ser Dios (Juan 1,18).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
Semillas de Nueva Creación
Confrontando estos datos con nuestro contexto de país actualmente, nos vemos obligados a preguntamos: ¿qué Dios es en quien creemos?, a lo que pueden surgir múltiples respuestas: ¿será el dios dinero?, ¿el dios poder?, ¿el dios light?, ¿el dios cruel?, ¿el dios estructura?, ¿el dios guerrero?...
Al partir de este punto, es de suma importancia tomar en cuenta que las concepciones que tenemos de este Dios en el cual creemos, también pueden llegar a determinar la manera en la que nos relacionamos con las personas que nos rodean, para el caso si ese dios es el dinero, tendemos a ver todo a partir de las transacciones comerciales, beneficios y utilidades – disfrazados con la palabra “bendición” – que ese dios me da en cuanto yo también doy y aporto a la iglesia; para el caso del dios poder, este me envuelve entre las redes del orgullo, la soberbia y la prepotencia, las cuales me llevan a ver como sub alternos o empleados a quienes están a mi lado y aprovecharme de ellos y ellas para lograr mis fines egoístas y ególatras; el dios light, es aquel que construyo a mi medida, el que creer en él no me trae ningún compromiso ético con mi familia, mi comunidad, mi iglesia, mi sociedad, aquel que está hecho a mi imagen y semejanza, permisivo, tan frágil para poder manipularle; el dios cruel, es aquel despiadado, que se burla, denigra y desampara en el dolor, insensible, casi un mounstro, que espera que alguien falle en algo para descargar su ira sin misericordia; en cuanto al dios estructura, es aquel en donde aparentemente la capacidad organizativa o corporativa, puede decirse que son excelentes, pero al final la estructura es la que toma el lugar de Dios, ya que ejerce su dominación y control jerárquico sobre las personas que se someten a ella, así, si no estoy dentro de la estructura no estoy sirviendo a Dios; en cuanto al dios guerrero, es aquel fuerte y poderoso, que no le importa justificar las violaciones a los derechos humanos, aplastar a quien sea con el propósito de imponer su visión ante quienes son débiles, actividad llena de infamia y que ha llevado a justificar invasiones y guerras…
Pueden haber muchas otras concepciones de Dios, pero al examinar las anteriores nos vemos confrontados con que ninguna de ellas nos sirve para poder dar algún tipo de respuesta a las problemáticas que aquejan a nuestro país, ¿qué pueden decirnos esos dioses ante: la violencia, la seguridad pública, la pobreza, la marginación y exclusión de la juventud, la falta de empleo, la drogadicción, el estado de derecho, el machismo, el deterioro del medio ambiente, el VIH/SIDA, etc.?
Estas visiones – para vergüenza nuestra – se han legitimado en el seno de nuestras iglesias, independientemente que denominación sean, lamentablemente el origen de todo ello es que hemos tenido la osadía irrespetuosa e irreverente de explicar a Dios y como se dice: si explicamos a Dios, este deja de ser Dios (Juan 1,18).
Salomón Medina
MTC.EdT El Salvador
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